8 enero 1986

La RTVE de Calviño expedienta al trabajador Mauro Muñiz Rodríguez por sus artículos de opinión antisocialista en ABC con el título de ‘Señor Presidente’

Hechos

El expediente fue noticia el 8.01.1986.

Lecturas

Mauro Muñiz Rodríguez, veterano periodista de Radio Televisión Española (RTVE), y presidente del sindicato APLI (Asociación Profesional Libre e Independiente), sindicato de profesionales de RTVE que no se adscriben en la izquierda, colaboraba con relativa frecuencia en ABC firmando artículos de opinión muy críticos tanto hacia el Gobierno socialista como a la actual dirección de la televisión pública.

A principios de enero estas colaboraciones se multiplicaron hasta el punto de que su columna de opinión titulada ‘Señor Presidente’ comenzó a publicarse tres artículos en una misma semana (3, 5 y 7 de enero de 1986). Ante eso el Director General de RTVE D. José María Calviño, consideró que esa labor era incompatible con la condición de Muñiz Rodríguez de trabajador de RTVE y le abrió un expediente.

Muñoz será respaldado editorialmente por ABC y también por artículos de Jaime Campmany Díez de Revenga y Vicente Presa. Muñiz es presidente del llamado sindicato APLI (Asociación Profesional Libre e Independiente).

09 Enero 1986

Mauro Muñiz

Jaime Campmany

Leer
En Prado del Rey sigue cayendo la guillotina. A Jose Luis Balbín le quitan el programa y le cierran «La clave», y a Mauro Muñiz le abren expediente. Los verdugos profesionales de la televisión española prosiguen su siniestra labor de cortadores de cabezas. Ya decía yo que las conversaciones o despachos de don Jose María Calviño con don Alfonso Guerra se desarrollaron en un escenario de la Campana de Huesca. Van cayendo, una a una, implacablemente, las cabezas más sobresalientes, más destacadas, las cabezas periodísticas que no se inclinan servilmente ante las consignas de los nuevos jefes. En tres años, la guadaña administrativa del señor Calviño ha decapitado a casi todos los profesionales brillantes, dignos e independientes. Y a medida que se aproxima el tiempo de las elecciones generales, con el desdichado referéndum de la OTAN, a la vuelta del calendario, las cabezas caen con más prisa y con menos piedad.
De nada sirve condescender con el señor Guillotín, tratar de doblegarse un poco salvando la última dignidad. Al final, o te haces sacristán de amén, o te cortan la cabeza para badajo de campana. La adhesión a las consignas del señor Calviño ha de ser incondicional. O entras por uvas y pasas por el aro, o a la guillotina, majo. En Televisión Española, a los profesionales que no obedecen ciegamente, les barren de los programas, les dejan sin función, les condenan al pasillo, al exilio del despacho y la función, a la esterilidad profesional, a la jubilación anticipada o a la muerte laboral. En TVE, hablar de libertad de expresión es, sencillamente, un sarcasmo cruel. O coges el botafumeiro y el incensario, o pones la cabeza bajo la cuchilla. Así están las cosas. Amestoy, Plaza, Iñigo, Balbín, ahora Mauro Muñiz, y tantos otros, tienen o van a tener la cabeza en el cesto de los guillotinados, y allí esperarán la resurrección cuando llegue el sueño de la televisión privada, si es que llega.
A Mauro Muñiz, viejo y excelente profesional de TVE, representante del sindicato más numeroso de aquella casa, le acusan de colaborar en este diano, aquí, pared por medio de mi columna. No le dejan escribir para TVE. No le dejan llevar la responsabilidad de un programa. No le dejan participar en un informativo. No le dejan redactar una noticia. Pero, además, no le dejan escribir en otro lugar. Quieren pasarle a las clases pasivas de la profesión, enterrarle en plenitud de su carrera profesional. Quieren ponerle la mordaza en forma de nómina. Quieren tenerle en un pasillo, despojado del esencial derecho que tiene todo trabajador: trabajar, ejercer su profesión. Pero, además, quieren que se calle. Que no escriba esos artículos llenos de humanidad caliente y de dinamita tronante que publica bajo estas palabras: «Señor presidente».
Creen que la Televisión es suya, y no consienten que alguien que pertenezca a la nómina de aquella casa del Estado pueda dirigirse al señor presidente del Gobierno para oponer un reparo, para hacer una crítica, para elevar una petición justa, para denunciar una situación inicua. Allí, en TVE, están callando a los periodistas agarrándolos por la faja y apretándoles el estómago. Si algún propagandista electoral tiene la desfachatez de repetir en la próxima campaña aquello de que «socialismo es libertad», va a ser inevitable que a muchos profesionales del periodismo nos dé un ataque de risa nerviosa. No quieren periodistas libres, quieren gregonas, sacristanes, turiferarios, abanicadores, bocas de ganso.
Alguna vez he dicho que seguir, sin una protesta, en la Televisión de Calviño será para muchos profesionales una prueba de insolidaridad o una muestra de indignidad. En aquella ocasión, algunos de los paniaguados me amenazaron con una querella. La querella no llegó. Lo que ha llegado son nuevas cabezas cortadas. Y ante ese espectáculo de decapitaciones que no cesan, lo repito. Uno hace lo que puede.
J. F. Lamata

15 Enero 1986

NACE UN MÁRTIR

Vicente Presa

Leer
NUNCA como en los tres últimos años los gestos de RTVE han sido tan contestados desde distintos sectores de la sociedad que, en sus críticas más generalizadas, han expuesto la manifiesta incompetencia de Calviño y sus adláteres, sus repetidas actuaciones tendentes a eliminar todo atisbo de independencia y profesionalidad. Buena prueba de la discrepancia, mayoría de información y dentro de los cauces pluralistas que marca la Constitución, es evidente, no se acepta ni se asume por parte de los socialistas. Rizando el rizo de sus frecuentes equivocaciones, la última que han organizado es expedientar a Mauro Muñiz, presidente del sindicato APLl (Asociación Profesional Libre e Independiente), por colaborar en una sección bisemanal en este entrañable periódico. Para justificar lo injustificable, la dirección del organismo argumenta su actuación alegando la normativa de incompatibilidades, y así tipifican como «muy grave» la presunta falta laboral cometida por el periodista al que ahora se quiere sancionar.
Pero el asunto tiene otros matices que voy a intentar descifrar como conocedor de la causa. Mauro Muñiz, un profesional de la información de acreditada trayectoria, siempre se ha distinguido por su inconformismo y por el respeto a su propia libertad a la hora de desempeñar un trabajo. Esto, por lo que se ve, no está bien considerado por quienes hasta hace poco no enarbolaban el lema de los «cien años de honradez», cual si al biblia pareciese un tratado. Hijo de albañil, sabedor en profundidad de las angustias y carencias de una humilde familia en la posguerra, a golpe de tajo, con sudor, con esfuerzo, se fue haciendo a la vera de los conflictos sociales de su minera tierra asturiana. Pronto destacaría en su profesión periodística y en su vocación de escritor. A principios de los años sesenta gana el premio Elisenda de Montcada con su novela «La huelga», libro que, por avatares de la censura imperante, no vería la luz hasta 1968. Otras obras e importantes galardones jalonarán su biografía desde entonces. Tras distintas experiencias en la Prensa escrita, entre ellas la dirección de un periódico de corte liberal y crítico en el anterior régimen (tan crítico que sólo salió un número a la calle), recaía en Televisión Española por oposición. Aquí, y con la categoría de redactor-jefe, llegaría a desempeñar distintos puestos de responsabilidad, tales como director y subdirector de los Servicios Informativos, este último cargo a las órdenes directas de Juan Luis Cebrián, hoy «el alma pater» del diario «El país». Ya en la etapa democrática, y poco antes de la llegada del PSOE al Poder, fue recusado como responsable del programa «Parlamento», por los que entonces ocupaban su tiempo político en hacer de oposición obstruccionista. ¿El motivo? Muy simple: unas declaraciones del almirante Saturnino Suances de la Hidalga en las que se manifestaba abiertamente partidario de la entrada de España en la OTAN. El tema provocó airadas repulsas en quienes, por aquellas fechas, pintaban las paredes con una muy significativa frase: «OTAN, de entrada no», hasta tal punto que un destacado dirigente socialista, Guillermo Galeote, llegó a espetar públicamente que no cejaría hasta lograr echar a Mauro Muñiz de Televisión Española. Fue éste, sin duda, el primer indicio de la persecución que habría de venir.
A continuación nos metemos en el caso sindical, con la presencia de Mauro Muñiz en sus listas, APLl obtiene mayoría en las elecciones celebradas en el Ente público. Desde entonces, las actividades del sindicato, tanto a través de las actuaciones personales de sus representantes como por las frecuentes hojas informativas que distribuye entre los trabajadores de RTVE, se han distinguido (en unos tiempos en que las centrales «de clase», CCOO y UGT, parecen haberse dormido en los laureles, debido al proteccionismo oficial y a su cómoda situación en la casa) por sus fuertes y atinadas críticas a quienes hoy, con total dejación de los intereses profesionales, y esto está en boca de la mayor parte de los empleados, dominan los destinos de la empresa. Este motivo que en el pasado mes de mayo se incoase un primer expediente a Mauro Muñiz, como presidente de APLl, por una nota en la que se denunciaba la situación represiva que se vive en el organismo. Este atentado a la libertad de información sindical, causa perdida antes de que se iniciase, fue sobreseído cinco meses después.
Y ahora, el presente. ¿Qué firma Mauro en ABC? Una sección titulada «Señor presidente», en la que habitualmente recuerda al demócrata Felipe González cuál es el verdadero estado actual de la nación. Artículos estos plenos de sutil sarcasmo (a veces irónico y un lirismo que para sí quisieran las calladas plumas de la izquierda amedrentada. Desde luego, para quienes en la crítica ven siempre un enemigo a batir, para quienes la mentalidad tercermundista rige sus designios, no son artículos de recibo. Yo, que no quiero pensar mal —aunque todo apunte en esa dirección—, creo que la medida ha sido producto de un error de cálculo que sabrán rectificar. ¿Cómo los defensores a ultranza de la libertad de expresión van a convertirte ahora en los mayores perseguidores y verdugos de quienes alzan su voz de protesta y de oposición? Seguro, seguro que es una equivocación, pues lo contrario, opino, dejaría en entredicho al mismo Estado de Derecho y a la democracia en sí.

Por ello, porque ingenuamente sostengo que esta situación se debe a la «mala interpretación» de una medida disciplinaria, no voy a entrar en divagaciones sobre quién (o quiénes) ha podido inducir a la apertura de este expediente, verdadero juicio de valor sobre una de las libertades prioritarias, aunque, eso sí, manifieste que el sentir de la gran familia profesional de RTVE, al menos en buena parte, es de indignación por lo que se considera un proceso discriminado, una clara persecución a uno de los trabajadores más brillantes de cuantos componen la amplia nómina de RTVE. Porque, y eso lo sabe toda la plantilla, Mauro Muñiz es un personaje incómodo. Y lo es para muchos motivos, pero fundamentalmente por su maestría, por su independencia y porque nunca nadie le ha tapado la boca.
Cuando escribo estas líneas, un sinfín de sindicatos, de asociaciones, de Comités de empresa, de medios informativos, de agencias de noticias nacionales y extranjeras (ya estamos en Europa y estos casos, ahora, trascienden), de estamentos jurídicos… se han solidarizado con Mauro y con APLl. Una vez más, varios días después del sobresalto sancionador, ni UGT ni CCOO, en RTVE, han dicho palabra al respecto (¿asentirán, quizá, la medida?, ¿la aprobarán en su fuero interno?) Con esta postura, a medida que pasa el tiempo, más debemos convencernos de que el verdadero sindicalismo, la verdadera defensa de los trabajadores y sus seres, sólo puede hacerse desde la honestidad y la no pertenencia activa a un partido político ni a una opción ideológica.
Con Mauro Muñiz nace un mártir, nace un símbolo. Muchos, que subimos plenamente sus artículos, que le leemos y nos honramos con Mauro y por su arrojo, le tenemos ya como un ejemplo a seguir. Sirva esta tribuna abierta para que, a los cuatro vientos, manifieste que estoy con él, y que, como él, no pienso arredrarme ni ante las amenazas, ni ante las coartadas ni ante la bazofia de quienes le ensenan el mango de la sartén para callarle. No le conseguirán. Si la cuestión es expedientes, como trabajador de RTVE exijo que me expedienten a mí también. Sé que al final triunfará la independencia y la libertad.
Vicente Presa

El Análisis

Muñiz obligado a quedarse como Spectador

JF Lamata

Pocas cosas sacaban más de quicio a José María Calviño y a Pilar Miró, que Mauro Muñiz, el jefe del sindicato APLI, que lideraba a todos los trabajadores de TVE que pudieran ser llamados «no de izquierdas». Peleón como nadie, con él en Prado el Rey, los jerarca de la televisión pública felipista sabían que tenían un enemigo en casa. Muy pronto se produjo la alianza entre Luis María Anson y Mauro Muñiz, para que Muñiz pudiera usar al ABC para zurrar a sus jefes. En un momento determinado Anson acordó que creara una firma bajo seudónimo «Spectador», para zurrar sin ser identificado. En enero de 1986 Anson quiso recompensar a Muñiz con una sección usando su propio nombre, para que la gente pudiera apreciar su prosa. Por desgracia, la dirección de RTVE abortó la sección, así que Muñiz tendría que seguir expresándose en ABC sólo bajo la firma de ‘Spectador’, sin poder usar su nombre real para no ser pillado.

J. F. Lamata