25 agosto 2003
Comisión Tamayazo – La comisión culmina en fracaso total: Eduardo Tamayo y María Teresa Sáez unen sus votos al PSOE e Izquierda Unida para rechazar el dictamen propuesto por el Partido Popular
Hechos
El 25 de agosto de 2003 la Asamblea de Madrid rechazó el dictamen de la comisión parlamentaria que investigó el ‘Tamayazo’ por el voto en contra de PSOE, Izquierda Unida y los dos diputados del Grupo Mixto (expulsados del PSOE).
25 Agosto 2003
¿Qué habría dicho?
El dictamen con las conclusiones de la Comisión de Investigación de la Asamblea de Madrid que se vota hoy será un veredicto de parte. La comisión no ha funcionado como mecanismo de indagación, sino como tribuna de reafirmación de las dos hipótesis que se enfrentaban de partida: la de los socialistas, según la cual tras la deserción de los diputados Tamayo y Sáez existía una trama inmobiliaria dirigida o inspirada por el PP; y la de los populares, que atribuyen la crisis a problemas internos de los socialistas. Por ello, lo de menos será cuál de las dos versiones resulte aprobada; lo será sin duda la del PP merced a la mayoría que le han dado los desertores; pero ese mismo hecho será esgrimido por el PSOE como prueba adicional de su acusación de connivencia.
Los socialistas han presentado como evidencia lo que era una hipótesis razonable, pero no avalada por pruebas: la de que Tamayo trabajaba para alguien interesado en que la política urbanística siguiera en manos del PP, lo que le llevó a ofrecer sus votos, decisivos para cambiar la mayoría, a ese partido. Las llamadas y contactos cruzados, en momentos clave del enredo, entre Tamayo, su abogado, dos constructores y el máximo dirigente del PP en Madrid constituyen indicios que dan verosimilitud a la hipótesis. Sobre todo cuando los dos diputados huidos no han logrado convencer a nadie de que existían razones políticas -su rechazo a los acuerdos con IU no pasan de la más ingenua patraña- para su deserción. Pero de la comisión no han salido evidencias que prueben que esa operación fue diseñada por el PP; y los indicios de que los populares aceptaron como mínimo tomar en consideración la oferta de los tránsfugas, no son concluyentes. Sin embargo, la hipótesis alternativa en que se encastilló el portavoz del PP en la comisión (guerras cainitas entre los socialistas), puede explicar otras cosas, pero no la existencia de ese nudo de contactos.
Pero si la comisión no ha servido para lo que se creó, sí ha actuado como espejo ante la opinión pública de usos y comportamientos que los electores no podrán dejar de tener en cuenta a la hora de votar en las elecciones repetidas que se celebrarán el último domingo de octubre. Por una parte, la desenvoltura con que se mueven algunos políticos en el terreno de los intereses inmobiliarios, y el cruce entre intereses privados y públicos que resulta de esa familiaridad. Con situaciones verdaderamente sorprendentes, como la de un director general de Suelo haciendo negocios con adjudicatarios de solares públicos. Por otra, la diferencia entre el nivel de exigencia que aplican a los demás y la manga ancha con que ciertos dirigentes se juzgan a sí mismos (y a los suyos) cuando actúan de manera irregular, por decir lo menos.
Porque ¿qué habría dicho el entonces líder de la oposición si hace 10 años el principal dirigente del PSOE en Madrid -pongamos, Joaquín Leguina- hubiera ocultado ante una comisión parlamentaria que cobraba de una empresa en la que no trabajaba, la cual mantenía relaciones comerciales privilegiadas con la Administración, cuyos empleados figuraban como administradores de sociedades relacionadas con la promoción inmobiliaria y cuyo propietario era contertulio de, pongamos, Felipe González en la bodeguiya?
26 Agosto 2003
Campaña por Madrid
Las sesiones de la Comisión de Investigación de la Asamblea de Madrid concluyeron ayer con el final esperpéntico de que no prosperase ningún dictamen, al votar los tránsfugas en contra de todos los presentados. El PP había impuesto su criterio de reconocer a Tamayo y Sáez el derecho a participar en la votación, contra la opinión obvia de que nadie puede ser juez de su propia causa.
Este desenlace burlesco es coherente con una comisión en la que lo de menos ha sido indagar y lo de más servir de plataforma electoral para los comicios de octubre. Que la actitud de dos personas obligue a volver a votar a cinco millones de ciudadanos, con la posibilidad de que el resultado sea diferente al de la primera elección, establece un gravísimo precedente en relación a situaciones en las que lo apretado del resultado otorgue valor decisorio a los votos de eventuales disidentes. Por eso, habría sido deseable que los partidos concernidos -perjudicado y beneficiario- pactaran un compromiso que garantizase el respeto al veredicto de las urnas.
Ello no fue posible por el grado actual de enfrentamiento entre los dos grandes partidos, y también porque el PP se instaló en la idea de que había sido el vencedor de las elecciones, dado que era la lista más votada. Idea falaz, pues aunque PP e IU concurrieran por separado, ninguno de sus votantes desconocía que, si tenían mayoría suficiente, ambos partidos gobernarían en coalición. Así lo había admitido implícitamente en su momento la candidata popular al reconocer que no tenía mayoría para gobernar.
Sin embargo, una vez que se hizo evidente la imposibilidad de un acuerdo de ese tipo, no había otra salida que las elecciones anticipadas. Simancas hizo bien en desoír las voces de quienes le animaban a aceptar los votos de los tránsfugas para ser investido presidente y disponer con ello de la facultad para disolver en el momento más conveniente. Hubiera sido demasiado lastre para su candidatura ante las inevitables nuevas elecciones.
La comisión ha mostrado compadreos sospechosos, pero no pruebas de que la iniciativa de la espantada fuera del PP. Tal vez, los socialistas fueron demasiado lejos al plantear su acusación en términos tan drásticos. Es posible que en el origen de la disidencia sí hubiera una reacción de despecho de Tamayo, y que ante la falta de receptividad del PSOE a sus amenazas ofreciera sus servicios al PP. Pero aunque hay indicios, no se ha probado que este partido aceptara esas ofertas. Lo que resulta desconcertante es que el portavoz del PP acusara ayer a los socialistas de conocer la que preparaba Tamayo y «no haber hecho nada por evitarlo». ¿Le habría parecido mejor que el PSOE le diera al tránsfuga una consejería para evitar su estampida?
Una paradoja de la situación es que el PSOE ha sido a la vez víctima y responsable de lo ocurrido, por llevar en sus listas a personas como Tamayo y Sáez; y aunque reconoció esto último, no hubo iniciativas que depurasen esa responsabilidad, lo que ha minado la credibilidad de sus denuncias. Pero concluir con el portavoz popular que la comisión ha revelado la existencia de una «actitud ética», la del PP, y una «corrupta», la del PSOE, parece un sarcasmo a la luz de lo que se ha visto y oído estos días. Sobre todo, a la luz de la sangre fría con que ese mismo portavoz ha justificado las irregularidades del máximo dirigente de su partido en Madrid, incluyendo la de mentir ante la comisión.
27 Agosto 2003
Abstención
Los datos, dice CNN+, por su subdirectora de informativos, indican que las elecciones del Madrid Cómico tendrán mucha abstención: ha quedado mal el PSOE en la Asamblea por su incapacidad para probar el robo de que fue víctima (este matiz es mío) y el PP por sus renuencias a que la investigación fuese amplia, y sobre todo por la picaresca figura de su secretario general, Romero de Tejada. Y por Beteta. Se deduce que gentes que hayan votado a uno de los dos partidos no repetirán. Tengo otro punto de vista: creo que los demócratas no van a votar porque ya les han robado una vez su ilusión infantil de que la urna es sagrada, y que la derecha tendrá más interés porque les importa un viejo rábano la democracia. El personaje dominante en la dictadura es el señor de horca y cuchillo; el señor de la democracia es el ladronzuelo, astuto, compraventa de suelo y de tránsfugas, maniobrero; y capaz de tener la fuerza del insulto más agrio, la amenaza más exagerada, la denuncia del delito que no hay: léase el discurso de Aznar y, después, tómese en whisky para recordar. No creo que todos estén de acuerdo en esta contraposición de derecha e izquierda, pero lo digo continuamente. La izquierda es soñadora; es utópica pero consigue sus utopías -el bienestar de hoy es resultado de la lucha izquierdista antigua-; es ideológica, es un poco tonta desde que existe el mundo bushiano y sharoniano de nuestros días. La derecha deja toda su espiritualidad a la religión, y es materialista: el dinero, las armas. La estructura humana en forma de pirámide. Lo suyo. No hablo concretamente de partidos, sino de personas que se adscriben a estas maneras de ser. Uno de los datos más interesantes para reconocer a la derecha, que suele ocultar esta filiación, es oírles que ya no hay izquierda ni derecha: creen que sólo hay derecha. Alguno dice: «Yo, que en el fondo soy de izquierdas…»: fuera, fuera: tiene que serlo en la superficie: o no serlo. Por eso creo que en las elecciones madrileñas, veremos en las otras, los demócratas reales no querrán votar y los falsos, sí. Cuidado.
(Madrid Cómico: revista de sátira política de finales del XIX: la degradación actual era ya monárquica. La fundó Sinesio Delgado: se olvidó su nombre, se le dio a una callejuela campestre, y hoy es famoso por los carteles de su desviación en una autopista. Pero nadie sabe quién fue).