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El abogado hijo del dictador se perfila como líder indiscutible de la formación política

José Antonio Primo de Rivera funda Falange Española, partido de corte fascista, junto a García Valdecasas y Ruiz de Alda

HECHOS

El 29.10.1933 en el Teatro de la Comedia los Sres. García Valdecasas, D. José Antonio Primo de Rivera y D. Julio Ruiz de Alda presentaron la nueva formación política Falange Española.

D. José Antonio Primo de Rivera Sáenz de Heredia, hijo del fallecido dictador D. Miguel Primo de Rivera Orbaneja, funda el 29 de octubre de 1933 en el Teatro de la Comedia el partido político Falange Española, del que será Jefe Nacional. Presentan el proyecto político junto a él el diputado D. Alfonso García Valdecasas y el aviador D. Julio Ruiz de Alda Miqueleiz. Los presentes en el acto se saludan levantando el brazo derecho imitando a los fascistas italianos o a los nacionalsocialistas alemanes. En el acto se ataca tanto al izquierdismo como al liberalismo y a la democracia parlamentaria, a la que se achaca debilidad. Se elogia el socialismo en su origen, pero se critica su evolución partidista.

El 29 de octubre de 1933 en el teatro de la Comedia en Madrid ha tenido lugar la creación de un nuevo partido político. Son sus promotores los Sres. D. José Antonio Primo de Rivera, hijo mayor del dictador, D. Julio Ruiz de Alda, famoso por su participación en el vuelo Plus Ultra y Alfonso García Valdecasas, antiguo intelectual de la Agrupación al Servicio de la República. Al acto han asistido tradicionalistas albiñanistas (del Sr. Albiñana), antiguos miembros de la Unión Patriótica (el desaparecido partido del fallecido D. Miguel Primo de Rivera), monárquicos, antiguos militares como el Teniente Coronel Varela,  y algunos miembros de la JONS entre ellos su líder D. Ramiro Ledesma Ramos. La nueva formación política ha sido denominada Falange Española, y basa su ideario en el antiliberalismo, antimarxismo, nacionalismo y totalitarismo. 

Su creación ha sido bien acogida  por el principal partido político monárquico Renovación Española (D. José Calvo Sotelo), atraídos por un punto importante de su ideario su objetivo de abolir el actual sistema parlamentario de la II República. 

Un detalle importante de la campaña electoral para las elecciones legislativas de noviembre de 1933 fue la aparición del fascismo español de la mano de la Falange Española de don José Antonio Primo de Rivera, hijo del dictador y de las JONS (Juntas Ofensivas Nacional Sindicales). El señor Primo de Rivera y los suyos se empeñaban en decir que no eran fascistas sino españolistas y que no querían imitar ningún modelo extranjero, pero lo cierto es que su proclama incluía acabar con los partidos políticos y con la democracia, a la que acusaban de dividir a los españoles en trincheras. Los falangistas no eran ricos aristócratas, sino obreros en su mayoría jóvenes, ahí estaba el hacha de doble filo que el señor Unamuno criticó en su artículo IONS en AHORA.

Creímos que JONS quería decir Juventud Ofensiva Nacional Sindical y lo cambiamos en IONS, o sea Infancia, etc. Después supimos que la J. quería decir Junta o Jonta, como las de los moros. Y temimos que esa ofensiva de retrasados mentales, de hombres en la menor edad mental. Temimos por las travesuras de esos “boy-scouts”. Chiquillos que juegan a la violencia, mozalbetes que al entrar en el retozo preguntan: “¿qué es lo que hay que gritar?” Con tal de gritar, lo mismo les da. (D. Miguel de Unamuno, AHORA, 1-11-1933)

Dignos de examinar son los editoriales que el mencionado diario republicano publicó antes de las elecciones hablando de la candidatura de la derecha, donde iban  agrarios, los católicos de la CEDA (que acataban las normas de la República) y los monárquicos de Renovación Española bajo el símbolo del anti marxismo.

30 Octubre 1933

Tres etapas de un mismo anhelo

LA NACIÓN (Director: Manuel Delgado Barreto)

En este día optimista nosotros quisiéramos expresarnos con una seca sobriedad tajante. En cuatro palabras. Con el tono que será característico y en la forma que será peculiar del movimiento que nace. Pero nosotros debemos al público una explicación y una justificación. Aquí va. Brevemente.

Hace unos veinte años, el hombre, fibra y nervio, que inspira estas líneas, y que es siempre pensamiento y medula de este periódico – lo podemos decir hoy, que él no ha de repasar estas cuartillas – contribuyó a formar, a robustecer y a enardecer, desde el periódico y desde la tribuna, aquellas falanges generosas, haces juveniles, que pisotearon en la calle el veto denigrante e injusto que representaba el ‘¡Maura, no!’.

No bastó a nuestro deseo – la confianza que en nosotros deposita y la lealtad con que le hemos acompañado nos autoriza a pluralizar – la exaltación de D. Antonio Maura a la jefatura del Gobierno. Maura volvió, en efecto, a ser presidente. Pero nosotros teníamos una aspiración más grande y más honda. A esa aspiración se adscribió integralmente el servicio de nuestra actividad. Seguimos, en efecto, luchando por una España libre de odiosas concupiscencias partidistas. Maura, figura procer que abrió en el suelo de la Patria surcos prometedores, pudo hacer ‘desde arriba’ la gran revolución. En el momento culminante contuvieron a D. Antonio su espíritu legalista, de una parte y su noble ilusión por otra, de perfeccionar las instituciones liberales.

Diez años más tarde, que no fueron tregua, ni siquiera de relativo descanso para nosotros, con la misma fe que pusimos al alentar el juvenil y envolvente movimiento maurista, sostuvimos – casi solos al principio – una violenta campaña contra la baja e infecta podredumbre de la política de partidos. Aquella campaña, que supuso procesos, persecuciones, dolores estoicamente sufridos, llegó a la conciencia de la institución militar, única que en la ciénaga de la democracia no se había corrompido nunca.

Ya Mussollini forcejeaba en aquella época por estrangular en Italia la barbarie marxista… Y, a poco porque el crimen separatista impulsó la decisión heroica, se erguía en Barcelona la figura española del general Primo de Rivera. Todas las esperanzas se pusieron en pie. Otra vez se descubrió la posibilidad de una salvación definitiva. Pero los intelectuales no comprendieron a aquel hombre. Noo le ayudaron las juventudes, a las que se engañó miserablemente. Primo de Rivera tenía la visión exacta de la España corporativa y fuerte. Primo de Rivera dio todo – hasta su vida – al amor de España. Pero su ideal se quebró… ¿Cuántos, entonces, se abandonaron a la desesperanza? …. Todavía insepulto su cadáver, llamamos angustiosamente, dramáticamente, a las fuerzas dispersas del caudillo. En pie de guerra, dijimos llenos todavía de lágrimas los ojos. Después… pasaron, en poco tiempo muchas cosas.

¡Con que fuerza, con que soberana gallardía recobra España su espíritu!… Primo de Rivera – ¡maravillosa, formidable arenga la suya! – Ruiz de Alda, García Valdecasas. Lo que ellos dijeron ayer es la verdad… Al declinar el mediodía de nuestra vida física, desde el sereno reducto de nuestra conciencia, pudiéramos – con humano derecho a la tranquilidad – limitarnos a pedir una butaca en el altozano, para admirar y aplaudir el empuje, ofensivo y defensivo, de las bizarras generaciones del día, que ha cristalizado en el maravilloso discurso del joven marqués de Estella. Pero, ahora, menos que nunca. Vamos, alta la frente, tensa la voluntad, despierto el espíritu, al llano, donde la lucha sea más peligrosa, hasta que se gane la tercera y la última etapa del mismo anhelo de la Patria.

Acción. Marcha. Vida de gloriosas realizaciones.

LA NACIÓN hoy siente el orgullo y el honor de sentirse adscrita a ese movimiento renovador.

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