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El juez de la Audiencia Nacional, Gómez Chaparro, le concedió un permiso que le ha servido para huir de España

Uno de los asesinos de Atocha, Lerdo de Tejada, logra fugarse tras conceder una entrevista a Alfredo Semprún (BLANCO Y NEGRO)

HECHOS

  • En abril de 1978 Lerdo de Tejada, uno de los acusados de participar en la matanza de Atocha logró fugarse durante un permiso. Poco después de conocerse su fuga, apareció una entrevista suya con el periodista D. Alfredo Semprún de BLANCO Y NEGRO.

EL JUEZ GÓMEZ CHAPARRO APARTADO DE LA AUDIENCIA NACIONAL

El juez Sr. Gómez Chaparro que concedió el permiso a Lerdo de Tejada, fue expedientado y tras la sanción fue apartado de su puesto como responsable del juzgado Nº1 de la Audiencia Nacional, puesto en el que será reemplazado por el Sr. Varón Cobos.

¿ENCUENTRO CASUAL ENTRE EL PRÓFUGO Y EL PERIODISTA DE BLANCO Y NEGRO?

Lerdo_Semprun El Sr. Lerdo de Tejada con D. Alfredo Semprún.

25 Abril 1979

Las vacaciones de un criminal

EL PAÍS (Editorialista: Javier Pradera)

El quebrantamiento por el señor Lerdo de Tejada del régimen de prisión preventiva, situación derivada del gravísimo delito por el que fue procesado hace más de dos años, ha producido en la opinión pública una reacción de estupor e indignación que puede cobrar mayor amplitud si las autoridades no dan una explicación satisfactoria de lo sucedido.La primera reflexión que surge en torno a la fuga del señor Lerdo de Tejada no tiene como objeto el hecho en sí mismo, sino la lentitud con que se ha ido arrastrando la instrucción del sumario, tanto menos disculpable cuanto que los actos criminales sometidos a investigación tuvieron una trascendencia y significación históricas. La matanza de Atocha y el emocionado entierro de sus víctimas fueron acontecimientos decisivosen la prehistoria inmediata de nuestras recientes instituciones democráticas. De añadidura, las declaraciones ante el juez y a los medios de opinión de los encartados en esa siniestra y cobarde vendetta han esclarecido parte de los hechos, aunque no hayan aclarado más que mínirnamente las complicidades y encubrímientos que forman la base oculta del iceberg, y han suministrado incluso elementos suficientes para escribir el guión de una pelíCula sobre aquellos trágicos días de enero. Por lo demás, causa sorpresa conocer la generosa liberalidad de los permisos de que han disfrutado los procesados en este sumano para abandonar la prisión de Ciudad Real y los motivos puramente vacacionales para concederlos. Porque es difícilmente comprensible que los acusados de autoría por un crimen como la matanza de Atocha puedan salir de su reclusión como si de, alumnos en un internado se tratara. La noticia, todavía no confirmada, de que la decisión del juez instructor de la Audiencia Nacional para conceder esa merced al señor Lerdo de Tejada no fue precedida del inforime del ministerio fiscal sería cuando menos chocante, y la información de que la acusación privada no fue notificada de esa medida suscita algo más que perplejidad, ya que la ley de Enjuiciamiento Criminal establece la obligación de notificar los autos y providencias del juez instructor a las partes. En cualquier circunstancia, habría que plantear una seria interrogante sobre los criterios de oportunidad que animaron a mostrar esta benevolencia y, por supuesto, exigir una investigación sobre las complicidades que han permitido al

señor Lerdo de Tejada cruzar la frontera.Desde órganos de opinión de la derecha autoritaria se ha lanzado, en los últimos meses, una virulenta campaña contra la reforma penitenciaria iniciada, con bastantes mejores intencionesque resultados, por el señor García Valdés. El incremento de la delincuencia comun sería, según las opiniones de los críticos, la segura consecuencia de transformar las cárceles en luigares ligeramente menos invivibles y de establecer regímenes de prisión abierta para los condenados por sentencia firme. Los biempensantes, que olvidan los condicionamientos sociales de los delitos comunes y que erigen altos muros, disciplina legionaria y largas condenas para los que invaden el ámbito de la propiedad privada, tienen ahora una excelente ocasión para meditar. Mientras, el señor Lerdo de Tejada ha roto su palabra y ha defraudado la confianza que en su honor depositara el juez de la Audiencia Nacional, con la consecuencia añadida de perjudicar a todos los procesados y condenados, que pueden verse privados de ese beneficio por el precedente de su fuga, Eleuterio Sánchez cumple a entera satisfacción sus compromisos.Pero en este caso se trata, dirán los críticos, de un delito de motivación política. Aun dejando a un lado la circunstancia de que los autores de la matanza de Atocha no se vieron beneíiclados por la amnistía de octubre de 1977, resulta difícil para quienes condenan la violencia, venga de donde venga, dejar de comparar la prisión de Ciudad Real con la cárcel de Soria y el permisivo régimen a que han estado sometidos los procesados por la matanza de Atocha con la dureza que se aplica a los acusados de haber participado en las acciones criminales de ETA.

26 Abril 1979

Autonomía y arbitrariedad

Manuel Martín Ferrand

El juez Chaparro, que conoce bien los mecanismos de la irregularidad judicial de sus tiempos de juez de Orden Público, tiene, después de dos años de la matanza de Atocha, en plena fase sumarial el procedimiento. No hay contabilidades que analizar, grandes dictámenes que recibir, ni argumentos conocidos que justifiquen una dilación semejante en un tema tan grave. No es cosa, evidentemente de administrar justicia a vuelta de correo, pero tampoco de alargar los temas hasta el punto que, en lo que a la matanza de Atocha se refiere, de seguir el ritmo actual estamos todavía a tres o cuatro años de la Sentencia.

Ahora, de ser cierto que el juez Chaparro obró por si en el delicado asunto de las vacaciones de Lerdo de Tejada estamos ante una nueva, grave y pintoresca situación.

Podría especularse, a propósito de todo esto, de si se trata de alguna manera de ayudar a un mocito de la extrema derecha o de vengarse ante las reformas carcelarias emprendidas con más voluntad que acierto por García Valdés, pero entiendo que eso es lo fácil, lo circunstancial y lo demagógico. Lo oportuno, pienso, es llegar a una conclusión: en un sistema democrático todos tienen control y vigilancia de su actuación. El Gobierno, el Ejecutivo, tiene a todo un Legislativo tras de sí en antena vigilancia de cualquier posible desmán. Más aún, sin control no hay democracia. Y dada nuestra peculiar organización, sin mecanismos eficaces de control judicial, un juez de instrucción tiene más poder que un ministro o que el propio presidente del Gobierno. Ese es el gran tema que suscita la acción del juez Chaparro y que merece la atención y el análisis de los expertos.

Una cosa es la necesaria autonomía del poder judicial – y los señores jueces son especialmente celosos de ella – y otra muy distinta su arbitrariedad. Ahí está la cuestión.

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