12 septiembre 1971

Sucedió a Stalin al frente del PCUS

Muere Nikita Kruschev, ex dictador de la Unión Soviética (1953-1964)

Hechos

El 12 de septiembre de 1971 se conoció en España la muerte de Nikita Kruschev.

Lecturas

Nikita Kruschev perdió el mando de la URSS en 1964. 

El ex dictador de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, Nikita Kruschev, ha muerto este 11 de septiembre de 1971 en el hospital de Kremlin, víctima de una crisis cardiaca, a los 77 años de edad. Ligado al Partido bolchevique de Lenin en 1918, Kruschev ascendió al Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) en 1934 y en el polítburó en 1939.

Durante la guerra fue comisario político (se dice que dirigió la acción de grupos guerrilleros que actuaban tras las líneas alemanas) ascendió a teniente general y se convirtió en colaborador de Stalin, siendo colaborador de sus crímenes durante las purgas.

Tras la muerte de Stalin y tras aniquilar a Beria y tras una dura lucha con los que fueron sus aliados y luego pasaron a ser sus enemigos. el grupo integrado por Molotov, Kaganovich (su antiguo mentor) y Malenkov, se convirtió en el dictador absoluto tras asumir la jefatura del Gobierno en marzo de 1958.

Fue el encargado de denunciar en el XX Congreso del PCUS, los excesos cometidos por Stalin, al tiempo que promovió una política de convivencia pacífica con los estados capitalistas.

Fue destituido de todos sus puestos en octubre de 1964, y desde entonces llevó una vida completamente gris, lejos de los centros del poder. Hoy, la noticia de su muerte no aparece la prensa soviética. Se sabe, sin embargo, que será enterrada en el cementerio de Novodievichi, y no en el recinto del Kremlin, como a otros antiguos jefes de Gobierno.

El texto que le dedicó D. Torcuato Luca de Tena Brunet [ABC]

«Fue once años dictador de Rusia. A consecuencia de un ataque cardiaco falleció ayer Nikita Kruschev, quien durante once años fue dictador de Rusia. Aunque la salvaje agresión al pueblo húngaro, entre otros muchos atropellos, le descalifica ante la Historia, no ha sido Kruschef, de los dirigentes comunistas, el más negativo para la paz del mundo».

El Análisis

EL PRECIO DE PONER FIN AL TERROR

JF Lamata

Nikita Kruschev ha muerto este 11 de septiembre de 1971, no como el líder que una vez gobernó con puño de hierro la Unión Soviética, sino como un anciano aislado, borrado de la memoria oficial de su propio país. Durante once años, entre 1953 y 1964, fue el hombre más poderoso del Kremlin. Bajo su mando se consolidó la dictadura soviética tras la muerte de Stalin, al que había servido, y con ella llegaron decisiones implacables: la ejecución de su rival Beria, la sangrienta represión de la revuelta húngara y la purga de quienes se atrevieran a cuestionar el control soviético sobre Europa del Este. Sin embargo, fue también Kruschev quien abrió tímidamente las ventanas del sistema totalitario al promover la llamada desestalinización. Gracias a él, por primera vez en décadas, los miembros del Comité Central dejaron de temer desaparecer en plena noche.

Tal vez ese relajamiento del terror fue su pecado político. Su actitud más errática y su tendencia al protagonismo facilitaron que sus compañeros de partido hicieran lo que jamás se hubieran atrevido con Stalin: destituirle. Desde entonces, Kruschev vivió vigilado y silenciado, apartado de cualquier actividad pública, hundido en la melancolía y sin derecho ni siquiera a ser nombrado en los medios del Estado que él dirigió. Fue un desterrado en vida dentro de su propia revolución, reducido a un fantasma del poder que una vez ostentó.

A su muerte, la maquinaria propagandística soviética apenas ha murmurado una línea. Sin funeral de Estado, sin pompa ni despedidas oficiales, Kruschev se marcha como vivió sus últimos años: en la sombra. Paradójicamente, ha recibido más atención en la prensa occidental que en la tierra que gobernó. Así se apaga una figura que fue temida, odiada, reformista a su manera, brutal y contradictoria. Un dictador sin tumba simbólica, sin estatuas y sin epitafio, pero cuyo legado, para bien o para mal, alteró el rumbo del comunismo soviético.

J. F. Lamata