20 agosto 1971

El golpe es respaldado por las importantes formaciónes políticas Falange Socialista Boliviana y Movimiento Nacionalista Revolucionario

Un golpe en Bolivia dirigido por Hugo Bánzer derriba al dictador Juan José Torres e instala una nueva dictadura más conservadora

Hechos

El 20.08.1971 se produjo un golpe de Estado en Bolivia que depuso a Juan José Torres como Presidente y lo reemplazó por D. Hugo Bánzer.

Lecturas

Juan José Torres era dictador de Bolivia desde 1970

«La revolución se ha interrumpido, pero no está derrotada», declaró el general Juan José Torres al llegar a Lima, tras haber sido derrocado por un golpe militar. Mientras tanto, en La Paz, el coronel sublevado, Hugo Banzer Suárez, asumía la presidencia.

La insurrección que se anunciaba estalló el jueves 19, en Santa Cruz, tras la detención de Banzer, ordenada por el gobierno. Torres quedó prácticamente sin apoyo militar, y aun cuando a última hora se entregaron armas a la población civil la resistencia no llegó a organizarse.

Es el fin de una experiencia política de diez meses, que encaminó aceleradamente a Bolivia hacia el área socialista. Se instauró una Asamblea Popular, se anularon las concesiones a empresas de Estados Unidos, se apoyó en la ONU el ingreso de la China comunista de Mao Zedong. La contrarrevolución se puso en marcha desde el primer momento.

Banzer será dictador hasta 1978

24 Agosto 1971

Un futuro pesimista

Miguel Torres Gil del Real

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Doscientos revoluciones y más de cincuenta jefes de Estado en siglo y medio corto de independencia son unos antecedentes que no permiten hacerse demasiadas ilusiones sobre el futuro del nuevo régimen encabezado por el coronel Hugo Bánzer. Tampoco abonan unas perspectivas excesivamente optimistas hacia el futuro la corta guerra civil que ha originado el cambio y la composición del nuevo Gobierno que en su base civil está integrado por dos grupos – ‘El Movimiento Nacionalista Revolucionario’ y la ‘Falange Socialista Bolivariana’ – separados históricamente por una tradición de hostilidad, aunque durante los últimos días hayan coincidido en su oposición. El largo exilio y la experiencia han dejado convertido a Paz Estenssoro en una sombra de lo que fue.

Pero es que, además, las condiciones objetivas del país son lamentables, política y económicamente. A los males ancestrales de Bolivia, subdesarrollo y analfabetismo, se unen unos frentes políticos irreconciliables. Por un lado, la extrema izquierda, con el Sindicato minero, la poderosa Central Obrera Boliviana (COB) y los estudiantes que aunque derrotada ahora, la van a hacer la vida imposible a Hugo Bánzer Suárez con huelgas y algaradas y con el previsible recrudecimiento de las guerrillas. Por otro lado, la derecha, con el apoyo de los sectores barrientistas a conservadores del Ejército, al que pertenecen los militares triunfantes, que cuentan, sin duda, con la simpatía de Mr. Siracusa, el embajador norteamericano siempre presente en ocasiones similares. Y, por último, el centro, en el que cabe situar personalmente a los dos últimos presidentes, Ovando y Torres, cogidos entre los dos extremos. Ambos se inclinaron progresivamente con el timepo hacia la extrema izquierda especialmente el segundo, porque esa izquierda les permitió llegar y permanecer en el Poder. Pero ambos han acabado por estrellarse.

En descargo de Juan José Torres cabría decir que hizo todo lo posible por no hipotecar el carácter nacionalista que quiso imprimir a su régimen , pero que al final no supo o no pudo, luchar contra los crecientes imposiciones de la extrema izquierda, con cuyo apoyo ha permanecido diez meses y medio en el Poder. El mismo hombre que en octubre del pasado año le negó a la Central Obrera Boliviana las carteras que pedían en el Gobierno, se plegaba medio año después a la constitución de la llamada Asamblea Popular, especie de soviet que le impusieron mineros, obreros y estudiantes.

Juan José Torres quiso mantenerse en la finca del nacionalismo revolucionario, reformista, pero no marxista, que gobierna en el Perú, pero sucumbió por su debilidad frente a quienes le imponían la construcción de un régimen socialista. El resultado ha sido un golpe de sectores que, en el contexto general iberoamericano, hay que situar próximos a la influencia del régimen argentino.

Hugo Bánzer tiene ante sí una dificilísima tarea de reconciliación nacional, como paso previo a cualquier programa de reformas. Han transcurrido ya casi veinte años desde la llegada de Paz Estenssoro al Poder ron su gran periodo de cambios, pero Bolivia sigue sin haber resuelto problemas elementales de desarrollo. Es más, la situación ha ido deteriorándose, como prueba ese centenar de muertos en las luchas civiles del pasado fin de semana. Quisiéramos equivocarnos, pero las impresiones hacia el futuro no pueden ser optimistas.

Miguel Torres

El Análisis

Bolivia vuelve a la senda de la dictadura

JF Lamata

El golpe militar de agosto de 1971 ha puesto fin a la breve experiencia de gobierno de Juan José Torres, el general que quiso abrir Bolivia a una inédita participación popular y sindical. Su caída fue tan abrupta como su ascenso: abandonado por sectores clave de las Fuerzas Armadas y asediado por la presión de los grupos conservadores y empresariales, Torres apenas pudo sostenerse once meses en el poder. Obligado al exilio, primero en Chile y después en otros países de la región, su destino recuerda el de tantos dirigentes que, en América Latina, intentaron combinar nacionalismo con apertura hacia los trabajadores y terminaron arrasados por la inercia autoritaria.

El nuevo hombre fuerte del país es el general Hugo Banzer Suárez, figura diametralmente opuesta a Torres. Formado en academias militares de Estados Unidos y Brasil, Banzer representa el perfil clásico de los dictadores latinoamericanos de la Guerra Fría: católico, conservador, anticomunista y con sólidos vínculos con las cúpulas castrenses de la región. Su llegada al poder lo coloca en sintonía con los regímenes de Stroessner en Paraguay, Médici en Brasil o Somoza en Nicaragua, todos ellos parte de un entramado continental donde los militares son guardianes del orden frente a cualquier atisbo de socialismo. Lejos de tender puentes con la Cuba castrista, como en su día amagó Torres, Banzer se alineará con Washington y con las doctrinas de seguridad nacional que dominan en el Cono Sur.

La caída de Torres y la entronización de Banzer son un episodio más en la tendencia regional que sustituye gobiernos populares por dictaduras de mano dura. Bolivia, como tantos otros países del continente, entra ahora en un periodo donde el discurso del anticomunismo justificará la represión política y la clausura de las libertades. Queda atrás la efímera ilusión de un proyecto obrerista y nacionalista, sustituido por una dictadura que, todo lo indica, será larga y estrechamente vinculada a sus pares militares del vecindario. La historia reciente demuestra que en América Latina las urnas y los experimentos populares tienen menos futuro que los tanques.

J. F. Lamata