13 julio 1991

El canal dirigido por Valerio Lazarov tomará medidas contra el diario del Grupo16, pero no contra el de Unidad Editorial

Jesús Gil aparece en un jacuzzi en TELECINCO (‘Las Noches de Tal y Tal’) desatando críticas en la prensa

Hechos

El 13 de  julio de 1991 TELECINCO estrenó el programa de verano  ‘Las Noches de Tal y Tal’, protagonizado por el alcalde de Marbella, D. Jesús Gil y Gil.

Lecturas

El empresario Jesús Gil y Gil, presidente del club de fútbol Atlético de Madrid, había sido elegido alcalde de Marbella en las elecciones del 26 de mayo de 1991 por mayoría absoluta al frente de una candidatura denominada Grupo Independiente Liberal (GIL).

Dentro de su planificación de revitalizar Marbella acordó con la cadena de televisión privada TELECINCO que dirigía Valerio Lazarov realizar un programa especial que se emitiera los meses de julio y agosto de 1991 para promocionar la ciudad, el programa sería ‘Las Noches de Tal y Tal’ un espacio de once emisores cuyo principal protagonista sería el propio Gil y Gil que, con la ayuda de Jeanette Rodríguez presentaría una Marbella de fiestas y shows, en unos programas en los que participarían otras figuras de la Jet-Set marbellí como  Jaime de Mora, Gunilla von Bismark, Alfonso de Hohenlohe, Pitita Ridruejo, Raymond Nakatchian. Entre los artistas invitados estará Benny Hill.

El programa fue denostado por todos los críticos de televisión, pero a su vez fue un éxito de audiencia.

15 Julio 1991

Basura

Carlos Boyero

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Preveía una notable acumulación de basura en la forma y en el fondo de Las noches de tal y tal, pero mi imaginación ha vuelto a demostrarme sus límites sus carencias. Este engendro supera el universo mas cutre de la subcultura, y ofende aI patético nivel mental de la legión de analfabetos a los que va dirigido. Supongo que sus responsables han realizado estudios de mercado antes de emitirlo, pero si sus conclusiones han llegado a la certidumbre de que esto es lo que demanda la sensibilidad populachera, ningún líder político tendrá la indecencia de afirmar que el progreso y la europeización se han adueñado de aquella España ande y libre que se inventó un asesino sistemático. En el último debate de La Clave, aquel notable mamporrero del fascismo puro y duro llamado Sanchez Bella, afirmaba consecuentemente, sin rastros de estar sufriendo un «delirium tremens», que «para democracia, la que vivimos con Franco» y «volvería a cerrar una mil veces el diario Madrid». La pringosa resurrección pública de este fulano y sus nada dementes convicciones ideológicas, provocarían más de un escalofrío en los que creían que los mamuts de la España negra reposaban definitivamente en los cementerios. Su presencia reavivaría viejos y nauseabundos olores, incluidos el de la televisión franquista y su idea de los espectáculos populares. Esa incómoda sensación de retroceso al pasado, he vuelto a sentirla observando la glorificación «giliana» que nos propone Tele 5. Los rutinarios culos y tetas de unas muñecas mecánicas con guiño y sonrisa implantada, comicastros infames y la principal representante de la estética y el mensaje «cristaliano», arropan la grotesca presencia del peligroso especulador, político garbancero, demagogo de cloaca y lamentable personaje público Jesus Gil. Este tipo, al que Valerio Lazarov adjudica una sabiduría ancestral para orientar los interrogantes de la plebe con sus juicios sobre lo divino y lo humano, responde a las trascencentes cuestiones que le plantean algunos elegidos. Respecto a los desnudos en Interviú de Marta Sánchez, Gil opina «a mí me satisface, porque si no fuera por Interviú nunca sabría como es el conejo de Marta, y en vez de ir de cacería y de campo, y por ahí, siempre es más agradable ver el conejo de Marta». Si Gil hubiera nacido mujer «sería tan fácil de que me llevaran al huerto, porque no sabría negarme a cualquier hombre que tuviera apetito sexual y que tuviera necesidad». Mi responsabilidad de crítico no incluye analizar semanalmente las variaciones fecales. Prometo ignorar las sucesivas emisiones de estas indescriptibles y vergonzosas «Noches».

16 Julio 2026

Repulsión a secas

Rafael Torres

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Si la noche anterior no se hubiera emitido esa porquería de Las noches de tal y tal, lo de ayer, Desde Palma con amor, también en Tele 5, sólo podría ser objeto de las más violentas diatribas, pero como la noche anterior sí se había emitido ese programa fascista, grosero, necio y procaz que gira en torno a la figura de Jesús Gil, lo de Norma Duval y Andoni Ferreño, pese a situarse en las simas de la inteligencia, el ingenio y el buen gusto, queda, simplemente, como un espacio más de esa cadena. Después de la desolación que esa especie de ser llamado Gil produjo con sus delicados y profundos comentarios sobre el «conejo» de Marta Sánchez, o cuando dijo que si fuera mujer sería una puta, o cuando amenazó a Jeanette Rodríguez diciéndole «Tú sacame a Marbella como yo quiero, y seremos amigos», lo de anoche tenía que pasar, a la fuerza, desapercibido. En Desde Palma con amor no hay un atisbo de gracia, ni de talento, y, como es preceptivo en la casa, se arrastra por los suelos la figura de la mujer, que no es sino un objeto recipendario de sueños seminales o, como mucho, un maniquí de traza realista destinado a la rijosidad de un tipo de salidos que yo creo que ya ni existen. Aun así, y toda vez que el horror de tener un compatriota como el alcalde de Marbella no sólo no se había desvanecido, sino que se había enquistado dolorosamente en la mitad del cerebelo, lo de Duval, Ferreño y el pobrecito Viyuela quedó, en verdad, como una inofensiva majadería con patrocinador. Pobre España si, como parece, el canal que fabrica tan catastróficos deshechos va engordando más y más sus índices de audiencia. Que alguien crea que lo que puede decir ese gárrulo e ignorante personaje tiene algún interés, es grave, pero que sobre eso se construya un programa de televisión en hora de máxima audiencia, eso es dantesco y sobrecogedor. Ese mismo tipo que aparece impartiendo doctrina es el que ordenó que fuerzas parapoliciales y voluntarios como de las SA irrumpieran violentamente la otra noche en el Puerto Deportivo de Marbella, provocando el caos, el cierre de locales de esparcimiento y la aterrada huida de turistas y veraneantes. ¿Cómo podría ser un programa dedicado a alguien así? Así. Monstruoso. Desde Palma con amor, gracias a ese castigo que ha caído sobre la España contemporánea, pasó de puntillas en la noche del domingo con su corte de piernas manufacturadas, siniestros y exitosos cantantes de salsa, chistes ordinarios, atracciones deprimentes y concursos estúpidos. Porque, pese a todo, lo que en Norma es belleza fría, en Gil es, únicamente, repulsión.

11 Agosto 1991

TELEBASURA PARA LA ESPAÑA PROFUNDA

Editorial (Director: Pedro J. Ramírez)

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«Hasta ese tipo de la pantalla que es aún más gordo, más feo, más tonto y probablemente más sinvergüenza que yo tiene la posibilidad de que le planten una teta fresca delante de las narices» viene a rumiar el pobre tipo que se traga a Gil y Gil

El televisor puede llevamos a alcanzar el grado cero de la inteligencia. No son precisas grandes sofisticaciones de semiólogo para saberlo. Basta con tener la paciencia del santo Job necesaria para colocarse delante de determinados programas.

Lo que está sucediendo a lo largo de este verano con las televisiones privadas y públicas de nuestro país eleva la tautología estupidificadora de ese aparato de dimensiones casi épicas. El hallazgo de Berlusconi en Italia -bien analizado por Umberto Eco- es casi de cajón. Se trata, sencillamente de tener la osadía de aceptar las cosas como son y de llevar el medio televisivo hasta las últimas consecuencias de la subnormalidad sin límites.

Todo reposa sobre un supuesto genial de puro obvio: la construcción imaginaria que el televisor genera no pertenece al ámbito del conocimiento sino del reconocimiento. Lo que espera una mayoría de espectadores no es pues que se le proporcionen imágenes que aumenten su depósito intelectual o estético. Ni siquiera espera el ciudadano, tirado en el sofá de su comedor o recostado sobre la barra del bar del pueblo, entretenimiento en sentido propio -el entretenimiento, como Pascal sabía muy bien, implica un alto despliegue de facultad de juego, esto es, de auto codificación interpretativa. El ciudadano tirado en el sofá, rodeado de su santa esposa y de sus vástagos, lo único que espera del televisor es que la jeta -al menos la jeta neuronal, pero, de vez en cuando, también la física- de los personajes que por allí desfilan sea el espejo de su propio mundo, tantas veces cargado de atraso e ignorancia.

Sólo en eso hallará consuelo: «Si semejante gente puede aparecer en la pantalla universal, envuelta además de los atributos del triunfo, es que, en el fondo, yo mismo no soy tan tétrico como parezco» viene a rumiar el pobre tipo que se traga a Gil y Gil y demás fauna insufrible de programa veraniego.

Un buen cacho de glándula mamaria, de cuando en cuando, compensa en la empantanada cabeza del espectador tanta mugre. «Hasta ese tipo de la pantalla que es aún más gordo, más feo, más tonto y probablemente más sinvergüenza que yo tiene la posibilidad de que le planten una teta fresca delante de las narices» fantasea el hombre del sofá calibrando de reojo el tonelaje celulítico de su señora. Que nadie se engañe. En materia televisiva sí es infalible el adagio paleoizquierdista: lo mejor es lo peor. Cuanto más vulgar, cuanto más casposo, cuanto más escapado de los fantasmas atávicos del país, mayor audiencia. Lo fascinante de lo que está pasando, lo que gentes como Berlusconi y sus cofrades de la ONCE han entendido a la perfección, es que, bajo el mito de la España postmoderna, basta rascar un poquitín para que aparezca lo de siempre. Una parte de la España- profunda tiene al verborreico Gil y Gil como a su héroe. Y la tele de la benefactora ONCE es su profeta.

15 Julio 1991

EL SHOW DEL DELINCUENTE

Francisco Yagüe Zalamea

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En el caso de Jesús Gil dándose un baño en jacuzzi. Mas que un culebrón (por la compañía de Jeanette, de Cristal) parecía un sapo en su charca.

Jesús Gil confesó el viernes, en la asamblea del fútbol que ‘soy un delincuente en libertad vigilada’. No vamos a discutirle el calificativo que se ha adjudicado así mismo. ël sabrá mejor el porqué. Lo qe lamentamos es que haya burlado la vigilancia de su libertad para ofrecernos el odrio del sábado, en su noche del tal y tal en TELECINCO.

Hace muchos años Valerio Lazarov se hizo famoso por ‘El Irreal Madrid’, con todo el mundo boca abajo, y con el que conquistó varios premios internacionales. También se hizo popular por el uso y abuso del zoom, con el que deformaba a sus personajes. En el caso de Jesús Gil no ha necesitado jugar con los objetivos de la cámara para ofrecernos a una estrella deforme con enorme abundancia de michelines y tetillas, dándose un baño en jacuzzi. Mas que un culebrón (por la compañía de Jeanette, de Cristal) parecía un sapo en su charca.

Gil está bien para hablar con su caballo, Imperioso, al que algún día (imitando a Calígula) también hará directivo. Pero de eso a convertirse en presentador y entrevistador media un abismo. Los televidentes merecen más respeto, por muchas tragaderas que tengan últimamente. Mal favor le ha hecho Lazarov a su cadena (y al club de sus amores) con ‘Las noches de Tal y Tal’.

Uno, a punto de iniciar sus vacaciones, está buscando un punto de la geografía hispana donde no lleguen todavía las imágenes de la 5 [TELECINCO]. No quiero que me fastidien la noche de los sabados con el tal Benny Gil de pacotilla. Lo del Dioni cantando se ha quedado pequeño ante el show de Gil y Gil.

Francisco Yagüe

21 Julio 1991

Horterismo electrónico

Roman Gubern

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PODEMOS felicitarnos de que España se haya convertido por fin en un país a la vez hortera y moderno, como los Estados Unidos de América, desde que Jesús Gil y Gil ha ido acumulando poder carismático y comunicacional, hasta convertirse en nuestro primer predicador electrónico. Empezó con el fútbol, del que ya en el franquismo se decía que era más que un deporte, pues era política disfrazada de patadas a un balón. Y el presidente colchonero confirmó el adagio convirtiéndose a fuerza de exabruptos en el alcalde de los jeques y de las cocottes de lujo marbellíes, desbancando a los partidos políticos clásicos, para desembarcar por fin en un programa de televisión sabatino, que es donde reside el verdadero poder, porque la pantalla televisiva es un púlpito y una tribuna, una ventana con retorno, con feedback telefónico, culminando de modo caricaturesco la democracia comunicativa horizontal con la que soñaban los jóvenes utopistas de mayo del 68. Nuestro star-media-system había creado antes rostros hermosos o convincentes, voces persuasivas o autorizadas, pero todavía no había creado un mediaman de su peso que fuese paradigma del más celebrado horterismo electrónico, capaz de convocar a media España ante su esperpéntica tribuna de los sábados. Tele5 ha acertado por fin con su hombre de oro. Jesús Gil y Gil no sólo es un gran comunicador (cada país tiene los comunicadores que se merece, como Ronald Reagan en Estados Unidos), sino un político cosmético y carismático, por lo menos para sus numerosos votantes, los más numerosos en su circunscripción y en las salas de estar televisivas del fin de semana. Es un óptimo representante de la derecha estrambóticopopulista y ha conseguido hacer realidad aquel proyecto un poco fantasioso que propuso hace unos años el payaso Coluche en Francia. Como decíamos, cada colectividad tiene los políticos que se merece. Y algunos considerarán al voluminoso alcalde electrónico de Marbella como un verdadero ángel de la política y de la telecomunicación. No les faltará cierta razón histórica, pues Gil y Gil nació a la vida pública el día lejano en que se produjo la catástrofe de la urbanización de Los Angeles de San Rafael.

06 Agosto 2026

Telecinco, responsable del exceso de Gil

EL MUNDO (Director: Pedro J. Ramírez)

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Con su acostumbrado tono insultante y su desprecio por la gramática Jesús Gil y Gil ha aprovechado el programa que hace en una cadena de televisión para lanzar una andanada despectiva contra el crítico de EL MUNDO, Carlos Boyero, y por extensión contra el propio periódico. A estas alturas la conducta de Gil ya no escandaliza, ni asusta a nadie. Pero clama al cielo que este tipo de esperpentos se ofrezcan en una televisión, cuyo presidente lo es de una organización benéfica.

19 Agosto 1991

El fascismo en Marbella

Rafael Torres

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CADA risotada imbécil que se ha soltado en España a cuenta de las monstruosidades que ha hecho y dicho Jesús Gil y Gil en estos últimos años ha contribuido a que Marbella, hoy, viva bajo el yugo fascista. Como la Alemania que encumbró a Hitler y a su partido nacionalsocialista, Marbella se ha dotado democráticamente de una tiranía delirante, ominosa y repulsiva que va minando rápidamente, como una mala necrosis, el tejido de su convivencia. La abyección de Gil, jaleada por una parte de los medios de comunicación y en particular por Tele5, nada tiene que ver con las simplezas que un palurdo forrado de dinero podría difundir impunemente en un país aculturado, degradado moral y políticamente hasta extremos casi inconcebibles. Por el contrario, se trata de la turbina que mueve los motores de una suerte de golpe de Estado o alzamiento que, como ya ocurriera en julio de 1936, pilla al conjunto de la clase política sesteando. Ignoro cuáles son los límites de la autoridad municipal, pero derribar casas con personas dentro, destruir jardines, apalear ciudadanos, ciscarse en la Ley, insultar, amenazar, intimidar y decir por ejemplo, que a los de Diario 16 hay que matarlos, queda, con toda seguridad, mucho más allá de esos límites. El senador marbellí Andrés Cuevas, al que Gil califica de mugriento, ha enviado una especie de SOS al Gobierno de la nación, pero ni el propio presidente de Andalucía, al que Gil ha prohibido la entrada en Marbella, ha considerado que la cosa vaya con él. Chaves andaba de parranda en la Feria de Málaga mientras a sesenta kilómetros, en Marbella, Gil aplicaba la ley del terror. Delegados, consejeros, gobernadores, subsecretarios, ministros, toda la faramalla política que toma el sol entre paella y paella ignora lo que pasa, o lo contempla como un insignificante, y hasta gracioso, chascarrillo de verano. Gracias a que el fascismo no es exactamente una ideología, y mucho menos una idea, Gil ha podido abrazarlo sin problemas. Pero aunque el fascismo fuera una poción, el siniestro regidor no tendría que tomarla: cayó de chico en la marmita como Obelix.

26 Agosto 1991

Remedios Gil

EL PAÍS (Director: Joaquín Estefanía)

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LA INQUIETUD que suscitan algunos de los sucesos que se producen en torno a Jesús Gil y Gil no es tanto la de su personalidad corno el interés que despierta en una parte creciento de la opinión pública española. Todo lo que es hoy se lo debe a la elección: la presidencia del Atlético de Madrid, la alcaldía de Marbella y digamos que su puesto de presentador de programa en una emisora de televisión, donde se mantiene por su elevada audiencia. Gil se produce con grosería, a veces con provocación, comó en los episodios recientes del puerto de Marbella. Poco a poco, su lenguaje ha ido pasando de la broma o la comicidad propias de un personaje pintoresco a una seriedad en la que adopta posturas y frases de pensador: es de temer que él mismo crea serlo y que algunas personas con motivos para protestar lo crean también; y deleguen en él la voz de la que carecen.Otros fenómenos parecidos han ocurrido en otros países, aunque, corrio el persortaje de Molière, que hablaba en prosa sin saberlo, es probable que el propio Gil fuera el primer sorprendido -e incluso que se sintiera halagado- al oír que se le comparaba con figuras de la política profesional, como Poujade o Le Pen. Sin embargo, comparte con ellos esa inclinación a vender remedios milagrosos («esto lo arreglo yo de dos patadas») que caracteriza, a quienes, efectivamente, sólo saben patear.

Nada hay tan peligroso como una idea cuando sólo se tiene una: la de Gil es que las cosas son en el fondo muy simples, y que basta voluntad para resolverlas. Aunque sea a patadas e insultos, como han podido comprobar esos jóvenes que en mayo votaron por el simpático presidente de un equipo de fútbol -elegido alcalde con el 80% de los votos- y ahora se han visto tratados de babosos, escoria, drogadictos e hijos de puta.

En algunos momentos y situaciones, otros aventureros de la vida cotidiana llegaron a estar a la cabeza de movimientos populistas o abiertamente fascistas, y hasta en Estados Unidos estuvo a punto de llegar a presidente aquel otro vendedor de crecepelo que se llamó Huey Long. Las condiciones parecen hoy diferentes, por más que entre nosotros un tal Ruiz-Mateos tenga, merced a apoyos muy concretos, su acta de eurodiputado. Pero más que el riesgo que puedan suponer esos personajes en sí mismos, lo que inquieta es la enorme credulidad de las gentes ante cualquiera que ofrezca remedios sencillos y soborne a los electores con algo de circo.

«Si ése ha llegado a alcalde, a famoso, a estrella de la televisión, ¿por qué no habría yo de conseguir lo mismo?»: ese mecanismo de identificación es el filón del que se han aprovechado siempre los aventureros de la política. Casi siempre terminaron mal y provocaron males mayores que aquellos que decían querer resolver. La elección popular, aun abrumadora, no dispensa de respetar las normas que garantizan a la sociedad contra las arbitrariedades de quien ejerce el poder. Alguien entre las numerosas personas que le ríen las gracias y ofrecen sus tribunas para sus alardes de zafiedad debería informar de ello a Jesús Gil.

El Análisis

Subestimando las chorradas

JF Lamata

Ver a un gordo millonario haciendo el ridículo en televisión era algo que evidentemente iban a poner a caldo todos los críticos y periodistas que presumían de intelectuales. Pero lo que los críticos olvidaban es que ese tipo de televisión no se hace por ellos, se hace para que la pueda ver gente que no está buscando ampliar su cultura, ni su conocimiento. Que sólo busca tener algo de fondo que le acompañe un rato. Y una chorrada como ver a Benny Hill pegando bofetadas a Gil, o una entrevista al caballo imperioso funcionaban. Y esa era la única y auténtica ley verdadera de la televisión.

J. F. Lamata