3 febrero 1977
Etiopía: El jefe de Estado Tafari Benti es asesinado por el hasta ahora Vicepresidente Mengistu Hailé, que queda consolidado como Dictador comunista del país
Hechos
El 3.02.1977 murió Tafari Benti.
Lecturas
En septiembre de 1974 había caído el emperador Haile Selassie.
El jefe de Estado y presidente del Deurg o Consejo de Administración Militar Provisional (CAMP), Teferi Benti, ha sido asesinado durante un golpe de estado dirigido por el vicepresidente del CAMP, el comunista Mengistu Hailé.
En estos tres años de poder militar desde la caída del León de Judá Rey de Reyes Haile Selassie [Haile Selasie], Etiopía se ha caracterizado por las continuas luchas internas por alcanzar el poder.
La tolerancia de Teferi Benti con los partidarios del Partido Revolucionario de Etiopía (PRPE) que defiende la independencia de Eritrea (territorio donde se defiende la secesión) le ha costado la vida.
Mengistu Hailé ha utilizado esa tolerancia para acusar a Teferi Benti y a sus simpatizantes de antirrevolucionarios, logrando así dos cosas: tomar el poder y eliminar a la oposición.
El Análisis
La historia reciente de Etiopía parece escrita con tinta roja… y no precisamente por la bandera. En febrero de 1977, Tafari Benti, el hombre que sucedió a Haile Selassie tras su derrocamiento, ha sido asesinado en un golpe de Estado orquestado por su propio vicepresidente, Mengistu Haile Mariam. El pretexto: la supuesta “blandura” de Benti hacia los simpatizantes del Partido Revolucionario del Pueblo Etíope, que apoyan la independencia de Eritrea. La realidad: Mengistu ha usado esa tolerancia como carta de acusación para decapitar no solo al jefe de Estado, sino también a toda la oposición que pudiera disputarle el trono… aunque este ya no se llame trono, sino sillón de mando del nuevo Estado comunista.
Con la hoz y el martillo ondeando en Addis Abeba, Etiopía se convierte en el segundo país del África negra en instaurar un régimen comunista, siguiendo los pasos de la Angola de Agostinho Neto. Pero más que un símbolo de unidad proletaria, el nuevo poder parece un aviso: aquí manda Mengistu, y no habrá espacio para voces discordantes. Como en Angola, las guerrillas y las regiones rebeldes —empezando por Eritrea— amenazan con convertir el mapa del país en un puzzle incompleto. El comunismo llega, pero lo hace con escolta militar y el dedo en el gatillo.
Mengistu ha ganado la partida… por ahora. Pero en Etiopía, los cambios de poder suelen llegar tan rápido como las balas. Y en un tablero donde las armas pesan más que los discursos, la hoz puede acabar siendo tan afilada como efímera.
JF Lamata