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Será la última vez que crucen espada los dos ancianos comentaristas

Última polémica entre los veteranos columnistas Jaime Campmany (ABC) y Eduardo Haro Tecglen (EL PAÍS) por la figura del político Rafael Simancas (PSOE)

HECHOS

El 29 de julio de 2003 D. Eduardo Haro Tecglen publicó en EL PAÍS un artículo contra D. Jaime Campmany de ABC.

28 Julio 2003

Letrilla Satírica

Jaime Campmany

ONTRA quién va esta letrilla? Contra toda la pandilla. «Jo, qué tropa», que diría el conde de Romanones, nata de las construcciones, flor de la ladrillería. Toda la albañilería desde Parla hasta Alcalá sabe bien lo que se va en ese bandolerismo que convirtió el socialismo en cueva de Alí Babá.

Socialistos socialistas más frescos que los abriles: antes eran albañiles y ahora son capitalistas. Son expertos de las listas por administrar tributos, peritos en sacar frutos de los huertos del Estado, maestros en el trincado y espejo de los «corrutos».

¿Contra quién estas retrancas? Contra el tonto de Simancas.

Tonto que nunca se acaba, tontucio de capirote, tonto del pijo y del bote, tonto del culo y del haba. Tonto al que se cae la baba, tonto que come lo verde, es tonto del ganapierde, tonto de quiero y no puedo, mas no le metas el dedo en la boca porque muerde.

Morder solamente sabe, que es un saber de animal, y si es para hacer el mal, morder y arañar si cabe. Presumiendo de suave maneja la uña y el diente, jura, firma, finge y miente sin vergüenza y sin rubor, y todo lo hace por mor de llegar a presidente.

Va esta letrilla zumbona a la mujer del Mamblona.

Y cómo pega la hebra esta portavoz de carga, con una lengua tan larga que es envidia de culebra. Desastre, desgracia, quiebra a la Asamblea reporta; como furia se comporta o como felino herido. Compadeced al marido de la fiera de Ruth Porta.

Cada vez que en la Asamblea suelta Porta sus palabras es un rebaño de cabras que el demonio pastorea. Y suele ser cosa fea lo que sale de su boca, improperio que provoca o traidor tantarantán, picadura de alacrán que envenena lo que toca.

Esta letrilla la endiño al cenutrio de Pepiño.

Este ejemplo de estulticia, este émulo de percebe es obsequio que nos llueve de la lluviosa Galicia. Con qué admirable pericia y hasta el mismo corvejón mete pata el tontorrón en todo cuanto ha tocado, pues ha desorganizado toda la Organización.

Desde las urnas de mayo, todos los días exclama que hay una terrible trama entre el PP y el Tamayo. Y ahora ya veis cómo el gallo ha resultado ser grillo, y que la trama es un pillo, otro pillo y otro pillo, banda que en trincar se empeña en la mafia madrileña de la hoz y del ladrillo.

Esta letrilla postrera va para Jesús Caldera.

Se encuentran en el Congreso dos calvicios diputados que compiten en peinados moda del Pelo-pon-eso. Uno es de eso del «progreso» y es el de fregar Caldera, otro, ensaimada en euskera lleva sobre el molondrón. No sé cual es más molón por su bella cabellera.

Se ha puesto un «look» muy moderno este Caldera que digo, mas no lo quiere de amigo ni Satán en el Infierno. Si toro, le falta cuerno; teta si quiere ser cabra, le falta arado si labra, si gallo, le falta cresta, para cestero la cesta y si orador, la palabra.

¿Contra quién va esta letrilla? Contra toda la pandilla.

29 Julio 2003

TONTO SIMANCAS

Eduardo Haro Tecglen

Cuando le conocí era ya presidente por elección popular: aún no le habían atracado. Me pareció un hombre bueno y sencillo, como eran los socialistas; después de la tragedia y del cerco de Madrid en el que le destrozaron, vi su perplejidad: no debía saber que eso pasa todos los días. Leí ayer sus confesiones en este periódico y vi mis sospechas confirmadas: un hombre honrado. «De pro». Una pitonisa me dijo al lado: «Morirá de pena». A estas personas se las suele apartar de las formas de poder, aunque sean las hogareñas, diciendo que son «tontas»: y es que no son de la canalla. Claro, cuando pasé de periódicos llegue al portavoz oficioso, al que prepara los ambientes y filtra los documentos (¡el plan Ibarretxe!), o sea ABC, y uno de ellos [Jaime Campmany] le llamaba tonto en verso. Aquí está: «Tonto que nunca se acaba, tontucio de capirote, tonto del pijo y del bote, tonto del culo y del haba. Tonto al que se cae la baba, tonto que come lo verde, es tonto del ganapierde, tonto de quiero y no puedo, mas no le metas el dedo en la boca porque muerde. Morder solamente sabe, que es un saber de animal, y si es para hacer el mal, morder y arañar si cabe. Presumiendo de suave maneja la uña y el diente, jura, firma, finge y miente sin vergüenza y sin rubor, y todo lo hace por mor de llegar a presidente».

No me importa perder estas líneas de las pocas que tengo: es bueno, digo, difundir el pensamiento contemporáneo de la derecha desvergonzada y lenguaraz. Y la falsedad en cada palabra. Es verdad que ya en la Asamblea los ladrones de votos le llamaron «maricón», o le compararon con Goebbels, pero este antiguo Jefe Nacional poeta, sobrealimentado por sus cargos nutricios, es más descarnado, sucio y grosero. Es habitual en él, pero se luce ante los suyos, que repartirán recortes y correos con el poema turbio. Quizá junto a otros recortes en los que se advierte que los argentinos apresados por asesinos y torturadores deben ser juzgados en Argentina y no extraditados. Aquí, en efecto, ese tipo de canallas no se juzgan; son ellos mismos. Los asesinos de uniforme sólo torturaron rojos y terroristas; ya rechazaron cualquier acusación contra Pinochet; el hombre al que recuerdo con su capa de Drácula siguiendo el féretro de Franco, su maestro.

Vuelvo a Simancas: sin abolengo fascistas, sin maldad, sin robar democracias, me temo que ha perdido su carrera. Me temo que el votante de Madrid diga también que ese hombre es tonto: porque es decente.

Eduardo Haro Tecglen

06 Agosto 2004

DÁNDOLE AL HARO

Jaime Campmany

Hace poco Eduardo Haro Tecglen me dedicaba su artículo diario, que yo he leído tarde aquí en Italia. Ya sabéis, España mi natura, Italia mi ventura. Y reproduce ce por be mi letrilla al tonto de Simancas. Puede ser que a Haro le haya brotado la verde flor de la envidia y quiera, él también, andar en versos míos, que los admira porque los reproduce. No quisiera yo pecar de mezquino y que Haro Tecglen se quede sin letrilla. Ahí la dejo:

«Al pobrecillo Simancas, que es tonto de menester, le viene Haro a defender, que él es perro con carlancas. Con razones cojitrancas da muletas al baldado, y tanto se ha entusiasmado al ayudar al tullido, que perdiendo el buen sentido le ha reputado de honrado.

»Y eso parece dislate y exagerado descaro, pues es muy raro que el Haro no vea que allí hay tomate. No cuida de que contrate sesenta mil construcciones, todas con sus comisiones para un amigo bolsillo, y pasándose de pillo antes de las elecciones.

»Que si al tonto ha defendido Haro Tecglen, que no es tonto, será que la orden de pronto de algún jefe le ha venido. Será que le han sugerido ese molesto quehacer, y él se aplica a defender lo que defensa no tiene; será tal vez que mantiene aún las ganas de comer».

Porque Eduardo Haro tiene la costumbre de justificar los escritos de ayer que hoy le abochornan con el argumento de que tenía que comer. «Se nos murió un Capitán, pero Dios misericordioso nos envió a Franco, y hoy, ante la tumba de José Antonio…». Eso escribía Haro en los años del franquismo, y enseguida se metía una buena comida entre pecho y espalda. Piropo a Franco, y un besugo al horno; nenia a José Antonio, y chuletón de buey que te crió. Así se puso él, y así sigue, que da gloria verle, tan rollizo y tan en sus carnes. Claro, con halagos tan nutricios, cualquiera.

Compuestas ya las tres décimas de la letrilla, me entraron escrúpulos de no haber tratado a Haro con estrofa más noble y de arte mayor, y enjareté estos sonetos que aquí le propino:

«Por nutrirse tres veces cada día, / que es una aspiración muy natural, / le hizo a Franco un rendido madrigal / y a José Antonio le hizo una elegía. / Leyendo lo que entonces escribía / en honor del invicto general, / fue Haro Tecglen un bravo comensal / que terminaba incluso con Pavía. / Eran tantas sus hambres proverbiales, / tantos sus apetitos insaciados, / tantas sus ganas siempre insatisfechas, / que las Leyes tragó Fundamentales, se comió los decretos a puñados / y para postre el yugo con las flechas.

»No será extraño, pues, que en este caso, / a fuerza de ofrecer sus opiniones / como cronista fiel de «Informaciones», / comer lograra en plato nunca escaso. / Engullía dos veces por si acaso / y para compensar las concesiones, / de modo que unos cuantos atracones / le ponen gordo como Sancho el Craso. / De niño se inició republicano, / de joven fue franquista alabancioso, / y hoy es rojelio de hoz y de martillo. / Momia en el gran museo polanquiano, / en nicho cebrianita y disgustoso, / entre los dos le han dado masculillo».

 

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