25 noviembre 1926
Segundo atentado contra Mussolini con pistola desde que es Duce
Italia: Joven menor Autco Zambori muere linchado tras intentar asesinar al dictador fascista Benito Mussolini
Hechos
El atentado se produjo el 25.11.1926.
Lecturas
Benito Mussolini estaba en el poder en Italia desde 1922.
El 25 de noviembre de 1926 Autco Zambori, joven menor de edad de 15 años, disparó en Bolonia contra el dictador fascista de Italia, Benito Mussolini, sin herirlo. De inmediato, la multitud de fascista que rodeaba al Duce linchó al niño. El terrible episodio se produce en un clima político oscurecido por las leyes fascistas, que entraron en vigor a comienzos del presente año: Estas leyes prohíben en la práctica el funcionamiento de todos los partidos políticos, menos el fascista, que cuenta ya con unos 800.000 afiliados.
Al mismo tiempo, reducen a un ínfimo papel el parlamento y permiten la creación de una policía política, de carácter secreto, encargada de vigilar a los desafectos al régimen. Se afirma que el consejo de ministros se presta a restablecer la pena de muerte y a prohibir la publicación de todos los periódicos opositores. Aunque el rey Víctor Manuel sigue siendo nominalmente Jefe del Estado, también la monarquía ha sido relegada a un papel decorativo; Mussolini ejerce la totalidad del poder político, en su doble función de Duce (Jefe del fascismo) y de jefe del gobierno. La desaparición de las libertades políticas se encuadra en el programa fascista de gobierno.
La voz de orden del Duce indica en su consigna: «Todo en el Estado, nada fuera del Estado, nada contra el Estado».
El Análisis
El 25 de noviembre de 1926, en Bolonia, un adolescente de apenas quince años, Anteo Zamboni, fue acusado de intentar asesinar a Benito Mussolini durante un desfile. La multitud, enfurecida, lo linchó en plena calle. No hubo juicio ni defensa posible, solo la violencia desatada que convirtió al muchacho en chivo expiatorio de un régimen que, cada vez más, buscaba cimentar su poder sobre el miedo. El suceso, más allá de la culpabilidad o inocencia del joven —aún hoy discutida por algunos historiadores—, mostró con crudeza la Italia en la que el fascismo ya había suprimido las libertades elementales.
Desde su llegada al poder en 1922 con la Marcha sobre Roma, Mussolini había transitado del autoritarismo inicial a una dictadura abierta. El Parlamento estaba amordazado, la oposición reducida al silencio o al exilio, la prensa encadenada a la censura, y las “leyes fascistísimas” de 1925 y 1926 habían convertido la violencia política en política de Estado. El linchamiento de Zamboni no fue una anomalía, sino el reflejo del clima en que la justicia quedaba subordinada al fervor de las camisas negras y al culto al Duce.
El episodio anticipaba lo que Italia viviría en la década siguiente: una sociedad de masas movilizada en torno a un líder, donde la disidencia era criminalizada y hasta un menor podía ser sacrificado en nombre de la “defensa de la patria”. El fascismo se consolidaba en aquellos años no sólo por la represión organizada, sino también por la complicidad de quienes, desde la calle, ejecutaban la violencia. El destino de Zamboni, entre la acusación apresurada y la muerte brutal, fue un símbolo de cómo Mussolini había transformado Italia en un país donde la ley cedía ante la multitud fanatizada.
J. F. Lamata