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El académico responde a Umbral con una dura tribuna desde el diario ABC y una demanda en los tribunales por la que Umbral llegará a ser condenado en primera instancia

Francisco Umbral acusa en TELECINCO al franquista Torcuato Luca de Tena Brunet de complicidad en el asesinato de Enrique Ruano

HECHOS

El 21.02.1994 D. Francisco Umbral citó a D. Torcuato Luca de Tena y Brunet en un comentario en TELECINCO. El 28.02.1994 D. Torcuato Luca de Tena y Brunet publicó un artículo en el diario ABC para responder a aquella alusión.

El 5.02.1994 en EL PERIÓDICO de Catalunya D. Enric Sopena publicó un amplio artículo sobre la muerte del joven D. Enrique Ruano.

«Muchos de sus protagonistas, los presuntos verdugos y toda la caterva de cómplices que impidieron la investigación o que cubrieron de ignominia a Enrique Ruano para justificar el suicidio, como hizo de manera singular un periódico madrileño muy concreto, siguen vivos».

El Sr. Sopena evitaba así decir el nombre del periódico al que se estaba refiriendo: el diario ABC de la editora Prensa Española. Pero el que sí dijo el nombre del periódico y de la persona que lo dirigía entonces fue D. Francisco Umbral en la cadena de televisión TELECINCO. El Sr. Umbral dijo que D. Enrique Ruano fue asesinado dos veces, «La segunda por Torcuato Luca de Tena». El anciano Sr. Luca de Tena y Brunet, miembro de la Real Academia de la Lengua replicaría al Sr. Umbral, aunque sin entrar a fondo en el ‘caso Ruano’.

28 Febrero 1994

EL FENÓMENO UMBRAL

Torcuato Luca de Tena y Brunet

Umbral dijo "‘Quiero ser el asesino de mí mismo’. ‘Tengo perfectamente planeado mi suicidio’…" Lo primero ya lo ha conseguido. ¿A quién cree el tránsfuga de la bufanda que se debe su obligado peregrinaje, de uno a otro medio de comunicación, sino a él mismo? Hasta el aire se hará irrespirable a quien vive de todos despreciado.

A la gente que le gusta que le cuenten la Historia como no fue – dijo Paco Umbral en ocasión memorable. Y en otra no menos sugerente confesó: ‘Yo he llevado una via de mentiras. Jamás he contado la verdad’. Me veo forzado a discrepar públicamente de confesión tan entrañable. Porque una vez, al menos una vez que yo sepa no mintió. Y ésa fue precisamente cuando profirió la frase citada: ‘Yo he llevado una vida de mentiras. Jamás he contado la verdad’.

También quiero imaginar que mentía al referirse a su mujer en estos términos: ‘Recuerdo que los profesores de Dibujo la hacían posar de virgen, aunque luego ella sea una puta’. Y lo mismo digo de cuando afirmó que si hubiese tenido una hija adolescente la hubiese violado sin duda alguna. Pero esto es una condescendencia de mi talante, proclive a no entender ciertas licencias literarias.

De este individuo afirma el historiador Ricardo de la Cierva que ‘sólo escribe para el resentimiento y la venganza’. Yo especificaría que el resentimiento lo guarda para cuantos en el pasado brillaron con luz propia y merecida. Y la venganza para aquellos de sus contemporáneos que no se hayan humillado a besar las huellas de sus pies o no hayan respondido a sus anteriores ataques, como es mi caso, más que con el desdén. Para Umbral, Velázquez es un pintor ‘mediocre en sus escenificaciones’; Goya, un afrancesado, el Duque de Rivas, intolerable; Pérez de Ayala ‘un ensayista sin ideas’; Mariano de Cavia ‘mítico y mediocre’; Ramiro de Maetzo ‘una síntesis entre Mortadelo y Filemón’; Unamuno ‘insoportable’; Machado, de ‘lírica dudosa’; Pío Baroja ‘impresentable’; Zubiri ‘ilegible’; Agustín de Foxa ‘cornudo’; don Ángel Herrera ‘fascista’; don Pedro Sainz Rodríguez ‘maricón’; el padre Félix García ‘vivía en la mentira’; Azorín ‘un cobarde’; Teresa de Calcuta, a quien denomina Terecalcuta ‘monja retardataria’, Antonio Gala, ‘un Alfonso Paso sin oficio’ y Pedro Laín ‘un proyecto de sabio’.

Esta nómina de genios, figuras de primer orden o simplemente de mujeres y hombres de bien, que han merecido epítetos denigrantes, hirientes, despectivos por parte de este moralista sin moral alguna, es ciertamente incompleta. A quien le interese documentarse más extensamente sobre las cualidades morales y culturales de este sujeto recomiendo la lectura de ‘Los años mentidos’ de Ricardo de la Cierva, magnífica obra reveladora y debeladora que pasa sobre Umbral como un tanque sobre un nido de orugas.

Más yo quisiera añadir también un ingrediente que surge, como el gusano del estiércol, de su oscura personalidad. Y éste es su desmesurado, insufrible y enfermizo afán, no de notoriedad, que sería legítimo, sino de hacerse notar, que resulta cursi, hortera y ridículo; su sed de que se hable de él, aunque sea mal; de estar en el entierro, aún siendo el muerto; su voracidad narcisista de mirarse al espejo y ver reflejada en el azogue la figura del perfecto ‘elefant terrible’ que no teme al rey ni a Roque, y que lo mismo se atreve a llamar prostituta a su propia esposa que menospreciar a Velázquez o mofarse de Maetzo o Sainz Rodríguez, dos de los intelectuales más respetables y respetados de nuestro siglo. Es algo así como su bufanda blanca, su voz campanuda, su gesto adusto y pontifical: una triste manera más de hacerse notar.

No he de ocultar que es para mí una honra inmerecida verme incluido en la lista de tan notables personalidades como las vapuleadas por el insigne moralista. Mas no es una sorpresa, porque ya son muchas las veces que he sido zaherido por este profesional de la insidia, cometiendo la culpa imperdonable de no darme por aludido, de no replicar, por una indeclinable tendencia hacia el desdén por las especies inferiores. Ya se lo dijo Cela a De la Cierva: ‘No te ensañes con los débiles’.

Y a causa de esa tendencia preferí hasta ahora menospreciar al calumniador profesional, al denigrador de oficia, al tránsfuga de tantos medios de comunicación que se lo han ido sacudiendo de encima por el riesgo, supongo, de ser corresponsables de sus calumnias, muchas de ellas penables por la Justicia.

El tránsfuga de la bufanda ha sido acogido ahora con imprudencia temeraria por TELECINCO, donde los juicios vertidos hacia mi persona rebasan ampliamente el campo reservado a la puya zahiriente, humillante o despectiva, a la que es tan aficionado el pollo, para entrar de lleno en el de la calumnia, al acusarme no sólo de haberme congratulado, aplaudido, justificado lo que él considera un asesinato, sino de haber ofendido gravemente a la víctima, de la que según él, fui el puntillero que la remató. Ante los jueces habrá de probar dónde, cuándo y cómo escribí tales informaciones o insinué o di a entender algo parecido.

Yo en cambio sí puedo probar con pelos y señales, textos y fechas todas y cada una de las citas anteriores, incluso esta cínica confesión: ‘La mentira como ejercicio literario me ha divertido muchísimo’. O estas otras perlas: ‘Quiero ser el asesino de mí mismo’. ‘Tengo perfectamente planeado mi suicidio’…

Lo primero ya lo ha conseguido. ¿A quién cree el tránsfuga de la bufanda que se debe su obligado peregrinaje, de uno a otro medio de comunicación, sino a él mismo? ¿A quién piensa que se deben sino a él sus dificultades académicas, su descrédito público y el descalabro de las ediciones de sus libros? En cuanto a lo segundo, va camino de conseguirlo, porque son tantas las personas heridas, maltratadas ofendidas por él, que del hombre de la bufanda podría decirse algo parecido a lo que puso Corneille en boca de uno de sus personajes: ‘Hasta el aire se hará irrespirable a quien vive de todos despreciado’.

Torcuato Luca de Tena y Brunet

 

02 Marzo 1994

A Francisco Umbral le van a dar café

Martín Prieto

Umbral pertenece a esa raza de escritores que en las guerras civiles siempre les quieren fusilar en los dos bandos, y no por tibios sino porque cuando te pones a matar, seas quien fueres, hay que borrar huellas, eliminar testigos y conjurar la vergüenza en la expiación de algún chivo. En los duelos fratricidas lo primero que se asesina es el recuerdo del futuro, y a los memoriosos hay que darles café, mucho café, tal como el general Queipo de Llano ordenó que le sirvieran en suficiente cantidad a Federico García Lorca. Hace muy bien Torcuato Luca de Tena, que se defiende solo, en lanzarle estocadas a filo y a punta a Umbral desde ABC, sintiéndose agraviado por aquél en uno de los telediarios de Luis Mariñas en Tele-5. Yo es que, a fuer de decimonónico, soy encendido partidario de los lances de honor a primera sangre de imprenta, única manera de aliviar los atorados procedimientos judiciales. Pero don Torcuato marra por completo en su caricaturización de Paco Umbral, y además se desavisa de los verdaderos enemigos que tiene largamente amparados a su casa y su familia.

Caballeros que a Umbral desearían darle, no digo que café, pero sí al menos té, mucho té, todavía se hacen lenguas del decaimiento y hasta desvergüenza de hombre tan mesurado como Gregorio Peces Barba por haber rememorado a Enrique Ruano, aquel joven universitario asesinado por la policía franquista, en una «tercera» de ABC. Mucho antes, segundones como yo de El País, me explicaban en América que habiendo organizado ABC la guerra civil del 36, volvía la cabra por sus fueros y, estando yo tan alejado físicamente de la fuente de las verdades reveladas, di en suponer que Luis María Ansón andaba en los malos pasos de fletar un globo aerostático para extraer a Milans del Bosch del patio de una penitenciaria militar y llevarle a Melilla a sublevar un Tercio legionario. Parece que Ansón estaba en otra cosa, como en trasladar a Paco Umbral a su periódico, pero los multitudinarios expendedores de café-café frustraron tan sugerente y tolerante operación. Favor que le hacen a Pedro J. y a EL MUNDO. Umbral en ABC no le placía ni a José Luis Corcuera.

Aún me sorprende que hombre tan tierno como Umbral, pese a las ferocidades siempre literarias de su vida y de su obra, despierte tan escasas pero abrasivas enemistades, que quisieran su extinción ahogado en un mar de café. Le han agredido, ha tenido que desfrecuentar barrios enteros de Madrid, le han amenazado hasta la náusea, le han ninguneado inútil pero empeñosamente, y quien no pudo acallarle procuró meterle en un armario con idéntico éxito. Llevando décadas retratando a esta sociedad tal como el niño que ve al Rey desnudo y lo grita a los hipócritas, y desplegando esplendorosos fuegos artificiales en una nueva escritura sin referentes, no se lo perdonarán jamás, y lo comprendo. Umbral pertenece a la milenaria cultural del whisky. A mí me dejan en paz por pardillo inofensivo; pero a él le van a inflar a tazas de café.

El Análisis

REABRIENDO HERIDAS

JF Lamata

Que D. Francisco Umbral (EL MUNDO) y D. Torcuato Luca de Tena y Brunet no eran precisamente amigos ya había quedado claro en artículos del Sr. Umbral de los años setenta y la probable oposición de don Torcuato en su condición de académico a que el Sr. Umbral entrara a la RAE, tampoco habría ayudado a que mejorara.

Las duras palabras del Sr. Umbral contra don Torcuato en el telediario de D. Fernando Jáuregui de TELECINCO (que incluyeron mentiras descaradas de Umbral como decir que don Torcuato había justificado la muerte de Ruano por ser homosexual, cosa que nunca hizo – la orientación de Ruano nunca fue aludida en los editoriales de BAC) fueron contestadas con un demoledor artículo de D. Torcuato en ABC contra el Sr. Umbral. Pero el texto, aunque ingenioso, evita convenientemente entrar en el ‘caso Ruano’ que era, precisamente, el origen del ataque del Sr. Umbral.

Más que una andanada de reproches sobre lo grosero que el Sr. Umbral, los documentalistas hubieran agradecido un artículo detallando lo que llevó en 1969 a publicar aquella carta del Sr. Ruano a su psicólogo como si fuera su diario en aparente intento de justificar su suicidio. ¿Y a cuento de qué hablar del ‘caso Ruano’ veinticinco años después? A que la justicia había reabierto el caso para intentar juzgar a los policías franquistas a los que la familia consideraba responsables de aquella muerte. Un juicio que resultaría bastante molesto tanto para Don Torcuato, como para su compañero de franquismo democratizado D. Manuel Fraga. Aquel juicio no serviría para nada, más que para que hubiera alguna que otra polémica mediática como la aquí citada. El director de ABC, D. Luis María Anson, publicó el artículo de don Torcuato, pero se cuidó de no respaldarle demasiado, es más, esa misma semana publicó una Tercera de D. Gregorio Peces Barba homenajeando al Sr. Ruano, el Sr. Anson no quería ser tachado de franquista.

Como cuestiones adicionales, cuando don Torcuato habla del ‘constante peregrinaje de medios’ del Sr. Umbral, se refiere a su rápida viaje de ida y vuelta del columnista por las páginas de ABC, siendo uno de los columnistas más efímeros del diario monárquico.

J. F. Lamata

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