12 julio 1948

Tenía que disputarse los lectores de prensa de la tarde con los diarios MADRID, PUEBLO y EL ALCÁZAR, además de con INFORMACIONES

Fracasa LA TARDE, el intento de nuevo periódico vespertino liderado por Víctor de la Serna Espina después de dejar INFORMACIONES

Hechos

El 12.07.1948 se publicó el primer número del periódico LA TARDE, dirigido por D. Víctor de la Serna Espina.

Lecturas

Víctor de la Serna Espina cede la dirección del periódico privado Informaciones a Enrique Giménez Arnaú el 12 de marzo de 1948, que apenas permanecerá en el cargo unos días. El 24 de marzo de 1948 el periódico Informaciones presenta a Francisco Lucientes como el nuevo director del periódico.

El día 12 de julio se estrena el nuevo periódico La Tarde con Víctor de la Serna Espina como su director. El diario tendrá corta duración por no poder hacerse hueco en un mercado de la prensa de la tarde ya ocupado por Informaciones ahora dirigido por Francisco Lucientes, el Diario Madrid de Juan Pujol Martínez, el diario sindical Pueblo y el diario de la hermandad El Alcázar.

12 Julio 1948

ESTO SOMOS

Víctor de la Serna Espina

LA TARDE

Leer

Presentimos que nuestros lectores o quienes saludamos como a viejos amigos en un reencuentro, no necesitan que nos presentemos. Con todo y eso, y por el simple y puro placer de reafirmar nuestra condición, vamos a presentarnos en cuatro palabras.

Somos un periódico nacional al servicio de una Patria rescatada por las fuerzas vitales, diversas y unidas que concurrieron a la gloriosa jornada del 18 de julio de 1936. Y al servicio, por tanto, del Caudillo que, unificando todas aquellas fuerzas en una gozosa disciplina las condujo a la victoria.

El espíritu de esta fecha alentará en las páginas de LA TARDE con aquella firmeza y aquella lealtad propias de la pluma de quien lo dirige. Los españoles que, equivocados o fanatizados, no participaron de una o de otra manera en la hora decisiva, encontrarán en las columnas de LA TARDE la explicación de su actual convencimiento y la justificación de sus actuales esperanzas.

El españolismo de LA TARDE, intransigente por principio, no le impide antes bien le ordena, tener abiertas sus columnas a la curiosidad universal y a la colaboración leal con todos los pueblos civilizados del mundo, especialmente con aquellos que acrecientan de día en día, el orgullo de pertenecer a la estirpe peninsular ibérica, cuyo destino sigue abierto a todas las posibilidades de grandeza, para bien de la Humanidad.

Con relación a los demás pueblos, afirmamos nuestro deseo de ver reconstruida Europa sobre bases de justicia y anhelados que aquella parcelas de nuestro continente que han sido focos de cultura, de lealtad a la tradición occidental, de disciplina, progreso y trabajo vuelvan a la posibilidad de cumplir con su misión histórica. Consideramos necesaria su reconstrucción y tanto más la deseamos, cuanto se produzca en aquellos pueblos que han sido nuestros nobles amigos en todos los momentos.

LA TARDE reparará el olvido en que se ha tenido a las ricas y prósperas comarcas quedan variedad a la compacta unidad de la Patria. El laborioso español del campo, el olvidado profesional de los pueblos y de las ciudades encontrarán en LA TARDE el reflejo de sus problemas y el eco de sus legítimas aspiraciones, como seres participantes – a veces en medida heroica – en la vida nacional.

Y, finalmente, con su condición de fidelidad católica que emana, naturalmente, de su condición de español, este diario proclama inquebrantable lealtad a Francisco Franco. Caudillo de España, Jefe del Reino y capitán del Movimiento Nacional, LA TARDE considera vigente el estatuto político formulado por la Revolución Nacional Española en la fidelidad a la cual bajo el mando del Caudillo seguirá LA TARDE encontrando el fundamento de nuestro presente histórico.

Ese es nuestro cartel. No contiene grandes novedades ni creemos que a nadie vaya a causarle asombro. Si acaso tuviéramos algo que añadir sería que nuestra condición de hombres de la Prensa española parece que nos obliga – y lo hacemos – a ser juveniles y alegres, sin perder jamás esa digna compostura que es la mejor prosa de la juventud de España. Esa juventud que, unida a los jóvenes de nuestra estirpe, constituye la esperanza.

Víctor de la Serna Espian ‘”Unu”.

El Análisis

UNUS TOCA FONDO

JF Lamata

Cuando se funda un periódico puede lograr penetrar en el marco o no penetrar. En el caso de LA TARDE no lo logró. No era ni el primero ni el último en fracasar en este ámbito, pero tenía una carga simbólico esta derrota, y es que era el fracaso de un renombre tan fuerte como D. Víctor de la Serna Espina, hijo de dos del renombre literario de  Dña. Concha Espina y D. Ramón de la Serna. Si su madre fue una novelista de éxito, Víctor de la Serna Espina era un maestro de periodistas y el punto álgido para un maestro de periodistas era dirigir un periódico. De la Serna lo logró poco antes del inicio de la guerra civil, al asumir la dirección de INFORMACIONES y logró reasumir ese cargo acabada la contienda respaldado por el Gobierno de Franco, del que fue firme defensor popularizando la firma ‘Unus’ en su medio.

Al estallar la Segunda Guerra Mundial puso su pluma al servicio del III Reich, creyendo que aquel régimen de terror instauraría un ‘nuevo orden mundial’ en el mundo. Pero el III Reich se hundió y su genocida cabecilla, Adolf Hitler, se pegó un tiro y ‘Unus’ terminó de manchar su firma homenajeándole como un ‘héroe de la cristiandad’. El problema es que la dictadura franquista, que en 1939-1941 aplaudía con entusiasmo cualquier loa al jerifalte nazi, desde 1944 no quería oír ni media palabra que asociara a España con ningún tipo de simpatía germanófila. El diario INFORMACIONES se caía a pedazos. Cuando llegaran los problemas el Gobierno franquista no sólo no iba a ayudar, sino que iba a zancadillear lo que pudiera. Víctor de la Serna puso todo su prestigio en un nuevo periódico, LA TARDE, pero ya nadie quería invertir en él y cerró a los pocos meses. De la Serna Espina valía para recibir homenajes, pero no para seguir haciendo crónicas de su tiempo después de aquel tropezón.

Moriría en 1958, antes de ver brillar a sus dos retoños, los hermanos De la Serna Gutiérrez Repide.

J. F. Lamata