26 agosto 2003
Polémica entre Juan José Millas y el portavoz del PP en la comisión del Tamayazo, Antonio Beteta, por la Guerra Civil y la memoria histórica
Hechos
El 21 de agosto de 2003 D. Antonio Beteta mandó una carta de réplica a D. Juan José Millás.
15 Agosto 2003
El brazo armado de santa Teresa
Beteta no puede ser tan simple como para ignorar el registro mental que la expresión «brazo armado» destapa en los ciudadanos de este país, de modo que cuando acusó al presidente de Agecovi de ser el brazo armado del PSOE tenía que conocer muy bien la red asociativa que estaba tejiendo en el inconsciente colectivo. Menos mal que vimos el rostro de Orencio Osuna por la tele y era el de un hombre inerme, al contrario del de Romero de Tejada, cuyos ojos apuntan al interlocutor con la agresividad de una escopeta de caza de dos cañones. Aunque para brazo armado, por poner un ejemplo que no deje lugar a dudas, el de los generales utilizados por los correligionarios de Beteta para mentir, intoxicar y engañar a los ciudadanos sobre la guerra de Irak.
Añadió Beteta que si el presidente de Agecovi no era del PSOE, estaba haciendo méritos para ganarse el carné. Los militares que repitieron como loros la doctrina del Gobierno ya deben ser, sin embargo, miembros honoríficos del PP, y quizá empleados de la tienda de fotocopias de los hermanos Sánchez Lázaro. Se lo han ganado actuando de terminales del ventrílocuo Trillo en los medios de comunicación de tierra, mar y aire. Pero como la existencia de un brazo armado sugiere la existencia de un brazo político, ahí tenemos a Ana de Palacio rubricando con su brazo de ministra de Exteriores de Bush el informe soez que justifica el asesinato de José Couso.
Más analogías, señor Beteta: El acuerdo del PSOE con Agecovi fue firmado con un brazo en cuyo extremo sólo había una pluma estilográfica y ante la presencia, por lo visto, de cámaras de televisión y periodistas, es decir, a la luz del día y con taquígrafos, mientras que el panfleto con el que el Gobierno adoctrinó a sus generales para justificar una matanza se imprimió clandestinamente, por la noche, quizá en la misma empresa de fotocopias de la que Romero de Tejada se acaba de despedir sin haber trabajado en ella un solo día. No nos extrañaría que el brazo que daba vueltas a la manivela de la máquina de imprimir fuera el mismo brazo armado que juega al pádel con Aznar.
Beteta no debería hablar con esa soltura de brazos armados, porque inevitablemente nos trae a la memoria que el brazo derecho de Gallardón ha denunciado la existencia de un brazo armado, dentro del PP, encargado de liquidar a su jefe. No debería hacerlo, cuando todos vimos cómo se arrastraba ante un constructor mafioso, al que pidió perdón por haberle ofendido después de que un brazo del PP le colocara en la sien un teléfono móvil que disparaba órdenes, en ráfaga y una a una.
No debería hacerlo después de haber actuado a la vista del público de brazo armado de Tamayo y Sáez, a quienes veremos sentados en el Consejo de Caja Madrid, con enorme riesgo para nuestras cuentas corrientes.
Si hablamos de brazos armados, señor Beteta, tendríamos que ver en qué momento suspendió Telemadrid sus emisiones y a quiénes habría beneficiado esa interrupción. Y mencionamos Telemadrid por no hablar de los brazos armados de La Primera, La 2, o Antena 3, que ya no son brazos armados, sino divisiones acorazadas como las que sacó Milans del Bosch a la calle el día de autos. Pero, aparte de que es indecente hablar de brazos armados en un país donde el diablo carga esta clase de metáforas, usted, qué quiere que le diga, procede de donde procede, lleva unos trajes demasiado amplios (como si escondiera una artillería debajo de la chaqueta), y se inclina al interrogar a sus víctimas del lado de la sobaquera.
Al principio pensamos que había utilizado usted esa expresión desdichada por orden de la superioridad, como primer paso para acusar a Zapatero de pertenecer a ETA (lo que no es más que una cuestión de tiempo), aunque quizá tenga usted tan interiorizada la predisposición satanizadora de su jefe que le saliera de motu propio. En tal caso, lo que ocurrió es que le traicionó su inconsciente, porque al inconsciente también lo carga el diablo, y el suyo debe añorar el brazo armado de santa Teresa con el que su homo antecesor firmaba las penas de muerte de la misma izquierda que hoy, sentada en el banquillo (además de cornuda, apaleada), intenta defenderse de haber sido agredida ante una comisión en la que, pese a estar hecha a la medida del PP, no han podido ustedes disimular el peso de la sobaquera en el lado de la caja torácica donde normalmente sólo se lleva el corazón.
21 Agosto 2003
Respuesta de Beteta a Millás
En el diario EL PAÍS del pasado viernes (15-8-2003) y bajo el título «El brazo armado de Santa Teresa», don Juan José Millás firmaba un artículo, ilustrado con una fotografía mía, en el que tenía el dudoso honor de ser protagonista. He leído al novelista Millás y al articulista Millás. Me quedo con el primero, con alguna salvedad que anotaré después. Lo más ajustado que se podría decir de «El brazo armado de Santa Teresa» es que iba para artículo y se quedó en fábula.
El supuesto artículo está lleno de inexactitudes, además de ofensas gratuitas, desde un tufillo de rendición de servicios al PSOE, por encima de la mesura y sobre todo de la verdad, de modo que Millás actúa, aunque le pese, de «terminal de ventrílocuo», y también de «brazo armado» -según sus palabras-, y para quedar bien con sus principales incluye ataques a Aznar, a Bush, habla de pasados sangrientos, de sobaqueras, y, cómo no, de la guerra de Irak. Sus falsedades son tan evidentes que solamente citaré dos. La primera: Tamayo y Sáez, a pesar de lo asegurado por Millás, no se sentarán en el Consejo de Caja Madrid, y precisamente por una aplicación jurisprudencial propuesta por el PP que ha hecho suya la Mesa de la Asamblea, con mayoría del PP. Y la segunda: Telemadrid no suspendió sus emisiones para beneficiar al PP. Las suspendió, precisamente, cuando comparecían Enrique Benedicto Mamblona y Orencio Osuna, que fueron las primeras comparecencias que no pudieron seguir los madrileños en su conjunto.
Con cualquier referencia al pasado aludiendo a que el término «brazo armado» es una metáfora que carga el diablo en este país, estoy de acuerdo. Pero para todos. Millás habla de un «homo antecesor»que firmaba penas de muerte, y de las divisiones acorazadas de Milans del Bosch, y con ello también emplea referencias que carga el diablo, y lo hace contra mí, fuera del contexto de la Comisión de Investigación de la Asamblea, que es de lo que parecía tratarse. Supongo que Millás habrá leído el reciente libro del profesor César Vidal Checas de Madrid, en el que se anotan, documentándolas, varias checas organizadas y dirigidas por el PSOE, dentro de los cien años de honradez. Entonces el PP no existía, pero el PSOE, sí. Puestos a buscarme algún «homo antecesor», en línea de admiraciones políticas, Millás podía haber anotado a Jovellanos, a Cánovas, a Sagasta, a Maura, a los liberales y progresistas sin complejos, o al mismísimo don Melquiades Álvarez, presidente del Partido Liberal Demócrata y presidente del Colegio de Abogados de Madrid, al mismo que yo pertenezco, que pasó por una de aquellas checas madrileñas y fue asesinado, y no con una estilográfica, en un símil que emplea Millás hablando del pacto de Simancas con Agecovi, sino con armas más contundentes. Siempre he sido partidario del olvido de los agravios por parte de unos y de otros, y de la asunción global de la Historia de España con sus luces y sus sombras, pero Millás parece que quiere pasar por la Historia una goma de borrar a su conveniencia y, para servir a sus principales, carga las culpas a su arbitrio.
26 Agosto 2003
La polémica Beteta-Millás
El Sr. Beteta, que ha parodiado estos meses a aquellos senadores norteamericanos que tan bien interpretaba en el cine Charles Laughton, ahora se nos mete a crítico literario, de nada menos que del excelente narrador Juan José Millás, y todo por unas pullas, más o menos duras, del tenor de las que muchos políticos de la derecha y la izquierda llevan soportando desde que, derogada la Ley Fraga (fundador del PP y ministro de Franco), existe en España libertad formal de prensa.
Invoca don Antonio Beteta, para zaherir, como soporte histórico, el libelo de César Vidal Checas de Madrid y que no es otra cosa que una recensión de otro libro -sin mayor investigación ni documentación-, editado en 1943 por el Ministerio de Justicia, con prólogo del titular de la cartera, Don Eduardo Aunós, y titulado La dominación roja en España. Avance de la información instruida por el Ministerio Público. Se trata de auténtica basura jurídica, con el lenguaje del odio y elaborado para «justificar» la sublevación del 18 de Julio y el posterior genocidio de españoles. La utilización de esa escoria como fuente documental retrata al «historiador» y doctor en Teología.
En el citado libro, y también en la propia Causa General, se utilizaron como elementos probatorios, contra la democracia derrotada, los propios sumarios, diligencias judiciales (con fotografías de las víctimas de la represión ilegal en zona republicana) y autopsias ordenadas por las autoridades legales y legítimas de la República Española, para depurar y perseguir, como se hizo, a grupos incontrolados que se tomaron la justicia por su mano, en ciudades como Madrid y Barcelona, en los primeros meses de la guerra civil. ¿Puede citar el Sr. Beteta o su inspirador histórico, Sr. Vidal, algún sumario o causa judicial para perseguir a los autores de los cerca de treinta mil asesinatos y ejecuciones extrajudiciales perpetrados en zona franquista y que aún estamos desenterrando?
La sublevación, y parece que no es ocioso repetirlo, tuvo, entre otros inductores, a la Iglesia católica y a los partidos políticos CEDA, Renovación Española y Comunión Tradicionalista; la Falange y otros grupos, como el del Dr. Albiñana, no tenían relevancia como para desencadenar un golpe de Estado. El señor Beteta, como el PP en su viaje inacabado al centro, parece que no quiere reconocer «homo antecesor» en ninguno de
los citados partidos, se remonta al siglo XIX y hasta al XVIII para homologarse, y luego cita a Melquiades Álvarez, asesinado en Madrid en 1936 (no en una «checa», sino en el asalto a la Cárcel Modelo el 23 de agosto de 1936) y que no sólo fue decano del Colegio de Abogados sino presidente del Partido Republicano Liberal Demócrata (ésa era su denominación correcta), continuación del Partido Reformista, en el que habían militado Manuel Azaña, Augusto Barcia y Lluís Companys, entre otros relevantes políticos de la II República.
Aunque en los años de la II República Melquiades Álvarez era un personaje fuera de tiempo y claramente instalado en la derecha, no es menos cierto que en otros tiempos, con el Partido Reformista que fundó, fue exponente de un proyecto de regeneración de la política del mejor republicanismo.
Ojalá el Sr. Beteta y el PP se pudieran homologar con Melquiades Álvarez. La realidad del «homo antecesor» del PP es mucho más cruda y a los hechos me remito.