23 enero 1992

El diario de Luis María Anson se enfurece con la diputada del PP por su actitud

Isabel Tocino, del Partido Popular, manda el mismo artículo a la vez a los diarios EL PAÍS y ABC, que lo publican el mismo día

Hechos

El 23.01.1992 los diarios ABC y EL PAÍS publicaron el mismo artículo de la política Dña. Isabel Tocino Biscarolasaga titulado ‘La Moción de Censura’.

Lecturas

La costumbra en la relación de los periódicos de ámbito nacional en España con sus colaboradores es que estos no publican artículos que hayan sido enviados a otra publicación. Ergo, cuando un político les manda una tribuna con el deseo de que sea publicada, es el medio el que decide el día de su publicación y siempre a condición de que no se lo haya mandado a otro medio para tener la exclusiva. Pera la política Dña. Isabel Tocino Biscarolasaga, diputada del Partido Popular y miembro de la ejecutiva de ese partido, incumplió la norma al mandar su texto a la vez a EL PAÍS y a ABC sin esperar que ambos iban a publicarlos el mismo día que la recibieron dejándola en evidencia.

EL PAÍS guardó silencio, pero ABC publicó un editorial burlándose de la Sra. Tocino.

LA DIRECCIÓN DEL PP DESAUTORIZA A TOCINO

 El Secretario General del Partido Popular, D. Francisco Álvarez Cascos, en nombre de la ejecutiva, aclaró que ‘no era a Isabel Tocino a quien le correspondía’ decidir si al PP le convenía o no presentar una moción de censura al Gobierno socialista.

22 Enero 1992

LA MOCIÓN DE CENSURA

Isabel Tocino Biscarolasaga

Leer
El «inodoro» vicepresidente del Gobierno, don Narcís Serra, ha afirmado que la moción de censura es una «maniobra política de una formación política que carece de alternativas, y que por eso recurre a artilugios como la moción de censura».


Amén de contestarle al señor Serra que no sé yo dónde se encontraba él, ni tan siquiera si pensaba lo mismo cuando en septiembre de 1980 el entonces Partido Socialista en la oposición, a través del hoy presidente del Gobierno, Felipe González, presentó una moción de censura al entonces presidente del Gobierno, Adolfo Suárez, todavía es más grave que todo un vicepresidente del Gobierno, no haya ni «olido» la Constitución española.


Y es que los políticos, don Narcís, no podemos nunca ser «inodoros», pero mucho menos cuando se trate de «oler» la Constitución. Y usted, como vicepresidente del Gobierno, tiene más obligación que el resto de los españoles de oler y defender la Constitución, no calificando de artilugio político al artículo 113 de la misma, que contempla la moción de censura como «instrumento para exigir la responsabilidad política del Gobierno mediante la adopción por mayoría absoluta». No creo, por tanto, que se la pueda calificar de artilugio político, a menos que así califique usted todos los artículos de la misma que en un momento determinado le sean desfavorables al Gobierno socialista.


Lo grave de la situación, en cualquier caso, no es, una vez más, la escalada de acusaciones y contraacusaciones del Gobierno y la oposición en torno a la infantil política del «y tú más».


Lo extremadamente grave es en sí misma la situación política que estamos viviendo. Frente al termómetro triunfalista del Gobierno que estimaba desarticulada o prácticamente dando sus últimos coletazos a la banda terrorista ETA, asistimos en lo que va de año a la subida más grave del termómetro de los hechos terroristas de los últimos tiempos.


Las negociaciones o «conversaciones técnicas», como las calificó el Gobierno los presos de lujo en cárceles especializadas hasta hace bien poco tiempo, o en estancias maravillosas en el extranjero, donde algún presidente incluso del Gobierno correspondiente se atrevió a calificarles de presos políticos, sin enterarse de que en España estamos en democracia y no hay ningún preso por motivos políticos, porque en nuestra democracia caben todos los lenguajes; todos, menos el de los que usan el lenguaje del terror, de la violencia y de la muerte; o las ofertas de reinserción, incluso a los que estuvieron mezclados en delitos de sangre, como en cierta ocasión se le escapó decir al ministro del Interior, señor Corcuera, o las «amistades» con el Gobierno socialista del señor Mitterrand, unido a la redención de penas que se sigue aplicando a los etarras que ingresan en prisión, se han demostrado como inventos socialistas fracasados. Y que, por tanto, sólo han conducido a una pérdida de tiempo en la firmeza, coherencia y contundencia con que hay que actuar en la lucha contra ETA y sus protectores y defensores.


Pero si grave es el capítulo del terrorismo y de la inseguridad ciudadana a que estamos sometidos todos los españoles, no es menos grave la degradación ética que se está ahora comprobando ha impregnado gran parte del sector político-económico de la sociedad española.


Los españoles estamos perdiendo la capacidad de asombro ante los nuevos casos de corrupción, tráfico de influencias, información privilegiada, fraude fiscal, presuntos cohechos y prevaricaciones, despachos privilegiados… sin que aquí pase nada. Acusaciones y contraacusaciones sobre el nivel de la corrupción y su ubicación en el tiempo y en el espacio, pero nada hemos oído todavía de las medidas concretas que estamos dispuestos a poner en marcha de inmediato para poner punto final a la pérdida de valores éticos y convivenciales sin los cuales toda sociedad democrática se va a la deriva.


Estamos asistiendo al fracaso ético y moral de quienes se habían arrogado el monopolio de la ética y de la honestidad. Y sobre estos principios logró el Gobierno el Partido Socialista, garantizando los cien años de honradez, la gobernabilidad del pueblo español: «El PSOE defenderá como principio básico, si llega al Gobierno, la honradez en el ejercicio de la función política», afirmaba Felipe González el 20 de octubre de 1981.


Y hoy nos encontramos con la pérdida de credibilidad socialista. Es la propia imagen del socialismo la que hace aguas, precisamente por donde propugnaron tener la exclusiva: la honradez y la ética.


Y ahora parece descubrirse que la modernidad y el progreso del que tanto hablaban no es más que la técnica del todo vale, como único valor ético.


Por eso al haber perdido los socialistas las condiciones morales para reconquistar la credibilidad perdida porque la práctica de sus actuaciones dista mucho de parecerse a lo que predicaban como teoría socialista, el presidente de Gobierno prefiere poner agua por medio y marcharse como testigo de la firma de una paz muy importante, sin duda, en Centroamérica, pero dejando todas las guerras abiertas que se le están pudriendo en su política interna.


Y tiene abierta la guerra del terrorismo, y la guerra de la ética, y la degradación de la vida pública y de la propia sociedad, que ya ha perdido el norte de la ejemplaridad porque piensa que sus gobernantes no son ejemplares.


Y tiene abierta la guerra económica con el plan de ajuste que nos imponen las condiciones de convergencia económica con la Comunidad Europea. Y no me refiero sólo a la tercera fase de la Unión Monetaria allá por el año 2000, sino al compromiso más inmediato del mercado interior, que es una letra que vence a más corto plazo, el 1 de enero de 1993.


Y tiene abierta la guerra del fracaso de la gestión pública: miremos qué está pasando en Asturias, en donde el principal empresario es el Estado. O qué nivel de eficacia percibimos en los servicios públicos a cambio de los impuestos que pagamos.


Y tiene abierta la guerra del campo, en donde se concentra aún un elevado porcentaje de nuestra población.


Y tiene abierta la guerra en el PSOE y la crisis en el Gobierno, y lo que es más grave, con un Gobierno que no tiene la fuerza ni la cohesión, ni la capacidad por falta de credibilidad de hacer los urgentes cambios que España necesita para afrontar los retos del 93; no es de extrañar que el presidente de Gobierno plantee su jubilación.


Y es a la oposición a quien le corresponde ayudarle a cumplir sus deseos.


Por tanto, no es que yo haya dicho que el PP esté preparando una moción de censura. Este instrumento que la Constitución contempla para exigir la responsabilidad política al Gobierno se presenta por sorpresa, y si en ello estuviera trabajando el PP, yo no lo habría ni mencionado.


Por otra parte, sé muy bien, por mis competencias y responsabilidades dentro del PP, que en ningún caso sería a mí a quien correspondería poner en marcha el procedimiento. Pero lo que no creo que nadie pueda negarme, como político en activo y en la oposición, es que si en 1980, el señor González estimó que había razones suficientes para exigir la responsabilidad política al Gobierno de Suárez, yo afirme y siga afirmando que hoy también hay razones objetivas más que suficientes para plantar cara en el Parlamento al Gobierno socialista del señor González y exigirle su responsabilidad política en el Congreso, como permite la Constitución española en su artículo 113.

23 Enero 1992

Isabel Tocino

ABC (Director: Luis María Anson)

Leer

Isabel Tocino sorprendió ayer la buena fe de ABC y EL PAÍS al enviar el mismo artículo a ambos periódicos. Desde el punto de vista ético esta acción sólo merece el calificativo de deleznable. Personalmente, Isabel Tocino es una damita encantadora, pero sus ‘artículos’ periodísticos tienen escaso interés y constituyen un torpe ejercicio de redacción escolar. ABC ha publicado en alguna ocasión los ‘artículos’ de Isabel Tocino por deferencia a su posición política. Esperaremos en adelante sin impaciencia, las perlas literarias de nuestra Thacther de pitiminí. Dicen los socialistas que Isabel Tocino es la carabina de Ambrosio. Pero, eso sí, damasquiana.

El mismo artículo

Una de las trampas más viejas que soportan los periódicos es cuando un colaborador, generalmente mediocre, envía el mismo artículo a dos diarios distintos. Si uno de ellos lo publica, el articulista llama al otro para decir al jefe de Colaboraciones: “Tardabas tanto en publicar el artículo que lo envié a otro periódico”. El timo funciona hasta que un día el mismo artículo sale a al vez en los dos periódicos. Entonces el tramposo o la tramposa queda al descubierto y expuesto a la verguenza pública.

24 Enero 1992

Un ataque contra Isabel Tocino

EL MUNDO (Director: Pedro J. Ramírez)

Leer

Isabel Tocino remitió anteayer a todos los periódicos de Madrid un artículo. ABC y El País lo publicaron. Ayer, ABC calificó de «deleznable» que la diputada cántabra no le hubiera avisado de la distribución general del escrito, y aprovechaba para descalificarla con floridos adjetivos. EL MUNDO no tuvo ese problema: cuando recibió el artículo, se puso en contacto con la diputada del PP para aclarar la cuestión. Y, al saber que había sido enviado a todos los periódicos, optó por no publicarlo.

24 Enero 1992

La columnista

Francisco Umbral

Leer

En España tenemos muy buenas columnistas, como María Eugenia Yagüe, Beatriz Pottecher o Pilar Urbano. Pero ahora le ha salido, al dulce gremio, una supernumeraria más lista que ellas, doña Isabel Tocino, que envía el mismo artículo al mismo tiempo a distintos periódicos, y tal que ayer salió uno suyo en EL PAÍS y el ABC, con el subsiguiente cabreo de ambos matutinos (sigue habiendo vespertinos, pues mucha gente lee el periódico por la noche). Cuando uno lleva más de treinta años en la columna diaria, este truco del tocomocho periodístico no puede sorprendernos, pues que es típico de aficionados (el buen profesional permanece fiel a una empresa). La Tocino no ha inventado nada en la vieja y usada picaresca del oficio, pero lo suyo es lo más escandaloso que ocurre en la prensa española desde que doña Julia Maura, en los cincuenta, se colocó una tercerita de ABC plagiada en crudo de Oscar Wilde. Y ambos timos los protagonizan mujeres: de ahí que nuestros clásicos hablasen tanto de «la doblez de la mujer». Y luego me dicen que soy duro cuando trato de la Tocino, que va a remediar el paro periodístico quitando el trabajo a dos profesionales a la vez. Hubo un escritor que todos conocemos, a quien llamábamos «el chulo de Santa Teresa», pues que todos los años, el quince de octubre, mandaba el mismo artículo sobre la santa a distinto periódico. Ganador hay de juegos florales que se limita a cambiar el nombre de la Virgen local y el río de la provincia al mismo poema de siempre, con el que va ganando flores naturales y dinero también muy natural en toda España. Pero lo que mayormente prueba, el que periódicos de tan distinta ideología como ABC y EL PAÍS, hayan aceptado el mismo artículo, es que la columnista señora Tocino dice cosas reversibles, irrelevantes, impermeables, que sirven para todo y para nada, y que su corolario, como el del señor Wojtyla, es que gane el mejor. O sea que a nuestra columnista lo que le preocupa es publicar (la vanidad) y no sentar doctrina. Esto de engañar a un periódico con otro, y a ambos entre sí, se llama prostitución o adulterio, señora Tocino. Periodística, pero prostitución. Le dice Hamlet a Ofelia: «Dios os ha dado un rostro (a las mujeres) y os hacéis otro». Pero ya sabemos que Shakespeare era un poco maricona, odiaba el gremio. Dios le ha dado una hermosa anatomía de derechas a la Tocino, pero ella adultera con Polanco y Cebrián, o les pone cuernos con Ansón. Esta prostitución periodística, como toda prostitución, supone que no hay entrega a nadie, pues que la hay a tantos, y, efectivamente, los artículos de doña Isabel son muy malos, o sea que no pone nada en ellos. Dijo el otro día Felipe González: «Me repugnan los corruptos que claman contra la corrupción». Por ejemplo, la Tocino, que denuncia a Hormaechea por corrupto mientras ella se corrompe con dos grandes diarios a la vez y roba el poco espacio disponible a dos profesionales. O a dos sabios. Cuando yo divago sobre esta dama, ustedes dicen que me paso. Pues ahí la tienen. Lo malo no es su doblez periodística, sino su doblez mental, personal, que le permite el doble juego. Estoy seguro de que esta pródiga de Alarcón, en periodista, no es igualmente pródiga ni promiscua al repartir otros dones, más evidentes que el literario, que Dios le ha dado. Menos mal. Uno prefiere crear siempre de nueva planta, y no por ética, sino porque el plagio o el autoplagio es mucho más aburrido que la invención. Lo que nos preocupa de esta glosa no es la anécdota picaresca (el periodismo está lleno de ellas), sino la profunda ambigüedad moral del personaje, manifiesta en la doblez de su colaboración. Fuera con ese jefe político. No conozco el artículo de esta corrupta, pero seguro que denuncia la corrupción.

25 Enero 1992

Isabel Tocino

Jaime Campmany

Leer

A doña Isabel Tocino me la están poniendo de grana y oro unos y como hoja de perejil otros, por eso del artículo. Escribió un artículo y lo andó a distintos periódicos a la vez, o sea, como si fuera un currículum o la cadena de San Cayetano. El ABC y EL PAÍS lo publicaron el mismo día, y ahí se descubrió el adulterio. Por lo que se ve, la política no sólo hace extraños compañeros de cama, sino también de periódico, y doña Isabel Tocino lo mismo se acuesta con Anson que con Polanco. Cohabita con los columnistas de este papel, entre los cuales me encuentro y luego nos pone los cuernos con Maruja Torres y con Vázquez Montalbán.

Hja, Isabel, a estas horas ya podía usted haber aprendido que enviar el mismo artículo a varios periódicos es como citar a varios amantes en el mismo sitio y a la misma hora. O les convence usted de que se suban a la cama redonda o aquello termina a palos. Si eso no fuese una promiscuidad pecaminosa, ya lo estaríamos haciendo algunos y cobraríamos varias veces el mismo servicio. “A firmar y a cobrar”, terminaba Ruano uno de sus tres artículos diarios cuando alcanzaba los rengloens mínimos. Podría haberse escrito sólo un artículo y terminar: “¡Hala, a firmar y a cobrar tres veces!”. Pero no, rubia. La pluma hay que sudarla cada trazo, y no vale darle al mismo artículo varias representaciones como en el teatro. Si esto de escribir en los periódicos se hiciese a base de reposiciones, yo estaría viviendo de algunos de mis artículos, que hay veces que me salen de rechupete canela, le habría dado más representaciones que a ‘La ratonera’ de Agatha Crhistie, y ahora estaría rascándome el ombligo en vez de hablar de usted un día y de don Juan Hormaechea al día siguiente. Esta tesis la defendía mi perifrásttico amigo Eusebio García. Luengo, pero jamás imponerla. Los periódicos son tan recelosos en el asunto del plagio que no permiten ni que uno se plagie a sí mismo. En cambio en el teatro ya usted lo ve. No salimos de Benavente.

A propósito de todo esto recuerda Umbral el famoso plagio de doña Julia Maura en una ‘tercera’ de ABC. Algo puedo añadir sobre aquello. Aquella ‘tercera’ era un texto de Oscar Wilde, literal con puntos y comas. Descubrió el plagio Adolfo Muñoz Alonso, que se lo dijo a Luis Calvo, director entonces del periódico, y que sacó el trance a la vergüenza pública. Después supe que el plagio venía de segunda mano. Doña Julia utilizaba un negro que le escribía los artículos, un poeta de la boheme, floral y brillante, llamado Manuel Martínez Remis, y él fue quien le coló el matute a doña Julia. “Por lo que me paga, no voy a darle artículos originales”, se disculpaba Remis. Porque doña Julia, además de estreñimiento retórico, debía de padecer estreñimiento monetario. No quiero yo decir con esto que a doña Isabel Tocino le escriba los artículos un negro, porque además su prosa no se parece en nada a la de Oscar Wilde.

Enviar el mismo artículo al ABC y a EL PAÍS es como estar besándose con la oposición y al mismo tiempo barbillear al Gobierno. Doña Isabel Tocino tuvo la mala suerte (o la buena fortuna) de que apareciera el artículo el mismo día en los dos periódicos, y eso fue como si en la misma mañana la articulista se hubiese bajado a la vez de dos camas con el pie derecho de una y con el pie izquierdo de otra, y nos la hubiéramos encontrado en pelota, frente a nosotros a la hora del desayuno, y además doble, repetida en el espejo. ¡Jo, con la rubia!

Jaime Campmany

26 Enero 1992

La mujer que pudo reinar

Lucía Méndez

Leer

A Isabel Tocino le gustaría ser ahora Sigourney Weaver para interpretar el papel de Isabel la Católica en la película sobre Colón. Ella ya tiene experiencia, no en vano una vez posó para un fotógrafo con la túnica, el cetro y la corona real. La rubia diputada del Partido Popular siempre ha admirado la figura de esta tocaya por dos cosas: por reina y por católica. Lo segundo lo es Isabel sin ninguna duda. Lo primero lo quiso ser, aunque imponderables del destino le impidieran reinar. Fue en el verano de 1989. Los hombres fuertes del PP no tuvieron vacaciones. Peregrinaban constantemente a un lugar de Galicia, llamado Perbes, donde el patrón Manuel Fraga no dormía pensando en designar al futuro candidato del partido para las elecciones generales. Era una carrera contra reloj. Solo quedaban dos meses, y el PP estaba sin candidato y sumido en un importante caos. Todos los colaboradores de Fraga conocían la veneración que siente el veterano político por Isabel Tocino. Admira de ella su rubia cabellera -a Fraga siempre le han gustado las rubias-, su verbo encendido, su fortaleza y su claridad de ideas. El la fichó para su partido en el año 1985 y desde entonces la ha tenido bajo su manto, a resguardo de todas las maldades que sus compañeros han dicho de ella. Por eso, en el verano del 89, Manuel Fraga acarició seriamente la idea de nombrarla candidata a la Presidencia del Gobierno. Los hombres de confianza del patrón no querían ni oir hablar de esa posibilidad, aunque nunca se atrevieron a decirle a su jefe lo que de verdad pensaban y decían en privado. Cosas poco propias de hombres de orden como ellos. Incluso algún espabilado pensó aquel verano que lanzando una noticia bomba sobre ella, Fraga desistiría de su idea. La noticia fue sin duda una bomba. Se decía que el marido de Isabel, católica, miembro del Opus Dei y madre de seis hijos, había tenido una aventura amorosa con una empleada de la lujosa casa que posee la familia en La Moraleja. Dos años después, Isabel Tocino ha logrado recuperarse a duras penas del bofetón. Nunca se ha podido confirmar una cosa tan delicada, que ella ha negado siempre y cuya difusión atribuye a personas de la confianza de José María Aznar. Isabel está segura de que el rumor consiguió desplazarla de la carrera por la sucesión de Fraga. Ella, una persona tan segura de sí misma, llegó a perder los nervios durante una reunión del Comité Ejecutivo en la sede del PP. Airada, se levantó, denunció el hecho como «una sucia maniobra» y abandonó la reunión llorando. Mientras en el verano del 89 la comidilla recorría todas las sedes del partido, Isabel estaba en su chalet de Santander, junto a su familia. Allí, una noche recibió una llamada en la que el comunicante le dijo que ella era la designada por Fraga para sucederle. Isabel nunca ha revelado el nombre de su confidente porque todavía desconoce si quiso gastarle una broma o hablaba en serio. Durante algunas horas, esta mujer se preparó para ser candidata a la Presidencia del Gobierno. Lo deseaba fervientemente y aún ahora se cree capacitada para ello y no renuncia a serlo. Pero despertó pronto de su sueño, cuando leyó en los periódicos que el ungido por Fraga era José María Aznar, un hombre al que odia cordialmente. A sus cuarenta años, y con seis de experiencia política, Isabel empleó varios meses en meditar sobre su futuro. Finalmente, decidió continuar en el PP, apoyar a Aznar en sus declaraciones públicas, criticar en privado las decisiones políticas de su jefe y convertirse en una de las personas más críticas con la gestión del nuevo líder. Al fin y al cabo, y olvidándose de que pudo reinar, ella había tenido una brillante carrera política desde aquel día en que descubrió que Adriana Fraga, una alumna suya en la Facultad de Derecho, era la hija de Manuel Fraga. El político conservador le encargó unos estudios sobre Educación y desde entonces, y ayudada sin duda por su atractivo aspecto físico y sus ropajes de boutique carísima, subió con rapidez los escalones del triunfo. Apareció en todos los medios de comunicación tronando contra el aborto, debatió de forma ruda y son contemplaciones sobre la reforma educativa y fue nombrada presidenta de la Asociación de Mujeres Conservadoras. Isabel es muy popular entre las bases del PP. Especialmente entre las personas que están a la derecha de la derecha. Cosecha también abundantes simpatías en el sector masculino del Congreso por su cabellera rubia, sus ojos claros y su esbeltez. Los hombres dicen: «Es increíble que haya tenido siete hijos». Pero ella contesta con su frase favorita: «las mujeres no son solo sexo». A pesar de esta declaración de principios, todavía se recuerda en el Congreso un día que llegó vestida con un ceñídisimo traje negro y la atención de todos los diputados, incluido Félix Pons, se desvió hacia su menuda y llamativa figura. El único que no parece impresionado por el fisico de Isabel es su enemigo político número uno: Juan Hormaechea. Cansado de ser objeto de las iras isabelinas, el procesado presidente de Cantabria dirigió contra ella un ataque machista y soez en el que dudaba de sus capacidades para despertar la libido. Isabel tampoco se inmutó, continuó llamando corrupto a Hormaechea. Como tampoco se inmuta por las escasas simpatías que despierta entre las mujeres de su grupo parlamentario debido a su excesiva tendencia al divismo y a una inexplicable altivez. «Qué se habrá creído ésta» -dicen- «como es la enchufada de Fraga…» Pero Isabel, por mucho que se empeñen Francisco Umbral y el ABC, no es nada tonta. «Qué pico tiene la Tocino», dicen de ella los militantes del PP. Y últimamente cada vez que abre ese pico forma un pequeño escándalo. Ella tiene sus propias ideas sobre las cosas, ideas que a veces no coinciden del todo con las de la dirección de su partido. El penúltimo incidente con sus jefes de filas lo ha tenido esta semana, cuando se descolgó diciendo que era el momento de presentar una moción de censura contra Felipe González. Inmediatamente fue desautorizada por su secretario general, Francisco Alvarez Cascos. Pero Isabel no se rinde. Dentro de unos meses o semanas volverá a sorprender con cualquier otra declaración dura contra el Gobierno González. Los militantes del PP la han escuchado en reuniones internas y ríete tú de las declaraciones de Alfonso Guerra o de Luis Ramallo. En claro contraste con la línea oficial de su partido, ella critica con extrema dureza el escándalo de los GAL, arremete contra el Defensor del Pueblo y no se corta un pelo a la hora de calificar, o más bien descalificar, a Felipe González. Es tan dura esta mujer que hasta en los momentos más trágicos de su vida mantiene una compostura sorprendente. Todavía se recuerdan aquellas fotos del entierro de su hija Valeria, que murió ahogada en la piscina del chalet familiar en el verano del 88. Del brazo de su marido, José Manuel Bartolomé, Isabel aparecía con un gesto triste, pero extraordinariamente sereno. Cuando le preguntan de dónde saca esa impavidez, ella contesta que de su fe católica.

El Análisis

Tocino mendiga caso

JF Lamata

Isabel Tocino, la mujer a la que Manuel Fraga colocó en una vicepresidencia del Partido Popular, la única mujer en alcanzar ese rango, y que se veía como una posible sucesora de Fraga, había quedado descabalgada de esta posición una vez José María Aznar asumía la presidencia del partido. Sí quería sobrevivir políticamente no podía permitir que la olvidaran y, ante ello, una tribuna con su opinión en un periódico de Madrid le podía evitar para que no le pasara lo mismo que a Fernando Suárez y otros que no pudieron evitar quedar en el olvido.

Tocino hizo el ridículo aquel día, y recibió burlas de Anson, Umbral o Campmany, pero lo cierto es que logró su objetivo: no calló en el olvido y Aznar acabaría contando con ella para su gobierno como ministra.

J. F. Lamata