25 abril 1988

Los israelíes le confundieron con uno de los verdugos del campo de exterminio nazi de Treblinka (Polonia) que cometiera crímenes durante la Segunda Guerra Mundial

Israel condena a muerte a John Demjanjuk confundiéndole con el supuesto ‘Ivan el Terrible’

Hechos

El 25.04.1988 John Demjanjuk fue condenado a muerte en la horca por un tribunal Israel. La sentencia sería anulada posteriormente. Demjanjuk moriría de muerte natural en 2012.

01 Mayo 1988

'Iván el Terrible'

EL PAÍS (Director: Juan Luis Cebrián)

Leer

LO QUE, al parecer, más apasionaba a la mayoría de cuantos seguían el juicio contra John Demjanjuk en Israel era la incógnita de su verdadera identidad. Una vez averiguada ésta, se daba por descontado que sería condenado a muerte. Al leer la sentencia, uno de los jueces israelíes aseguró que aún no había sido descubierta la pena con que castigar suficientemente a un criminal como Demjanjuk. Es absolutamente cierto, porque el crimen de Iván el Terrible, como el de todos sus correligionarios en la siniestra solución final de la cuestión judía en la Alemania nazi, desafia lo humanamente comprensible. Lo que no se sigue es que, a falta de un castigo proporcionado, se aplique la horca para acabar con el problema.Nada justifica la pena capital. Y menos que nada, la venganza como instrumento estatal de justicia. Muchos supervivientes de Treblinka querrían despedazar a Demjanjuk; ellos fueron los que le vieron de cerca y padecieron su maldad. Pero, independientemente de los sentimientos de las víctimas, el Estado, en cumplimiento de su obligación de impedir que el cuerpo social haga tabla rasa de las condiciones mínimas de vida en común, tiene por misión velar por que se apliquen procedimientos civilizados de castigo a sus criminales. De todas maneras, no es el Estado israelí ni el único ni el peor de cuantos aplican la pena capital, que existe en todos los países árabes, y en muchos de ellos es llevada a cabo por el medieval procedimiento de la cimitarra y en la plaza pública. El fundamentalismo islámico se muestra más cruel, vengativo y sangriento con el delincuente que el fundamentalismo judío, por mucho que se hable de la ley del talión. Lo que sucede es que ningún crimen se justifica con otro, y la pena capital viene siendo un crimen legalizado en nombre de razones abstrusas e inadmisibles lo mismo en el Occidente libre que en los países comunistas, en el Norte desarrollado que en el Tercer Mundo.

Sólo un pequeño núcleo de países de Europa occidental se abstiene de ejecutar a sus criminales, por monstruoso que sea su delito. Pero se ejecuta en EE UU, se ejecuta en Suráfrica y se ejecuta en la Unión Soviética, en Arabia Saudí o en Angola. Todos son culpables. Por eso, si Israel quiere dar muestras de los contenidos civilizados de su Estado, debe indultar la vida de John Demjanjuk. Es un monstruo, pero debe purgar su delito en la cárcel.

El Análisis

El caso Demjanjuk: entre el error y la justicia

JF Lamata

El 25 de abril de 1988, un tribunal israelí dictó la que iba a ser la segunda condena a muerte en la historia del Estado de Israel: John Demjanjuk, un inmigrante ucraniano nacionalizado estadounidense, señalado como “Iván el Terrible”, el sádico guardia del campo de exterminio de Treblinka. La primera vez había sido en 1962, con Adolf Eichmann. Para los israelíes, la magnitud del horror justificada la excepción: la pena capital, abolida para otros delitos, se aplicaba a los responsables del Holocausto.

El proceso fue intenso, cargado de testimonios de supervivientes que aseguraban reconocer en Demjanjuk al verdugo de Treblinka. La emoción colectiva, la memoria aún viva de la Shoá y la oportunidad de cerrar una herida pesaron en la sala. La sentencia parecía firme: Demjanjuk colgaría de la horca.

Pero la historia dio un vuelco. Años después, nuevas pruebas y archivos desclasificados en la disolución de la URSS revelaron que Demjanjuk, aunque efectivamente sirvió como guardia nazi en campos como Sobibor, no era “Iván el Terrible” de Treblinka. Su condena a muerte fue anulada por el Tribunal Supremo de Israel. El episodio dejó al descubierto fallos graves en la investigación y en la identificación, un caso donde la sed de justicia rozó el error irreparable.

La rectificación, sin embargo, también mostró la fortaleza de un sistema judicial que, incluso en un asunto tan sensible, fue capaz de revertir su propio veredicto. Algo impensable en un régimen dictatorial, y desde luego, imposible en la Alemania nazi que Demjanjuk sirvió.

Demjanjuk volvió a ser procesado en Europa décadas después, esta vez por su papel en Sobibor. Murió en 2012, de muerte natural, sin haber pasado por la horca. Su caso quedará como una advertencia sobre los peligros de la identificación apresurada, y como una prueba de que, incluso en los crímenes más atroces, la justicia debe resistir a la tentación de la revancha para no convertirse en lo que pretende condenar.

J. F. Lamata