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Vence en la complicada guerra espacial a la Unión Soviética

Estados Unidos logra que su astronauta Neil Armstrong se convierte en el primer ser humano que pisa la luna

HECHOS

El 21 de julio de 1969 los astronautas norteamericanos Neil Amstrong y Aldring (de EEUU) se convirtieron en los primeros seres humanos en pisar la luna.

24 Julio 1969

El Ballet de la luna

Carlos Sentís

Los rusos, siempre tan aficionados a los ballets verían sin duda con cierta nostalgia los pasos, evoluciones y saltos a que se lanzaron Armstrong y Aldrin cuando, algo borrachos de euforia y escasa gravidez lunar, interpretaron ante la televisión, que contemplaba medio mundo, el ballet del siglo. Los ecarts de Aldrin no los hubiera superado Niginsky, y Armstrong estuvo más ágil que Nureiev.

En la Luna los ballets no han sido rusos, y las formaciones soviéticos han quedado para el teatro Bolchot, su sancta sanctorum. Los modernos americanos en su lugar, han galopado mejor que lo hicieron los rangers en los tiempos de Ted Roosevelt. Sus vivas estrellas en el muerto satélite fueron dos padres de familia tan típicos y tranquilos que ningún otro Mar que el de la Tranquilidad merecían como meta y cumbre de sus aladas y ascendentes vidas.

Los cuatro pasos en la luna costaron a Norteamérica 25.000 millones de dólares que equivalen, poco más o menos al presupuesto del Estado español para ocho o diez años. Desde luego, es el viaje hasta ahora más caro emprendido dentro de nuestro sistema solar. Un week end en la playa seca lunar, donde calienta el sol, ha costado un precio que alguien en Francia ha calificado de insensato.

¿Realmente es excesivo el precio para un viaje hacia donde uno encuentra solamente lo que ya trae consigo?

El tema costo del viaje lunar es eminentemente popular y controversial. ‘Hombre de la Luna y hambre en la Tierra’ dicen unos. Y otros, los optimistas, se suman en cambio, a la expresión francesa: ‘On n´arrete pas le progrés’. En efecto, ¿quién detiene el progreso, aunque se opongan otras razones que las puramente moralistas?

¿Acabaría con el hambre de la sola India el presupuesto de la NASA? Par la fácil demagogia de la repartidora al buen tuntún, el idioma castellano tiene también su proverbio: “Pan para hoy y hambre para mañana”. El conde de Romanones le contestó a un interlocutor que le había afeado amasar su fortuna en lugar de distribuirla: “Me ha convencido usted. Como yo tengo cuarenta millones de pesetas – de entonces – y existen veinte millones de españoles le tocan a usted dos pesetas, que puede pasar a cobrar a mi casa cuando guste”.

Aunque es verdad que también algunos americanos – el 1 por 100 de su producto bruto ha ido a la NASA – se han lamentado de la dilación lunar, lo cierto es que los que más se quejan son los europeos en general, quienes no han expuesto en la operación ni un solo maravedí. ¿Resuelven ellos en su ámbito particular algún problema de Biafra o de la India? No. Ellos quisieran que lo resolvieran los americanos por su cuenta y, desde luego, riesgo. Porque riesgo hay, y cierto, cuando uno se mete a redentor. ¿por qué van a ser los gastos de la NASA los especialmente condenables? Poca cosa es este gasto junto al dispendio para las modas de las propias mujeres americanas. ¿Y es más importante tocarse con un sombrerito las flores que mandar dos emisarios – americanos muy representativos – a la Luna? ¿Por qué este empeño en presentar como imperdonable prodigalidad el gasto lunar?

La Luna es ‘res nillius’ pero que no es ‘a priori’ nula en si misma y en su capacidad de rendimiento económica. Bajo su corteza requemada por el Sol puede haber un fabuloso lote de metales preciosos o no, cuya extradición y envió a la Tierra podría, en un no lejano futuro ser improductivo. En la Luna hay el vacío, pero no está ella tan vacía. Sin hablar de su composición geológica, sino de su condición de mero cuerpo celeste, los beneficios que nos puede reportar no se limitan siquiera a ser parada o catapulta para otros astros.

Es el hoy demasiado olvidado Werner von Braun, quien discreto y señor como un barón de su patria de origen nos viene a decir que el viaje a la Luna era además necesario para la pronta instalación subsiguiente de plataformas o satélites artificiales portadores de laboratorios y piezas telescópicas. Colocadas a cuatrocientos kilómetros de la Tierra podrán todas las mañanas, pasarnos una revista de policía que jamás han soñado en ningún cuartel. Sin atmósfera enturbiadora, un buen telescopio (no sería necesario que fuera como el de Monte Palomar) para descubrir a vista de superpájaro todas las riquezas inexplotadas que todavía encierra la Tierra, así como el petróleo que guarda en el fondo de sus mares o en las cuencias de algunos de sus ríos. Solamente así, asegura von Braun, podremos hacer frente dentro de unos cuantos años, a la superpoblación que conlleva una carencia de alimentos. El mismo, en un papel de simple científico, no quiere morirse sin pasar medio año en uno de esos laboratorios que él ha ocncebido para uso y beneficio de toda la humanidad doliente. Le debía haber correspondido a von Braun ser el primer pasajero a la Luna. No ha llegado a tiempo. Se ha hecho si no viejo, demasiado mayor para ser lanzado en un cohete y a las duras pruebas del ‘encierro’ espacial.

Werner von Braun inventor del viaje a la Luna iluminó a John Kennedy y le arrancó la decisión histórica del programa lunar que en estos momentos se acaba de coronar. No lo olvidemos y a la hora de Armstrong, no le negeuemos una hoja de laurel para su frente que encuadran ya las canas.

Carlos Sentis

26 Julio 1969

"Un paso gigante para la Humanidad"

José María Carrascal

Derrotada la imaginación, nuestra inteligencia se ve incapaz de explicarnos que significa realmente el viaje del Apolo XI. La experiencia de nada nos sirve, porque los paralelismos no resisten. Aquellos periplos conmovedores de Colón, Magallanes, Vasco de Gama o el capitán Cook se mantienen dentro de valores humanos y terrestres, cuando ahora lo que el hombre ha hecho es romper dichas coordenadas y penetrar en lo antihumano y extraterrestre. De ahí que, a la hora de buscar semejanza, hayamos tenido que remitir nuestras crónicas al periodo devónico, hace 350 millones de años cuando el primer pez salió del agua para convertirse en anfibio. De ahí también que aunque los rusos hubieran conseguido posar su Luna XV en el satélite y hacerle regresar con idénticas piedras, la trascendencia no hubiera sido la misma. El valor de lo sucedido el 21 de julio de 1969 no reside en robarle unos pedruscos a la Luna, sino en que el hombre ha ampliado su horizonte vital.

Dos críticos
No me pidan, sin embargo, que sopese el valor del paso, porque resulta imposible medir el futuro con la regla del ayer. Quiero, eso sí, echar un pulso, con más entusiasmo que fuerza, con las dos categorías de críticos que le han salido a la investigación espacial:

1. 1. Los moralistas de derecha, que desconfían por sistema de la ciencia y critican que ‘el hombre presta más atención al progreos técnico y material que al moral»: y

2. 2. Los moralistas de izquierda que se indignan ante los mmillones gastados en la empresa lunar, habiendo tanta gente sin pan y sin escuela.

Los primeros no creo que merezcan una respuessta seria, después que todos los líderes religiosos del mundo han predicado la empresa como ‘una victoria del espíritu’. Los segundos, en cambio, son más de temer,p orque llegan con piel de cordero, aunque tiran mrodistos de lobo. «Si supiera que no apretando el botón de la salida del ‘Apolo’ eliminaría el hombre de América – dijo el doctor Paine, administrador de la NASA, al pastor Albernathy, sucesor de Lutero King, esté seguro que no lo apretaría. Pero por desgracia, no es cierto». No, no lo es, y el plástico ejemplo desenmascara el sofisma de la moralina falsamente progresista. No es el proyecto ‘Apolo’ lo que quita el pan de la boca a los americanos pobres ni la escuela a sus hijos. Las causas son más profundas, atañen a la organización misma de la sociedad americana, en la que el programa espacial ofrece unas reservas de optimismo formidables no sólo para los americanos, sino para toda la Humanidad. Han sido siempre proyectos de este tipo los que aceleraron la marcha del mundo hacia metas más cordiales, más justas la idea a la Luna, a veces con argumentos de enmascarado humanismo.

Dos complejos
Las consecuencias políticas del formidable slato están a la vista: los americanos han ganado la carrera espacial a los rusos, cuyo complejo de inferioridad no hará más que agravarse como se agravará el complejo de fatiga, de vejez, de impotencia y aun de culpa de Europa. La Europa menopáusica y minifaldera de neustros días ha debido ver como sus hijos americanos han hecho lo que ella no fué capaz. Todos los elementos de la época son suyos. Las leyes matemáticas que llevaron al Apolo XI de Newton: las consideraciones astronómicas de Copérnico, Kepler y Galileo: la idea, de Julio Verne, el cohete de Von Braun. Pero faltó fuerza o ilusión para convertir el sueño en realidad.

Y una advertencia
Para la misma Norteamérica, el éxito de un challenge un desafío. El país capaz de poner un hombre en la Lunta ¿no va a ser capaz de resolver la crisis vietnamita, la tensión racial, los problemas del tráfico, la policín del aire?

Pues, a lo peor no. La lección de humildad que nos ha dado en forma negativa, el viaje a la Luna advierte que es mucho más fácil ajustar las cosas allí que aquí. En el espacio, en el vacío, como en la pizarra, dos y dos son siempre cuatro. En la Tierra, en la atmósfera, entre los hombres, dos y dos pueden ser alguna vez cuatro, pero también pueden ser tres, cinco o cero, o cien. Porque aquí dos y dos no se presentan nunca en estado puro, sino influidos por infinidad de factores, que los condicionan y desfiguran, de forma que las cuentas no salen.

Lo que quiere decir que el hombre puede llegar a dominar el espacio – la conquista de la Luna ha durado doce años, todavía hay regiones inexploradas en América – bastante antes que su mundo, por no hablar ya de dominarse y conocerse a sí mismo.

José María Carrascal

26 Julio 1969

En sus dominios no se pone la luna

Raúl del Pozo

La declaración de la independencia, Lincoln, Bugalo Bill, los pioneros, los buscadores de oro, los americanos intrépidos, el desembargo de Normandía, la llegada de los tres americanos que han abierto una nueva frotnera en el espacio, hacen de este país en casos y contradicción, em ás poderoso de la Tierra y colocan alto la bandera de la nación, que en este siglo ha superado todos los momentos estelares de la historia de América. Algún día con la serenidad que nos dé el tiempo, veremos este 24 de julio de 1969 como el más grande, el más emocionante de nuestra vida. Nixon lo ha dicho: «Me habéis hecho el hombre más afortunado de la Tierra». Y todos los pubelos se han unido estos días a la hazaña que supera la gesta nacional para ser una gesta del hombre. Y la mujer de Armstrong con sus manos obre la cabeza del primogénito de la dinastía de los Armstrong que pisaron la Luna lo ha ratificado cinco minutos más tarde diciendo: «Esto está por encima de mi pensamiento, algo que no ha llegado a alcanzar mi mente». Tnato la señora Armstrong como su hijo, reflejaban en sus ojeras, casi moradas, el sufrimiento de la espera. El niño no ha levantado los ojos del suelo. Estaba humillado de tanta gloria. Y ha dicho, llorando: «Aún no sé si seré astronauta, todavía no lo he pensado». Yo he visto a americanos levantarse y ponerse firmes mientras sonaba el humno de los Estados Unidos en el Pacífico en esta mañana épica. Nueva York se entregaba en la catedral a dar las gracias a Dios porque a los hombres nos viene grande la hombrada.

Las legiones de esta Roma atómica se extienden por todos los mundos, las flotas dominna los mares, los platillos volantes americanos empiezan a conquistar los cielos. América vivirá su sitio de oro cuando Aldrin. Armstrong y Collins den la vuelta al mundo. La política exterior americana podrá contrarrestar su mala leyenda. El líder de los negros dijo que este éxito obligaría a la Administración a solucionar otros problemas. Y el mundo entero pide que este éxito obligue a los americanos a enderezar su fea fama de explotadores e imperialistas. Ohio es un mar de banderas americanas, y Houston y Cabo Kennedy: cuando hablas con los americanos, nos piden con la mirada que salgamos todos a slaudar en este mutis histórico. Nunca se ha hablado tanto de paz después de lo que han hecho en esta semana inolvidable. El solucionar la guerra del VIetnam, el dejar de inmiscuirse en las economías y las soberanías, el darle derechos a los pueblos de color, debe de parecerles una nimiedad. El rostro de Mr. Payne, el de Nixon, el de los astronautas, reflejaban alegría y asombro. Las adolescentes lloraban y se estrujaban las manos en el último tramo de la aventura. La mota de hierro en el furioso Pacífico de este amanecer ha destrozado los nervios de millones de telespectadores. Se temía un desenlace a lo salario del miedo. Pero todo ha salido redondo. América este día puede decir que en sus dominios tampoco se pone la Luna. En España no se ponía el Sol, pero tampoco se ponían los mantenes. Luna y manteles para todos porque todos los imprios tienen ru Rocroi) o su Waterloo. Los americanos deben hojear la Historia para no repetir los viejos errores de los imperios.

Raúl del Pozo

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