13 septiembre 1971

La versión oficial es que murió al estrellarse en su avión en Mongolia cuando trataba de huir por haber sido detectado un supuesto complot suyo para asesinar a Mao y tomar el poder

Extraña muerte del ‘número 2’ del comunismo chino, Lin Piao [Lin Biao], tras ser acusado de ‘alta traición’ contra Mao Zedong

Hechos

El 13.09.1971 murió Lin Piao.

Lecturas

Lin Piao era el sucesor de Mao en diciembre de 1966.

El ministro de Defensa de la República Popular China y vicepresidente del Partido Comunista de China, Lin Piao ha fallecido supuestamente en un accidente de aviación en Mongolia. Según un comunicado de la dictadura comunista china que no explica las causas del ‘accidente’, el líder del Ejército Rojo huía a la URSS tras un intento de golpe de estado apoyado por los soviéticos contra Mao.

El hambre de poder de Lin Piao, consiguiendo que en 1969 el partido le nombrara vicepresidente del partido o, lo que es lo mismo, sucesor de Mao, el presidente del partido único, reforzando así su pretensión de someter el partido a las directrices del ejército, han acabado con su vida. Su muerte significa un triunfo para el sector moderado del partido, encabezado por el primer ministro Chou Enlai, que cuenta con el apoyo de Mao Zedong.

En octubre de 1971 China será admitida al fin en la ONU. 

20 Noviembre 1971

Rumores sobre Lin Piao

LA VANGUARDIA (Director: Horacio Sáenz Guerrero)

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Hace poco más de un mes y a raíz de los rumores acerca de la muerte a enfermedad de Mao y de Lin Piao, y también sobre la supuesta fuga del ex presidente Liu Shao Chi a la URSS, comentábamos en esta columna que nos resistíamos a darle crédito; y concluíamos que nos inclinábamos a creer en la existencia de un conflicto abierto entre los partidarios de la línea de Mao y el grupo ultraizquierdista que nació al amparo de la Revolución Cultural.

Pues bien, desde hace un par de semanas ha vuelto a circular de nuevo y con mayor insistencia que en la anterior ocasión otra oleada de rumores, esta vez todos ellos centrados en torno a la eventual suerte corrida por el delfín de Mao, Lin Piao.

Mientras unas fuentes insisten en que se hallan gravemente enfermo – a causa de las heridas de guerra y la tuberculosis – otras afirman que murió en el avión chino que se estrelló el 12 de septiembre, y que junto con él perecieron altos jefes militares, cuanto trataban de escapar a la Unión Soviética; inclusive se añadía que el ministro de Defensa, había intentado por tres veces eliminar físicamente a Mao.

Nos cuesta creer en la verosimilitud de esta información: porque el asesinato de altas jerarquías chinas no es precisamente estilo que caracterice la lucha por el poder en la República Popular (recordemos, por ejemplo, que no se recurrió al atentado cuando la revolución Cultural); porque el accidente aéreo no fue confirmado por Mongolia hasta el 30 de septiembre, y ni Ulan Bator ni Moscú han intentado explotar políticamente tal hecho, lo que parece confirmar que a bordo del aparato no iba Liu Shao Chi ni tampoco Lin Piao.

Hace unos días, la prensa soviética publicaba comentarios acerca de la caída en desgracia del delfín de Mao, y anteayer Radio Moscú añadía que el ministro de Defensa y altos jefes militares habían sido purgados; en resumen, se inclinaban a creer que se trataba de una muerte política. Simultáneamente, la revista de Pekin ‘China en imágenes’ reproducía en la portada y en páginas interiores fotografías de Lin Piao – solo o en compañía de Mao – y un diario de Hong Kong afirmaba que se encontraba en la capital de la República Popular, pero bajo arresto domiciliario.

Ante esta increíble confusión de rumores algunos de los cuales participan más de las características del género ciencia-ficción que del comentario político, creemos – con todas las reservas a que la complejidad del caso obliga – que prosigue en China la lucha entre los partidarios de Mao y los extremistas del grupo ’16 de mayo’ y que a ello se añade, además, una voluntad cierta de eliminar el culto a la personalidad.

El conflicto político puede concretarse en dos aspectos: en política exterior, la invitación cursada al presidente Nixon para que visite Pekín; en política interior – aspectos más importante – el propósito de Mao de que el poder militar, que tanta relevancia adquirió a raíz del papel desempeñado durante la Revolución Cultural, vuelva a quedar subordinado a la efectiva dirección del Partido (renovado a escala nacional y sometido al control de su jefe indiscutido). Ello explicaría el radical cambio introducido en las manifestaciones masivas – la del día primero de octubre por ejemplo – y que los altos jefes militares no estén, de un tiempo a esta parte, presenten en los actos públicos y oficiales que se celebran en la capital china.

Por otra parte, hay otro aspecto interesante y que, a nuestro entender, se relaciona muy directamente con lo ya expuesto: la campaña para eliminar el culto a la personalidad. El hecho de que en los brindis no se mencione a Lin Piao, que hayan desaparecido en las calles los retratos no sólo de él, sino inclusive de Mao, la retirada de las librerías del Libro Rojo, etc, puede bien ser interpretado como una consecuencia lógica de este cambio, ‘Bandera Roja’ comentaba últimamente: ‘La historia es ccreada por el pueblo… Un individuo sólo puede desempeñar un papel activo en la historia cuando refleja la voluntad de las masas populares’.

No tardaremos en saber sin Lin Piao ha pasado simplemente a un segundo plano por las causas expuestas o bien ha sido en verdad arrinconado políticamente por su desacuerdo con Mao y su apoyo a los extremistas.

El Análisis

Lin Piao: del Libro Rojo al vuelo final

JF Lamata

El ministro de Defensa de China y hasta hace poco delfín designado del maoísmo, Lin Piao, ha muerto en un oscuro “accidente de aviación” mientras, según la versión oficial, intentaba escapar a la Unión Soviética tras un supuesto intento de golpe de Estado contra Mao Zedong. Así cae, con estruendo y sin gloria, uno de los arquitectos más fanáticos de la Revolución Cultural, el general que convirtió el Libro Rojo en catecismo obligatorio, los desfiles en rituales cuasirreligiosos y las purgas políticas en espectáculo nacional.

La historia es digna de una tragedia en tres actos: Lin, antaño mano derecha de Mao, organizó el culto al líder con una devoción que rozaba el misticismo y se encargó personalmente de aniquilar al ala moderada del Partido, incluida la eliminación de Liu Shaoqi y la marginación de Deng Xiaoping. Ahora es él quien muere como “traidor”, y los mismos aparatos que coreaban su nombre lo borran de retratos, libros y memoria. Que el supuesto complot golpista tuviera o no fundamento resulta casi irrelevante: en la China maoísta basta con que convenga políticamente.

Lo único claro en este juego de espejos es que la caída de Lin fortalece al viejo zorro de Zhou Enlai, primer ministro pragmático que supo mantenerse a flote en medio del delirio ideológico. Mao, por su parte, vuelve a demostrar que en su corte no hay herederos, sólo candidatos a caer. Y si algo ha dejado esta muerte en el aire, es la certeza de que la Revolución Cultural no fue una revolución del pueblo, sino una herramienta de poder en manos de un líder dispuesto a devorar incluso a sus apóstoles.

J. F. Lamata