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La prensa lo bautizó como 'el carnicero de Lyon'

El nazi Klaus Barbie es condenado a cadena perpetua en Francia por crímenes durante la Segunda Guerra Mundial

HECHOS

El 3.07.1987 se hizo pública la sentencia a cadena perpetua por crímenes ocurridos en la ciudad de Lyon, entre ellos el asesinato de Jean Moulin.

El abogado francés Jacques Vergès fue el encargado de dirigir la defensa del anciano nazi. Durante el proceso tuvo en varias ocasiones que ser protegido por los agentes de seguridad franceses para que no fuera agredido por la población.

04 Julio 1987

"La guerra es así"

Lluis Bassets

Klaus Barbie hizo ayer, durante su reaparición en la sala de Juicio, más ojeroso y demacrado que nunca, su última intervención en su defensa, en perfecto francés.El presidente del tribunal le ofreció la posibilidad de hablar en último lugar y el anciano nazi pronunció estas palabras de exculpación: «No sé nada de la redada de Izieu, no tomé nunca decisiones de deportación y he combatillo únilcamente a la resistencia, con firmeza, pero era la guerra y la guerra es así», dijo Barbie. El jurado, formado por tres magistrados y nueve ciudadanics elegidos por sorteo, se encerró a continuación.

Los doce hombres justos teman que contestar y deliberar sobre las 341 preguntas formuladas por el presidente André Cerdini, en las que se inquiere sobre la responsabilidad de Barbie en los asesinatos y deportaciones.

Tras el veredicto de esta madrugada, el abogado defensor de Barbie, Jacques Vergès, anunció que apelará ante el Tribunal de Rhone y declaró: «Yo había dicho que este caso violaba el derecho y constituía una afrenta para Francia». La legislación francesa permite a los tribunales de casación pronunciarse solo si hay vicios formales en el juicio, pero no sobre el fóndo del fallo que ya ha sido emitido.

La policía debió formar una cadena humana para proteger a Vergès y a otros dos abogados de la defensa cuando salían del tribunal, firente a los insultos y agresiones de unos 500 manifestantes entre los que se hallaban numerosos manifestantes judíos.

Un segundo juicio que ya se había iniciado contra Barbie por crímenes contra la humanidad, originado en las deportaciones seguidas de muerte contra los resistentes del grupo de Jean Moulín, no será llevado adelante debido a la decisión del tribunal de ayer.

Tras el fallo del tribunal, el ex jefe de la policía alemana de Lyón, quien ya había sido condenado dos veces a muerte por contumacia, seguirá siendo el preso más importante de Francia.

Lluis Bassets

05 Julio 1987

La condena de Barbie

Editorial (Director: Juan Luis Cebrián)

La sentencia dictada por el Tribunal de Lyón condenando a Klaus Barbie a cadena perpetua pone fin a uno de los procesos que más expectativas ha despertado. Barbie y su defensor, Jacques Vergès, habían amenazado con descubrir durante los debates los nombres de franceses, traidores a la Resistencia, que habían entregado a los nazis a Jean Moulin, delegado de De Gaulle en la Francia ocupada. Ninguna revelación de ese género ha tenido lugar. El escándalo esperado no se ha producido. Algunas verdades históricas tristes para Francia han sido dichas: la Resistencia fue minoritaria y hubo en su seno casos de traición; la colaboración de las autoridades francesas fue esencial para la persecución de los judíos, etcétera. Pero todo eso quedó en segundo plano. El proceso ha servido sobre todo para poner de relieve, a los 40 años, el horror sin límite de los crímenes cometidos por los hitlerianos durante la II Guerra Mundial. Barbie fue uno de los culpables y como tal ha sido condenado. Los esfuerzos de los sectores de extrema derecha y de los historiadores revisionistas por negar la realidad espeluznante de los campos de la muerte no han podido aprovechar el proceso Barbie. Al contrario, éste ayudará a las nuevas generaciones a recordar lo que fueron los años de sangre y muerte de la ocupación.Las tres principales acusaciones contra Barbie se referían al rapto y deportación de 44 niños judíos, a la deportación de 86 judíos arrestados en la sede de la Unión de Judíos de Lyón y al tren de deportados enviado a los campos de la muerte, en el que había judíos y resistentes. Su abogado estuvo muy pasivo en presencia de los testigos, aunque en su defensa se esforzó por poner de relieve una serie de contradicciones, por otro lado nada sorprendentes refiriéndose a hechos ocurridos hace 40 años. En estas circunstancias, los documentos con la firma de Barbie han sido el factor decisivo para determinar la condena. El tribunal estaba formado por tres jueces y nueve jurados. Éstos eran relativamente jóvenes, ya que el mayor tenía ocho años en 1944.

Si la defensa de Jacques Vergès no ha podido sembrar dudas en el jurado en cuanto a la culpabilidad de Barbie, ha puesto sobre el tapete un problema importante que desborda el marco específico del proceso de Barbie. Una parte esencial de la defensa consistió en demostrar que, antes de Hitler, y después de Hitler, han sido cometidos crímenes horribles y contra grupos de hombres a causa de su raza, y que merecen por tanto ser considerados como crímenes contra la humanidad. Fue quizá el aspecto más directamente político del proceso. Las demostraciones aportadas sobre todo por dos abogados, uno congolés y otro argelino, sobre los crímenes cometidos por el colonialismo francés en diversos momentos, se basan en realidades históricas. Hubo momentos en que el proceso Barbie se convirtió en lugar de enfrentamiento entre judíos y árabes. Parecía que los abogados de las asociaciones judías estaban más interesados en defender al Estado de Israel que en acusar a Barbie. En el otro lado, denunciar los crímenes contra los palestinos en Sabra y Chatila era más importante que defender a Barbie. Pero esos planteamientos no descentraron el proceso. Creer que demostrando otros crímenes se podía obtener la absolución de Barbie era incongruente.

.A lo que sí deben ayudar los alegatos de Jacques Vergès en una tribuna como el proceso de Barbie es a plantear ante la opinión mundial la necesidad de asumir el significado del nuevo delito jurídico de «crímenes contra la humanidad». El reconocimiento de ese delito debe ser una forma de reforzar en el ámbito internacional el respeto de los derechos humanos. La condena de Barbie era justa y necesaria. Pero no es un punto final. Queda abierto el problema de los medios gracias a los cuales la comunidad internacional podrá condenar los crímenes contra la humanidad en todas las circunstancias. Las convenciones internacionales contra la tortura son pasos aún muy modestos. Pero tal es el camino del futuro.

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