26 marzo 1928

Portugal: Unas elecciones con candidato único ratifican al dictador António Óscar de Fragoso Carmona

Hechos

Las elecciones fueron el 26 de marzo de 1928.

Lecturas

Carmona llegó al poder en julio de 1926. 

Hoy, 26 de marzo de 1928, se han celebrado elecciones presidenciales en Portugal, a las que han concurrido como candidato único el actual presidente del gobierno, el dictador general Carmona. Las elecciones han transcurrido con el mayor orden, y se asegura el triunfo de Carmona por más de 700.0000 votos. Según los periodistas lusitanos, el triunfo del general Carmona no hace más que confirmar el apoyo que la opinión pública portuguesa da a la dictadura. Sólo en Lisboa se han registrado 370.000 votos a favor del general Carmona. Su ‘victoria’ augura una larga vida a la dictadura impuesta en 1926.

En 1932 Llegará al poder Salazar.

En 1932 morirá el último rey Manuel. 

El Análisis

Carmona, presidente por simulacro electoral, y el ascenso silencioso de Salazar

JF Lamata

En marzo de 1928, Portugal celebró elecciones presidenciales. Pero más que un ejercicio democrático fueron la confirmación de una dictadura militar ya consolidada. El general Óscar Carmona, único candidato en los comicios, resultó elegido presidente, dando así una pátina de legalidad a un régimen que desde el golpe de 1926 ha anulado la vida parlamentaria y la pluralidad política del país. La república, en los hechos, ha quedado reducida a un recuerdo distante; el poder real está en manos de los militares.

El régimen de Carmona representa una dictadura de carácter corporativo y conservador, sin espacio para la oposición ni para los antiguos partidos republicanos. La prensa está vigilada, el Parlamento reducido a una función simbólica y los derechos individuales limitados bajo el pretexto de garantizar el orden y la estabilidad. Lo que en su origen se justificó como una solución transitoria al caos de la Primera República se ha convertido en un sistema que se prolonga indefinidamente.

Pero en este escenario de férrea tutela militar emerge una figura nueva, discreta pero decisiva: António de Oliveira Salazar. Profesor de Economía en la Universidad de Coímbra, Salazar había sido llamado ya en 1926 para ocupar el Ministerio de Finanzas, aunque lo rechazó por desconfianza en la solidez del gobierno. Ahora, en 1928, Carmona vuelve a ofrecerle el cargo, y esta vez acepta. Su entrada marca un punto de inflexión: en un régimen gobernado por generales y coroneles, aparece un civil con un proyecto claro.

Salazar aporta lo que la dictadura carecía: un programa económico y político coherente, basado en la disciplina presupuestaria, la austeridad financiera y un nacionalismo católico y conservador. Mientras Carmona garantiza continuidad y estabilidad en la jefatura del Estado, Salazar empieza a construir desde las finanzas un poder personal que, poco a poco, lo llevará a convertirse en el verdadero arquitecto del futuro régimen portugués.

Las elecciones de marzo, por tanto, no deben engañar: no hubo apertura, sino una reafirmación del camino autoritario. Portugal ha entrado en una etapa donde la dictadura militar y el proyecto salazarista comienzan a entrelazarse. Carmona, el general, ofrece el rostro institucional del régimen; Salazar, el profesor, empieza a perfilar su ideología y su control del Estado. Entre ambos se configura un poder que, lejos de ser provisional, amenaza con instalarse por décadas en la vida portuguesa.

JF Lamata