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Tras perder durante unos meses el control, la familia Valdés recuperó la titularidad de la popular revista social

Guerra de accionistas en la revista del corazón DIEZ MINUTOS

HECHOS

Durante el año 1985 se produjo un pleito por la titularidad de las acciones de la empresa editora de la revista DIEZ MINUTOS.

La empresa Editorial Gráficas Espejo, editora de Díez Minutos, era propiedad de la familia Valdés, ocupando Joaquín Valdés Sancho el cargo de Consejero delegado. A finales de 1983 D. Carlos Biosca vende sus acciones a D. Pedro Mateaeche, que había entrado en la empresa en 1970 de la mano de D. Domingo López-Alonso García (Banco de Valladolid) y ahora disponía del 43%. En mayo de 1984 el Sr. Metaeche y otro accionista, el periodista D. Salustiano del Campo, que disponía del 10% unieron sus votos y destituyeron a D. Joaquín Valdés Sancho como Consejero delegado siendo reemplazado por el Sr. Mateache. La alianza entre el Sr. Meateche y el Sr. Del Campo apenas duró un año y, ante su ruptura, el Sr. Del Campo ofreció vender sus acciones a la familia el Sr. Valdés Sancho que recuperaba así el control de Diez Minutos. El Sr. Mateache trató de impugnar esa venta y el debate sobre la propiedad de Diez Minutos pasó a los tribunales y estos fallaron a favor de la familia Valdés. En enero de 1986 D. Joaquín Valdés Sancho volvía a su cargo de Consejero delegado de Diez Minutos.

D. Javier Alonso Osborne, hasta ese momento director de la revista DIEZ MINUTOS entre el bando que encabezaba la familia fundadora, Valdés, y el grupo que encabezaba D. Salustiano del Campo, renunció a su cargo ante la crisis causada por al guerra de accionistas y pasó a trabajar para la revista ¡HOLA! de la familia Sánchez Juncó en calidad de Subdirector.

 D. Salustiano del Campo, periodista y catedrático de Sociología de la Universidad Complutense logró convertirse en el hombre fuerte del grupo editor de DIEZ MINUTOS al haber obtenido junto con otro accionista, D. Pedro Meateche, el control del 53% de las acciones de la empresa Gráficas Espejos, la compañía de su compañía.

 

 

 

15 Septiembre 1985

La crisis

DIARIO16

La crisis

Precisamente ahora, DIEZ MINUTOS está a punto de salir de la más grave crisis de toda su historia. Un consejo de administración que se celebrará en fechas próximas sentará de nuevo las condiciones que siempre existieron en la casa. El diez por ciento de acciones compradas por Salustiano del Campo, que habían provocado importantes fisuras en la empresa, a las cuales no es ajena la marcha del antiguo director, están a punto de regresar a las manos de la familia Valdés, fundadora de la sociedad.

Por otra parte, LECTURAS y SEMANA, las otras dos grandes publicaciones dedicadas a tratar los temas del ‘corazón’, no han experimentado cambios sustanciales en sus tiradas ni en sus redacciones.

LECTURAS imprimía en febrero de 1984, 564.449 ejemplares de tirada útil. SEMANA por su parte, hacía salir de tus rotativas cercanas a la estación de Príncipe Pío, de Madrid, en agosto de 1984, la cantidad de 456.393 ejemplares de tirada útil.

 

28 Mayo 1985

Salustiano del Campo, nuevo hombre fuerte de la revista del corazón DIEZ MINUTOS

José F. Beaumont

El periodista y catedrático de Sociología de la Universidad Complutense Salustiano del Campo ha pasado a ser el nuevo hombre fuerte del grupo editor de las revistas Diez Minutos y El Europeo, al haber obtenido, junto con otro accionista, Pedro Mateache, el apoyo y control del 53% de las acciones de la empresa editora, Gráficas Espejo, que hasta ahora estaban controladas por la familia Valdés. Los cambios de la propiedad no van a suponer, según los nuevos dueños, cambios en la línea y en el personal de las publicaciones, pero se va a abrir la actividad de la empresa hacia otros proyectos de comunicación.

El día 14 del pasado mes de marzo Los accionistas Salustiano del Campo y Pedro Mateache comunicaron al consejo de administración de la empresa que habían conseguido el control del 53% de las acciones y que, por tanto, la composición de dicho consejo debería adaptarse a la nueva mayoría. En consecuencia, exigieron la dimisión del consejero delegado, Joaquín Valdés, y del director gerente, Rafael Ruiz Jarabo. El grupo de la familia Valdés dominaba en estos momentos el 43% de las acciones.Aunque todavía no ha concluido el período de negociaciones para formalizar el traspaso de poderes, que supondrá el abandono del control de la empresa por parte del grupo de Joaquín Valdés, fundador y presidente de esta sociedad, se da como seguro que en los primeros días del próximo mes de junio ocuparán sus cargos de consejeros delegados Salustiano del Campo (para ediciones y publicaciones) y Juan Herranz (para administración).

‘Remodelación sorprendente

En medios periodísticos ha sorprendido esta remodelación de la propiedad en una de las escasas empresas periodísticas españolas que no registran los efectos de la crisis económica. Este fenómeno, unido a la estrecha amistad de Salustiano del Campo con el líder de Alianza Popular, Manuel Fraga, y a la detenida visita que había realizado previamente a la redacción y talleres de Diez Minutos Carlos Mendo, encargado de sacar adelante el proyecto de periódico conservador La Tribuna, hizo pensar en estos mismos círculos en la posibilidad de que estuviera detrás una operación de control de medios de Prensa ligada a determinados miembros del principal partido de la oposición.Salustiano del Campo, que dirigió EEuropeo en 1983, coincidiendo prácticamente con la firma de una columna diaria en Ya, precisamente en la etapa más derechizada de este periódico, ha negado «rotundamente» que exista relación con Alianza Popular. «Me encuentro en esta operación a título personal y con mi propio dinero. No ha habido incorporación de nuevo capital o nuevos accionistas, sino simplemente una alineación distinta del capital. Me parecería una locura unir una empresa que va bien con una definición política». Respecto a su relación con Fraga, Salustiano del Campo dice que le une con él una personal amistad desde hace 25 años, «pero esto no me lleva a participar en sus postulados políticos ni en su partido. La amistad personal no significa identificación política».

Por su parte, Carlos Mendo, militante de AP y ex secretario general adjunto de medios de comunicación de este partido, ha explicado que su visita a las instalaciones de Diez Minutos y El Europeo obedeció a una invitación del presidente fundador, Joaquín Valdés. Añadió que desconocía los cambios de acciones en esta empresa y aseguró que no tenía conocimiento de ninguna operación que implicara a Alianza Popular en este tema. Carlos Mendo se encuentra, según propias declaraciones, en la etapa de captación de capital y preparación del proyecto de periódico La Tribuna, que podría aparecer el próximo año.

Publicaciones rentables

Los nuevos propietarios de Diez Minutos aseguran que la operación responde a la necesidad de «renovar y fortalecer lo que ya existe, que marcha bien», aunque no han especificado en qué va a consistir dicha renovación. «Esta empresa debería tener una mayor presencia en el mundo de la comunicación y superar la rutina», han dicho las mismas fuentes, que han puesto como ejemplo de esta última actitud el hecho de que no haya solicitado ninguna emisora cuando podía haberlo hecho, como otras empresas del sector privado.La empresa Editorial Gráficas Espejo imprime, además de la revista del corazón Diez Minutos (que tiene una difusión media de 422.025 ejemplares, según el último control de la OJD de 1983), El Europeo (con una difusión de 12.184 en el mismo período) y un anuario (Anuario Español y Americano del Gran Mundo). A la rentabilidad que produce el conjunto de estas publicaciones, especialmente Diez Minutos, que funciona con el esquema clásico de las revistas del corazón -pocos redactores propios y fuertes inversiones en la compra de reportajes exclusivos-, hay que añadir la ventaja de poseer dos edificios equipados con maquinaria propia, capaz de tirar más publicaciones de las que actualmente imprime.

28 Octubre 1985

Disputas de DIEZ MINUTOS

CAMBIO16

La popular revista del corazón DIEZ MINUTOS está sin dueño. Dos grupos de accionistas se pelean por la mayoría del capital y será la juez Manuela Carmena quien decida.

Ambiciones y despechos aderezan los últimos meses de historia de Gráficas Espejo, empresa periodística editora de las revistas DIEZ MINUTOS, una de las de mayor éxito en su sector, y EL EUROPEO. Dos grupos de accionistas pujan por el control mayoritario de la sociedad. Por un lado, la familia Valdés, fundadora de la empresa hace más de cuarenta años. De otra parte, Pedro Mateache, avezado financiero, experto en lídes de compraventa de acciones, que hace dos años se hizo con el control de la empresa en detrimento de los Valdés, sus anteriores dueños.

Todo comenzó a finales de 1983, cuando Carlos Biosca, antiguo accionista que había ido vendiendo ahogado por la falta de dinero, decidió deshacerse de lo último que le quedaba de Gráficas Espejo: un 16% del total de acciones. Mateache, alentado por otra accionista, el catedrático de Sociología Salustiano del Campo, decidió dar, junto a un grupo de fieles, un golpe de mano – poner encima de la mesa más dinero que Valdés – que les diese el control de Gráficas Espejo. Dicho y hecho.

Los compradores – Pedro Mateache, Salustiano del Campo, Juan Herranz, Pedro Royo y Ángel Pérez de Leza; en total, un 53% del paquete accionarial – pactaron sindicar sus acciones para asegurarse el futuro control de la sociedad sin ningún tipo de sobresaltos. Por medio de la sindicación se comprometieron entre ellos a no vender a terceros ajenos al pacto.

Salustino del Campo y Pedro Mateache habían visto cumplido de esta forma un mismo objetivo, aunque cada uno con fines diferentes. El resto de sindicados eran meras comparsas, y en el caso de Juan Herranz, un testaferro de Mateache. Del Campo se aseguraba un puesto en el consejo de Administración de Gráficas Espejo, un cargo ejecutivo y un jugoso y millonario sueldo, y Mateache, una posición mayritaria que le dejaba manos libres para decidir sobre el destino de Gráficas Espejo.

Mateache aterrizó en la empresa hace más de quince años, al conseguir del entonces su socio, Domingo López, ex presidente del Banco de Valladolid, un 10% del paquete accionarial de Espejo como recompensa a los servicios prestados. Mateache llegó al Valladolid con una buena cartera de antiguos clientes del Banco Constinental, su antiguo banco, después de que como consejero director general del mismo propiciase su venta al Banco de Santander. Por su parte, Del Campo había conseguido sus títulos de socio de Espejo tras realizar pequeñas y paulatinas compras desde que en 1972 tomó contacto con la empresa.

El destino, que había unido a Mateache y a Del Campo, los separó meses más tarde. El catedrático se sintió engañado al descubrir que Mateache estaba en tratos para vender la empresa.

Del Campo, despechado, decidió vengarse y puso a la venta su 10% de acciones. Nadie mejor que los Valdés, deseosos de retormar la mayoría, para atender sus pretensiones, aunque fuese a precio de oro. Como así fue. Tras denunciar el pacto de sindicación ante notario, Del Campo fue cesado de su cargo de director general de Gráficas Espejo en el tablón de anuncios de la empresa. No sería el único represaliado. Las sanciones alcanzaron a los fieles de Valdés. Mateache no daba validez a la compraventa.

La pasada junta ordinaria de la sociedad, celebrada el pasado mes de junio, dos grupos de accionistas se disputaban la representación de la mayoría del capital. Ni en ésta, ni en una posterior junta extraordinaria que no llegó a celebrarse se sacaron cosas en claro.

Ahora será Manuel Carmena, juez de primera instancia de Madrid, quien decida sobre el futuro de Gráficas Espejo. En su mano está la decisión de convocar judicialmente a las partes a una nueva junta de accionistas para dilucidar definitivamente de quién es la propiedad de la mayoría del capital en dicha empresa.

EL RELATO DE JESÚS LOCAMPOS: 

Las tres semanas que cambiaron la prensa del corazón. (pag. 27-28)

Lo que les voy a contar jamás se ha publicado, pero les juro que aunque parezca increíble es absolutamente verídico. Verano de 1985, la familia Valdés, los hijos de Joaquín Valdés, el fundador de la revista más transgresora de la época, DIEZ MINUTOS, que había alcanzado el cenit del éxito durante la etapa en la que dirigió el semanario Javier Alonso Osborne, sufre un revés de accionistas, por lo que los Valdés pierden la mayoría durante un periodo de tiempo. Javier, que intuye un sufrimiento profesional que no se merece ni desea, plantea su dimisión como director de la revista más impactante del momento y es fichado inmediatamente por Eduardo Sánchez Junco, director y dueño de HOLA.

Un motorista llega al camping de Mazarrón (Murcia) con un mensaje de urgencia para quien entonces era el segundo de Javier [Jesús Locampos] y que en ese momento se encuentra de vacaciones. La nota es rotunda: “Llame urgentemente a la revista”. Entonces no existían los móviles y desde una cabina telefónica el periodista se pone en contacto con la nueva empresa de su revista que le hace saber que, a la mayor brevedad posible, debe presentarse en Madrid para hacerse cargo de DIEZ MINUTOS [28]. El periodista cuelga y marca inmediatamente el teléfono de Javier Alonso Osborne quien le confirma que ha dejado la revista y le aconseja que pille el tren profesional que está pasando en este momento. También le confiesa que él ya ha firmado con HOLA.

El que hasta entonces había sido Reportero, Redactor, Redactor Jefe y Subdirector de DIEZ MINUTOS, se convierte en el director de revistas del corazón más joven del país. Tiene sólo treinta y tres años. Cuando se sienta en el despacho se encuentra con una empresa distinta a la que ha dejado antes de irse de vacaciones. Ha pasado de ser el segundo de la redacción al responsable absoluto de la revista y ni la redacción ni él mismo tienen muy claro que no se vaya todo al garete. Pero sólo un año después las cifras hablan por sí solas y tras otro giro accionarial vuelven los Valdés y se encuentran con una revista que no sólo no ha perdido ni un solo lector, sino que ha alcanzado cotas impensables ante una situación semejante.

Milagros Valdés, hija de don Joaquín, el alma de la editorial Gráficas Espejo, se convierte en directora editorial tanto de DIEZ MINUTOS como de EL EUROPEO, los dos productos que publica esa editorial. Hay una conexión total entre los directores de la casa, el de DIEZ MINUTOS [Jesús Locampos] y Mara Malibrán, quien entonces era el responsable de EL EUROPEO, con Milagros. El gran secreto es algo que hoy día suena a extraño: libertad total para los periodistas y apoyo absoluto de la empresa.

El día que se escriba un libro de la historia de la prensa del corazón, Milagros Valdés tendrá que aparecer en un capítulo aparte sólo como ejemplo para todas las multinacionales y algunos editores actuales que no tienen ni la más ligera idea de las relaciones entre el representante de la empresa y el director/periodista. Hoy día, en muchos consejos de dirección, aún siguen buscando el motivo por el que no venden los ejemplares que antes vendían. Fácil: porque no dejan trabajar a los periodistas, sino que les obligan a tragar con el resultado de unos estudios de mercado que sirven para una revista de muebles, pero jamás para una revista del corazón. No importa. Mejor que sigan en las nubes, porque así aumentan el prestigio de quienes colaboramos en construir un segmento editorial que envidió el resto del mundo.

Así tuvo lugar el cambio más trascendente de la historia del periodismo del corazón. Se dieron todas las casualidades. Un director joven, decidido, sin ataduras a ningún lobby y absolutamente independiente que contaba con el apoyo incondicional de su directora editorial.

Cuatro años después del nombramiento del nuevo director de la revista, el último jueves de 1988 sale a la calle el número 1.951 de DIEZ MINUTOS. La portada decía: “Marta Chávarri y el Marqués de Cubas, la historia de un maleficio”. En la página 67 de ese número el director hizo malabarismos para contar lo que él ya sabía pero que aún no podía publicar y, bajo el título de ‘Tres Ladys España’ víctimas de rumores de separación, explicaba entre líneas la noticia bomba que nadie se atrevía a adelantar.

Aprovechando los rumores que circulaban sobre una crisis entre la Duquesa (Lady España 1987) y Jesús Aguirre, y los rumores de ruptura de María Vidaurreta (Lady España 1984) y su entonces marido Jorge Verstrynge que acababa de abandonar Alianza Popular, apareció el runrún que recorría todas las redacciones sobre Marta Chávarri (Lay España 1988) y su esposo, el marqués de Cubas.

El texto, escrito de puño y letra del propio director merece la pena recordarlo ahora como una curiosidad periodística donde se relata un hecho que en aquellos momentos es una bomba de relojería por lo que significaba para el mundo financiero y económico de un país que estaba al borde de diversas unificaciones bancarias que podían acabar en fracaso absoluto como saltara una noticia como la que luego saltaría. Es necesario que los lactores se trasladen al año 1988 para entender que había que escribir, aún, entre líneas. Lean: “Entre la jet-set del país, hay un cierto temor a ser designada Lady España porque, según dicen, un extraño maleficio se cierne sobre las ‘afortunadas’ en la proclamación. Algo así como la maldición de Tutankamón, en versión social. Dice la leyenda que todos aquellos que trataron de profundizar en el secreto de la tumba de Tutankamon padecieron posteriormente extrañas enfermedades y situaciones que les llevaron indefectiblemente a la desgracia.

Y ante ese temor fenemino en torno al título de Lady España, nos hemos visto obligados a investigar en lo que ha sucedido con las elegidas en las últimas ediciones. Nos hemos encontrado con tres casos, tres mujeres que sí han dado mucho que hablar: Marta Chávarri, Cayetana de Alba y María Vidaurreta. Es cierto que otras elegidas no han sufrido los problemas que ahora pasaremos a relatar, pero lo que es incuestionable es el lazo común de la designación como Lay de estas tres mujeres, que ha supuesto para ellas el inicio de un calvario de rumores que aunque los han negado constantemente, lo cierto es que, al parecer, presisten por encima de los desmentidos.

En la última edición de 1988 la proclamada Lay España fue la bellísima y siempre juvenil, Marta Chávarri, marquesa de Cubas. El acto de su proclamación se celebró con el máximo esplendor posible, en Ibiza. Horas antes de la fiesta, la propia Marta se reunía con un numeroso grupo de informadores y hablaba de su matrimonio con Fernando Falcó, marqués de Cubas, quien precismaente se encontraba en aquel mismo momento a su vera. El marido habló encendidamente enamorado, sobre su esposa y ella también tuvo palabras de gran cariño para su consorte. Todo era paz y alegría, felicidad y concordia.

Sin embargo, cuando casi no se había apagado el eco de la fiesta ibicenca, el rumor salió a la calle: “La pareja ha entrado en una profunda crisis. Se separan”. El rumor no fue recogido por medio impreso alguno, pero el comentario de una presunta crisis matrimonial corría como un reguero de pólvora.

Continuaba el texto haciéndose eco de los rumores de separación entre la Duquesa de Alba y el cura Aguirre y entre María Vidaurreta y el delfín de Fraga, Jorge Verstrynge, que al final también se produjo. La firma de esta filigrana periodística era S. F., una fórmula que significaba interiormente ‘Sin Firma’.

La publicación de este texto revolucionó el país. Fue el fin de año más nervioso desde el inicio de la transición. Había muchos intereses de por medio. Lo que nadie entendía desde las esferas del poder es que el director de DIEZ MINUTOS [Jesús Locampos] sólo atendía a una razón: el interés sentimental de la historia. Nadie se lo podía creer. En un mundo donde muchos se regían por el sobre con dinero negro, un periodista cuyo objetivo principal fuera el interés de los lectores era un auténtico loco.

Pero la semana siguiente, el primer jueves del año 1989 los teléfonos de los despachos más importantes de España se desayunaron con una nueva portada de DIEZ MINUTOS en la que se veía al marqués de Cubas a punto de agarrar con su brazo derecho a Marta Chávarri en lo que parecía un gesto previo a una despedida y un titular que decía textualmente “Marta Chávarri ya está en París… Los marqueses de Cubas se separan con un beso”. Y un sumario en versales debajo del titular: “Su único hijo, Álvaro, se queda en Madrid con su padre”.

Ese número de la revista se agotó ante la expectación por lo que parecía un auténtico suicidio periodístico por parte de quien regía el semanario. La revista se abría con cinco páginas en las que se ofrecían un amplio posado de Cayetano Martínez de Irujo que declaraba a Carmen Rigalt: “Me he refugiado en las mujeres por falta de cariño” y se destacaban sumarios tan llamativos como: “No conozco todas las fincas de mi madre”. Unas páginas después, dentro de la sección ‘En estos días hablo de…’ y entre distintas informaciones, se ofrecía una fotografía de Ruiz Mateos saludando a Alfonso Armada en presencia de un sonriente Luis del Olmo. Cuatro páginas antes del tema de portada se cuenta el fallecimiento de Pilar Franco, la hermana díscola del dictador que dejó este mundo a los 94 años víctima de un derrame cerebral.

La información de la separación con un beso en el aeropuerto de Barajas entre el marqués de Cubas y su esposa Marta Chávarri como continuación al jeroglífico periodístico que se había dado la semana anterior fue un bordado artístico al que ningún abogado pudo meter mano. El marqués de Cubas, hermano del marqués de Griñón, que a su vez fue marido de Isabel Preysler, se había casado en 1982 absolutamente enamorado de Marta, que era hija de Tomás Chávarri y la primera esposa de este, Matilde Figueroa, hija del marqués de Santo Floro. Observen como se puede contar algo evitando ir más allá del o que podía suponer extralimitarse, pero sin privar de la noticia a los lectores: “Mucho se ha hablado en las últimas semanas sobre una posible ruptura del matrimonio formado por Fernando Falcó y Marta Chávarri. Especulaciones de todo tipo y rumores encaminados en una misma dirección: la presunta relación sentimental de Marta con un importante hombre de negocios. Esa podría ser la supuesta causa de esta crisis que, tras la tregua navideña, parece desembocar en separación definitiva, si nos atenemos a la actitud de Marta, que ha decidido irse a vivir a París por un largo periodo de tiempo – tres meses en principio – y que, al parecer, ha comentado con sus amigas más íntimas que su decisión de separarse de Fernando está tomada.

Los protagonistas de la noticia no han querido hasta ahora hacer declaraciones sobre la delicada situación por la que atraviesan. Por respeto a su intimidad, no desean comentar en público los motivos de esta separación y lo único que Fernando Falcó ha pedido al periodista que a él se acercó al aeropuerto para pedirle alguna aclaración, es que, entendiendo que había que dar la noticia, se tratara al menos con un poco de pudor. ¿Se imaginan como se hubiera dado hoy una noticia así?

Pero todavía quedaba una tercera semana, la definitiva, para culminar lo que fue un seguimiento periodístico sin parangón en la historia del segmento del corazón. La historia del reportaje que supuso el pánico para los poderes fácticos del país se fraguó cuando el director de DIEZ MINUTOS encargó el seguimiento de Marta Chávarri a la agencia Scorpio que codirigían Carlos Moraleda y José Luis García.

Carlos y José Luis eran y siguen siendo asiduos del Club Internacional de Majadahonda, en la salida noroeste de Madrid por la A6, más conocida como la carretera de La Coruña y cuando recibieron la llamada del director de DIEZ MINUTOS se miraron a los ojos. No entendían cómo les ponía en marcha en un tema en el que ellos ya estaban y que no había manera humana de que él supiera del seguimiento que su agencia ya había dispuesto. Lo que Carlos y José Luis no sabían entonces es que Jesús había movilizado un total de cuatro agencias, la suya una de ellas,

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