24 agosto 1926

En la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas

Stalin destituye a Zinoviev en el Comité Central del PCUS y le reemplaza por Kirov como responsable en Leningrado

Hechos

Fue noticia el 24 de agosto de 1926.

Lecturas

El congreso del PCUS de 1926 ratifica a Stalin como secretario general y, por tanto, como dictador supremo de la Unión Soviética.

El 24 de agosto de 1926 el pleno del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) resolvió destituir de su puesto a Zinoviev, tanto del Politburó como del Comité Central.

El motivo alegado por el secretario general del PCUS, el dictador Stalin, para tomar esa medida, ha sido la llamada declaración de los 13, que presentaba la plataforma del bloque, constituido por zinovievistas y trotskistas, contraria a las tesis oficiales patrocinadas por Stalin.

Ya en el mes de febrero Zinoviev fue privado del liderazgo regional que ostentaba hasta ahora en Leningrado, por la conferencia del PCUS que eligió un nuevo comité presidido por Kirov.

El Análisis

La consolidación implacable de Stalin

JF Lamata

La destitución de Grigori Zinoviev de sus cargos en el Partido Comunista de la Unión Soviética marca un nuevo capítulo en la rápida y calculada ascensión de Iósif Stalin como amo indiscutido del poder soviético. Zinoviev, figura central de la revolución, presidente de la Comintern y antaño uno de los hombres más poderosos del régimen, ha caído en desgracia con la misma rapidez con que, años atrás, contribuyó a marginar a Trotsky. Junto a Lev Kamenev, creyeron poder manejar al georgiano de maneras tácticas, subestimando su talento político por no verlo dotado de la elocuencia intelectual ni del prestigio revolucionario que ellos mismos poseían. Ahora, el castigo es compartido: todos ellos han sido arrinconados o destituidos por el hombre que consideraron una figura secundaria.

En su lugar, asciende Serguéi Kírov, hasta ahora un personaje de bajo perfil en el partido, conocido por su fidelidad al Comité Central y su cercanía personal a Stalin. Su nombramiento ha sido interpretado como un signo de continuidad, pero también como advertencia. Kírov representa el nuevo tipo de dirigente promovido por Stalin: menos independiente, más disciplinado, discreto en lo ideológico pero útil en lo operativo. Algunos se preguntan si el nuevo secretario de Leningrado será un aliado leal o un futuro rival condenado a la misma suerte que sus predecesores. Porque si algo ha dejado claro Stalin es que no tolera a su alrededor ninguna sombra que amenace su poder total.

Todo esto sucede mientras la NKVD, la temida policía política de Stalin, extiende su red de vigilancia en todos los niveles del partido y del Estado. Bajo la tutela de hombres como Yagoda y el emergente Yezhov, el aparato de control no sólo vigila a los enemigos declarados, sino también a los propios camaradas, ministros y generales. La Unión Soviética, surgida como promesa de emancipación obrera, parece convertirse en un Estado donde el silencio pesa más que la convicción y donde el líder, no la causa, lo domina todo. Zinoviev, como antes Trotsky, paga ahora el precio de haber ayudado a forjar un instrumento de poder que ya no puede controlar —ni sobrevivir.

J. F. Lamata