30 abril 1945

La contra-ofensiva alemana se desploma ante el ejército Rojo de Stalin considerándose inminente el fin de la Segunda Guerra Mundial

El dictador de Alemania, Adolf Hitler, se suicida de un tiro dejando un país arruinado y sitiado por el ejército de la Unión Soviética

Hechos

El 30.04.1945 se suicidó el Führer de Alemania, Adolf Hitler.

Lecturas

Mientras las tropas soviéticas ocupaban, tras durísimos combates, el histórico edificio del Reichstag, Adolf Hitler se suicidaba en su bunquer de la cancillería del Reich este 30 de abril. Poco antes el führer había designado sucesor suyo al frente del estado alemán al almirante Karl Dönitz.

Al inicio de la Segunda Guerra Mundial, Adolf Hitler había designado como sus sucesores a Rudolf Hess y a Hermann Goering. Pero Hess huyó a Reino Unido durante la guerra, donde fue detenido en extrañas circunstancias y declarado ‘enajenado mental’ por Hitler entonces. Y Goering recientemente ha sido destituido y degradado por Hitler por considerar que conspiraba contra él. Esto ha llevado a Hitler a designar como su sucesor como Führer, canciller y dictador al jefe naval Dönitz [Doenitz].

Antes de morir Hitler había tenido tiempo de redactar su testamento en el que culpaba de la Segunda Guerra Mundial ‘a los políticos de origen judío o al servicio de los intereses judíos’. En un tono exaltado, el mismo que caracteriza sus discursos cuando podía considerarse el amo de Eurpa, Hitler escribe: «Muero con el corazón alborozado al pensar en los incomparables hechos y proeza de nuestros soldados en el frente, de nuestras mujeres en el hogar, de nuestros campesinos y obreros, así como en las heróicas hazañas, únicas en la historia de la humanidad, de las juventudes que llevan mi nombre. El jefe, primero que nadie, debe dar un ejemplo glorioso de haber cumplido hasta la muerte».

Los últimos fieles se encargan de cumplir la última voluntad de Hitler, que no quieren que los aliados tengan ni siquiera sus restos y los expongan humillantemente como han hecho con Mussolini. Por ello su cadáver es rociado con gasolina y calcinado hasta hacerlo identificable. Junto con Hitler se suicidan su amante Eva Braun y su delfin, el ministro de Propaganda Joseph Goebbels, último responsable de la guerra total contra las potencias aliadas.

El III Reich que según Hitler debía durar 1.000 años se desmorona conforme penetran los cañones de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas de Stalin. El apocalipsis había comenzado el 21 de abril cuando las tropas del ejército rojo al mando de los generales Georgui Zhukov e Iván Sepanovich Koniev, consiguieron cercar por completo la ciudad de Berlín.

Sobre la cpaital del Reich se abatió una tremenda concentración de artillería de más de 20.000 piezas que la redujeron a ruinas. En un último y desesperado esfuerzo el mariscal alemán Alfred Jodl intentó reunir fuerzas suficientes para quebrar el cerco ruso, pero pronto los hechos demostraron que se trataba de un propósito imposible de cumplir.

TRAS SUICIDARSE, LOS CUERPOS DE HITLER, BRAUN Y LA FAMILIA GOEBBELS FUERON DESTRUIDOS

Goebbels El ministro de Propaganda, Josep Goebbels, se suicidó junto a Hitler tras asesinar a su familia.

Junto con Adolf Hitler se suicidaron su esposa Eva Braun, con la que se casó poco antes. Su ministro de propaganda, Josep Goebbels, que había permanecido junto a él en la cancillería después y la esposa de este. Previamente, el matrimonio Goebbels había envenenado a sus 11 hijos. Todos ellos habían ordenado a sus soldados que destruyeran sus restos humanos con cal viva para impedir que sus cadáveres fueran objeto de escarnio o mofa pública como le había pasado al dictador italiano Benito Mussolini.

BORMANN ¿DESAPARECIDO O HUIDO?

nuremberg_bormann El jefe de la cancillería del partido nacionalsocialista obrero alemán, NSDAP, Martin Bormann, que en la práctica era el coordinador del partido nazi, también se encontraba junto a Hitler y Goebbels en la cancillería. Pero al contrario que estos no está claro su suicidio. Se duda si logró escapar del cerco soviético y huir del país, o si murió sepultado durante algún bombardeo. En una situación parecida quedó el jefe del a Gestapo, Heinrich Müller, que también se ha desvanecido.

Con los suicidios de Hitler y Goebbels y la desaparición de Bormann o Müller, y los jefes militares Wilhelm Keitel y Alfred Jodl trasladados a otras ubicaciones, en el momento de la rendición la única autoridad que quedaba en la cancillería del Reich era el jefe de comunicaciones Hans Fritchsee.

EL NUEVO FÜHRER DÖENITZ: «LA GUERRA CONTINÚA»

nuremberg_Doenitz Antes de acabar con su vida, Hitler nombró su sucesor al jefe de la marina alemana, Karl Dönitz (Doenitz), que en una intervención radiofónica informó al pueblo de la muerte ‘heróica’ de Hitler luchando (sin mencionar que había sido suicidio) y aseguró que la guerra continuaba. Pero dado la situación desesperada del ejército aleman y del país, hace pensar que su decisión de continuar la guerra se debe sólo a intentar mejorar las condiciones de una inminente rendición. No es ningún secreto que Alemania prefiere rendirse ante americanos o británicos, que rendirse ante el ejército de la Unión Soviética.

LOS SUCESORES QUE NUNCA LO FUERON

hermann_goeringNuremberg_Hess Al iniciarse la Segunda Guerra Mundial, Adolf Hitler anunció que si él moría durante la contienda, le reemplazaría como ‘Führer’ el mariscal del Reich, Hermann Goering y si este también moría lo haría Rudolf Hess, el lugarteniente del Führer en el partido. Pero al morir Hitler ninguno de estos dos le ha reemplazado por motivos de fuerza mayor. Hess fue declarado ‘loco’ por el nazismo cuando se lanzó en paracaidas a Gran Bretaña para negociar por su cuenta y riesgo la paz entre ambos países. Mientras que Goering fue declarado traidor por Hitler, Goebbels y Bormann por sugerir que, dado el cerco e incomunicación que padecía Berlín, debía él asumir el poder. Para salvar la vida el mariscal del Reich tuvo que entregarse a los aliados.

LA PRENSA ESPAÑOLA ANTE EL OCASO DEL NAZISMO

A pesar del gradual distanciamiento de España con el Eje, los periodistas españoles todavía hacen concesiones a Alemania. Cuando se inicia el desembargo de Normandía, la portada de ABC es Ha comenzado la invasión de Europa. Se habla, pues, de ocupación y no de liberación. Y todavía hay ciertos halagos hacía los dirigentes nazis hasta su final definitivo en abril de 1945, en especial el vespertino INFORMACIONES y el oficialista ARRIBA.

El periodista don Manuel Aznar se había preguntado en una de sus crónicas de guerra si había realmente lucha en el Este ante la fuerza incontenible con la que avanzaba el ejército rojo adentrándose hasta Berlín, donde Adolf Hitler se suicidaría el 30 de abril dejando tras de sí una nación devastada. La prensa española no menciona en absoluto que la muerte sea un suicidio y hablan como si hubiera caído en combate. “Hitler murió ayer en el puesto de mando de la cancillería del Reich” dice MADRID. El ABC añade a los malos de la historia, “Adolfo Hitler murió ayer tarde en la cancillería de Berlín luchando hasta el último momento contra las fuerzas comunistas”. En INFORMACIONES el titular es más solemne “Frente al enemigo, en el puesto de honor, Adolfo Hitler muere”, acompañado de un emotivo artículo de don Víctor de la Serna en memoria del tirano. El Sr. de la Serna no hacía sino recoger el sentimiento de un gran sector de la población española (y del mundo) que creyeron ver en Hitler al salvador de la sociedad occidental. Por su parte el MADRID de don Juan Pujol añade otra perla al informar de la muerte del nazi Goebbels: “Goebbels, su esposa y sus hijos murieron heroicamente junto al Führer”. Teniendo en cuenta la infame actitud del matrimonio Goebbels de envenenar a sus hijos antes de suicidarse su fin lo fue todo menos “heroico”.

El Gobierno fue apartando a los periodistas más germanófilos de sus puestos, empezando por el Sr. Casariego.

Sin llegar a condenar oficialmente al nazismo, la prensa comienza entonces a publicar artículos para distanciar a España de los derrotados de la guerra mundial. El diario MADRID publica en su portada del 8 de mayo un artículo del general Franco con el titular “El Caudillo de la neutralidad”.

La hora de la paz destaca con nuevo y extraordinario relieve la española figura de nuestro Generalísimo Franco a quien debemos que la guerra que ahora termina no llegase a ensangrentar nuestro suelo (…) no pueden faltar de nuestra gratitud ante Dios por haber salvado de la contienda a la Patria merced de la previsión de Franco. (MADRID, 8-5-1945)

También el ABC se empeña en remarcar la protección del general Franco a judíos en sus embajadas de varios países de Europa (el franquismo nunca se implicó en la lucha antisemita). Irónicamente resultaba que en España nadie había sido nazi, ni siquiera el Sr. Serrano Suñer, que se dedicó el resto de su vida a negar que hubiera simpatizado con el nacionalsocialismo.

Conforme pasen los años las críticas al nazismo van aumentando en prensa española donde se hablará de los horrores de los campos de concentración. El propio dictador Franco se distancia del fascismo en un artículo bajo el seudónimo “Hispánicus” en ARRIBA.

02 Mayo 1945

1 DE MAYO. MUERE Y TRIUNFA ADOLFO HITLER

Víctor de la Serna Espina 'Unus'

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Un enorme ¡Presente! se extiende por el ámbito de Europa, porque Adolfo Hitler, hijo de la Iglesia Católica, ha muerto defendiendo la Cristiandad.

Sobre su tumba, que es la enorme pira de Berlín, podrá escribirse el pitaño castellano:

«El que está aquí sepultado no murió, que fue su muerte partida para la vida»

Si a Adolfo Hitler le hubieran dado a elegir su muerte, hubiera elegido esta, para vivir.

Ya se comprenderá que nuestra pluma, contenida, no encuentra palabras para llorar su muerte cuando tantas encontró para exaltar su vida.

Pera Adolfo Hitler ha nacido ayer a la vida de la Historia con una grandeza humanamente insuperable. Sobre sus restos mortales se alza su figura moral victoriosa. Con la palma del martirio Dios entrega a Hitler el laurel de la victoria. Porque la mistica profunda y densa que su muerte crea en Europa, acabará triunfando sobre la Humanidad.

La Historia, esta gran Señora justiciera, dobla una página y aparece una nueva era, que empieza con esta referencia: «El 1 de mayo de 1945. Muere Adolfo Hitler por la libertad de Europa».

Permítase a esta pluma modesta, cuyo dueño se honró con la amistad de Adolfo Hitler, cubrirse con crespones y desnudarse de retórica. Aún suponiendo que esta retórica fuera buena, la majestad de la muerte del Führer requiere la mayor seriedad.

La vida de Hitler ha sido digna de su muerte. Su muerte no es sólo la del héroe. Es la muerte del Grande y del caballero.

Es ahora cuando la figura de este ser excepcional empezará a ganar batallas decisivas.

El arma secreta de Alemania, la bomba colosal que había de dar la victoria a una ideología, estaba en el corazón de Adolfo Hitler. Ya ha estallado. La guerra contra el bolchevismo entra en la fase de la victoria. Dios está con los paladines. Y en el cielo hay fiesta mayor.

En la tierra, los hombres de buena voluntad envidian una manera de morir.

En estos momentos en que los pensamientos se atropellan conviene acercarse al pensamiento ajeno. Y hemos oído estas palabras hermosas de labios de una mujer cuyo fino espíritu está lavado por los aires puros del Mars Nestrum.

‘Cada uno ha tenido la muerte que estaba prevista. Hitler ha muerto como un Nibelungo, abrazado a la espada. Mussolini ha muerto como un César, cubriéndose el rostro para no ver la traición’.

Como las palabras son bellas y finas, las transcribimps para gozo de nuestros lectores en estas horas de muerte y de pascua.

Unus

02 Mayo 1945

EN LA CANCILLERÍA HA MUERTO UN SOLDADO

Lucio del Álamo

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En el Palacio de la Cancillería

En la Wihelmstrase está – estaba – la nueva Cancillería del Reich. Y entre sus muros, con vida apenas de media docena de años y ya agrietados por la metralla, tenía Adolfo Hitler su puesto de mando. Rugía en torno al horror de la batalla de Berlín. A unos metros forcejeaban los tanques rusos y ya todo anunciaba el final de la tragedia. Allí, frente al enemigo soviético, ha ido a encontrar la muerte de soldado el Führer de Alemania. Ha cumplido su palabra. Nada se sabe de la herida ni se ha dicho todavía de las horas finales del caudillo germano. Únicamente que el día antes del fin había nombrado sucesor. Los que nombró cuando se abrió el dolor de la guerra no podían reemplazarlo. Goering, enfermo, dejó su rango de jefe de la Aviación y de mariscal del Reich. Rudolf Hess, el lugarteniente, aún guarda su secreto en Inglaterra, después de cuatro años de conjeturas. ¿Fué en la más extraña misión diplomática de los siglos, a caer desde lo alto sobre un campo británico para ofrecer a Londres la alianza frente al peligro de muerte que llegaba de Asia? Hitler se ha marchado a lo eterno y, al parecer, se ha llevado su secreto. Lo cierto es que ha muerto mirando al Este . Había dado orden a sus tropas de que abriesen la puerta del frente de Elba. Hitler sabía que con el paso de ingleses y americanos no peligraba la civilización. Quería detener a la otra amenaza. Se encerró entre las ruinas de la capital para morir con sus hombres. Su obra y sus resultados los juzgará el futuro, pero su gesto de hombre – por encima de pasiones y de razas – lo ha abrazo la Historia en la tarde de ayer.

La Leyenda Rota

Un día antes de nuestra guerra, de paso curioso por Alemania, oímos decir a Adolfo Hitler en Hamburgo: ‘Yo soy el altavoz de vuestras pasiones de grandeza’. Y aplaudían las gentes en delirio entusiasta. Por entonces – y mucho más después – parecía cumplida aquella vieja leyenda de Nuremberg del músico cortejador de estrellas. Ocurrió que llegó la peste a la ciudad. Dejaron de cantar las fuentes y ya no silbó más que el músico alegre que en una esquina en la noche, silbaba horas y horas bajo un cielo estrellado. Cubrió las calles un silencio de muerte y sobre él se clavaban como alfileres de angustia, los gritos finales de los apestados. Marchaban repletos hacia el camposanto los carros de los muertos. Y de pronto se oyó, primero como un susurro lejano, una melodía dulce, un temblor de música y de esperanza que sube y crece, y se hace marcha triunfal. Es el silbido, otra vez, del músico alegre que cortejaba las estrellas. Y al oírlo se alzan los músicos derrumbados, y cantan de nuevo las fuentes, y se ve a los muertos, resucitados, que saltan ágiles de los carros.

Acaso ahí estuvo el secreto de Hitler. Mejor que con razones, levantó Alemania con músicas guerreras, buscando el desquite y la grandeza. Luego, un día, aquella música se apagó entre los ruidos del Volga, junto a Stalingrado, y entre los ardores de las arenas de El Alamein. En la hora final, Hitler quiso levantar los muros y dar vida a los carros de muerte de Berlín. No pudo ser. La leyenda estaba rota por el ataque del mundo. Entonces Hitler, como el músico que cantaba a las estrellas desde las calles de Nuremberg, interrumpió su melodía con el rugido del comabte y fué a morir en la batalla.

El Sucesor

Hoy – Dios solamente sabe por cuanto tiempo – el gran almirante Doenitz es el nuevo Führer del pueblo alemán. Ha hablado a sus hombres para anuciarles que sigue la batalla. Se trata de ‘salvar al pueblo alemán de ser aniquilado por el comunismo’. No hay para Doenitz otro enemigo ya. Apenas si la proclama tiene una alusión apresurada a las fuerzas anglosajonas. Pero ¿podrá mantener, aunque sea días o semanas, el combate? Todo se hunde ya en la tierra germana. VOn Litz, el del triunfo y la desventura de Stalingrado; von Leeb, el de San Petesburgo, von Rundstedt, el triunfador de Rusia, que vio rota su carrera en el Rhin, son desde ayer prisioneros de las tropas norteamericanas. Se esfuman otra vez las noticias de las negociaciones de paz. Incluso se habla de resistir en Noruega y en Austria. Es tarde ya. La guerra puede acabar mañana o renquear unos meses su dolor por Europa. Lo que importa es que no haya un solo vencedor…

Lucio del Álamo.

02 Mayo 1945

Adolf Hitler murió

ABC (Director: Losada de la Torre)

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Los que encuentra nuestra época prosaica y miran hacia el grancioso Renacimiento se olvidan de la carrera de Adolf Hitler. Dentro de unos decenios el mundo quedará atónito ante el hecho impresionante de que un ciudadano austriaco, hijo de la pequeña burguesía, pintor de poca fama, delineante en la oficina de un arquitecto, cabo de Infantería en la otra guerra, hubiese podido suceder al mariscal Hindenburg como Jefe de Estado de Alemania. Y más asombroso aún es que no alcanzó la Cancillería y el rango de jefe de la nación alemana por un golpe de Estado, sino mediante elecciones, que se celebraron en gran parte mientras él se encontraba en la oposición. Nada menos que 14 millones de votos consiguió frente al militar más prestigioso de Alemania, el anciano mariscal, héroe de los lagos masurianos.

La muerte de Adolf Hitler sintoniza con su doctrina anti-comunista. El 22 de junio de 1941 los soldados germanos empezaron su lucha contra la Unión Soviética, y sus banderas alcanzaron en la época de mayor avance el bajo Volga y los primeros yacimientos del Cáucaso. La actitud anticomunista de Hitler era firma y constante, pero quizá no todos los prohombres de su partido, o no todos los jefes militares siguieron su ejemplo. Hubo momentos en que la resistencia militar en el Oeste, frente a los anglosajones desembarcados era muchísimo más áspera en Rusia y Polonia. Manuel Aznar llegó a preguntar en una de sus mejores crónicas si había realmente lucha en el Este. Pero una vez que los anglosajones atravesaron  la Línea Sigfrido, y luego cruzaron el Rhin, es indudable que su avance no encontró tanta oposición como el de los rusos en Breslan y Berlín. La presencia del Führer en la capital del Reich electrizó a sus tropas y a toda la población berlinesa. Una crónica de la Agencia Transoceán presenta un cuadro espeluznante de la situación militar y las condiciones de vida en Berlín. En medio de la terrible lucha, Hitler muere en su puesto de mando, en la Cancillería del Reich, fiel a sí mismo y frente al enemigo.

En el discurso pronunciado el 1 de septiembre de 1939, pocas horas después de que los Ejércitos alemanes cruzaron la frontera polaca. Hitler designó como sucesor suyo al mariscal Goering, y como sucesor de éste, a su lugarteniente en la jefatura del partido, Rudolf Hess. El fiel secretario Hess se halla en Inglaterra desde hace cuatro años y Goering solicitó pocos días ha que fuera relevado de todos sus cargos a consecuencia de su grave enfermedad de corazón. El nuevo Führer es el gran almirante Karl Doenitz, de cuya actuación se esperaban milagros cuando sustituyó a Raeder como jefe de la Flota. Declara que ha de continuar la lucha para evitar el aniquilamiento de la nación alemana. Remoza la doctrina expresada en el libro ‘Mi Lucha’ en el sentido de que para el pueblo germano el único verdadero enemigo es la Rusia bolchevique. Pero – añade – como los anglosajones no quieren llegar a un acuerdo con la nación, que se sacrifica para defender al Occidente, no queda más remedio que proseguir la lucha defensiva contra todos. Por consiguiente, cae por su peso la acción de Heinrich Himmler. La paz tardará aún un tanto en llegar, pero el resultado no deja lugar a dudas.