30 mayo 1926
Golpe de Estado de Portugal: Gomes da Costa se convierte en el Jefe de Gobierno y Jefe del Estado de una dictadura militar
Hechos
El movimiento militar del 30 de mayo de 1926.
Lecturas
Desde agosto de 1911 Portugal era una República.
La incapacidad de los republicanos para dotar de estabilidad al gobierno provocó un golpe de Estado militar. El general Manuel Gomez da Costa anuló la constitución e implantó un régimen autoritario. El problema principal continuaba siendo el saneamiento de las finanzas estatales.
El 30 de mayo de 1926 un golpe de Estado militar ha propiciado la instalación de un gobierno nacionalista de derechas en Portugal; el golpe fue encabezado por el general Gomez da Costa, pero el verdadero hombre fuerte del nuevo régimen es el general Antonio Óscar de Fragoso Carmona, ex ministro de Guerra. ‘Hemos liberado al país de los políticos que lo arruinaban’, declaró Gomes da Costa.
El Análisis
El 28 de mayo de 1926, Portugal ha vuelto a cambiar de rumbo con un nuevo golpe de Estado militar, encabezado por el general Gomes da Costa, que ha puesto fin a dieciséis años de una República marcada más por la inestabilidad que por los avances democráticos. El país amanece bajo una dictadura militar, con un futuro incierto, pero que responde a un hartazgo social que se venía acumulando desde hacía tiempo.
La Primera República, proclamada en 1910, nació con la promesa de modernizar Portugal, liberarlo del atraso monárquico y acercarlo a las democracias europeas. Sin embargo, en sus escasos años de vida, el sistema republicano padeció una sucesión interminable de gobiernos efímeros, crisis parlamentarias, luchas internas entre facciones republicanas y una incapacidad casi crónica de ofrecer estabilidad. A ello se sumó el impacto devastador de la Primera Guerra Mundial, en la que Portugal participó con un enorme coste humano y económico, lo que acentuó el malestar de la población.
La corrupción, la inflación, la miseria de amplias capas de la sociedad y la debilidad de las instituciones fueron minando la credibilidad del sistema. Los partidos republicanos, en lugar de cooperar, se entregaron a la confrontación permanente, mientras el ejército se erigía como garante del orden frente al caos político. En ese caldo de cultivo, el golpe de Gomes da Costa no solo fue posible, sino recibido con una mezcla de resignación y esperanza por parte de muchos portugueses cansados de la inestabilidad.
Ahora, el nuevo régimen militar se enfrenta a enormes desafíos. Debe demostrar que puede ofrecer la estabilidad que la República no pudo garantizar, pero también que su autoridad no derive en represión y cierre de todas las libertades. Gomes da Costa ha prometido orden y regeneración nacional, pero su proyecto carece aún de un horizonte político claro: ¿será un breve paréntesis militar para reorganizar el país o el inicio de una dictadura prolongada?
Europa observa con atención. En un continente donde los regímenes autoritarios avanzan —con Mussolini ya consolidado en Italia—, el golpe portugués parece inscribirse en una tendencia más amplia: el descrédito de las democracias frágiles y el regreso de los militares como árbitros supremos.
Portugal, que un día quiso ser laboratorio democrático en la Península Ibérica, aparece hoy como ejemplo del fracaso de un experimento republicano, incapaz de superar sus propias divisiones. En manos de Gomes da Costa está decidir si la dictadura será solo un episodio transitorio o el prólogo de un régimen más duradero que redefina, una vez más, la historia del país.
JF Lamata