7 octubre 1970

El general Juan José Torres se convierte en el nuevo dictador de Bolivia tras otro golpe de Estado y anuncia un gobierno más progresista y social

Hechos

El 6.10.1070 Juan José Torres se convirtió en presidente de Bolivia.

Lecturas

Rene Barrientos morirá en 1964

El general Juan José Torres, desde los balcones del Palacio Quemado – sede del gobierno boliviano – ha prestado juramento como nuevo presidente de Bolivia, ante el pueblo reunido en la plaza Murillo.

Torres llega al poder después de haber desbaratado un golpe de militares derechistas, acaudillados por el comandante en jefe del ejército, Rogelio Miranda, que forzaron la dimisión del presidente Ovando Candía.

Miranda, que lanzó su proclama el sábado 3 y ocupó este 6 de octubre de 1970 la presidencia tras la renuncia de Ovando, fue reemplazado pocas horas más tarde por una junta militar.

Torres, mientras tanto, se encaminaba a la base aérea de El Alto con un grupo de militares y civiles nacionalistas. Estalló la huelga general. Aviones de la Fuerza Aérea, partidaria de Torres, ametrallaron el Palacio Quemado. La Junta no tardó en renunciar.

Hugo Banzer tomará el poder en 1971

08 Octubre 1970

El retorno de los revolucionarios

Miguel Torres

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La moneda cayó en Bolivia del lado de la izquierda. La tensa jornada de lucha subsiguiente en la dimisión de Alfredo Ovando ha sido toda una demostración práctica de carácter contradictorio del régimen que estuvo en el Poder trece meses. Los dos frentes en lucha, a la derecha y a la izquierda, estaban encabezados por dos generales que han sido comandantes en jefe del Ejército con el presidente derrocado: Miranda y Torres. Ovando fue apoyándose alternativamente en la derecha e izquierda, defraudando a todos, para intentar sacar adelante su programa revolucionario. Los ministros socialistas vetaban a los conservadores y viceversa; los militares ultras a los denominados ‘tupamaros’; las guerrillas volvieron a hacer su aparición en la provincia oriental; la Iglesia se enojó con el régimen por la expulsión de cinco sacerdotes extranjeros; la extrema izquierda representada principalmente por el Sindicato minero, la Central Obrera y los estudiantes, se reían del programa de reformas de Ovando, al que querían arrastrar a la implantación del socialismo; los militares que permanecen fieles al espíritu de Barrientos exigían el imperio del orden sobre la subversión, y el país con sus males ancestrales agravados por el paso del tiempo, con uno de los más bajos niveles de vida del continente y con el 75% de la población inmersa en el analfabetismo, ha ido cada día de mal en peor.

La experiencia nacionalista ‘a lo peruano’ ha fracasado; los militares de derecha, que contemplan con interés la revolución argentina y que sienten simpatías hacia el general Alejandro Lanusse, parecen derrotados, al menos de momento. El poder está en manos del general Juan José Torres, cuya actuación futura estará determinada por la presencia entre las filas que le apoyan del ex presidente Hernán Siles Zuazo y el ex vicepresidente y cabecilla de los mineros Juan Lechin y por el anunciado retorno del ex presidente Víctor Paz Estenssoro.

Este trío de figuras del M. N. R. (Movimiento Nacional Revolucionario) ha llenado una larga etapa de vida política del país y ha permanecido una etapa no menos dilatada en el exilio. Cuando Paz Estenssoro llegó al poder en 1952 nacionalizó las minas de las familias Aromayo, Patiño y Hochsohild, que producían el 75% del estaño de Bolivia. Las exportaciones de este mineral representaban el 90% aproximadamente de los ingresos en divisas del país, con los que hay que adquirir prácticamente todo lo que hay que adquirir prácticamente todo lo que se consume. Pero esta nacionalización apenas pasó el terreno burocrático. Ello provocó una escisión en el M. N. R. encabezada por Juan Lechí, hombre de tendencia castrista. Entre la obra del Gobierno de Paz Estenssoro figuró la casi completa eliminación del Ejército y su sustitución por una milicia uniformada de mineros y campesinos, milicia que acabó por pasarse a las filas revolucionarias de Juan Lechín. Ahora Lechín ha movilizado nuevamente a sus hombres para apoyar al general Juan José Torres. Como es natural, el precio que exija por ello será muy alto. Por lo pronto, el nuevo presidente boliviano ya ha anunciado la formación de un Gobierno socialista.

Miguel Torres

El Análisis

Juan José Torres y la encrucijada revolucionaria de Bolivia

JF Lamata

El 6 de octubre de 1970, Bolivia sumó un nuevo capítulo a su accidentada historia política: el general Juan José Torres se hizo con el poder tras un golpe de Estado que derrocó al general Alfredo Ovando Candia, su antiguo aliado en la conducción del país después de la caída de René Barrientos. La crisis que precipitó el golpe tuvo su origen en las pugnas dentro de las Fuerzas Armadas y en la incapacidad de Ovando para sostener un equilibrio entre los sectores militares conservadores y las corrientes de izquierda nacionalista que aspiraban a profundizar las reformas. En ese contexto de fractura castrense, Torres emergió como el líder capaz de canalizar el descontento popular y, con el apoyo de sindicatos y movimientos sociales, se hizo con la presidencia.

Torres representa una apuesta arriesgada y diferente dentro del habitual panorama militar boliviano. A diferencia de otros generales, su discurso se acerca más a la izquierda nacional-popular que a los cuarteles tradicionales. Admirador de experiencias revolucionarias en América Latina, se propone impulsar un gobierno de corte obrerista y popular, con mayor protagonismo de sindicatos y organizaciones sociales en la vida política. Su cercanía con la Central Obrera Boliviana y con intelectuales progresistas marca un cambio respecto a la línea más pragmática y militarista de Ovando. Este perfil lo convierte en una figura atípica, pero también frágil, en un país donde los poderes tradicionales —económicos, militares y externos— ven con recelo cualquier intento de revolución desde arriba.

El gobierno de Torres, nacido de un golpe militar con apoyo popular, encarna la contradicción central de Bolivia en el siglo XX: un país atrapado entre la promesa de transformación social y la constante tentación autoritaria. Su futuro dependerá de hasta dónde consiga avanzar en sus planes de reformas sin perder el respaldo de los sindicatos ni despertar la reacción violenta de los sectores conservadores y de las Fuerzas Armadas. Hoy Bolivia inicia un experimento político arriesgado, con un presidente-dictador que promete darle voz a los trabajadores y campesinos, pero cuyo margen de maniobra está rodeado de incertidumbre y enemigos poderosos.

JF Lamata