4 mayo 1988

En el poder desde la invasión soviética de 1956, Kadar realizó tímidas reformas, pero en los últimos años volvió al inmovilismo temeroso de una posible nueva invasión soviética

Cae el dictador comunista de Hungria, Janos Kadar, atropellado por el proceso de reformas que él mismo había iniciado

Hechos

  • El 22.05.1988 Janos Kadar fue relevado como Secretario General del Partido Socialista Obrero de Hungria y reemplazado por Karoly Grosz. Kadar pasaría a ocupar el cargo honorífico de ‘presidente’ con carácter testimonial.

Lecturas

Janos Kadar era dictador de Hungría desde la invasión soviética de 1956.

CRITICA AL STALINISMO EN SU DESPEDIDA

En su último discurso como dictador de Hungria, ante el pleno del Congreso del todavía partido único del país, Kadar, en lugar de criticar a ‘los enemigos del socialismo’, prefirió hacer una autocrítica al stalinismo con el que había colaborado: «El estalinismo calificaba a los hombres estimando más a los miembros del partido que a los demás. Esto es un gran error. Todos somos iguales y nadie nace con carné del partido».

Kadar será destituido como presidente de honor del partido en mayo de 1989. 

22 Mayo 1988

Una batalla contra el impulso de sus propias reformas

Hermann Tertsch

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El anciano Janos Kadar ha perdido su última batalla contra el tiempo, las reformas que él inició y una opinión pública a la que él fue el primer dirigente comunista del mundo que intentó convertir en factor político. Janos Kadar parecía temer las consecuencias de sus propios actos, de su política liberalizadora, que comerizó poco después de que accediera a lajefatura del partido, aupado por los tanques soviéticos que aplastaron el levantamiento de octubre de 1956.Hace años, Kadar sugirió su deseo de retirarse. Ahora, cuando partido, Gobierno y sociedad se lo pedían a voz en grito, ha intentado forzar una, continuidad imposible. Según gente cercana al viejo líder, esta obsesión por mantener el cargo es más el efecto de una tragedia personal que la vana ilusión de influir aún en la toma de decisiones.

Kadar teme, al parecer, que, despojado de sus cargos, quede pronto a la merced de ataques y críticas por su actuación durante la crisis de 1956. Su repentina desaparición de Budapest en los días críticos, la invasión y la ejecución del jefe del partido, Irnre Nagy, capturado gracias a falsas garantías de seguridad, son, páginas en la vida de Kadar que él intentó cerrar para siempre con la liberalización y la reconciliación nacional.

Teme Kadar que ahora estas sombras de su pasado sean abiertas por la glasnost, una transparencia que cuando se ha dado en Hungría siempre ha evitado estos problemas escabrosos del levantamiento o «la contrarrevolución», como reza la terminología oficial. Los dirigentes del partido y el Gobierno no han dejado por ello de insistir en que Kadar será respetado corno una gran personalidad de la historia de Hungría. El puesto de presidente del partido, figura que no existía actualmente, podría garantizarle lana seguridad al menos mientras viva. En 1986, Kadar rechazó de plano este puesto honorífilco. Hoy se verá obligado a aceptarlo.

El Análisis

Un dictador equilibrista

JF Lamata
János Kádár, el hombre que durante 32 años gobernó Hungría como virrey del Kremlin, ha sido relevado como Secretario General del Partido Socialista Obrero Húngaro, reemplazado por Károly Grósz. Relegado a un cargo honorífico de “presidente” del partido, Kádár sale del escenario principal, dejando tras de sí un legado tan contradictorio como la propia Hungría comunista. Este apparatchik, que alguna vez languideció en las cárceles del estalinista Mátyás Rákosi, ascendió al poder en 1956 traicionando a su camarada reformista Imre Nagy y alineándose con los tanques soviéticos que aplastaron la revolución húngara. Kádár, el sobreviviente, intentó entonces un malabarismo imposible: mantener la lealtad a la URSS mientras ofrecía a los húngaros un “comunismo gulash”, un sistema con un nivel de vida algo más tolerable que el de sus vecinos del bloque del Este. Pero en sus últimos años, temeroso de que sus propias reformas desataran un cambio incontrolable, volvió al inmovilismo, y ese miedo parece haber sellado su caída.
Kádár es una paradoja andante. Encarcelado bajo Rákosi, conoció de primera mano la brutalidad del estalinismo, pero no dudó en traicionar a Nagy cuando la URSS invadió Hungría, asegurándose el favor de Moscú y el puesto de líder. Desde 1956, su régimen intentó suavizar el comunismo con un toque de liberalización: tiendas mejor surtidas, cierta tolerancia cultural y un nivel de represión menos asfixiante que en otros países del Pacto de Varsovia. Sin embargo, su lealtad al Kremlin siempre tuvo prioridad: apoyó, incluso con tropas, la invasión de Checoslovaquia en 1968 para sofocar la Primavera de Praga, temiendo que cualquier reforma profunda en el bloque del Este pusiera en riesgo su propio experimento. En los últimos años, mientras Polonia ardía con Solidaridad y Gorbachov abría las puertas a la glasnost, Kádár se cerró en banda, frenando las reformas que él mismo había iniciado. Ese retroceso, combinado con una economía estancada, lo volvió un lastre para un partido que ahora busca sangre nueva con Grósz.
La salida de Kádár no es solo el fin de un líder; es el ocaso de una era. Hungría, que bajo su mando disfrutó de un comunismo “suave” comparado con el de sus vecinos, sigue atrapada entre el deseo de cambio y el miedo a provocar a la URSS. Grósz hereda un país inquieto, donde la juventud y los intelectuales piden más libertades y la economía cruje bajo el peso de las deudas. Kádár, ahora un presidente honorífico sin poder real, se retira como un símbolo de las contradicciones del bloque del Este: un hombre que quiso reformar, pero nunca demasiado; que prometió bienestar, pero solo hasta donde Moscú lo permitiera. Mientras Hungría mira hacia un futuro incierto, el legado de Kádárç-—mitad apertura, mitad represión—deja una pregunta en el aire: ¿puede un sistema que teme a su propio pueblo sobrevivir sin traicionarse a sí mismo?
J. F. Lamata