NUNCA como en los tres últimos años los gestos de RTVE han sido tan contestados desde distintos sectores de la sociedad que, en sus críticas más generalizadas, han expuesto la manifiesta incompetencia de Calviño y sus adláteres, sus repetidas actuaciones tendentes a eliminar todo atisbo de independencia y profesionalidad. Buena prueba de la discrepancia, mayoría de información y dentro de los cauces pluralistas que marca la Constitución, es evidente, no se acepta ni se asume por parte de los socialistas. Rizando el rizo de sus frecuentes equivocaciones, la última que han organizado es expedientar a Mauro Muñiz, presidente del sindicato APLl (Asociación Profesional Libre e Independiente), por colaborar en una sección bisemanal en este entrañable periódico. Para justificar lo injustificable, la dirección del organismo argumenta su actuación alegando la normativa de incompatibilidades, y así tipifican como «muy grave» la presunta falta laboral cometida por el periodista al que ahora se quiere sancionar.
Pero el asunto tiene otros matices que voy a intentar descifrar como conocedor de la causa. Mauro Muñiz, un profesional de la información de acreditada trayectoria, siempre se ha distinguido por su inconformismo y por el respeto a su propia libertad a la hora de desempeñar un trabajo. Esto, por lo que se ve, no está bien considerado por quienes hasta hace poco no enarbolaban el lema de los «cien años de honradez», cual si al biblia pareciese un tratado. Hijo de albañil, sabedor en profundidad de las angustias y carencias de una humilde familia en la posguerra, a golpe de tajo, con sudor, con esfuerzo, se fue haciendo a la vera de los conflictos sociales de su minera tierra asturiana. Pronto destacaría en su profesión periodística y en su vocación de escritor. A principios de los años sesenta gana el premio Elisenda de Montcada con su novela «La huelga», libro que, por avatares de la censura imperante, no vería la luz hasta 1968. Otras obras e importantes galardones jalonarán su biografía desde entonces. Tras distintas experiencias en la Prensa escrita, entre ellas la dirección de un periódico de corte liberal y crítico en el anterior régimen (tan crítico que sólo salió un número a la calle), recaía en Televisión Española por oposición. Aquí, y con la categoría de redactor-jefe, llegaría a desempeñar distintos puestos de responsabilidad, tales como director y subdirector de los Servicios Informativos, este último cargo a las órdenes directas de Juan Luis Cebrián, hoy «el alma pater» del diario «El país». Ya en la etapa democrática, y poco antes de la llegada del PSOE al Poder, fue recusado como responsable del programa «Parlamento», por los que entonces ocupaban su tiempo político en hacer de oposición obstruccionista. ¿El motivo? Muy simple: unas declaraciones del almirante Saturnino Suances de la Hidalga en las que se manifestaba abiertamente partidario de la entrada de España en la OTAN. El tema provocó airadas repulsas en quienes, por aquellas fechas, pintaban las paredes con una muy significativa frase: «OTAN, de entrada no», hasta tal punto que un destacado dirigente socialista, Guillermo Galeote, llegó a espetar públicamente que no cejaría hasta lograr echar a Mauro Muñiz de Televisión Española. Fue éste, sin duda, el primer indicio de la persecución que habría de venir.
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A continuación nos metemos en el caso sindical, con la presencia de Mauro Muñiz en sus listas, APLl obtiene mayoría en las elecciones celebradas en el Ente público. Desde entonces, las actividades del sindicato, tanto a través de las actuaciones personales de sus representantes como por las frecuentes hojas informativas que distribuye entre los trabajadores de RTVE, se han distinguido (en unos tiempos en que las centrales «de clase», CCOO y UGT, parecen haberse dormido en los laureles, debido al proteccionismo oficial y a su cómoda situación en la casa) por sus fuertes y atinadas críticas a quienes hoy, con total dejación de los intereses profesionales, y esto está en boca de la mayor parte de los empleados, dominan los destinos de la empresa. Este motivo que en el pasado mes de mayo se incoase un primer expediente a Mauro Muñiz, como presidente de APLl, por una nota en la que se denunciaba la situación represiva que se vive en el organismo. Este atentado a la libertad de información sindical, causa perdida antes de que se iniciase, fue sobreseído cinco meses después.
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Y ahora, el presente. ¿Qué firma Mauro en ABC? Una sección titulada «Señor presidente», en la que habitualmente recuerda al demócrata Felipe González cuál es el verdadero estado actual de la nación. Artículos estos plenos de sutil sarcasmo (a veces irónico y un lirismo que para sí quisieran las calladas plumas de la izquierda amedrentada. Desde luego, para quienes en la crítica ven siempre un enemigo a batir, para quienes la mentalidad tercermundista rige sus designios, no son artículos de recibo. Yo, que no quiero pensar mal —aunque todo apunte en esa dirección—, creo que la medida ha sido producto de un error de cálculo que sabrán rectificar. ¿Cómo los defensores a ultranza de la libertad de expresión van a convertirte ahora en los mayores perseguidores y verdugos de quienes alzan su voz de protesta y de oposición? Seguro, seguro que es una equivocación, pues lo contrario, opino, dejaría en entredicho al mismo Estado de Derecho y a la democracia en sí.
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Por ello, porque ingenuamente sostengo que esta situación se debe a la «mala interpretación» de una medida disciplinaria, no voy a entrar en divagaciones sobre quién (o quiénes) ha podido inducir a la apertura de este expediente, verdadero juicio de valor sobre una de las libertades prioritarias, aunque, eso sí, manifieste que el sentir de la gran familia profesional de RTVE, al menos en buena parte, es de indignación por lo que se considera un proceso discriminado, una clara persecución a uno de los trabajadores más brillantes de cuantos componen la amplia nómina de RTVE. Porque, y eso lo sabe toda la plantilla, Mauro Muñiz es un personaje incómodo. Y lo es para muchos motivos, pero fundamentalmente por su maestría, por su independencia y porque nunca nadie le ha tapado la boca.
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Cuando escribo estas líneas, un sinfín de sindicatos, de asociaciones, de Comités de empresa, de medios informativos, de agencias de noticias nacionales y extranjeras (ya estamos en Europa y estos casos, ahora, trascienden), de estamentos jurídicos… se han solidarizado con Mauro y con APLl. Una vez más, varios días después del sobresalto sancionador, ni UGT ni CCOO, en RTVE, han dicho palabra al respecto (¿asentirán, quizá, la medida?, ¿la aprobarán en su fuero interno?) Con esta postura, a medida que pasa el tiempo, más debemos convencernos de que el verdadero sindicalismo, la verdadera defensa de los trabajadores y sus seres, sólo puede hacerse desde la honestidad y la no pertenencia activa a un partido político ni a una opción ideológica.
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Con Mauro Muñiz nace un mártir, nace un símbolo. Muchos, que subimos plenamente sus artículos, que le leemos y nos honramos con Mauro y por su arrojo, le tenemos ya como un ejemplo a seguir. Sirva esta tribuna abierta para que, a los cuatro vientos, manifieste que estoy con él, y que, como él, no pienso arredrarme ni ante las amenazas, ni ante las coartadas ni ante la bazofia de quienes le ensenan el mango de la sartén para callarle. No le conseguirán. Si la cuestión es expedientes, como trabajador de RTVE exijo que me expedienten a mí también. Sé que al final triunfará la independencia y la libertad.
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Vicente Presa