21 noviembre 2024
‘La Revuelta’ de Broncano se moviliza junto a toda TVE para denunciar presuntos ‘métodos mafiosos’ de Pablo Motos para tener primicia con los invitados
Hechos
El 21 de noviembre de 2024 el programa ‘La Revuelta’ de TVE denunció que el programa ‘El Hormiguero’ de Antena 3 TV maniobraba para tener siempre la primicia de invitados.
Lecturas
El 21 de noviembre de 2024 David Broncano denuncia desde su programa ‘La Revuelta’ de TVE que ese día iban a entrevistar al piloto Jorge Martín pero que, a pesar de que este estaba en los estudios no podía grabar la entrevista porque había recibido una llamada que le impedía realizarla hasta que no se hubiera emitido antes una entrevista al mismo piloto en el programa ‘El Hormiguero’ de Pablo Motos en Atresmedia, por tanto la entrevista a Jorge Martín queda grabada en TVE, pero no será emitida hasta después de que se emita la de Antena 3 TV.
Todo el programa de ‘La Revuelta’ de ese 21 de noviembre de 2024 se convierte en un alegato contra ‘El Hormiguero’, que es secundado por toda los programas de actualidad de TVE: ‘La Noche en 24 Horas’, ‘La Hora de la 1’ de Silvia Intxaurrondo, ‘Mañananeros’ de Adela González, ’59 Segundos’ y hasta ‘Telediario 1’ y ‘Telediario 2’ del 22 de noviembre de 2024. Otros medios como la Cadena SER, TV3 y ETB también secundan los ataques contra ‘El Hormiguero’. La cuenta de ‘El Hormiguero’ de la red social X habla de un ‘malentendido’ de los representantes de Jorge Martín con Dorna, la empresa propietaria de los derechos de emisión de su competición.
El 25 de noviembre de 2024 D. Pablo Motos se defenderá desde ‘El Hormiguero’ de Atresmedia, en un alegato que será difundido también por los programas ‘Espejo Público’, ‘Más Vale Tarde’ y el programa de radio del Sr. Carlos Alsina en Onda Cero, todos ellos del grupo Atresmedia.
23 Noviembre 2024
Disparo en el pie de ‘El hormiguero’, la desesperación no es un malentendido
Najwa Nimri confesó en La revuelta estar vetada por El hormiguero; Mario Casas reconoció que, si iba antes a La revuelta, en El hormiguero se enfadaban; Ana Mena agendó un día con La revuelta y El hormiguero, con el que ya había acordado una entrevista, le ofreció un único día a la artista: el que había comprometido con La revuelta (la artista hizo El hormiguero, pero al día siguiente por clamor popular se saltó su agenda, que la llevaba a Valencia, y acudió a La revuelta). Aunque nadie se esperaba las audiencias de David Broncano en TVE, las cláusulas y exigencias del sistema montado durante años por El hormiguero en el circuito de colaboradores y entrevistados no son nuevas, ni desconocidas, ni escandalosas, ni exclusivas de ellos (sobran ejemplos en radio o televisión en la historia), solo que ahora se le ven más las costuras sobre el celo al que obedecen: a las inseguridades propias de quien prefiere pinchar las ruedas de su competidor antes que correr contra él, se une la desesperación. Y eso es nuevo.
Esto va de la trágica desesperación de tenerlo todo y querer cambiarlo por un poco más: con eso se ha hecho buena literatura y malos programas de entretenimiento; generalmente la cosa se acaba pudriendo porque no se puede hacer gracia si sabemos que estás enfadado con el mundo. La misma desesperación que lleva a Motos a cometer errores de cálculo como los de este jueves, consecuencia de años de comportamientos impunes: levantar, literalmente, a un invitado que ya estaba sentado en el camerino de La revuelta para ser entrevistado. Hay que tener muy poca confianza en uno mismo para que te dé un ataque de pánico e impedir a toda costa, provocando un escándalo morrocotudo, que el programa rival entreviste a un motorista, que ha salido ya en todas partes, antes que tú. Las motos van a seguir teniendo dos ruedas la próxima semana, Jorge Martín no iba a resolver en directo delante de Broncano la conjetura de Hodge. Pero de lo que se trata es de exhibir poder y ejercerlo, por placer a ratos y por cálculo otros.
No, no es lo mismo manejar un trasatlántico y dedicarse con él a monitorizar tuits y monólogos por Madrid para reñir y amedrentar a quienes hacen chistes sobre Pablo Motos, ni levantarle invitados durante años a competencia de audiencia marginal, que enfrentarte a un programa que emite 20 minutos de una berrea de ciervos y se queda a unas décimas de tu entrevista a Hugh Grant. Lo que hizo Broncano el jueves fue no callar. Callar es importante y muchas veces necesario en un mundo –el del dinero, al fin y al cabo– de intereses y contrapesos tan delicados. Te puede sostener la gente un tiempo, pero no todo el tiempo no toda la gente, por eso cuesta hablar y no molestar no ya a Motos, que no durará toda la vida, sino a un grupo que mañana te puede dar un premio literario, un programa o un papel en una película. Quizá Motos no calculó que Broncano se hartaría si lo dejaba sin show una noche. Quizá lo calculó y le dio igual. España está muy en esas últimamente (lean Malismo, de Mauro Entrialgo). Y en tíos gritando “mamá, ¡la cima del mundo!”, subidos a una gasolinera en llamas y rodeados por el FBI: un malentendido sin importancia. Hay que sentirse bien, claro que sí.
27 Noviembre 2024
A ‘El hormiguero’ se le empacha Jorge Martín (y el cameo de Albert Espinosa)
Sostengo la teoría de que una vez me llamaron desde El hormiguero y me quedé sin ganar un buen dinero porque pensé que era spam y colgué. El par de tonos de llamada en pantalla coincidieron con los que sonaron en mi salón y eso solo puede significar dos cosas: que soy idiota por perder semejante oportunidad y que ese día estaba viendo el programa de Antena 3. Pero esto no viene del rencor, lo prometo, sino de lo que he visto esta noche, mucho tiempo después de aquel día, en pantalla.
Se abrió el telón y salió Pablo Motos lanzando besos volados al público. “Si nos das una hora te devolvemos una sonrisa”, prometió. Eso es seguridad en uno mismo. Tras un anuncio salió Jorge Martín, que apareció felicísimo y con la actitud que mantuvo durante toda la entrevista, aplaudiéndose a sí mismo. Otro con la autoestima por las nubes.
Y empezó una conversación —es un decir— en la que era imposible no sacarle punta a todo. Por ejemplo, cuando al campeón de motociclismo lo recibieron con el manoseadísimo tema con el que celebran todo los señores, We Are the Champions de Queen, no puedo evitar pensar que hasta el “no time for losers” de Mercury iba con segundas y dirigido a los muchachos de la competencia. Qué sinvivir.
Cortes de mangas
Comenzó Pablo Motos diciendo: “Últimamente estás muy cotizado”. A lo que Martín respondió: “Estoy más cotizado que el bitcoin”. Y así siguió, tras este arranque vibrante, una retahíla de asuntos de interés propuestos por el presentador. Cómo se conduce llorando a 300 por hora, me han dicho que te fumaste unos puros ―comparó probar un habano por primera vez con chuparle el dedo a un mecánico—, también tu entorno comenta que eres hiperactivo, que no paras, que eres muy bromista. Hace poco le hiciste un corte de mangas a un rival y eso no está bien. “Pues mi madre ya ha hecho el sticker, lo manda a todos los lados”, respondió Martín. Buah, qué juerga.
Motos sabe perfectamente hasta dónde podrá estirar al invitado. Y conviene recordar que la última vez que el piloto visitó a las hormigas dijo aquello de “Marica el último”, cosa ante la que nadie reaccionó dentro de ese plató.
Por eso no extrañaron las respuestas de esta noche, que sucedieron más o menos tal que así: hay que ir a tope, a por ello, a morder, es “el momento que he soñado desde niño”, la clásica y no por ello menos necesaria mención a los sacrificios de los padres. Qué orgullo sacar la bandera de España, hace nada llevaba el pelo larguísimo hasta que me lo rapé y una vez llené el coche de Jorge Lorenzo de lonchas de queso.
Y por eso también el de Requena decidió darle una sorpresa al invitado, quizá para agradecerle el gesto de no tocarle las narices y también porque intuyó que en España tampoco hay tanto interés por saber lo que suda y llora un muchacho cuando va a 300 por hora. “Me han dicho que te gustó mucho un libro, Mundo amarillo, de Albert Espinosa”, dijo. Y antes de que Martín hilara una respuesta completa, apareció Espinosa, con sudadera amarilla con una frase que puede sonar maravillosa pero que a la España a la que pertenezco da pavor: “Cree en los sueños y ellos te crearán”.
Espinosa llegó, y como sabe vender libros y que el tiempo en prime time vale oro, le soltó un ejemplar firmado del libro que ya se ha leído por Martín y que tanto le gustó, el nuevo que tiene que se titula como la frase de la sudadera y aprovechó para decir que viene de la Feria del libro de Miami, que la obra se ha vendido en 20 países y que, por tanto, está más feliz que una perdiz. Esto último, como comprenderán, es una licencia, aunque no por ello suena inverosímil.
Mientras Espinosa nos contaba que es mucho mejor que un niño se muera de doce de la noche a las ocho de la mañana y que él estuvo hablando con un amigo durante ocho horas que, aunque estaba muerto, sabe que le oía, a Jorge Martín se le puso una cara de susto que solo las hormigas pudieron remontar después. “Cree y crea, amigo, eres increíble”, le dijo Espinosa mientras le despedía con un abrazo y después de que toda España viera que en la pierna artificial de Espinosa había una pegatina con el 89 (dorsal de Jorge Martín) y otra vez el título de su nueva novela.
De no creer.
27 Noviembre 2024
Jorge Martín y el recuerdo bochornoso de García y De la Morena
Jorge Martín es el nuevo campeón del mundo de MotoGP, una auténtica cabra en todos los sentidos. Me acordé de él viendo el capítulo final de la segunda temporada de Tulsa King, uno de los últimos productos de Taylor Sheridan protagonizado, en esta ocasión, por Sylvester Stallone. “La vida pasa tan rápida como una bala”, dice Vince Manfredi, su personaje, un mafioso neoyorquino de 75 años que ha penado los últimos 25 en la cárcel, asumiendo el castigo por un delito que no cometió, cerrando el pico y protegiendo los intereses de la familia Invernizzi. Como pago a tan leales servicios, Manfredi es desterrado al corazón de Oklahoma.
En esto —y en otras muchas cosas, la vida es siempre un viaje complejo— debería pensar Martinator cuando salga al plató de El hormiguero la noche de este miércoles tras el ataque de cuernos de la semana pasada: en lo rápido que pasa la vida también para él, que es bala entre las balas. Rodar por encima de los 300 km/h a lomos de un chasis con dos ruedas está al alcance de unos pocos elegidos, pero ni por esas está uno del todo preparado para asimilar, y aún menos contener, la furia desatada de Pablo Motos al enterarse, la semana pasada, de la presencia de Martín en La revuelta, un ataque de cuernos como no se recordaba en España desde que José María García y José Ramón de la Morena se peleaban, casi cada noche, por entrevistar en exclusiva (o al menos unos minutos antes que su gran rival) al protagonista de la jornada.
Aquella guerra dejó imágenes tan bochornosas para la profesión como la pelea (ambos terminaron enzarzados por el suelo) entre Alfredo Martínez (Cope) y David Alonso (Cadena SER) ante la mirada atónita de un Fermín Cacho que se acababa de proclamar subcampeón olímpico en Atlanta. Nunca está de más recordarlo en estos días confusos donde el facherío coquetea, permanentemente, con la falsa idea de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Hubo muchas más, casi todas relatadas magníficamente por Pablo Juanarena en Saludos Cordiales, un podcast sobre el auge y caída del gigante García donde De la Morena se revela como el perfecto “actor secundario y necesario”, su antagonista. “García era predominante y De la Morena el intento de contrarrestarlo”, llega a afirmar Juanarena en un reportaje de Rafa La Casa para El Confidencial. Demasiado a menudo, lo nuevo no es mucho más que algo muy viejo, pero con diferente etiqueta.
El poder del que hoy hace gala Pablo Motos levantando el teléfono para evitar la presencia de Jorge Martín en el programa de David Broncano es el mismo que demostraba García cuando se le antojaba que el entonces jefe del Estado, Don Juan Carlos I, lo felicitase, en riguroso directo, por sus magníficos datos de audiencia. El truco, por descontado, obligaba a que García se hiciese el sorprendido cuando la voz del monarca irrumpía en antena, una interpretación antológica de ese vasallaje invertido al que hoy solo pueden aspirar el peluche de Trancas y, quizá, el de Barrancas: como en algunas casas de postín, en El hormiguero saben exactamente qué hacer para que entiendas, a la primera, que no eres más que otro invitado.
Pensará el flamante campeón de MotoGP que para esto no se juega uno el cuello apurando curvas y abriendo gas en las rectas, pero más patadas da la vida, e incluso algún rival, si te despistas. Quién le iba a decir a Martinator, Stallone mediante, que hasta la cabra del Mundial puede ser utilizada como canario en la mina.
28 Noviembre 2024
El mal del rey destronado
Es bueno ser rey. La frase se la hizo decir el cómico Mel Brooks a un trasunto de monarca absoluto que, sabiéndose omnipotente, temido e impune, lo mismo le metía sin permiso el hocico en el canalillo a una súbdita maciza que practicaba el tiro al pobre con los desharrapados del reino antes de que la plebe se rebelara y le cortara la cabeza en la guillotina. La película, La loca historia del mundo, de 1981, se ha quedado trasnochada por previsible, chusca y rijosa. Pero el lema pervive, por certero, en monarquías y repúblicas. Realmente, es bueno ser rey o reina. De lo que sea. De la casa, de la fiesta, del trabajo, de la tele. Te ponen las mejores piezas a tiro para que te luzcas cazándolas mientras los palmeros te cantan a coro lo guapo que eres y el tipo que tienes, sin que nadie se atreva a insinuarte que, bajo toda tu pompa y tu soberbia, se te ven las vergüenzas.
Sí. Es fantástico ser el primero en lo tuyo. Por eso es tan difícil asumir que alguien, de repente, se atreva y consiga moverte el trono. Que tus chistes ya no hagan gracia, o ya no tanta. Que los invitados más codiciados ya no se mueran de ganas de que les recibas en tus salones cuando lo que quisieran es ir a otros que les resultan más rentables o, simplemente, más divertidos. Que ya no seas el puto amo. No. Esto no va, o no solo, de Pablo Motos ni de David Broncano. Va de la vieja y, sí, a veces loca historia del mundo. Da igual lo bueno, lo imprescindible y lo poderoso que seas o te hayan hecho creer que eres. Siempre llega alguien más fresco y más interesante que supera la cresta de tu ola, y ese tsunami se puede surfear con cintura o a codazos que solo revelan tu miedo. Por cierto, Mel Brooks sigue vivo y en forma. Tiene 98 años y, en 2023, a los 97, escribió y protagonizó la segunda parte de la comedia de marras, reconvertida en miniserie de batalla en una plataforma. Así es la vida, así que ojalá pare esta guerra ridícula y las sobreactuaciones de unos y otros como si lo suyo fuera la toma de no sé qué Bastilla catódica. Hay sitio para todos en el reino de las chorradas.