12 marzo 1977
La formación del ex líder de la CEDA, legalizada el 21 de marzo de 1977, busca ocupar un espacio al frente de una derecha antifranquista con la etiqueta de democristiana, aliada al grupo de Joaquín Ruiz Giménez
Gil Robles Quiñones dimite como líder de la Federación Popular Democrática, siendo reemplazado por su hijo, José María Gil Robles Gil Delgado
Hechos
El 12.03.1977 en rueda de prensa celebrada en la sede de la Federación Popular Democrática, D. José María Gil Robles Quiñones anunció su dimisión como presidente del partido. Fue reemplazado por su hijo D. José María Gil Robles Gil Delgado.
Lecturas
El 12 de marzo de 1977 los líderes de la Federación Popular Democrática (integrada en la coalición Equipo Democracia Cristiana – Federación Democracia Cristiana), D. José María Gil Robles Quiñones, D. Miguel Castells y D. José María Gil Robles Gil Delgado convocan una rueda de prensa para comunicar la dimisión del fundador del partido, D. José María Gil Robles Quiñones como presidente de la Federación Popular Democrática, apenas dos meses después de la celebración de su I Congreso publico.
El cargo de ‘presidente’ es suprimido por lo que es su hijo, D. José María Gil Robles Gil Delgado como secretario general del partido el que toma el mando de la formación.
La FPD anuncia que el motivo era para no entorpecer la unidad de la coalición democristiana. Con la retirada del Sr. Gil Robles Quiñones es D. Joaquín Ruiz-Giménez Cortés quien se sitúa como líder del Equipo Demócrata Cristiano.
El Sr. Gil Robles Quiñones fue el líder de la derecha durante la II República y, tras apoyar al franquismo durante la Guerra Civil se pasó a la oposición al franquismo durante la dictadura.
El PFD se presenta a las elecciones de junio de 1977 en la coalición EDC-FDC liderada por D. Joaquín Ruiz Giménez.
13 Marzo 1977
La dimisión del Sr. Gil Robles
Dejemos hoy aparte todo juicio crítico sobre su obra. El capítulo que don José María Gil Robles y Quiñones acaba de cerrar en su larga dilatadísima carrera política, obedeciendo a los imperativos de su conciencia, exige de los que hemos discrepado muchas veces de él, cuando menos, el reconocimiento de su enorme vocación política puesta al servicio de unos ideales.
Gil Robles fue llamado desde muy joven a la palestra política, ocupó cargos de especialísima responsabilidad encarnó esperanzas quizá como muy contados políticos españoles sufrió desengaños y amarguras sin cuento, fue alabado y menospreciado, ensalzado por unos y detestado por otros; pero siempre, siempre, fue él mismo.
Me parece que en esta hora en la que, en pleno vigor intelectual, en el cenit de su existencia, ha decidido dar al paso de abandonar la jefatura de su partido político – él que siempre fue conocido por el Jefe por antonomasia – muchos deben y quizá muy encontrados ser los sentimientos que se entrelacen en su corazón. Pero sepa que quienes con menos años, experiencia y títulos, le hemos a veces combatido, también sabemos respetar esa fidelidad a la propia imagen, ese sello personal que ha imprimido a toda su actuación pública.
Precisamente, del respeto que proclamo a su figura cuando se empieza a apartar del liderazgo político – pues la política activa no la abandonará mientras viva, tan de lleno determina su propia personalidad – quisiera hacer mi modesto homenaje a su persona. De un hombre político como Gil Robles se puede y aún se debe disentir si es que el propio pensamiento no coincide con el suyo. Pero ese disentimiento habrá de ser manifestado desde el más profundo respeto a su ideario, desde la asentada convicción de que, con acierto o sin él, el fin último que el luchador Gil Robles buscó en sus afanes ha sido el servicio leal al o que ha considerado bien común de todos.
¡Ojalá muchos políticos alcanzaran la meta a que ha llegado don José María Gil Robles! Hostigado por cien isidias contrarias y elogiado por mil afanes propicios, combatido con o sin razón, denostado o elevado con el mismo encono o idéntica pasión, lo cierto es que ha sido siempre un tremendo ejemplar y grande luchador. Cuando en esa lucha de tantos y tan dispares años se llega a conseguir ser siempre uno mismo, es de admirar al hombre que tal meta alcanza.
Ayer, al conocer la noticia de su dimisión, personalmente, me percaté de la grandeza de la vida de Gil Robles. Porque, repito, no comparto su ideario, porque entiendo que son otros los caminos que debe seguir la política española, pero también porque quiero ser, sencillamente, justo, me descubro ante su figura. Dios quiera que todos los políticos de hoy y de mañana puedan iniciar su retiro aureolados con tan recia personalidad.
José María Ruiz Gallardón
31 Mayo 1977
Las alternativas para el 15 de junio
Las elecciones ya están en marcha, con toda su virtualidad clarificadora. Por lo pronto ya han dejado en ridículo a cuantos venían jugando con el desmadre de los 140 partidos y con las sopas de letras. Una sopa de letras que no han hecho nada por evitar, pues ni siquiera han sido capaces de mantener unido a ese Movimiento Nacional que proclamaban indestructible… El elector no va a tener que elegir entre ciento y pico de partidos: se le ofrecen unas cuantas opciones de las cuales sólo ocho se presentan en más de 25 provincias, y ni siquiera todas ellas tienen posibilidades reales de esa escala.A esa, clarificación debemos contribuir cuantas formaciones politicas nos dirigimos a los españoles. Serenamente, sin agresividad pero sin medias tintas, tenemos que hacer ver a nuestros conciudadanos:
(Federación Democracia Cristiana)
Decimosexta corrida de feria. Ocho toros de Luciano Cobaleda, d os de ellos de rejones. Todos de gran presencia. Los de lidia ordinaria, aparatosos de cabeza y astifinos- el cuarto, manso- los demás cumplieron en varas; difícil el primero, el resto con problemas pero manejables. Los de rejones, el primero ¿legre, el segundo reservón, con trapío y cornamenta terroríficos.José Fuentes: Bronca en los dos. José Luis Galloso: Escasa petición y vuelta. Palmas y pitos, y saludos. Gabriel Puerta, que confirmó la alternativa: Silencio. Vuelta al ruedo. José Maldonado: Silencio. (Descabelló su toro Rafael Chinarro). Manuel Vidrié: Oreja. Gran entrada. Presidió aceptablemente el señor Mantecón
1. Que en estas elecciones no se ventila el ser o no ser de España. El ser de una nación está por encima de estas contingencias históricas. El 15 de junio será, sí, una fecha importante en la historia de nuestro país, una fecha en que la voluntad de los españoles va a influir sobre el rumbo de los próximos decenios. Pero nada más. España ni se empieza ni se .acaba el 15 de junio. España la vienen haciendo muchas generaciones y la tenemos que seguir haciendo día a día, elección a elección, en una tarea tanto más exigente cuanto más avencemos en la vía del esfuerzo común y plural, eficaz por no ser excluyente.
2. Tampoco nos jugarnos la unidad de la patria. No hay, ni a escala española ni a la de sus países y regiones, ninguna fuerza política responsable que quiera destrozar esa unidad. Lo que querernos muchos es que esa unidad sea unidad de los corazones, y que para ello sea líbremente asumida por todos los pueblos que conviven en el solar hispánico. Quienes hacen daño a la unidad de España son los que pretenden el monopolio del patriotismo, quienes han detentado durante mucho tiempo el Poder y no lo han utilizado para fomentar la solidaridad sino para mantener viva la división entre vencedores y vencidos; quienes se han reservado para su reducido círculo todar la redistribución del Poder y mulando sobre Madrid una carga de centralismo y de recelos que a los madrileños no hacen más que perjudicarnos, en lugar de abordar la redistríbución del poder y de la Administración entre todas las regiones de España.
3. Por último, hay que decir con igual claridad que aquí no está en juego «dar la vuelta a la tortilla». 1936 quedó definitivamente atrás. Ni a estas elecciones. se presentan los españoles divididos en dos bandos, ni puede parcialmente preverse un triunfo de las fuerzas que en 1936 integraron el Frente Popular. Quienes gustan de preguntarnos por un «compromiso histórico» harían bien en dejarse de hipótesis descabelladas y darse cuenta de que estamos ante un supuesto mucho más sano: un abanico de opciones plurales entre las que los españoles han de escoger la que más les conviene.
¿Escoger en función de qué? Pues muy sencillo: escoger entre las diversas soluciones posibles a los problemas que tenemos planteados. Y estos problemas son, básicamente, los siguientes:
A) La Constitución. Los ciudadanos pueden escoger entre seguir con el artilugio de las Leyes Fundamentales, más o menos remozado (es lo que propone Alianza Popular), decidirse por una Constitución como la de los países de Europa occidental (tesis de demócrata-cristianos y socialistas), o quedarse en el medio camino actual, redactando una mini-Constitución que deje a salvo -más o menos modernizados- organismos como elConsejo del Reino y otros mecanismos de poder del sistema anterior (es el camino que ha seguido hasta ahora el presidente Suárez, inspirador y principal potencia de la Unión del Centro Democrático).
B) La crisis económica. Para resolverla, los ciudadanos han de dar su confianza: a) a los señores de Alianza Popular. que desde 1973 a 1976 estuvieron en el Poder y no supieron preverla ni adoptar las medidas adecuadas, b) o al presidente Suárez. que durante los diez meses que lleva en el Poder no ha sido capaz de poner en práctica y explicar al país un plan coherente, que no ha tenido el valor de exponer a sus conciudadanos la necesidad de unos sacrificios indispensables ni de adoptar medidas impopulares; que ha demorado ínexplicablemente la legalización de las organizaciones sindicales y empresariales, interlocutores indispensables para llevar a cabo una tarea eficaz en esta materia, y cuyo mandato se ha caracterizado por el vertiginoso aumento del coste de la vida y de la deuda exterior-, c) o a fuerzas socialistas y comunistas, cuyo acceso al Poder en posición mayoritaria -de he.cho, hoy utópico- pondrían en crisis de confianza todo el sistema económico; d) o, en fin, a la Federación de la Democracia Cristiana y sus compañeros del equipo. única ideología. la demócrata-cristiana, capaz de restaurar una economía sobre la base del entendim i ento y el diálogo interciasista. tal y como supo hacerlo en el momento en que Europa tuvo necesidad de ello.
C) La incorporación de Europa. Incorporación que sólo podrá hacerse con el apoyo de las grandes corrientes políticas europeas. Ya es hora de dejar de pretender seguir siendo diferentes. En Europa hay conservadores, liberales. demócrata-cristianos, socialdemócratas, socialistas y comunistas, y aquí también. Unas veces gobiernan en coalición, otras separados. Pero lo que no hacen es presentarse a los electores en revoltijo, mezclados en formaciones que desde ahora van diciendo que no seguirán juntos después de las elecciones.
En España hace falta estabilidad en el Poder. Pero la estabilidad del Poder no puede descansar en la popularidad de un hombre. Ha de asentarse sobre las preferencias de los españoles claramente expresadas. Sobre acuerdos de gobierno en que cada una de las partes sepa con qué respaldo cuenta, y no sobre lealtades personales movidas por la pura rentabilidad electoral.
Por eso la Federación de la Democracia Cristiana, que es parte del pueblo, sabe que éste no se va a dejar manipular. Que terminará votando a una opción independiente, dialogante, progresiva y europea: la democracia cristiana.
El Análisis
José María Gil Robles Quiñones, el eterno Jefe, ha decidido dar un paso al costado y ceder las riendas de la Federación Popular Democrática a su hijo, José María Gil Robles Gil Delgado. En plena recta hacia las elecciones de 1977, este gesto, cargado de simbolismo, nos deja con sentimientos encontrados. Por un lado, como destaca Ruiz Gallardón en su emotivo homenaje, no cabe negar la talla política de un hombre que marcó toda una era, desde la II República hasta su oposición al franquismo. Por otro, la grandilocuencia del momento queda algo empañada por el contexto: su partido y la coalición que integra no parecen estar llamados a mover las placas tectónicas del electorado español.
El toque sentimental de pasar el testigo a la siguiente generación tendría más sentido si el proyecto de los Gil Robles gozara de un respaldo popular significativo. Sin embargo, la realidad es que la FPD y el Equipo Demócrata Cristiano navegan en aguas de irrelevancia política. Y aunque el Sr. Gil Robles Quiñones abandona la presidencia con la cabeza alta, el hecho de que su propio hijo tome el mando en esta encrucijada genera más preguntas que respuestas. ¿Es un acto de desprendimiento o simplemente una jugada de continuidad familiar? Sea como sea, el retiro de este luchador incansable nos recuerda que, en política, los gestos son tan importantes como los votos… y a veces los votos pesan más.
J. F. Lamata