3 abril 2007
E.ON culpa al Gobierno español de haber bloqueado su compra
Fin de la guerra por Endesa: la italiana Enel y Acciona se hacen con el control de la eléctrica derrotando a E.ON y Gas Natural
Hechos
- El 2.04.2007 Acciona (10% de acciones de Endesa) pactó con la italiana Enel plantear una nueva OPA conjunta de las dos empresas para hacerse con el 100% de Endesa. El 3.04.2007 se hizo público que E.ON retiraba su OPA. Gas Natural ya había retirado la suya el 1.02.2007.
Lecturas
E. ON tiró la toalla.
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LA CNMV NO EXPEDIENTÓ NI A ENEL NI A ACCIONA
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LIBERTAD DIGITAL ELOGIA EL PAPEL DE MIGUEL BLESA
El diario digital LIBERTAD DIGITAL apoyó muy encarecidamente no sólo al presidente de Endesa, D. Manuel Pizarro, sino también al presidente de Caja Madrid, D. Miguel Blesa, que según LIBERTAD DIGITAL había jugado un papel valiente durante todo aquel proceso. Se daba la circunstancia de que el Presidente de LIBERTAD DIGITAL, D. Alberto Recarte, era consejero de Caja Madrid a propuesta del PP.
14 Abril 2007
De Pizarro a Blesa
El honor de Manuel Pizarro
He dejado para casi el final las referencias a Manuel Pizarro, que no sólo ha demostrado que se puede ser empresario y honorable, sino que se ha comportado, en todo momento, como alguien que cuida del bien común que tiene encomendado –Endesa, en su caso–, y que ha defendido, desde el principio hasta el final, a los pequeños y a los grandes accionistas, para que los que quisieran comprarles lo hicieran en buena lid, en abierta competencia y respetando las leyes. Honor, pues, para Manuel Pizarro, que lejos de ser derrotado por la retirada de la OPA de E.On, ha visto, si cabe, más justificadas que antes sus actuaciones, porque él ha tenido claro desde el principio que lo importante no era quién ganara la OPA, sino que quien ganara lo hiciese respetando las leyes.
A Pizarro le hubiera gustado una solución que satisficiera a los accionistas y que mantuviera íntegra la empresa. O que ningún accionista hubiera vendido, porque todos estuvieran convencidos de que el mejor proyecto para Endesa era el haber continuado con el plan de fortalecimiento y expansión que el equipo gestor a sus órdenes estaba desarrollando. No ha podido ser, porque la globalización y las opciones personales legítimas de los accionistas no han posibilitado esa salida. Pero su proyecto personal, que era y es el del respeto a la ley y la Constitución, ha salido fortalecido del proceso. Él ha ganado todas las OPAs sobre Endesa.
El protagonismo de Caja Madrid y el honor de Miguel Blesa
Y honor también para Miguel Blesa, que ha defendido los intereses de la institución que preside, Caja Madrid, con prudencia y valentía. Él ha tenido claro, también desde el principio, que ninguna institución financiera puede tener intereses estratégicos en ninguna empresa no financiera en la que participe.
Para una institución financiera, lo único estratégico es ser competente en lo que hace, el manejo del dinero que se le presta, para poder devolverlo y ganar en el proceso de intermediación de ese dinero un beneficio con el que poder pagar los impuestos –que es la primera de las contribuciones sociales de cualquier empresa–, dedicar una parte sustancial –hasta el 25%– de ese beneficio a proyectos benéficos y culturales y utilizar lo que queda para fortalecer los fondos propios de la entidad, la única garantía con la que cuentan los depositantes y los trabajadores y lo único que les permite seguir creciendo, manteniendo la imprescindible solvencia. Y crecer en un mundo globalizado es imprescindible para cualquier institución financiera que quiera sobrevivir a medio plazo.
Ese posicionamiento estratégico, pues no hay nada mas estratégico que la solvencia y el desarrollo de la propia institución financiera, es fundamental, porque los vientos del intervencionismo que nos llegan tanto de Latinoamérica como de la vieja Europa pretenden volver a convertir a algunas instituciones financieras, en concreto a las cajas de ahorros, en bancos industriales, que tendrían, aparentemente, que ser el motor de desarrollo y la fuente de financiación de los proyectos empresariales que los políticos de las autonomías donde tienen su sede social consideren imprescindibles.
El fracaso de esas políticas intervencionistas en las entidades financieras se tradujo en la espectacular quiebra de bancos y cajas españoles de finales de los 70 y principios de los 80. Los que defienden la integración de bancos y empresas lo han olvidado, pero los que hemos vivido esa tremenda crisis –que se tradujo en que más del 25% de todos los depósitos bancarios del sistema financiero español terminaran por pasar por el Fondo de Garantías de Depósitos–, no lo hemos hecho. Pero no hace falta haberlo vivido. Es cuestión de formación y lecturas. En definitiva, se trata de evitar que la buena voluntad de algunos políticos, deseosos de favorecer a su región con inversiones muchas veces más que justificadas, terminen por traducirse en la perdida de solvencia de las cajas de ahorro, que hoy suponen más del 50% del sistema financiero español; un porcentaje que han conseguido en pura competencia, sin ningún tipo de ventaja, ni fiscal ni de funcionamiento, frente a los bancos.
Y no soy tan ingenuo como para no pensar, o saber, que, al menos en España, los bancos han sido tan débiles, o incluso más, que las propias cajas de ahorro a la hora de aceptar presiones políticas sobre cómo y dónde invertir y prestar. A los consejos de todo tipo de entidades financieras corresponde defender su objeto social, a sus depositantes y a sus accionistas o a las entidades representativas del interés social. Es difícil ser independiente. Y Miguel Blesa lo ha sido. La opción que él defendió en el caso de Endesa, un swap de acciones con E.On, ha sido derrotada por la traición de E.On. Pero Caja Madrid ha ganado. Y él también. Porque se pactó con una empresa que había respetado la legalidad española, hasta que, ella también, ha sucumbido a la impresión general de que en la España de Rodríguez Zapatero sólo sobrevive el que pacta con el poder al margen de la legalidad. Se le ha dicho que vender a E.On a 40 euros por acción, a plazo, frente a los 41 euros posibles de Enel-Acciona era una mala decisión para los intereses de Caja Madrid, olvidando que todas las empresas, pero sobre todo una caja de ahorros, tienen que ser respetuosas con la legalidad y que un euro posible más, o diez más, o cualquier otra cifra, no justifican un comportamiento inmoral.
Conclusión: la regeneración política de España
Honor, pues, a los que hoy parecen haber perdido: a los consejeros del Tribunal de Defensa de la Competencia que se jugaron, y en algún caso perdieron, su puesto por defender la legalidad, y honor a Manuel Pizarro, a Miguel Blesa y a Manuel Conthe, porque han demostrado que existen personas, de diferente ideología política, capaces de defender las instituciones en las que participan o presiden, aún pagando precios muy altos en lo que respecta a sus futuros profesionales. Pero esperanza para todos, porque al margen de los partidos políticos hay personas, con planteamientos también políticos, capaces de defender las empresas o instituciones que les han sido confiados por esos mismos partidos políticos o por las correspondientes juntas de accionistas. La recuperación política y ética que necesita España no es imposible. Si hay personas con principios, hay un futuro para España.
Alberto Recarte
03 Abril 2007
E.ON se rinde
El culebrón de la OPA sobre Endesa parece haber llegado a su recta final, aunque son demasiados los daños causados en estos 18 meses de batalla. La última víctima se produjo ayer. Horas antes de que la alemana E.ON tirara la toalla en su lucha por la eléctrica española y firmara la capitulación con Enel y Acciona, el presidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), Manuel Conthe, anunció su dimisión por no haber podido imponer sus criterios sobre la OPA en el organismo regulador. La decisión de Conthe supone una crisis institucional grave y culmina, de momento, una operación que empezó mal, continuó peor y no está claro que acabe bien, salvo para los accionistas de Endesa, que han visto duplicado con creces el precio de sus acciones. El baile de ofertas ha abierto múltiples heridas que tardarán en cicatrizar y deja una imagen de España muy lejos de la deseable. Para un país necesitado de capital extranjero y sometido al escrutinio de las autoridades de Bruselas, la resolución de los problemas del mercado con maniobras nocturnas, alianzas secretas y pactos encubiertos no parece la mejor manera de hacerse valer en Europa.
El pacto in extremis de ayer, publicado a escasas horas de que se cumpliera el plazo para acudir a la oferta de E.ON, supone para la empresa alemana admitir la derrota y conformarse con un premio de consolación, los activos que previsiblemente deberían ser objeto de desinversión por parte de Enel y Acciona. Con las acciones de Endesa cotizando por encima de los 40 euros que ofrecía E.ON, su OPA estaba condenada al fracaso, apoyada casi en exclusiva por los consejeros de la eléctrica y por Caja Madrid.
Enel y Acciona han jugado sus bazas al límite de la ley. Se han asegurado el control de la eléctrica comprando en el mercado paquetes que casi suman ya la mayoría y prometiendo una oferta superior a la alemana. Llegados a este punto, el pacto era una solución realista para todas las partes que cierra la batalla abierta en los tribunales. El acuerdo tiene varias consecuencias. Por un lado, E.ON logra entrar en mercados como España, Francia e Italia. Por otro, puede marcar el inicio de la partición de Endesa, algo que el Gobierno de Zapatero querría evitar, aunque en estos momentos su integridad esté garantizada. Las cláusulas del pacto entre Enel y Acciona pueden acentuar esa partición en un futuro, ya que prevén que la italiana asuma el control de la mayoría de los activos de Endesa (70%). Es de esperar ahora que los gestores de la eléctrica no intenten bloquear en los tribunales la nueva oferta, como hicieron con la de Gas Natural, que ofreció la mitad de precio. Y tampoco deberían imponerse trabas regulatorias como las que recibió E.ON. La retirada alemana permite a la alianza hispano-italiana lanzar su OPA por el 100% a 41 euros por acción casi de inmediato, sin esperar los seis meses de moratoria impuestos por la CNMV.
Mención aparte merece la actuación de este organismo y la de su presidente, Manuel Conthe, quien
anunció ayer su decisión de dimitir y explicar las razones en el Congreso. La dimisión de Conthe, incapaz de imponer sus criterios sobre la OPA a los miembros del Consejo de la CNMV, contentará a muchos protagonistas del mercado. No podía ser de otra manera. A lo largo de dos años largos de mandato, Conthe se ha responsabilizado de iniciativas chocantes y, con frecuencia, demasiado polémicas, poniendo en riesgo la credibilidad del organismo regulador.
El titular de Economía, Pedro Solbes, ha defendido la labor del presidente de la CNMV hasta el final. No obstante, la dimisión supone un alivio para el ministro y para La Moncloa, que nunca ha tenido buena opinión de sus actuaciones. En su haber está la cruzada contra la información privilegiada en las operaciones de Bolsa (aunque también aquí ha habido más ruido declarativo que resultados tangibles) y su atención, más declarada que efectiva, por los accionistas minoritarios, entre otras medidas. Pero ha pecado de intervencionismo sobre el gobierno de las empresas y con frecuencia ha mostrado propensión a meterse en líos. Su conducta más discutible y sus decisiones menos motivadas han aparecido en la desdichada carrera de las OPA competidoras y concurrentes sobre Endesa. El zigzagueo y las interpretaciones arbitrarias de Conthe durante la puja han dado como resultado que una buena parte de los inversores considerase que la CNMV favorecía a E.ON y que una parte significativa del consejo regulador haya renunciado a comprender y a apoyar a su presidente.
Por su propia naturaleza, la figura del presidente de la CNMV debe ser mayoritariamente respetada, y sus decisiones no pueden quedar expuestas a la crítica sistemática. Precisamente el papel del regulador financiero es dictar la última palabra en la que todos los inversores puedan confiar. Conthe ya no era el portador de la palabra respetada. Fiel a su figura hasta el final, parece dispuesto a dimitir entre rayos y truenos. Su último servicio al Gobierno que le nombró debería ser evitar las acusaciones innecesarias y las exculpaciones que responsabilizan a otros de los errores propios.