13 diciembre 1946
El régimen franquista responde con una manifestación masiva de apoyo al General Franco
La Organización de Naciones Unidas (ONU) aisla a España con una ‘recomendación’ a sus miembros a no tener ‘embajadas’ en Madrid
Hechos
El 13 de diciembre de 1946 la ONU aprueba una recomendación de a todos los países de retirar sus embajadores en España.
Lecturas
Al constituirse la Organización de Naciones Unidas no se permitió la entrada de España; Es más, como consecuencia de aquella “cordialidad” con los nazis de la que tanto se presumía en 1941 el 13 de diciembre de 1946 la ONU aprueba una recomendación de a todos los países de retirar sus embajadores en España. El ABC criticó la injerencia extranjera y al día siguiente hace un despiadado editorial no exento de ironía contra los países que votaron contra España.
La democracia rusa ha tenido un éxito que no debemos ocultar los españoles. (…) Al lado de Gromyko [delegado de la URSS] ha estado Jouhaux [delegado de Francia] los Lange, los negros etíopes de Liberia y Haití, indios sin problemas internos [en alusión a la guerra civil entre hinduistas y musulmanes], grandes países como Luxemburgo y Estados muy discutibles que hoy se llaman Rusia Blanca y Ucrania. Y algunos gobiernos iberoamericanos: Nicaragua, por ejemplo. En Nicaragua manda el general Anastasio Somoza, el asesino del caudillo de la independencia, Sandino, héroe nacional, en una lucha que nadie ha olvidado en su país. En Venezuela había un presidente legítimo en elecciones, Medina, derrocado en levantamiento revolucionario. Y lo mismo ocurre en Bolivia y Guatemala, en aquella el actual presidente tiró por el balcón a Villarroel y en esta el doctor Arévalo expulsó a su antecesor con mayor cortesía, no menor eficacia. De Mejico nada hemos de señalar, hasta 1913 no ha habido ni un solo presidente constitucional y del Panamá menos aún, es una artificiosa creación fluvial de Teodoro Roosevelt y en cuanto a Chile, es la última presa del comunismo. Gran Bretaña reconoció en su día a la España nacional, cabría discutir si erraron entonces o ahora. (…) Los Estados Unidos están más lejos y Truman no tiene la visión certera y genial de Roosevelt. (ABC, 14-12-1946)
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MANIFESTACIONES MASIVAS DE APOYO A FRANCO Y CRÍTICAS A LA ONU
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El Análisis
La resolución adoptada en diciembre de 1946 por la Asamblea General de la recién nacida ONU, recomendando a sus Estados miembros la retirada de embajadores de España, fue una bofetada diplomática para el régimen de Franco y desató una oleada de indignación interna. Desde Madrid, el franquismo movilizó manifestaciones de protesta, ondeando banderas y gritando vivas a la soberanía nacional. Franco se defendía apelando a la supuesta neutralidad de España durante la Segunda Guerra Mundial, olvidando que entre 1939 y 1941 prodigó elogios públicos a Hitler y envió a la División Azul a combatir en el frente oriental. España se salvó de la invasión aliada precisamente por su neutralidad práctica tras 1943, no por su adhesión a los principios democráticos. La ONU no cuestionó la legitimidad del régimen —de hecho, lo reconocía como el gobierno efectivo de España—, pero sí le pasó factura moral por haber apostado, al menos en los primeros compases del conflicto, por el bando equivocado.
En este sentido, la sanción adoptada por la ONU tenía una dimensión simbólica más que efectiva. No se rompían relaciones con España ni se desconocía al régimen, simplemente se recomendaba la retirada de embajadores, un gesto cargado de intención política pero sin efectos reales sobre la soberanía del país. El problema para Franco no era sólo el castigo, sino la humillación internacional. Para más inri, los únicos apoyos explícitos que recibió en la votación fueron de países como la Argentina de Perón y algunas pequeñas repúblicas latinoamericanas, mientras que grandes potencias y democracias consolidaban el aislamiento del franquismo. Paradójicamente, la denuncia de España por ser “una dictadura fascista” partía de países que también eran dictaduras como la URSS (con tres votos), o naciones con regímenes autoritarios como Nicaragua o Venezuela, lo que dejaba claro que no se trataba de una sanción a la forma de gobierno, sino a la complicidad con el Eje.
La resolución de la ONU fue menos una cuestión de principios y más una cuestión de contexto: en 1946, tras la devastación provocada por el nazismo, los países aliados querían dejar claro que no habría espacio para los regímenes que simpatizaron con Hitler. La España de Franco, que había querido arrimarse al sol que más calentaba cuando Alemania parecía invencible, pagaba ahora su entusiasmo prematuro. El gesto de la ONU fue más una advertencia que un castigo: si España quería recuperar un lugar entre las naciones, tendría que reconstruir una narrativa más acorde con los valores que ahora impulsaban el nuevo orden mundial.
J. F: Lamata