3 febrero 2025

Juan García-Gallardo rompe con Vox denunciando falta de democracia interna.

Hechos

El 3 de febrero de 2025 D. Juan García Gallardo anuncia su retirada política.

Lecturas

El 1 de febrero de 2025 la dirección nacional de Vox ordena la expulsión de dos diputados autonómicos [procuradores] Javier Bernardo Teira Lafuente y Ana Rosa Hernando Ruiz.

El 3 de febrero de 2025 Juan García Gallardo anuncia en redes sociales su dimisión portavoz de Vox en Castilla y León y la renuncia de todos sus cargos, incluido el de miembro del Comité Ejecutivo Nacional de Vox y el de parlamentario autonómico [procurador] de Vox en Castilla y León. Su dimisión se produce tras su negativa a firmar las expulsiones de Teira Lafuente y Hernando Ruiz.

Es sustituido como portavoz de Vox en Castilla y León David Hierro Santos.

03 Febrero 2025

Comunicado de Juan García Gallardo

Juan García Gallardo

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Siempre he entendido la actividad política como una renuncia, si se aspira a ejercerla de manera virtuosa, como yo he pretendido y espero haberlo conseguido. Sin sacrificio, es difícil ejercerla con la exigencia debida. Asumí un sacrificio personal al entrar y, ahora, renuncio voluntariamente al salir.

Participar en política con Vox supone un sacrificio adicional. El establishment político y mediático te aplica una vara de medir distinta a la de los miembros de otros partidos políticos. Nadie dijo que fuera fácil, pero nunca he tenido un inconveniente con esa fiscalización. Esa situación obliga a elevar los estándares de diligencia a los que nos sometemos.

Entré en política activa con grandes dosis de ilusión y entusiasmo. Entré en un proyecto unido, pero ancho, en el que existían y cabían pluralidad de liderazgos y carismas. Esa situación ha cambiado. La dirección del partido ha ido ocupando cada vez más espacios en detrimento de los demás.

 

Eso no es necesariamente malo por sí mismo, a pesar de lo que dicen los entusiastas de la «democracia interna» absoluta y las primarias para la selección de los candidatos a cargos electos. La ley de hierro de la oligarquía, definida por Dalmacio Negro, es inevitable en cualquier organización, incluidos, por supuesto, los partidos políticos.

El intento por acabar con las oligarquías dentro de los partidos es una quimera; una acción estéril que sólo conduce a la melancolía. En lo que no cabe el conformismo es en la exigencia de una conducta ética a quienes integran las oligarquías que gobiernan los partidos políticos, en nuestro caso, Vox.

 

Fui educado para no caer en fanatismos ni idolatrías. También aprendí en mi casa que los conflictos era preferible resolverlos de manera pacífica y discreta, siempre que fuera posible. Por eso, he canalizado todas mis discrepancias con las decisiones de la dirección del partido, cuando han aflorado, con el mayor nivel de reserva posible.

No quiero continuar la redacción de esta carta sin aclarar lo siguiente: esta decisión es independiente de la adoptada por quienes han desafiado públicamente a la dirección del partido con exhibiciones de rebelión en Salamanca o constituyendo plataformas de afiliados para cuestionar decisiones relevantes de la dirección en política internacional.

Mis discrepancias con la dirección del partido no tienen que ver con la forma de selección de los candidatos, ni con la participación en uno u otro grupo político europeo. La decisión que termino de tomar hoy es personal e independiente.

Durante los últimos tres años he sido leal al presidente y a su equipo más próximo. Lealtad toda, mientras exista reciprocidad. Y lealtad y apoyo, siempre y ante todo al programa político de Vox, sin matices, que espero poder seguir contribuyendo a que triunfe, con mi humilde aportación, por el bien de España. Como ninguno somos imprescindibles, espero que el éxito electoral de Vox suceda pronto con la ayuda del resto de compañeros del partido y por el bien del conjunto de la sociedad española. Sin embargo, la necesidad urgente de un cambio en la política española no nos debe llevar a buscar atajos, ni a aceptar conductas que no compartimos.

Tuvo mucho recorrido aquella frase que pronuncié antes de dimitir como vicepresidente de la Junta de Castilla y León sobre los barcos y el honor. Por desgracia y por iniciativa de otros, me vuelvo a enfrentar al mismo dilema, optando por la misma solución, por respeto a mis principios.

 

Fue Tomás Moro quien dijo que «si el honor trajese cuenta, todo el mundo sería honorable». Pero, en cuestiones de conciencia, no cabe el cálculo, solo la acción firme y desinteresada, con respeto a las normas, especialmente para quienes pudiera parecer que no merecen ese amparo.

Por ese motivo, renuncio a mi cargo como portavoz de Vox en las Cortes de Castilla y León, al acta de procurador y mi pertenencia al Comité Ejecutivo Nacional, volviendo a mi condición de afiliado raso de Vox y retomando mi actividad profesional privada como abogado.

En el día de San Blas, cierro esta carta recordando que, para algunos, el éxito no se mide por el poder o el dinero, sino por ser digno de ser imitado por nuestros hijos y compatriotas.

Con inmensa gratitud a nuestros afiliados, simpatizantes y votantes, así como la inmensa mayoría de valientes cargos públicos de Vox a lo largo y ancho de España, ¡hasta pronto!

04 Febrero 2025

Mar de fondo en un Vox al alza

EL MUNDO (Director: Joaquín Manso)

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LA ABRUPTA dimisión de Juan García-Gallardo, el primer vicepresidente autonómico que tuvo Vox y símbolo de su ascenso al poder, es una nueva prueba de la constante pérdida de capital humano que está sufriendo el partido. Todas aquellas voces que aspiran a mantener una mínima autonomía respecto a la dirección de Santiago Abascal parecen condenadas al ostracismo. La ruptura protagonizada por el líder de Vox en Castilla y León con un duro comunicado contra la cúpula y, como desvelamos hoy, tras hablar con antiguos miembros de la dirección que le animaron a marcharse, apunta de hecho a la existencia de un mar de fondo en el partido que, sin embargo, no hace mella en sus perspectivas electorales. Pese a sus repetidas crisis orgánicas, la derecha radical atraviesa un momento dulce en las encuestas. El barómetro de febrero elaborado por Sigma Dos para EL MUNDO indica que Vox lograría hoy su mejor resultado desde noviembre de 2023, con el 13,1% de los votos y 42 diputados (nueve más que ahora).

Sin duda, el escenario populista en el que se encuentra Occidente, encarnado por el auge de las distintas fuerzas soberanistas de derecha radical e iliberal que tienen en Donald Trump a su principal referente, favorece a Vox. También la continuidad de Pedro Sánchez y sus constantes cesiones a los partidos independentistas, así como la mala gestión política de la dana, son factores que soplan a favor de un partido que clama contra «el sistema» y que en los últimos meses ha tomado dos decisiones estratégicas de hondo calado: por un lado, en España, salir de los Gobiernos autonómicos que compartía con el PP -una operación contestada internamente que dejó a García-Gallardo sin su cargo como vicepresidente de la Junta- y, por otro, en la Unión Europea, romper con la más posibilista Giorgia Meloni para aliarse con el húngaro prorruso Viktor Orban.

Desde la sonada dimisión de Macarena Olona, a la oleada de deserciones de las figuras vinculadas al ala liberal de Vox se han sumado numerosos enfrentamientos y choques internos en Baleares o Andalucía. En la dirección del partido ya no están quienes fueron los principales colaboradores de Abascal: ni Iván Espinosa de los Monteros -que ahora pretende impulsar un think tank propio-, ni Javier Ortega Smith, ni Rocío Monasterio. García-Gallardo fue precisamente una apuesta con la que el presidente de Vox quería enviar el mensaje de que contaba con los dirigentes autonómicos y con los jóvenes.

El éxito de García-Gallardo en las elecciones regionales de 2022 fue incontestable: Vox pasó de un procurador a 13. Después, durante su gestión a las órdenes de Alfonso Fernández Mañueco (PP), protagonizó polémicas indeseables como la del latido fetal, e incluso se granjeó el rechazo de los agricultores, caladero de votos clave para Vox.

Ahora, y más allá de las lógicas disputas de poder, el adiós de García-Gallardo dibuja nuevamente a Vox como un partido que opera hacia dentro con una verticalidad estricta y hacia fuera, con una enorme opacidad. El retrato es inquietante: cómo se gobierna un partido dice mucho sobre cómo se pretende gobernar una sociedad.