14 agosto 2003
Marisol Yagüe, una afín a Jesús Gil, nueva alcaldesa de la ciudad
Julián Muñoz derribado como alcalde de Marbella por una moción de censura de afines a Jesús Gil, el PSOE y el Partido Andalucista
Hechos
El 14.08.2003 el Ayuntamiento de Marbella apoyó la moción de censura contra el alcalde, D. Julián Muñoz, aprobada por 14 concejales.
Lecturas
LOS ‘ALIADOS’ EN LA MOCIÓN DE CENSURA:
Concejales que abandonaron el GIL:
Concejales expulsados del PSOE:
Concejales expedientados del Partido Andalucista:
–
El origen del conflicto: José Antonio Roca:
14 Agosto 2003
Emoción de censura
Tras la moción de censura votada ayer contra su alcalde, Julián Muñoz, Marbella será gobernada por una coalición circunstancial integrada por concejales expulsados o separados de los partidos en cuyas listas fueron elegidos. Hay motivos para dudar de que una combinación tan heterogénea y tan falta de apoyos políticos, y nacida para derribar a quien fue elegido hace menos de tres meses por mayoría absoluta, sea capaz de regenerar la vida municipal tras 12 años de gobierno al borde (o al margen) de la ley. Pero la moción es legal, por infames que puedan ser sus motivos. La idea de disolver el Consistorio en aplicación de la Ley de Régimen Local, sugerida por IU y el PSOE, está, con los datos actuales, fuera de lugar.
El argumento con más peso de los concejales ajenos al GIL que han apoyado la moción es que gracias a su iniciativa se ha acabado con la anormalidad que suponía un partido como el GIL, plataforma de los intereses personales de su fundador. El tiempo dirá si se cumple ese diagnóstico. De momento se sabe que la operación contó con el apoyo de Jesús Gil y la participación directa de su hombre de confianza en materia de urbanismo, Juan Antonio Roca, cuya destitución parece haber sido el detonante de la crisis. Esa destitución guarda relación a su vez con el intento de Julián Muñoz de ganar respetabilidad comprometiéndose a acatar las resoluciones de la Junta de Andalucía sobre planes urbanísticos que su predecesor había ignorado. Dicho acatamiento fue presentado por los próximos a Gil como un desastre que arruinaría al Ayuntamiento, paralizaría las obras en curso y llevaría al paro a 60.000 trabajadores del sector de la construcción.
Con decenas de pleitos abiertos por irregularidades urbanísticas, una deuda de 420 millones de euros y un conflicto con la Junta por edificaciones ilegales de muy difícil salida, la Corporación hereda una situación lamentable. Pero la previsión legal de disolver las corporaciones locales «por gestión gravemente dañosa para los intereses generales» o que suponga «incumplimiento de sus obligaciones constitucionales» está pensada para otro tipo de supuestos.
La desconfianza está justificada, pero no sería justo actuar preventivamente contra la nueva mayoría, dando por supuesto que se propone incumplir la ley. E incluso es posible que el nuevo equipo tenga incentivos para intentar ganar legitimidad de ejercicio, con una gestión decente, a fin de compensar la escasa credibilidad con que inicia su mandato. De momento, se ha comprometido a compartir la responsabilidad en materia urbanística, evitando dejarla en manos de un solo partido, y a hacerlo «bajo la tutela de la Junta». De lo que no cabe duda es de que, tras la expectación suscitada, se les vigilará con lupa.
14 Agosto 2003
Gil reconquista Marbella en una bochornosa sesión de transfuguismo
Hasta la cobertura televisiva del evento, que corrió a cargo de los magazines mañaneros, con los especialistas en cotilleo reconvertidos en analistas políticos por un día, demostró que el grotesco sainete de la moción de censura de ayer en el Ayuntamiento de Marbella nada tiene que ver con el juego democrático y sí mucho con la lucha por intereses personales y la conversión de la política en espectáculo.
Se consumó lo esperado y el alcalde Julián Muñoz perdió el puesto que ganó en las elecciones de mayo. Un grupo de 14 tránsfugas, formado por ocho concejales de su lista, tres ediles del PSOE expulsados por participar en la moción y tres andalucistas expedientados por el mismo motivo culminaron la jugada desoyendo el mandato de sus electores. Todo empezó el 1 de agosto, cuando la destitución del factótum urbanístico de Gil, Juan Antonio Roca, por parte de Muñoz, hizo que el emperador de Marbella movilizara a sus fieles para frenar la situación creada por su antiguo colaborador.
La siniestra figura de Gil ha estado al fondo del teatro grotesco interpretado ayer por unos actores de ínfima categoría moral y política. La primera que demostró no estar a la altura fue la nueva alcaldesa, Marisol Yagüe, que leyó un discurso ya escrito en el que no hubo una línea para aclarar las motivaciones políticas de la crisis. Salvo unas vagas críticas a la gestión de Muñoz y a la falta de confianza del pueblo en él, no aportó un sólo argumento. Su flojísima intervención afianza la sospecha de que sólo su ductilidad le ha hecho ser designada para trabajar al dictado de otros.
Al ex alcalde le correspondió el papel de mártir, acusando a Gil y a Roca de estar tras su caída con exageradas referencias a un «golpe de Estado». El anuncio de que promoverá una plataforma para intentar disolver el consistorio es la expresión del enfado del perdedor, pero no es la vía adecuada.
Pero con diferencia, la actuación más bochornosa fue la de la socialista Isabel García Marcos, incapaz de explicar por qué ha renunciado a su oposición a Gil y ha asumido la expulsión del partido para apoyar esta turbia jugada muñida por él. Sus invocaciones a la regeneración no ocultan su condición de tránsfuga.Tanto ella como el portavoz andalucista, Carlos Fernández, han preferido anteponer el poder a la promesa adquirida ante sus electores. Sus discursos valdrían si tuvieran el apoyo de los grupos políticos bajo cuyas siglas fueron elegidos, pero al situarse al margen de ellos y al no explicar coherentemente su cambio de postura han mostrado nulo respeto por el voto de los ciudadanos.Alguna responsabilidad tendrán las direcciones que confiaron en ellos como cabeza de cartel para Marbella.
En un día de despropósitos, sólo la portavoz del PP, Angeles Muñoz, pudo reconciliar la democracia con la decencia política y el sentido común. Su consistente discurso, acorde con la actitud del partido en la crisis, tuvo la máxima categoría moral y arrojó luces de honradez en un escenario lleno de sombras. Con la jugada de ayer, Gil reconquista Marbella demostrando quién es el Monipodio que manda en el patio de Rinconetes y Cortadillos que ha creado.
Muñoz sabe que ha perdido ante el amo, y aunque escenifique bien su pataleta, ha sellado el pacto de silencio en lo esencial: el centenar de causas abiertas ante la justicia que comparte con Gil. Ya ha quedado claro que no repetirá ante la Fiscalía las acusaciones de robo que se cruzaron públicamente hace 10 días. Y es ahí, en la rápida acción de la Justicia, donde reside la única esperanza de que Marbella logre ser algún día un municipio normal.
05 Agosto 2003
Gil y Muñoz
¡Vaya par! Su dueto en televisión fue extraordinario. Todavía los supera la escuela del PP, que los educó (¡la derecha!): la que ese partido empleaba en la oposición y ha vuelto a sacar cuando ha olido peligro. Ahora me dicen que apoya al Gil frente al Muñoz, y dos o tres tránsfugas socialistas también; siempre el PP tiene algún tránsfuga. Es en Marbella y dice una compañera que tiene menos importancia que lo de Madrid porque allí «ya se sabe». No siempre: viví en una Marbella divertida y sonriente; monté allí un periódico (mal) y se fue al cuerno. Como era en el tardofranquismo, la corrupción era oficial: los trozos de costa de los ministros, la voz de la Iglesia, Carmencita y Cristóbal -se les llamaba así, y se les trataba de tú- en el bar Cero de mi querido Pepito Carleton. Murió Franco, quedó el reducto (y su estatua, y su placa de miles gloriosus): y la mezcla del franquismo con la neodemocracia da corrupción, grosería, riquezas sin apoyo mental (el moral, ya se sabe que no) y gentes como Gil y Muñoz. Grandes nacionales: el Gil debe ser de una inocencia maravillosa porque con mil procesos está en la calle y con dinero, el Muñoz que sale mucho en los periódicos porque su amante -«compañera sentimental», qué burlona frase moderna- es una cupletera de tronío con abolengo en las revistas y en las pantallas. Bien, está bien, vale. Pero que no me digan después, como se repite tanto, lo de la «telebasura»: es mejor que la realidad. El país se ha emporcado: no va a tener una televisión por lo finolis. Es, como decía Stendhal de la novela, «un espejo que se pasea a lo largo del camino». ¡Camino de Sierra Morena! Tiene más calidad cualquier telenovela que la Asamblea de Madrid. ¡Puerto de Arrebatacapas! En otro agosto, pero con el Congreso reunido, una de sus señorías preguntó a la presidencia si podían quitarse las chaquetas. «Sí», respondió el presidente, «pero no unos a otros». Víctor Márquez, cronista insigne, sabrá quién presidía. Un día Aznar pronunció la socorrida palabra «telebasura», y es uno de sus creadores: tanto por sus pantallas como por la creación de la vida que se refleja en ellas.
Temo que era el principio de una campaña. Y que se inicie una gran censura: la harán los emporcados oficiales de limpieza. Como siempre. Borrarán las palabras dignas, las gentes buenas, los cuerpos bellos. («He dignificado el periodismo», decía Franco…).