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España normaliza sus relaciones diplomáticas con la Unión Soviética con a instancias del Gobierno Suárez y el diplomático franquista catalán Juan Antonio Samaranch Torrelló

HECHOS

El 9 de febrero de 1977 España estableció relaciones diplomáticas con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

09 Febrero 1978

Un año de relaciones con la Unión Soviética

EL PAÍS (Director:

HOY SE cumple, exactamente, el primer aniversario del restablecimiento de relaciones diplomáticas entre España y la Unión Soviética. Si se repasa detenidamente el panorama de las relaciones internacionales durante los dos últimos años, los actos más significativos que han dado fe de la normalización democrática española han sido, sin duda, la solicitud oliciaide ingreso en la CEE las relaciones con México y este restablecimiento de las relaciones hispano-soviéticas.España careció de una política exterior auténtica e independiente durante los cuarenta años de régimen autoritario, obligada a una dependencia unidimensional de Estados Unidos.

La democratización española, por tanto obliga a una reconsideración de nuestra política exterior. En este sentido, los viajes al exterior del rey Juan Carlos han sido al mismo tiempo, símbolo y toma de temperatura de las posibilidades que ahora se abren a nuestra diplomacia.

Por el momento el camino hacia Europa se presenta complejo, aunque no imposible. Se nos ha dado el sí político, que de nada vale sin el económico. La apertura hacia Latinoamérica tiene viabilidad a largo alcance tan sólo, dadas las especiales características de la zona. La eventual entrada en la OTAN, aparte de ser un terria espinoso, que habrá que calibrar con todo cuidado, y que no se puede resolver mediante una simple decisión gubernamental pues el Parlamento y el pueblo deberán dar su opinión ante tema tan grave. aparece como diferida. La hipótesis de que Madrid sea la sede de la próxima reunión de la Conferencia Europea de Seguridad y Cooperación que cuenta con grandes posibilidades de convertirse en realidad, sería la consagración de la Importancia diplomática española, pero retrasaría toda decisión con respecto a la OTAN. Los países del Este verían con buenos Ojos que la citada reunión tuviera lugar en Madrid.

Las relaciones con la URSS y los países del Este son un camino que se muestra mucho más expedito, aunque sea menos sustancial. Desde que, en 1973, España y la URSS acordaran la apertura de delegaciones comerciales, las relaciones de estos intercambios se han quintuplicado. Pero todavía en 1976 España sólo importó de la URSS por valor de 10.800 millones de pesetas, mientras exportaba por 6.700 millones. Nuestras importaciones han sido básicamente petróleo, y las exportaciones, de productos siderúrgicos. Estas cifras apenas representan del orden de un 1% en el comercio exterior de ambos países, quince veces por debajo del de Francia o Italia con la Unión Soviética. Hay que Intensificar los intercambios y la cooperación de tipo cultural entre dos países tan cargados de historia y patrimonio artístico. En la URSS se estudia el castellano, desde luego, pero en nuestras facultades de Letras no existe todavía ni una sola cátedra de lenguas eslavas. Es de esperar que el anunciado tratado de cooperación cultural vendrá a colmar estas lagunas.

En el ámbito de la cooperación científica y técnica existen también importantes perspectivas. Este año empieza a funcionar el acuerdo para el enriquecimiento de uranio español en la Unión Soviética, que se extiende hasta el año 2000, con un coste que rebasará ampliamente los mil millones de dólares. Por último, tampoco puede olvidarse en este panorama las facultades concedidas a la ilota pesquera soviética en las Canarias. Con la llegada de 2.000 embarcaciones anuales, las Canarias son la mayor base pesquera de la URSS en el mundo fuera de sus fronteras. Al parecer, esta concesión lleva implícito el alejamiento de los barcos soviéticos de Gibraltar. Pero se da la paradoja de que estos buques, que repostan y hacen escala en Canarias, son reparados en otros países, siendo así que podrían hacerlo en otros puertos españoles con mayor facilidad.

También es preciso referirse en este terreno al desarrollo de ra información entre ambos países. Se ha aumentado el número de periodistas españoles en la Unión Soviética. Y de soviéticos en España, lo que sólo puede resultar beneficioso para que los dos pueblos se conozcan mejor. Sin embargo, todavía existen estructuras totalitarias que impiden el normal ejercicio de las tareas informativas.

En esta fecha es imposible dejar de hablar de un tema, que aparece cada año que pasa como más simbólico que otra cosa, y que también quedó reflejado en la nota oficial que ariunció, el 9 de febrero de 1977, el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre la URSS y España: nos referimos al «oro español» de Moscú, tan mitificado por ser fácil presa de cualquier sensacionalismo barato. La nota de la Oficina de Información Diplomática de hace un año dejaba claro que esta normalización de relaciones no afectaba a las reclamaciones que cada una de las dos partes pudiera presentar a la otra. Pero la mayoría de los más recientes estudios históricos coinciden en señalar que aquel «oro español» fue gastado en su casi totalidad, y tal vez más, por el Gobierno republicano, y parece poco racional que tan confuso, y cuantitativamente escaso, tema constituya un obstáculo para el pleno desarrollo de las relaciones entré Madrid y Moscú. Tal vez fuera conveniente para ambas partes salir del actual silenció diplomático sobre el tema, poniéndolo en claro de una vez, con lo que se eliminaría una eventual fuente de recelos y suspicacias, enterrando definitivamente la cuestión en el cementerio de la historia.

Todo estrechamiento de lazos entre España y la URSS, como cabe esperar del anunciado Ylaje a Moscú de¡ mi nistro Oreja, debe condicionarse, por supuesto a la más estricta observancia de la no interferencia en los asuntos internos de la otra parte. Cabe esperar, por tanto, si se respetan las condiciones citadas, que el segundo año de las restablecidas relaciones hispano-soviéticas sea enca minado a la potenciación de las mismas a todos los niveles, como un factor necesario para la normalización de nuestra política exterior y para su equilibrada potenciación en el mundo.

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