15 noviembre 2012
Hu Jintao cede el mando del Partido Comunista de China a Xi Jinping, nueva cabeza de la dictadura en la República Popular
Hechos
El 15 de noviembre de 2012 Xi Jinping asume el cargo de secretario general del Partido Comunista de China.
El Análisis
Con la llegada de Xi Jinping al mando del Partido Comunista, concluye la década de Hu Jintao, una etapa clave en la consolidación de China como superpotencia global. Bajo su liderazgo, el país no sólo mantuvo su frenético crecimiento económico, sino que se convirtió en acreedor de Occidente. Mientras Europa se hundía en la crisis financiera y Estados Unidos lidiaba con su deuda, China acumulaba reservas multimillonarias y extendía su influencia en África, América Latina y Asia. Se construyeron megalópolis, se expandió la clase media urbana y se reforzó el orgullo nacional. Para muchos chinos, nunca se vivió mejor. Pero la otra cara de esa prosperidad fue una represión sostenida y pulida con precisión burocrática.
En el balance de Hu Jintao no pueden ignorarse episodios oscuros como la censura sistemática, la persecución de disidentes o la represión de minorías como los tibetanos y uigures. El caso del Nobel de la Paz Liu Xiaobo —condenado por «subversión» y fallecido preso años después— se convirtió en símbolo del límite infranqueable de las reformas: la economía se podía abrir, pero la política no. La llamada “sociedad armoniosa” que proclamaba Hu tenía un precio: silencio, conformidad y vigilancia.
Con Xi Jinping comienza una nueva etapa, con señales ambiguas. Por un lado, se anuncia la lucha contra la corrupción interna del Partido, una vieja demanda popular. Pero por otro, Xi parece dispuesto a reforzar aún más el poder central y controlar la narrativa nacional. Si Hu fue un gestor eficiente sin brillo carismático, Xi podría aspirar a ser algo más: un nuevo Mao en tiempos de globalización. El mundo observa expectante.
J. F. Lamata