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Los tres candidatos independientes Joaquín Satrústegui, Manuel Villar Arregui y Mariano Aguilar Navarro cuentan en teoría con el apoyo de PSOE, PCE y Federación Democracia Cristiana, pero no del PSP

Izquierda y democristianos se presentarán en coalición al Senado por Madrid bajo la denominación «Senadores para la Democracia»

HECHOS

  • El 9.06.1977 el diario EL PAÍS publicó un editorial sobre la candidatura por Madrid ‘Senadores para la Democracia’ formada por los Sres. Villar Arregui, Aguilar Navarro y Satrústegui.

EL PCE NO APOYA A VILLAR ARREGUI

santiago_Carrillo_1981 El Partido Comunista de España que dirige D. Santiago Carrillo respaldará a ‘Senadores por la Democracia’, pero sólo dos de sus tres candidatos, apoyaran a los Sres. Aguilar y Satrústegui, pero no al democristiano Sr. Villar Arregui por sus críticas al comunismo.

LOS OTROS CANDIDATOS

nemesio_fernandez_cuesta_padre El ex ministro franquista D. Nemesio Fernández Cuesta, que fuera directivo de PRENSA ESPAÑOLA (diario ABC) será el cabeza de la candidatura al Senado por Madrid de la Unión de Centro Democrático (UCD).

arias_navarro_llora El ex ministro franquista y primer presidente del Gobierno del actual Rey, D. Carlos Arias Navarro, es el candidato al Senado por Madrid de la federación de Alianza Popular (AP).

PSP_US El PSP del Sr. Tierno Galván no se ha incluido en la coalición ‘Senadores por la Democracia’ y presenta como candidato al senado a D. José Alonso Pérez, el más beneficiado por la decisión de los comunistas de no apoyar al Sr. Villar Arregui.

09 Junio 1977

Senadores para la Democracia

EL PAÍS (Director: Juan Luis Cebrián)

La candidatura de los Senadores para la Democracia tiene un doble significado simbólico y político que conviene analizar.Las grandes formaciones de la izquierda no han presentado en Madrid candidaturas para el Senado, si se exceptúa la del PSP. Alianza Popular y la Unión de Centro sí presentan listas, encabezadas por los señores Arias Navarro y Fernández Cuesta, respectivamente. Frente a ellos, y además de otras candidaturas, un profesor del PSOE y dos abogados, liberal uno, democristiano el otro, avalados por millares de firmas, buscan el voto en esas clases medias que cultiva de ordinario la derecha autoritaria. Pero recibirán sin duda también un fuerte número de sufragios de la izquierda.

De este panorama resulta que la confrontación electoral para el Senado por Madrid va a tener un valor añadido innegable. Lo que se decide en ella es el símbolo de la continuidad o no del franquismo. Con una particularidad: poner punto final a los procedimientos e intereses del Régimen anterior no significa en la candidatura de Madrid optar por una alternativa revolucionaria, sino una opción progresista y moderada al estilo europeo. Aguilar, Satrústegui y Villar creen que la cancelación del espíritu de guerra civil es una prioridad de la política española; defienden que el franquismo es un largo paréntesis dictatorial que hay que cerrar; y sostienen que España sólo puede convertirse en una democracia moderna mediante un gran pacto constitucional que permita abordar las cuestiones urgentes y las transformaciones de fondo.

Por eso Aguilar, Satrústegui y Villar coinciden en dos características en común: de un lado, su europeísmo; de otro, su largo historial de resistencia frente a Franco. Desde el punto de vista político, y al margen de sus cualidades personales, que nos abstenemos de definir, los tres candidatos representan tres grandes tendencias -liberalismo, democracia cristiana y socialismo- que gobiernan hoy en Europa. Pero, además, esas tres corrientes tienen el contraste en estos casos personales de una larga serie de luchas frente a una dictadura, que logró la complicidad y casi completa sumisión de la derecha de los intereses y optó por neutralizar físicamente a los discrepantes. Curiosamente, Joaquín Satrústegui, el más derechista, reúne en su hoja de servicios el número más alto de detenciones, deportaciones y multas de los tres candidatos.

Senadores para la Democracia es, en resumen, la derecha, el centro y la izquierda europeas, enfrentadas al fantasma continuista. Y este símbolo de la democracia unida es el único que permite a un diario como EL PAIS, que no recomendará su voto para ninguna formación política concreta, el expresar su simpatía por quienes han sido capaces de hacer valer por encima de posiciones de partido los valores de un régimen democrático.

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