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Palme fue apartado del poder en 1976 por la coalición conservadora ahora derrotada

Elecciones Suecia 1982 – Los socialdemócratas de Olof Palme retornan al poder derrotando a los centristas de Thorbjoern Faelldin

HECHOS

El 21.09.1982 Olof Palme asumió el cargo de primer ministro de Suecia.

22 Septiembre 1982

Los socialistas vuelven a Suecia

EL PAÍS (Editorialista: Javier Pradera)

 

DESPUES DE seis años de cura de oposición, la socialdemocracia vuelve a gobernar en Suecia. Había estado en el poder durante 44 años, hasta las elecciones de septiembre de 1976, en que perdió su mayoría frente -a una coalición «burguesa» -centristas, liberales, conservadores-; recupera ahora esa mayoría, e incluso supera sus cifras de los buenos tiempos, con 166 escaños. A ellos habría que añadir los veinte obtenidos por los comunistas, que otorgan a la izquierda una amplia mayoría.La Suecia contemporánea es prácticamente una creación socialista en su casi medio siglo de gobierno. Hasta el punto de que su derrota de 1976 parecía resultar de su propio éxito: había creado una «nueva clase» abundante, mayoritaria, partiendo del antiguo proletariado. Cuando esa nueva clase media se enfrentó con las obligaciones de austeridad y recorte, de presupuestos obligatorios en, Suecia, como en todo el mundo, tuvo miedo de «desclasarse». Dicho de otra forma, la socialdemocracia había creado una sociedad de bienestar de carácter burgués que tuvo un reflejo de derechas para sostener su progreso social. Los seis años de coalición conservadora les han vuelto a dar la medida de lo que estaban perdiendo, o podían perder, al sacar del poder a los socialdemócratas, y han vuelto a invocarles.

Como en las elecciones presidenciales francesas -o, sin ir tan lejos, como en las autonómicas de Andalucía-, una parte del capital y de otros estamentos conservadores han intentado utilizar su antigua panoplia anticomunista aplicándola a los socialistas, anunciando catástrofes marxistas sin fin. Por lo menos así fue en Francia, en Andalucía y, ahora, en Suecia. En Alemania Occidental el nuevo grupo de oposición que puede tomar el poder a partir de la prevista caída de Schmidt hace todos los esfuerzos para que en las próximas elecciones no sea el rostro de Strauss y su tremendismo político quienes dirijan la campaña: para evitar que se ahuyente a un electorado que busca la moderación. «

No deja de ser interesante el hecho de que mientras en Suecia la socialdemocracia recupera el poder, en otros países del norte de Europa -Holanda, Dinamarca, la propia RFA- lo pierda.. Hay, evidentemente, en cada caso factores nacionales propios a los que podría sumarse una situación – general equiparable a la de Suecia en 1976; es decir, un miedo de las clases medias ante la retracción económica. Distanciándose- aún más, buscando una perspectiva más amplia, podría llegar a pensarse que hay una línea general que favorece a las oposiciones frente a los gobernantes. Una especie de multiplicación de la vieja teoría -no siempre exacta- de que el poder desgasta.

En los últimos años Europase ha visto deteriorada por las sucesivas crisis del petróleo y de las materias primas, por el cierre de mercados tradicionales, por el nuevo centripetismo de Estados Unidos y sus agresiones financieras, por el rearme y la creación de tensiones internacionales. Este desgaste ha conducido al crecimiento desmedido del paro obrero, a las dificultades de las empresas y al nacimiento de movimientos de protes

ta. Hay una reacción contra los poderes establecidos y una. necesidad de cambio.Las oscilaciones de voto representan muchas veces, más que una inclinación nueva a la derecha o a la izquierda, esa necesidad de cambio. Representan menos los partidos y sus programas que la renovación de los aparatos conocidos. En Suecia, concretamente, las oscilaciones de gobierno son muy dificiles: La «coalición burguesa» no ha podido desechar las más importantes conquistas del socialismo, que han configurado la famosa «vía» o «modelo»: son factores irreversibles. Tampoco el nuevo Gobierno socialdemócrata podrá sobrepasarse a sí mismo y producir nacionalizaciones, socializaciones o aumentos en la Seguridad Social, que es ya bastante generosa: hay una medida realista de la que no puede pasar ninguno de los dos bandos. El ejemplo de este equilibrio es que los puestos que cambian de mano al cambiar el Gobierno no pasan de un centenar. La dirección y la administración técnicas del país están aseguradas por expertos, por profesionales que no cambian y dan una continuidad al funcionamiento. Ese es uno de los secretos de la «vía sueca»; enormemente admirable desde un país como el nuestro, donde desde hace medio siglo las personas que dirigen y mandan a su arbitrio son también prácticamente las mismas, pero con un trasiego tal de puesto a puesto que hacen inviable cualquier proceso de continuidad. Curiosamente, a cada cambio de puesto tratan de demostrar su inspiración y su energía cambiando todo lo que ha hecho su predecesor: personas, despachos, edificios, organizaciones… todo menos la política.

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