5 junio 2011
La derecha (PSD) ocupará de manera simultánea la Jefatura del Estado (con Cavaco Silva) y la del Gobierno (con Passos Coelho)
Elecciones Legislativas Portugal 2011 – La crisis económica acaba con José Sócrates (Socialista) y da el gobierno a Passos Coelho (PSD)
Hechos
El 5.06.2011 se celebraron elecciones legislativas en Portugal en las que el primer partido fue el Partido Social Demócrata.
Lecturas
Desde 2006 Cavaco Silva era el Jefe de Estado de Portugal.
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RESULTADOS:
Partido Social Demócrata (Derecha) – 105 diputados
Partido Socialista (Izquierda) – 73 diputados
Centro Democrático y Social (Extrema derecha) – 24 escaños
Centro Democrático Unido (Comunista) – 16 escaños
Bloque Izquierda (Extrema izquierda) – 8 escaños
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22 Marzo 2011
Vendaval de libertad
Todo sugiere que en Yemen, zarandeado por las revueltas populares que sacuden desde enero los países árabes, se ha traspasado una barrera decisiva después de la matanza por francotiradores, el viernes, de 52 manifestantes que exigían en Saná, la capital, la dimisión del presidente Ali Abdalá Saleh. La destitución del Gobierno, el estado de emergencia y la proclama solemne del Ejército reafirmando ayer su apoyo al dictador árabe -32 años en el poder- acentúan los rasgos de descomposición de un régimen del que en las últimas horas han desertado altos jefes militares, ministros, embajadores relevantes y parlamentarios, pasados todos al bando opositor.
No han sido suficientes, en un país paupérrimo de 23 millones, roto y corrompido desde la cúspide, las promesas recientes de Saleh de renunciar a la reelección, prestarse a un Gobierno de unidad nacional y hacer una nueva Constitución. El viento de libertad llega cada vez más lejos hacia Oriente. Y tanto en el tribal y dividido Yemen, en la crucial vecindad del Golfo, como en la monarquía absolutista petrolera de Bahréin y, en los últimos días, en la petrificada Siria -donde el Ejército ha sido enviado a acallar violentamente las protestas- quienes se echan a la calle arriesgando sus vidas quieren fundamentalmente que los déspotas y ladrones de turno dejen paso a regímenes nuevos compatibles con la dignidad.
En Siria, país regionalmente decisivo, manda con mano de hierro y leyes de emergencia un partido único desde hace 50 años, el Baaz. Damasco es el más estrecho aliado de Irán y apoya sin fisuras a milicias integristas como Hamás, en Gaza, y Hezbolá, en Líbano. También en Siria, un país donde nada se mueve sin el beneplácito del poder, la extensión de las protestas, pese a las cosméticas medidas económicas recientes, indica que el rechazo al régimen del presidente Bachar el Asad (continuador de la dictadura de su padre) proviene no de una oposición política prácticamente virtual, sino, como en el resto del contagiado mundo árabe, de la insoportable amargura de una ciudadanía inmemorialmente oprimida.
Yemen, donde el tinglado feudal de 32 años se viene abajo por momentos, plantea un problema añadido a las potencias occidentales, y a EE UU en particular. Saleh, aliado privilegiado en la zona de la Casa Blanca, ha sido una pieza clave en la lucha contra Al Qaeda, que tiene en ese país de la península Arábiga una de sus ramas más activas. Washington ha armado y entrenado durante años a unidades especiales del Ejército yemení bajo control directo del presidente o sus hijos.
La falta de una clara alternativa política en Saná pone en un brete a Barack Obama, que, como en el caso de Túnez o Egipto, ha sido cogido a contrapié por los acontecimientos y debe recalcular su estrategia regional a corto plazo. Con variables, además, tan desestabilizadoras como una nueva guerra civil o una pugna de facciones militares dentro del régimen yemení.
El Análisis
Las elecciones legislativas de junio de 2011 han supuesto un vuelco en la política portuguesa: la derrota del primer ministro José Sócrates y el regreso de la derecha al poder con Pedro Passos Coelho al frente del Partido Social Demócrata (PSD). Tras seis años en el cargo, Sócrates no ha resistido la presión de la crisis económica más dura en décadas, la firma del rescate financiero con la troika (UE, BCE y FMI) y el desgaste de un Gobierno marcado por la recesión, el desempleo y una pérdida progresiva de confianza. Su proyecto político, que en 2005 había comenzado con el impulso modernizador de un Portugal más dinámico, terminó naufragando en el descrédito y la sensación de que el país caminaba sin rumbo hacia el abismo económico.
El triunfo de Passos Coelho, con el apoyo del CDS-PP de Paulo Portas para formar mayoría estable, abre un nuevo capítulo: el de una política de austeridad férrea, con reformas estructurales dictadas desde Bruselas y Fráncfort. El nuevo primer ministro, que había forjado su perfil como un político más joven y pragmático que sus predecesores en el PSD, asume el poder con el difícil encargo de reconstruir la credibilidad internacional de Portugal y aplicar medidas durísimas que ya se anuncian impopulares.
El giro de 2011 tiene además un elemento simbólico de gran calado: por primera vez en muchos años, tanto el primer ministro como el presidente de la República —Cavaco Silva, reelegido en 2011— pertenecen al mismo espacio político, el PSD, lo que consolida a la derecha portuguesa en el control de las principales instituciones del país. Esta coincidencia de poder abre la posibilidad de una etapa de sintonía institucional, aunque no disipa las dudas sobre la magnitud de los sacrificios que se impondrán a la ciudadanía en los próximos años.
La etapa de José Sócrates se cierra con un balance ambiguo: avances en infraestructuras, energías renovables y visibilidad internacional, pero también un legado de deuda y fragilidad económica que lo han convertido en símbolo del fracaso frente a la crisis. Portugal inicia ahora con Passos Coelho un camino lleno de incógnitas: si la dureza de la austeridad devolverá al país la estabilidad financiera o si, por el contrario, acabará acentuando el malestar social y la desafección política.
J. F. Lamata