9 julio 1926
Cambio de dictador en Portugal: El General Carmona derriba al General Gómes da Costa tras menos de dos meses en el poder
Hechos
El 9 de julio de 1926 se produjo el cambio de Gobierno.
Lecturas
Desde mayo de 1926 Gomes da Costa estaba en el poder en Portugal.
Ha estallado en Portugal un movimiento revolucionario encabezado por el general Carmona, el ex ministro de Asuntos Exteriores.
Carmona ha hecho prisionero al presidente de la república, general Gomes da Costa, que llegó al poder el pasado 28 de mayo como consecuencia de otro golpe militar.
El general Carmona asumirá la presidencia del gabinete, en el que también tendrá a su cargo la cartera de Guerra.
En cuanto al ex presidente Gomes da Costa, se ha resuelto encarcelarlo en una fortaleza situada a 28 kilómetros de Lisboa. Sus ayudantes de campo se encuentran detenidos en el puerto a bordo de un buque de guerra. Un día antes del golpe. Da Costa se encontraba abocado a la remodelación ministerial, tarea ahora ya inútil.
El Análisis
Portugal vuelve a ser escenario de un giro brusco en el tablero político. Tras apenas unos meses en el poder, el general Gomes da Costa, protagonista del golpe del 28 de mayo de 1926 que acabó con la Primera República, ha sido derrocado en un nuevo movimiento militar. El mando supremo pasa ahora a manos del general Óscar Carmona, quien asume la jefatura de un régimen que todavía no ha definido su rumbo pero que ya muestra signos de fractura interna.
El gobierno de Gomes da Costa fue tan breve como convulso. Aclamado inicialmente por haber puesto fin a una república marcada por la inestabilidad y la corrupción, el general no tardó en evidenciar la debilidad de su liderazgo. Su falta de experiencia política, la ausencia de un proyecto sólido y su dificultad para controlar las distintas facciones militares que apoyaron el golpe lo dejaron aislado en cuestión de semanas. Gomes se había convertido en un símbolo de cambio, pero sin la estructura ni la visión para transformar ese símbolo en un régimen coherente.
De ahí su rápida caída: la misma fuerza que lo aupó, el ejército, lo apartó cuando percibió que no podía garantizar ni estabilidad ni unidad. El descontento dentro de la oficialidad creció al mismo tiempo que se abría la pugna por definir el carácter de la dictadura: ¿una simple administración militar de transición o un régimen duradero capaz de rehacer el Estado? Gomes se convirtió en un obstáculo para unos y en un blanco fácil para otros.
Ahora, el nuevo hombre fuerte es Óscar Carmona, un general de prestigio y mayor habilidad para tejer consensos dentro de las Fuerzas Armadas. Su perfil es distinto al de Gomes: menos mesiánico, más pragmático, y con un sentido claro de disciplina. Carmona no es un revolucionario en uniforme, sino un militar dispuesto a encarnar la figura de árbitro y estabilizador. Su reto será dar coherencia al régimen y evitar que la dictadura militar se desmorone antes de consolidarse.
Este relevo, sin embargo, no resuelve la cuestión de fondo: Portugal carece de un proyecto político claro. La república fracasó, y la dictadura aún no ofrece certezas. La sucesión rápida de militares al frente refleja que, más que una solución definitiva, el golpe de 1926 ha abierto una nueva etapa de ensayos y errores.
Con Carmona comienza una segunda fase de la dictadura, que algunos ya vislumbran más duradera y estructurada. El futuro dirá si Portugal entra en un largo ciclo autoritario o si se trata solo de un paréntesis más en su incesante inestabilidad. Lo cierto es que, en menos de un año, el país ha visto caer un régimen democrático y tambalearse a su primer dictador militar. Ahora, bajo Carmona, se juega la carta de la continuidad: estabilidad a cualquier precio, incluso al coste de las libertades.
J. F. Lamata