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Tercera victoria consecutiva para 'la dama de hierro'

Elecciones Reino Unido 1987 – Margaret Thatcher (Partido Conservador) gana a Neil Kinnock (Partido Laboralista)

HECHOS

Las elecciones legislativas al Parlamento de Reino Unido del 12.06.1987 dieron la victoria al Partido Conservador por mayoría absoluta.

Resultados

Partido Conservador – 376 diputados

Partido Laboralista – 229 diputados

13 Junio 1987

Las razones de una derrota

Carlos Mendo

La histórica tercera victoria consecutiva de Margaret Thatcher en las elecciones generales británicas del pasado jueves ha demostrado tres cosas: que la líder tory sigue contando con la confianza del electorado, a pesar de ocho años de gobierno y tres millones de parados; que los laboristas no consiguen entusiasmar con su mensaje a la mayoría de la población, y que tres caballos no pueden competir en una carrera cuyas reglas están hechas sólo para dos.El ‘tercer caballo’

Para todos los analistas de la escena política británica, el gran perdedor de estas elecciones ha sido el tercer caballo, representado en este caso por la Alianza de liberales y socialdemócratas, cuya actuación, que sin duda tendrá repercusiones importantes para el futuro de sus líderes, ha sido calificada de «desastrosa» por propios y extraños, aunque eldesastre haya sido más acusado en las filas socialdemócratas de David Owen que en las liberales de David Steel.

Dadas las peculiaridades del sistema electoral mayoritario vigente en el Reino Unido, en el que los distritos son unipersonales y sólo resulta elegida la persona con mayor número de votos, la Alian a obtendrá, con aproximadamente el 23% del voto popular, la exigua cifra de 22 diputados, mientras que los laboristas, con el 3 1,1 %, alcanzarán los 229.

A la vista de estos datos se comprende que Steel y Oweri hubieran hecho de la implantación del sistema de representación proporcional una condición sine qua non para una posible participación en una coalición de Gobierno.

El electorado ha rechazado a la Alianza liberal- socialdemócrata por una serie de razones; la primera y principal, por el liderazgo conjunto. Las hidras de dos cabezas, sobre todo, cuando una cabeza dice una cosa y la otra la contraria, no son plato del gusto del Reino Unido, cuyo pueblo está acostumbrado desde hace siglos a la claridad del bipartidismo y del liderazgo individual- Pero es que, además, la polarización de los programas conservador y laborista en esta elección ha hecho que el manifiesto aliancista quedara diluido como un programa sin chicha ni limoná.Dos partidos y medio

El desprecio inicial de Steel y Owen por los laboristas, justificado por los resultados finales, pero incomprendido por muchos de sus partidarios al principio de la campaña, ha hecho que muchos indecisos que hubieran votado a la Alianza para evitar una tercera victoria de Margaret Thatcher hayan acabado en las filas laboristas.

La conclusión de los expertos es que estas elecciones han acabado con la ficción del tercer partido y que la política británica ha vuelto por sus fueros de los dos partidos y medio.

Lo mejor que se puede decir del laborismo es que ha sobrevivido después de su desastroso resultado electoral de 1983. Su líder, Neil Kinnock, ha realizado, en opinión de todo el país, la mejor campaña electoral de todas las estrellas políticas. La esperanza (de los conservadores de que la Alianza representase en un futuro a la oposición oficial se ha desvanecido y el Labour Party ha recuperado su posición indiscutida (le formación número dos.

Sin embargo, como ha señalado el profesor Anthony King, de la universidad de Essex, «algo falla en el laborismo británico cuando, después de ocho años de oposición, su mensaje sólo convence a los convencidos». Los laboristas han mejorado su voto popular en tres puntos y han aumentado 22 escaños en comparación con las elecciones de 1983, pero sus ganancias son escasas y su mensaje se extiende poco más allá que a sus partidarios.

Su rograma sobre empleo, sanidad y educación era bueno y atractivo, y consiguió despertar entusiasmos a través de una buena presentación. Sin embargo, en opinión de los expertos, ha tenido dos fallos garrafales: defensay economía. Sin aprender las ciones de 1983, los laboristas vuelto a patrocinar el desa nuclear unilateral, rechazado un pueblo que sigue asocia unilateralismo a apaciguamien Múnich (la reunión de las de cracias occidentales con A Hifier en 1938). Y por si esto ra poco, Kinnock y sus colab dores han sido incapaces de vencer a la nación de que su grama expansionista de mej de los servicios sociales se fl ciaría sin provocar una subid impuestos.La política de la fuerza

En cuanto a los conservado según el veterano comentar de la BBC (radiotelevisión e tal) y escritor político John C su victoria se ha bido

factores principalesterioraes puestos, mayores ingresos y política de defensa basada e fortaleza, y no en la renun que ha contribuido a volv( sentar a la Unión Soviética e mesa de negociación.

13 Junio 1987

Thatcher repite

EL PAÍS (Directro: Juan Luis Cebrián)

La señora Thatcher, que desempeña el cargo de primera ministra desde 1979, ha recibido un tercer mandato de los electores, con una mayoría holgadísima en el Parlamento, unos 140 diputados más que los laboristas. Este resultado debe ser relativizado, considerando las cifras que ponen de relieve el efecto deformante que tiene el sistema electoral mayoritario a la hora de reflejar los votos en la composición de la Cámara de los Comunes. Los laboristas son el único partido que ha cosechado un incremento serio de votos, en torno al 4%, y gracias a ello han obtenido 20 diputados más. El gran triunfo de la señora Thatcher consiste en que ha conservado el porcentaje de votos de 1983, cuando la guerra de las Malvinas elevó considerablemente su prestigio. Sin embargo, los conservadores pierden unos 20 diputados.Como ya ocurrió en 1983, una causa determinante de la victoria de la señora Thatcher ha sido la división de las fuerzas que se le enfrentan, en el marco de un sistema electoral que responde a una concepción bipartidista del parlamentarismo. Es cierto que se mantuvo un partido liberal cuando conservadores y laboristas pasaron a ser los protagonistas de la política británica. Pero era un partido pequeño. En cambio, a partir de 1981, cuando un sector laborista se separó de éste para crear el partido social-demócrata y aliarse con los liberales, el papel del tercer partido se ha modificado sustancialmente. Ahora éste divide profundamente a los opositores del conservadurismo, y al no convertirse en alternativa, la mayor parte de sus votos se pierde. Los laboristas han despreciado este hecho, pero después de las elecciones de 1983 y 1987 cabe dudar de una derrota conservadora sin que se recupere de algún modo la estructura política que existía antes de la escisión de 1981.

Dicho esto, sería absurdo explicar la victoria de la señora Thatcher por razones de mecánica electoral. Las ideas del thatcherismo reflejan en gran medida la mentalidad británica. Desde 1979, cuando las nacionalizaciones abarcaban sectores importantes y estaban muy desprestigiadas, Margaret Thatcher ha logrado, con una política de austeridad y privatizaciones, mejorar aspectos importantes de la economía. A pesar de tres millones de parados, los que trabajan se sienten más seguros. El Gobierno ha dado satisfacción al sentido de la propiedad, facilitando que muchos ciudadanos sean dueños de sus casas. A pesar del evidente abandono en cuestiones esenciales, como educación y sanidad, ha predominado la impresión de que el Reino Unido está recuperando su prosperidad.

El laborismo sigue fuertemente arraigado en las zonas en las que, con industrias tradicionales metidas en una crisis endémica, hay grandes concentraciones obreras. Pero en las zonas, sobre todo en el Sur, en las que se desarrollan nuevas ramas productivas, con trabajadores de alto nivel técnico, permanece un acusado predominio conservador, lo cual plantea un problema serio para el futuro del laborismo.

Aunque los temas internacionales no han desempeñado un papel fundamental en las elecciones, la señora Thatcher ha podido atacar las propuestas de desarme laboristas en nombre de las exigencias de la defensa, y a la vez, con su apoyo a laopción doble cero, su viaje a Moscú y su participación en las grandes reuniones internacionales, identificar su persona con una política de apoyo a un desarmerazonable y con la elevación del papel del Reino Unido en el mundo.

Para la causa europea, unas elecciones que indudablemente refuerzan el pese, de la señora Thatcher no es una buena noticia. Su tendencia a dar prioridad a las relaciones privilegiadas entre Londres y Washington es una fuente de Obstáculos para la construcción europea. Pero Europa es lo que es.

13 Junio 1987

El voto nacional

ABC (Director: Luis María Anson)

Conviene tomar nota de los resultados electorales de Gran Bretaña; y no por razón del signo de los triunfadores (conservadores o socialistas, para el caso tanto da), sino por la prueba admirable de vitalidad política que los ingleses nos ofrecen cada cierto tiempo en una trayectoria secular de sensatez y patriotismo. Este último término, que casi nos avergüenza pronunciar en España, empuja a los ingleses a olvidar los particularismos y a buscar gobiernos fuertes con apoyo ciudadano masivo. La ley electoral inglesa promueve la estabilidad: un sistema mayoritario dividido en 650 circunscripciones beneficia a los partidos grandes frente a la tentación de las bisagras, pero ha logrado dar al Reino Unido doscientos años de envidiable equilibrio. En la elección de anteayer, más de 45 millones de ciudadanos acudieron a las urnas con un ejemplar porcentaje de participación, superior al 75%.

Dos grandes formaciones razonablemente equilibradas, los conservadores y los laboristas ocupan 373 escaños y 229 respectivamente. En ambos partidos predomina siempre un espíritu central de moderación y pragmatismo. Cuando alguno de ellos entra en el equívoco, como le ha ocurrido al Partido Laborista al proponer la supresión unilateral de la defensa nuclear británica, frente a la amenaza del poderío militar soviético, el error se paga, como le acaba de ocurrir al señor Kinnock al encajar la tercera derrota consecutiva del Labour.

Hay dos puntos que interesan contrastar con España: la señora Thatcher no ha hecho una campaña basada en ofertas, sino en exigencias; no ha hecho promesas al pueblo, sino que le ha pedido nuevos esfuerzos y más coherencia. No ha querido engañar a nadie, no ha ofrecido cientos de miles de puestos de trabajo, ni ha propuesto un servicio militar de dos meses. Ha mostrado, sí, los resultados de ocho años de durísimo ajuste y saneamiento: el paro retrocede hoy en Inglaterra, la inflación está contenida en el 3,4%. Pero aún así, los conservadores no pueden distraerse ni un instante: una oposición poderosa y en alza, que ha avanzado en 25 escaños, vela sus armas para aprovechar el primer error y desplazar al vencedor: en una palabra, allí no hay partido hegemónico.

Las últimas elecciones españolas nos ofrecen el panorama opuesto: una política fraccionada, empeñada en la defensa de intereses parcelarios, en la que resurgen corrientes marginales. Detrás de los grandes partidos hay en todas elecciones una rúbrica titulada ‘Otros’. En el Reino Unido los otros representan un modelo 2.1% del electorado. En el caso español la suma de los marginales, desde Herri Batasuna al señor Ruiz Mateos, agrupa centenares de miles de sufragios: votos perdidos, inútiles que abren la puerta a una situación ingobernable. La prensa de ayer nos anunciaba que el PSOE había perdido el Ayuntamiento de Cartagena. El vencedor era el Partido Cantonal.

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