13 enero 2023

Silencio de la mayoría de medios ante la absolución

La Audiencia Provincial de Madrid cierra el Caso Nicolay absolviendo al comisario Villarejo, Gemma Alcalá y Carlos Mier de la grabación ilegal de la conversación de Martín Blas

Hechos

El 13 de enero de 2023 se conoció la primera sentencia sobre el caso Nicolay.

Lecturas

El 20 de diciembre de 2014 el diario InfoLibre difundió un audio del entonces responsable de Asuntos Internos de la Policía, D. Marcelino Martín Blas, con agentes del CNI en el que reconocía estar alterando pruebas en el caso del Pequeño Nicolás. Ante esa difusión el ‘Pequeño Nicolás’ (Sr. Francisco Nicolás Gómez Iglesias) puso una demanda contra el Sr. Martín Blas en un pleito que fue rápidamente difundido mediáticamente por los periodistas considerados afines al comisario José Manuel Villarejo [D. Carlos Mier en Información Sensible, D. Esteban Urreiztieta en El Mundo, D. José Antonio Hernández ‘Jotilla’ en El País, D. Alfonso Rojo en Periodista Digital] y el 22 de diciembre el comisario Martín Blas es cesado en sus responsabilidades.

A partir de ese momento el Sr. Martín Blas, respaldado por el policía D. Rubel Eladio, denunció que esa grabación ilegal de sus palabras había sido realizada personalmente por el periodista D. Carlos Mier siguiendo órdenes del comisario Villarejo y la esposa de este, Dña. Gemma Alcalá, mediante un complejo sistema de captación de conversaciones por teléfonos móviles, yendo los tres al banquillo de los acusados en el llamado ‘Caso Nicolay’.

La sentencia del juicio declaró probada que la forma en la que según el Sr. Martín Blas se había realizado la grabación ilegal no era correcta (fue captada desde un teléfono fijo y no desde un móvil) por lo que los tres acusados fueron absueltos.

13 Enero 2023

La sentencia que absuelve a Villarejo supone un varapalo para los policías que montaron el caso ‘Nicolay’

Manuel Cerdán

Leer

La sentencia de la Sección Séptima de la Audiencia Provincial de Madrid que absuelve a José Villarejo de los delitos de descubrimiento y revelación de secretos representa un duro varapalo para el comisario Marcelino Martín Blas, ex jefe de la Unidad de Asuntos Internos de la Policía (UAI), y su ayudante Rubén Eladio López. Ambos disfrutaron de plenos poderes del primer instructor de la causa, Arturo Zamarriego, para realizar una arbitraria investigación en la que, incluso, pretendieron pinchar teléfonos a periodistas y requisar documentos en sus despachos profesionales.

La Sección Séptima de la Audiencia Provincial de Madrid, formada por los magistrados Ángela Acevedo, Caridad Hernández y Jacobo Vigil, destaca en la sentencia de que no corresponde a ella explicar cómo se produjeron los hechos de la grabación de la reunión de agentes de la UAI y del CNI, por lo que tras el examen de las pruebas presentadas en el juicio no puede condenar a los acusados: «No resulta un conjunto indiciario suficiente sólido como para integrar prueba bastante para desvirtuar el principio de presunción de inocencia que favorece a los acusados, por lo que no se consideran acreditados los hechos alegados por las acusaciones. Los hechos atribuidos a los acusados, descritos en el relato de hechos probados, no son constitutivos de infracción penal», según los magistrados.

El Ministerio Fiscal y el representante de la Abogacía del Estado pidieron para Villarejo cuatro años de prisión y tres para su esposa Gema Alcalá y el periodista Carlos Mier. Igualmente, se pronunciaron la acusación particular ejercida por Podemos y por la Plataforma X la Honestidad. Esta asociación fantasmagórica fue liderada durante un tiempo por el letrado del comisario Martín Blas y del inspector Rubén Eladio en varias causas contra periodistas.

Los policías del entuerto

Ambos policías, así mismo, fueron quienes iniciaron las pesquisas del caso Nicolay, relacionado con Francisco Nicolás Gómez Iglesias, conocido como El Pequeño Nicolás, desde la Unidad de Asuntos Internos de la Policía. Entre sus pesquisas pretendieron someter a un grupo de profesionales de InterviúEl Confidencial y El Mundo al control de sus relaciones con sus fuentes informativas y sus llamadas telefónicas. Entre los investigados, se hallaba el director de OKDIARIO, Eduardo Inda, de quien pidieron un registro en su despacho profesional.

En el relato de los hechos, la sentencia no recoge en ninguno de sus párrafos que los periodistas se extralimitaran de su derecho a la información ni infringieran sus obligaciones deontológicas. Se limitaron a informar sobre la reunión de los agentes del CNI con Marcelino Martín Blas en la sede de la UAI para tratar el caso Pequeño Nicolás. El diario Público y la asociación Plataforma X la Honestidad llegaron a difundir públicamente de que Eduardo Inda iba a sentarse en el banquillo por el caso Nicolay.

La sentencia reconoce que no se ha podido probar que el teléfono de Martín Blas, desde donde se produjo supuestamente la grabación, «hubiera estado en ningún momento previo a la grabación a disposición de ninguno de los acusados ni de persona que hubiera actuado a su ruego, para ser manipulado a fin de permitir la instalación de un programa o aplicación maliciosa que permitiera su utilización en remoto al tiempo de los hechos».

Así mismo, no reconoce que Villarejo tuviera interés directo o indirecto en las investigaciones contra El Pequeño Nicolás y recoge que en la época en que se produjeron los hechos existía una antigua y «acérrima» enemistad entre él y Martín Blas «lo que provocaba entre ellos conflictos personales y profesionales cuyo origen y detalles no se han acreditado».

Una investigación irregular

El tribunal señala en la sentencia que Martín Blas y Rubén Eladio López, que se ocuparon de la investigación y que tuvieron en ella un papel preponderante desde el punto de vista policial, eran dos de los policías que asistieron a la reunión con los agentes del CNI, que fue grabada de manera ilícita. «Por tanto, según el tribunal, fueron dos de las personas espiadas y aun, en un principio, tuvieron que ser considerados como posibles autores de las escuchas y la grabación».

Esa situación lleva a los magistrados a razonar lo siguiente: «No fue adecuado, al menos desde una posición de imparcialidad, que fuera la citada unidad -la de Asuntos Internos, dirigida por Martín Blas- la que asumiera el peso de la investigación, hasta el punto de ser designada por el magistrado instructor como una Comisión Judicial que sólo a él debía informar y dar cuenta de lo actuado».

Los magistrados se refieren al juez Arturo Zamarriego que abrió las diligencias y nombró a Martín Blas y a su subordinado Rubén Eladio López como responsables de la investigación. En julio de 2017, la magistrada Pilar Martínez Gamo, que fue nombrada titular del Juzgado de Instrucción número 2 de Madrid en sustitución de Zamarriego, decidió prescindir de los servicios de ambos policías y les ordenó poner a disposición del juzgado de todos los documentos de las diligencias. Posteriormente, el inspector ayudante de Martín Blas, fue imputado por la juez por un delito de retardo en la administración de justicia y por desobedecer sus órdenes.

Según la juez Pilar Martínez, Rubén Eladio López había retrasado la entrega del último informe policial contraviniendo sus instrucciones para que el sumario siguiera abierto y así perjudicar a algunos de los encausados. La magistrada le había solicitado un informe sobre la relación de documentos policiales para darlo por concluido, pero el inspector dilató de manera voluntaria su entrega.

El tribunal recrimina al inspector Rubén Eladio López cuando, en referencia a la fecha de la celebración de la reunión en Asuntos Internos de los policías con agentes del CNI, por no aportar en la causa los documentos que demostraran la fecha exacta del encuentro. Los magistrados lo califican de «irregular e injustificado».

Al mismo tiempo, también califican como sorprendente que los policías no pudieran aclarar durante el juicio el número e identidades de las personas que asistieron a ese encuentro, supuestamente, secreto. Lo juzgan como «un elemento de incertidumbre». Los jueces descartan la versión de Martín Blas de que su móvil fuera clonado por Villarejo u otros compañeros policiales con algún programa similar al Pegasus. Así se explicó el comisario profusamente en un espacio televisivo, presentado por Risto Mejide, durante más de media hora, presentándose como una víctima del sistema.

El tribunal, en cambio, admite como hecho probado de que «una persona no identificada, por procedimiento no acreditado, captó el sonido de al menos de una parte de la reunión y lo transmitió a través de una comunicación telefónica para ser finalmente registrado mediante una grabación digital».

Algunos periodistas cayeron en las redes de Martín Blas y dieron difusión a sus ensoñaciones sobre cómo había sido clonado su móvil con sistemas como Pegasus. Carlota Guindal publicó en La Vanguardia una información falsa sobre las mentiras del ex jefe de la Unidad de Asuntos Internos con este titular: «Villarejo, impulsor de virus como Pegasus: así grabó al CNI para salvar al pequeño Nicolás». Sin embargo, la sentencia acredita que no hubo Pegasus, que Villarejo no grabó y que el ex comisario no tuvo relaciones con El Pequeño Nicolás.

El Análisis

Caso Nicolay: El suspense acabó en absolución

JF Lamata

Villarejo salió absuelto y la mayoría de los medios miraron hacia otro lado, como si el caso Nicolay nunca hubiera existido. Tras años de titulares explosivos, espías, móviles pinchados y grabaciones de película, el juicio acabó como un globo desinflado. Solo Manuel Cerdán, fiel a su estilo y a sus fuentes, sacó pecho en OkDiario para celebrar el varapalo judicial a Martín Blas y su ayudante. Mientras tanto, el resto de la prensa optó por el silencio, quizá temiendo recordar que ellos mismos amplificaron aquella grabación que puso patas arriba la guerra de comisarios. ¿El veredicto? No hubo Pegasus, ni móviles clonados, ni software espía. Solo un teléfono fijo, un audio comprometedor y una tormenta mediática que sirvió para hundir a Martín Blas en el momento justo. Ahora, la sentencia deja más preguntas que respuestas, pero el show debe continuar. En la prensa, como en las cloacas, lo importante no es la verdad sino quién grita más alto.

Y Villarejo tampoco pude dárselas de santo en esta historia. Si bien no se ha demostrado que él estuviera detrás de la grabación del audio, parece difícil desligarle de la difusión del audio y, como poco, es un hecho conocido que aquellos días llamó a todos sus periodistas «amigos» [D. Carlos Mier en Información Sensible, D. Esteban Urreiztieta en El Mundo, D. José Antonio Hernández ‘Jotilla’ en El País, D. Alfonso Rojo en Periodista Digital] para que airearan todo lo posible la historia del audio para hundir a su enemigo y, a la larga, ha caído mayor estigma sobre él que sobre su rival.