25 enero 1971

El nuevo Gobierno se presenta con una política agresiva hacia su vecino Tanzania, al que acusa de querer invadirle

El General Idi Amín se convierte en el dictador de Uganda con el apoyo de Reino Unido derrocando a Milton Obote

Hechos

El 25 de enero Idi Amin tomó el poder en Uganda mediante un Golpe de Estado, derribando a Milton Obote

Lecturas

Después de haber prohibido los partidos políticos y disuelto el Parlamento, Idi Amín Dada – que el 25 de enero de 1971 derrocó mediante un golpe de Estado al presidente Milton Obote – se ha proclamado hoy presidente de Uganda.

Amín Dada aprovechó una breve ausencia de Obote para dar el Golpe de Estado al que ha seguido una verdadera matanza de partidarios del presidente depuesto. Obote era presidente de Uganda desde la proclamación de la independencia del país en octubre de 1962. 

La depuración ha sido especialmente radical en las filas de las fuerzas armadas.

La dictadura de Amín durará hasta su derrocamiento en abril de 1979.

27 Enero 1971

África y los poderes personales

Miguel Torres

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Las cincuenta y ocho horas levantadas en Conakry para perpetuar la corrupción, el despotismo y la megalomanía de Sekú Turé, y el golpe de Estado que ha derribado de la Presidencia de Uganda a uno de los más ambiciosos políticos de África negra, han catapultado con doble fuerza a aquel Continente sobre el panorama de la actualidad internacional.

La supuesta operación de desembarco llevada a cabo en noviembre último en la República de Guinea – y que, según las mejores fuentes informativas, sólo fue una operación comando de mercenarios para rescatar a un grupo de prisioneros políticos – ha servido como pretexto a Sekú Turé para realizar una purga de corte stalinista no solo entre aquellas figuras de la oposición que estaban al alcance de su mano, sino entre aquellas otras que, situadas en puestos de confianza hasta hace poco, habían perdido en favor del presidente. No es ya únicamente que la legalidad en Guinea-Conakry tenga los arbitrarios límites que le marca la voluntad personal de Sekú Turé, sino que quienes viven dentro de esos límites pueden un día perder la confianza y la vida, porque el miedo de Sekú Turé le lleve a calificarlos de traidores. Entre los ejecutados figuran personalidades que hasta hace unas semanas ostentaban todavía puestos de responsabilidad en el Gobierno y en el partido (sólo hay un partido, el de Sekú Turé, denominado partido democrático guineano).

Los ahorcados de Conakry han sido cincuenta y ocho y no noventa y dos, porque los treinta y cuatro restantes habían sido condenados a muerte en rebeldía. Noventa y dos penas de muerte y setenta y dos a cadena perpetua y trabajos forzados impuestos contra todas las normas del Derecho. La Asamblea Nacional de Guinea, constituida por miembros del partido único y erigida en ‘Tribunal revolucionario’, dictó sus unánimes sentencias sin que los acusados tuvieran abogado defensor alguno ni pudieran hacerse oír, sin que un solo observador o periodista extranjero pudiese asistir a la mascarada.

En cuanto al golpe de Estado en Uganda producido cuando el presidente Milton Obote se encontraba en Singapur en la Conferencia de primeros ministros de la Commonwalth y en la que mantuvo una posición de abierta lucha contra la política del Gobierno conservador de Londres, parece, a juzgar con la reticencia con que el nuevo hombre fuerte, general Amín, ha calificado de pro comunista al presidente destituido, que el Gobierno contrarrestará ahora la decidida inclinación izquierdista mantenida por Uganda hasta ahora.

Sin embargo, no se debe olvidarse que el general Amin ha sido desde 1964 uno de los más estrechos colaboradores de Obote, al que ayudó haciéndose cargo de la jefatura de las Fuerzas Armadas, a derrocar al kabaka de Uganda, Mutesa II, más conocido como el Rey Freddy. Y que los nombres de ambos, Obote y Amín, aparecieron juntos como supuestos protagonistas de grandes escándalos financieros, entre ellos una partida de oro y marfil que desapareció en Uganda y que estaba destinada a financiar la compra de armas para el Congo. En aquella época estuvieron a punto de sucumbir a las acusaciones de corrupción, pero ambos maniobraron hábilmente y salvaron la situación monopolizando el Poder. Ahora Amín se ha deshecho de Milton Obote.

Miguel Torres

 

 

El Análisis

EL HORROR LLEGA A UGANDA

JF Lamata

Uganda amaneció el 25 de enero de 1971 con un nuevo dueño: Idi Amin Dada, hasta ayer jefe del Estado Mayor y hoy autoproclamado presidente tras un golpe militar que envió a Milton Obote al exilio. La caída de Obote no llega como un relámpago en cielo despejado. Su imagen llevaba tiempo deteriorándose: acusaciones de corrupción, tensiones con el ejército, y una creciente represión política que minó el entusiasmo que despertó en 1962. En el contexto internacional, su coqueteo con el bloque socialista y su apoyo a causas como la de los palestinos lo alejaron de ciertos aliados occidentales, que ahora parecen ver con buenos ojos el relevo.

Idi Amin, por su parte, no es un desconocido. Militar de carrera formado en el ejército colonial británico, veterano de campañas en Kenia y el Congo, y célebre por su tamaño imponente y carácter impredecible, ya había mostrado destellos de brutalidad antes de llegar al poder. Su ascenso se ha vendido como un golpe preventivo para evitar que Obote instaurara un régimen de partido único; sin embargo, la historia africana reciente nos advierte que los golpes “salvadores” suelen derivar en dictaduras más crudas. La rapidez con que Reino Unido ha reconocido al nuevo régimen y la aparente coordinación con mandos británicos en Uganda invitan a pensar que Londres prefiere un aliado militarmente disciplinado, aunque sea a costa de las libertades de los ugandeses.

El país enfrenta, en este cambio de mando, los mismos retos que con Obote: tensiones étnicas, dependencia económica del café, desigualdad, y un ejército con demasiado protagonismo. Pero el estilo de Amin promete una nueva pauta de gobierno: más personalista, más represiva y más propensa al espectáculo, con gestos que buscan tanto infundir miedo como proyectar fuerza en el exterior. Uganda cambia de capitán y, sí, la brújula apunta hacia la brutalidad, el puerto más cercano podría ser el de otra larga noche para su pueblo.

JF Lamata