Search
Dudú ha jugado a intentar liderar a los musulmanes de Melilla pese a carecer de suficiente respaldo electoral que lo justifique

Fiasco del Gobierno Felipe González con el fichaje de Aomar Mohamed Dudú [Duddú] como asesor musulmán del ministerio del Interior

HECHOS

  • El 7.09.1986 D. Aomar Mohamed Dudú aceptó el cargo de asesor del ministerio del Interior.
  • El 8.10.1986 D. Aomar Mohamed Dudú abandonó el cargo y retornó a Marruecos.

11 Noviembre 1986

La demagogia y el avestruz

EL PAÍS (Director: Juan Luis Cebrián)

LA DIMISIÓN como asesor del Ministerio del Interior del líder de la comunidad musulmana de Melilla, Aomar Mohamedi Dudú, en una asamblea celebrada el pasado sábado admite una lectura anecdótica, hecha de obviedades, como la intentada por el delegado gubernamental, Manuel Céspedes. Pero también una lectura que considere los episodios del sábado síntomas de una situación de creciente degradación política y social. No resulta dificil, en efecto, ironizar sobre la inmadurez manifestada por la mayoría de los 2.000 asistentes a la asamblea, sobre la demagogia utilizada por Dudú, sobre el deliberado confusionismo que presidió la toma de decisiones e incluso sobre la figura un tanto patética del propio líder musulmán a sueldo de la Administración española. Pero todo ello constituye, a su vez, el reflejo cabal de la realidad de una colectividad cuya marginalidad propicia la receptividad ante mensajes embarullados.El aprendiz de brujo que tuvo la genial idea de poner a Dudú a sueldo, en la esperanza de neutralizar así la contestación que confusamente se elevaba desde la colectividad musulmana de la ciudad (27.000 personas sobre una población total de 72.000), estaba jugando con fuego. Nunca se explicaron bien las razones de tal decisión, pero la sorpresa se tornó en desconfianza cuando apenas tomar posesión, e incluso antes de hacerlo oficialmente, Dudú comenzó a amenazar con dimitir con los más diversos motivos, justificados unos, incomprensibles otros. Su todavía no plenamente aclarada visita a la capital marroquí, y especialmente las contradictorias explicaciones que de ella fueron dadas por el interesado, de una parte, y la Administración española, de otra, aumentaron razonablemente la desconfianza. Ahora parece claro que la estrategia del líder musulmán consistía en provocar las condiciones que le permitieran abandonar el puesto con ruido y retornar a casa con un liderazgo afianzado en el argumento de que el diálogo con Madrid se había demostrado imposible. La radicalización con que ahora amenaza el líder musulmán es el fruto envenenado de la improvisación con que se procedió.

Esa estrategia se ha visto favorecida, a su vez, por la ausencia de una auténtica política de Estado respecto a Ceuta y Melilla. La falta de perspectiva histórica del Gobierno español sobre una cuestión cuya dimensión internacional es evidente ha determinado que los problemas de fondo hayan sido sistemáticamente aplazados, buscando contentar a quien más fuerte había gritado la víspera.

Los sectores ultranacionalistas que se movilizaron contra las moderadas medidas decididas por el Gobierno para favorecer la integración de los 20.000 melillenses musulmanes a los que no se reconocía la nacionalidad española forzaron el cese del anterior delegado del Gobierno y su sustitución por Manuel Céspedes, un funcionario policial natural de Melilla y de la plena confianza del presidente del Gobierno, pero cuya experiencia política, más bien nula, no parece a la altura de la tarea encomendada.

Así, la demagogia gestual de Dudú ha podido apoyarse en realidades como el regreso de los policías cuya neutralidad fue puesta en cuestión a raíz de los incidentes de la pasada primavera o, sobre todo, en la parsimonia con que se está procediendo a la entrega de los documentos acreditativos de la nacionalidad española a los musulmanes: 418 en lo que va de año, frente a casi 20.000 que carecen de ella.

La torpeza con que, en la segunda mitad de 1985, pretendió aplicarse la llamada ley de extranjería sacó a la luz realidades que la fascinación por el eufemismo había tratado de ocultar. Desde entonces, las medidas de la Administración, incluso las más prudentes y oportunas, se han caracterizado por producirse siempre a remolque de los acontecimientos. Tal vez la situación creada por la espantada de Dudú dé ocasión a nuestros gobernantes de rectificar esa táctica del avestruz, adelantándose por una vez a los acontecimientos. La recomposición de un clima de diálogo entre las dos comunidades, primer objetivo del momento, pasa por el reconocimiento explícito de su derecho a la nacionalidad española de los melillenses de origen marroquí. Sin ello, existe el peligro de que se consolide una guerra de comunidades que sólo a intereses ajenos a los habitantes de la ciudad habría de beneficiar.

20 Noviembre 1986

Más vale tarde..

EL PAÍS (Director: Juan Luis Cebrián)

LA DECISIÓN de dotar a los musulmanes de Ceuta y Melilla de un documento nacional de identidad provisional por el tiempo de un año, mientras tramitan la adquisición de la nacionalidad española, puede ser indicio de que, finalmente, la Administración española parece decidida a actuar sobre los acontecimientos.Si ello es realmente así habrá que felicitarse, aunque la tarea se revele dificil tras las torpezas cometidas en el pasado. Pero ya dice el refrán que más ‘ vale tarde que nunca. Ahora, la iniciativa de la Administración española se encuentra frente a un Aornar Mohamedi Dudú reforzado en su liderazgo entre los musulmanes tras su dimisión como asesor del Ministerio del Interior. El vicepresidente del Gobierno, Alfonso Guerra, no ha podido menos de ironizar sobre quien tuvo la «brillante idea» -ha dicho- de colocar con sueldo administrativo a este líder musulmán ambiguo y escurridizo. Esta brillante idea, que nosotros sepamos, se le ha debido ocurrir a Felipe González, que preside el Consejo de Ministros, o a José Barrionuevo, de nombramiento directo de Felipe González.

En las circunstancias actuales, la Administración se ve obligada a encontrar un nuevo interlocutor válido entre los musulmanes tras considerar que, con sus piruetas, el propio Dudú se ha invalidado como interlocutor. Búsqueda que se hace más ardua y arriesgada porque, aunque la nueva elección fuera acertada -y no digamos si no lo fuera-, existe ya el peligro de radicalización del colectivo musulmán bajo el liderazgo de un Dudú marginado y enardecido. En cualquier caso, al interlocutor han de designarle los propios musulmanes, y si éstos optan definitivamente por Dudú, lo mejor sería no agredirle más desde el Gobierno.

La atención en Melilla se ha concentrado en una especie de pulso personal entre el delegado del Gobierno, Manuel Céspedes, y el propio Dudú. La manifestación convocada por los musulmanes m elillenses para el próximo sábado puede convertirse en un plebiscito a favor de Dudú y en contra de la posible designación de otro portavoz que los represente ante el Gobierno. En esta tesitura, a la Administración sólo le queda una salida: poner en marcha una política de igualdad constitucional, que cobije a todos los habitantes de Ceuta y Melilla, sean éstos católicos, musulmanes, judíos o protestantes. Las medidas ahora anunciadas de dotar de un DNI provisional a los que estén tramitando la adquisición de la nacionalidad española o de un documento de residencia renovable cada 10 años para los que no deseen dicha nacionalidad pueden ser el comienzo de esta política. Pero con eso no llegará el final del problema. Ceuta y Melilla merecen un debate abierto, político e institucionál en nuestro Parlamento, unas negociaciones con Marruecos que garanticen el futuro de ambas plazas y un tratarniento económico inteligente. Para que eso se haga como es debido hace falta pacificar el ambiente de ambas ciudades. Y sólo habrá paz si se acaba con cualquier discriminación.

by BeHappy Co.