29 enero 1977

El partido tiene previsto asociarse con la Izquierda Democrática de Joaquín Ruiz Giménez para crear el Equipo Demócrata Cristiano

I Congreso de la Federación Popular Democrática en la legalidad ratifica a José María Gil Robles Quiñones como Presidente y a José María Gil Robles Gil Delgado como Secretario General

Hechos

El 29 de enero de 1977 se celebró el I Congreso de la Federación Popular Democrática.

Lecturas

Las evoluciones de Gil Robles.

D. José María Gil Robles Quiñones, uno de los principales líderes de la derecha política española durante la II República como Jefe Nacional de la CEDA (1932-1936), y que llegó a ser ministro del Gobierno de la II República durante el ‘Bienio Negro’ y una de las figuras más denostadas por el Frente Popular y las izquierdas republicanas. En la etapa final de la II República, tras el triunfo del Frente Popular fue célebre su discurso en Las Cortes proclamando que ‘media España no se iba a resignar a morir a manos de la otra media’, hablando en nombre de la derecha y frente al Gobierno de izquierdas. Al producirse el alzamiento nacional el Sr. Gil Robles Quiñones se suma a él, respalda la forja de la dictadura del general Franco y la CEDA se integra en el Movimiento Nacional.

Sin embargo al iniciarse la década de los años 40 el Sr. Gil Robles Quiñones comienza a distanciarse del régimen y a ser percibido como una figura de oposición. Se alía con Don Juan de Borbón, el conde de Barcelona, en sus intrigas de intentar convertirse en Rey de España con el apoyo de potencias internacionales e incluso participa en gestiones con partidos de oposición ilegales como el PSOE, lo que le llevará a recibir fuertes ataques desde la prensa franquista, desde ABC hasta la falangista,. Célebre fue su pleito con Diario SP.  La estrategia se intensificará tras coprotagonizar el llamado ‘contubernio de Munich’. Su estrategia falló, puesto que al final quien fue proclamado Rey fue D. Juan Carlos I, el hijo del conde de Barcelona, en lugar de este.

Ahora que el Gobierno Suárez ha decidido abrir el camino a las primeras elecciones democráticas desde la II República en España para junio de 1977, el Sr. Gil Robles Quiñones, uno de los pocos líderes políticos en la España de 1936 que sigue en política en España ha decidido crear su propia formación política: la Federación Popular Democrática. Los principales dirigentes junto al propio Gil Robles Quiñones son sus hijos: D. José María Gil Robles Gil Delgado que será secretario general y D. Álvaro Gil Robles Gil Delgado, lo cuál hace que parezca un partido familiar.

La estrategia del Sr. Gil Robles Quiñones para hacerse un hueco en el Congreso de los Diputados será aliarse con D. Joaquín Ruiz Giménez. 

Poco antes de las elecciones Gil Robles Quiñones piensa ceder el mando de su partido a su hijo.

El Análisis

Gil Robles y la saga familiar: cuando el pasado quiere ser futuro

JF Lamata

El I Congreso de la Federación Popular Democrática en enero de 1977 nos deja una imagen curiosa: José María Gil Robles Quiñones, el azote de la izquierda en la II República, intentando reinventarse como adalid de la democracia. Lo paradójico no pasa desapercibido: un político que protagonizó los momentos más convulsos del siglo XX español se presenta ahora como puente hacia un futuro reconciliador. Por si esto fuera poco, al viejo león lo acompaña su propia camada, con sus hijos José María y Álvaro ocupando puestos clave en el partido. ¿Familia unida o nepotismo retro? La línea es fina.

Gil Robles parece enfrentarse a un doble desafío: por un lado, convencer a los españoles de que merece una segunda oportunidad cuando muchos preferirían pasar página sobre la historia que encarna; por otro, lograr que su apellido —tan cargado de connotaciones políticas y emocionales— resuene en un país donde las nuevas generaciones buscan alternativas frescas. Su alianza con Joaquín Ruiz-Giménez añade un toque irónico: dos exministros de etapas pasadas liderando la construcción de una democracia que, en teoría, intentaron evitar. Si la política es el arte de lo posible, Gil Robles se esfuerza por demostrar que también es el arte de lo improbable.

J. F. Lamata