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La prensa conservadora está convencida de la autoría comunista señalando al Este, mientras que desde la prensa progresista consideran que ha sido un atentado orquestado por la extrema derecha

Intento de asesinato al Papa Juan Pablo II: el mercenario Ali Agca le acribilla a tiros en plena Plaza de San Pedro

HECHOS

El 13.05.1981 en la Plaza de San Pedro de El Vaticano Ali Agca disparó contra el Papa Juan Pablo II.

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EL TERRORISTA ¿UN MERCENARIO AL SERVICIO DE LOS ULTRAS O LOS COMUNISTAS?

Ali_Agca Ali Agca, autor del atentado contra el Papa Juan Pablo II.

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14 Mayo 1981

La peste terrorista

EL PAÍS (Editorialista: Javier Pradera)

El Papa tiroteado en la audiencia general de los miércoles. Una noticia amarga propia del Renacimiento, y en la que las redomas dé veneno o las dagas florentinas se sustituyen por pistoletazos. Acaso el magnicida sea un loco o termine reputado de tal, como aquel que hace escasos años la emprendió a martillazos con la Pietá, de Miguel Angel, o como el que se abalanzó con un cuchillo filipino sobre el antecesor de Wojtyla, Pablo VI.Las lindes entre locura y terrorismo acaban siempre siendo indescifrables. Se afirma que la locura es una deformación exacerbada de la inteligencia y que el terrorismo es una degeneración de la lógica política. Las conexiones, en cualquier caso, son evidentes, y es un hecho constatable que este mundo de ahora -aún está reciente el tiroteo sobre el presidente Reagan- padece la fiebre de la locura del terror. Y esto al margen de cual sea el significado de las actividades políticas o ideológicas de las víctimas de tan ciega violencia.

Quienes por ignorancia o interés partidario pretenden monopolizar el sufrimiento que originan los terroristas pueden ahora encontrar en las heridas del obispo de Cracovia y de Roma y heredero de Pedro el carácter apostólico, general, universal, del azote terrorista.

No se aprieta un gatillo contra un juez, contra un Policía, contra un general, contra el príncipe de la Iglesia; se intenta asesinar a la justicia, la salvaguardia del orden público, la milicia, y -en un alarde definitivo- la encarnación de las creencias más íntimas de millones de fieles.

Al margen de la pluralidad de creencias religiosas, el papado recoge una magna corriente de la civilización cristiano-occidental que edificó Europa y trascendió a otros continentes. Disparar contra el Papa es poner una pistola en el pecho a una de las grandes tradiciones de nuestra civilización.

La locura del terrorismo o el terrorismo de la locura es la reedición de las pestes medievales. Nadie está libre de ella. Todos pagan su precio, como los coetáneos de las plagas egipcias. Y como en las maldiciones bíblicas, sólo cabe el antídoto de la fe contra este nuevo jinete del apocalipsis: fe en los principios contrarios a los que defienden los terroristas; la defensa de la vida, de la inteligencia, de la tolerancia, contra los que enarbolan la muerte, el fanatismo y la barbarie.

Caben contra la peste terrorista medidas políciales, cauciones excepcionales a nivel de Estado; pero ninguna de estas opciones acabará con esta plaga. El Occidente europeo necesita de un rearme moral que supere la depresión cívica que nos depara tanta barbarie y tanta sinrazón. Las sociedades occidentales industrializadas pueden verse impelidas hacia soluciones de fuerza, tan irracionales como las propugnadas por los terroristas, contraponiendo la muerte contra la muerte, y yendo tan allá en la injusticia como alcanzan los alabarderos del terror. Los países occidentales tienen algo más que levantar contra el terrorismo que medidas cautelares o represivas: una filosofía de la historia, de las relaciones políticas y económicas, y toda una cultura que permite a los ciudadanos convivir en discrepancia sin asesinarse los unos a los otros.

Todos debemos entender -incluidos los más disgustados con la situación presente de cada país en concreto que el terrorismo que acaba por intentar asesinar a un Papa no busca si no arrumbar los más preciados bienes morales de una determinada sociedad. De un modelo de sociedad que sólo perderá su razón de ser cuando pierda los nervios y arrumbe sus mejores creencias por mor de unos estúpidos provistos de pistolas. Sólo esta puede ser la oración de hoy.

No sólo los católicos, todos los hombres y mujeres de buena voluntad, defensores de la convivencia y el diálogo, suplican ahora por esta vida en peligro que simboliza hoy la lucha universal contra la peste terrorista.

14 Mayo 1981

Cristo sigue siendo incómodo

YA (Director: José María Castaño)

El atentado sufrido pr Juan Pablo II en la plaza de San Pedro, plaza mayor del Cristianismo, arroja sobre la sociedad un inmenso baldón que cubre de vergüenza la historia. Durante siglos y siglos, superadas las persecuciones del paganismo, los Papas, secuestrados, prisioneros, despojados, calumniados, han sido sin embargo, personajes respetados incluso por aquellos tiranos y reyes que veían en ellos un obstáculo para el logro de sus ansias de dominio. Muchas han sido, en efecto, las insidias, las calumnias. las persecuciones, sobre todo cuando, además de Pontífice y sucesor de Pedro, era soberano de un Estado temporal. Pero siempre la sanción moral de la cristiandad rodeaba al Papa de un halo de respeto y de majestad que convertía en inviolable la persona del Pontífice.

Cristo – y Juan Pablo II – sigue siendo incómodo para quienes amasan bienes y riquezas contra el hambre de los demás, para quienes hacen del poder instrumento de dominio y de opresión; para quienes han saltado todas las vallas morales y comercian con los instintos más bajos del hombre; para quienes, fanáticos de sus propias creencias, piensan que la verdadera libertad consiste en imponer sus razones sober las de los demás…

Precisamente en las últimas semanas el Papa éstaba empeñado en una misión difícil: recordar a los fieles cristianos que son, además, votantes que la vida es sagrada y que el aborto es un crimen. En nombre de Dios vivo y con la seguridad que da la fe, Juan Pablo II, oportune et importune”, ha tenido que recordárselo a los electores, a los cristianos de Italia, llamados a las urnas para pronucniarse sobre el delicado tema del aborto.

Lo de menos es la nacionalidad hasta la catadura del hombre que apretó el gatillo. Lo más importante, lo más terrible es que alguien, perturbado o sereno, por instigación o por locura, ha tratado de arrebatarnos a un hombre, también llamado Juan, que no ha hecho más que recordar a los hombres, desde su cátedra y por los caminos del mundo, que la paz se fundamenta en la justicia, que la vida es un don de Dios que nadie puede arrebatar, que el hombre está dotado de valores que saltan por encima de su condición puramente humana… Un hombre que, además, acaricia los rizos de los niños y tiene palabras de consuelo para los que sufren.

Tremendo espectáculo de la tarde de ayer en la plaza de San Pedro, con el ciego por testigo y el corazón de los hombres de bien – que aún quedan – latiendo a ritmo desesperado. ¿Qué nos queda si la paranoia del mundo llega al trance de exigir la vida de Juan Pablo II? Por fortuna, la vida – la suya – también está en manos de Dios. Y Dios es bondadoso.

20 Noviembre 1982

¿Breznev y Andropov, culpables?

Luis María Anson

Al hablar sobre el asunto que más ha escandalizado en las alturas políticas del mundo, hay que exigir cautela. No se ha hecho más que desenredar las primeras hebras de la madeja. La conspiración para asesinar a Su Santidad el Papa permanece oscura en su mayor parte.

Es posible, sin embargo, afirmar algunas cosas. No se trata de la acción de un perturbado solitario. No fue una operación de la extrema derecha turca, como la quinta pluma se precipitó a propagar. Los jueces italianos han ordenado la detención de Ivanov Antronov, funcionario de la línea aérea Balkan Air. La reacción del ministerio de Asuntos Exteriores búlgaro, considerando la prisión de su compatriota como una inadmisible provocación no impide que los magistrados romanos entiendan que la conspiración se tejió en Bulgaria. Orai Celik y Beckir Celenk, los cómplices turcos de Ali Agca, se encuentran refugiados en aquel país. Varios diplomáticos búlgaros están sometidos en Roma a investigación de la Policía.

Se piensa que los servicios secretos búlgaros, dependientes de la KGB soviética, se encuentran en el fondo de la trama. Es una sospecha, no una seguridad. Pero una sospecha fundada.

Los interrogantes se vienen a la pluma en tropel. ¿Se concibe que el compló para asesinar a la figura más relevante del mundo se organice por los agentes búlgaros sin contar con la KGB soviética? ¿No parece más lógico que fuera la central de inteligencia la que decidiera realizar la terrible acción ejecutándola a través de los servicios secretos de Sofía? ¿Puede aceptarse que se dé la orden de asesinar al Santo Padre sin ponerlo en conocimiento del jefe Supremo de la KGB, a la sazón Yuri Andropov, dictador hoy de todas las Rusias? ¿Y creerá cualquier persona dotada de sentido común que el señor Andropov tomaría una decisión de este calibre sin consultar con el entonces zar rojo de la Unión Soviética, Leonidas Breznev?

En consecuencia, ¿se puede considerar culpables de plantear e instigar el asesinato del Papa Juan Pablo II a Breznev y Andropov? ¿No es a ellos a quienes beneficiaba la desaparición de un hombre que ha descubierto ante el mundo el talón de Aquiles del imperio ruso? ¿No era la sublevación popular de los polacos en el corazón de ese imperio razón de Estado suficiente para decidir el crimen horrendo? ¿Podía aceptar la Unión Soviética la quiebra de la disciplina social en el bello país católico, la rebeldía de los obreros más obreros del mundo, los mineros polacos, contra el sistema comunista? ¿No lesionaría definitivamente a la credibilidad soviética la imagen de los trabajadores de la nación báltica de rodillas en la misa, tras recibir la comunión, en medio de un clamor de libertad? ¿Qué pasaría con los partidos comunistas en el Este y en el Oeste si en Polonia la Unión Soviética se veía obligada, como así ha sido, a ordenar la represión de los obreros y la intervención del Ejército?

Todas estas preguntas no las hace hoy en Italia la prensa conservadora sino la socialista.

No voy a dar respuesta a tanto interrogante. El lector sagaz sabrá hacerlo mejor que yo. Per acabo de concluir la lectura de un pequeño libro recién aparecido en España: “El Error de Occidente’ por Alexandr Solzyenitsin. Citar a este premio Nobel se ha convertido en señal de conservadurismo para la progresía de salón. Pues bien: el gran escritor ruso, liberal y profundo, escribe: “El comunismo no podrá ser frenado por ningún artificio de distensión ni por ningún género de negociaciones. Sino únicamente por las fuerza exterior o por la desintegración interna”. La rebelión de Polonia significa para el imperio ruso lo que fue el levantamiento de los Países Bajos para Felipe II. El comienzo de la quiebra. Por eso el Kremlin ha reaccionado con la utilización de todos los recursos a su alcance para sofocar la revuelta. ¿Con el crimen de Estado también? Esta es la cuestión que hoy se debate en las cancillerías occidentales.

Luis María Anson

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