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Los diarios EL PAÍS y ABC publican el mismo día sendos editoriales contra el programa de Antonio Herrero en la Cadena COPE

HECHOS

El 22.02.1998 los diarios ABC y EL PAÍS dedicaron parte de sus respectivos editoriales a criticar el estilo de D. Antonio Herrero en su programa radiofónico ‘La Mañana’ de la Cadena COPE, cuyo accionista mayoritario es la Conferencia Episcopal.

El director de ABC en feb. de 1998, D. Francisco Giménez Alemán, reconoce sus discrepancias con el estilo de D. Antonio Herrero en declaraciones a J. F. Lamata:

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JUSTO FERNÁNDEZ, UN SOCIALISTA EN DEFENSA DE HERRERO

 A pesar de que el PSOE era un partido detractor de D. Antonio Herrero (no en balde el locutor de la COPE había sido un látigo constante durante la última legislatura del PSOE de D. Felipe González en el Gobierno), en la tertulia del Sr. Herrero estaba de tertuliano el izquierdista D. Justo Fernández sindicalista de la UGT que compartía parte de sus críticas contra el Sr. González. Precisamente desde su condición de socialista el Sr. Fernández quizo hacer un alegato en favor del Sr. Herrero al día siguiente de los editoriales de EL PAÍS y ABC pidiendo el despido del Sr. Herrero:

“Hay un tema del que quería hablar y una única vez lo voy a decir. Yo he colaborado en casi todos los periódicos más importantes del país, en las revistas, en programas de radio, e incluso en programas de TV. Y voy a hacer una manifestación personal. Nunca jamás he tenido tanta libertad para decir lo que me parezca oportuno, aunque discrepe totalmente del resto de los contertulios, como en la COPE. Y eso hay que decírselo a esas otras emisoras que vienen siempre dando clases y clases y donde cada vez que hay problemas echan al contertulio” (D. Justo Fernández, COPE, 24-02-1998)

22 Febrero 1998

PERIODISMO DE CRUZADA

Editorial (Director: Jesús Ceberio)

La COPE, ha actuado, sobre todo a través del programa de Antonio Herrero, como altavoz unificador del mensaje que cada día querían transmitir los cruzados; en la COPE confluyen, aún hoy, todos ellos.

Las revelaciones  de Luis María Anson confirman algo que nadie atento a la realidad ignoraba: la existencia de alguna forma de concertación entre los periodistas citados por el ex director de ABC para acabar con Felipe González. La novedad radica en que Anson explica desde dentro el pretexto que les servía para justificar ante sus propios ojos esa forma de conspiración. La historia reciente nos ha enseñado que hasta los estafadores más obvios -como Roldán, como algún banquero- son capaces de imaginar nobles coartadas para presentarse como personas respetables. Los directores de medios de comunicación y demás comunicadores señalados por Anson no defendían interés innoble alguno, sino el más altruista imaginable: salvarnos a los españoles de nuestra, tendencia a votar mayoritariamente por quien no lo merecía.El criterio del todo vale fue aplicado en aras de tan alta finalidad. A partir de las elecciones de 1993 los comprometidos elevaron el tono de sus críticas al Gobierno socialista. Con algunas características comunes: la búsqueda del escándalo como argumento principal, y la personalización de las críticas en Felipe González. A diferencia de lo ocurrido en años anteriores, a partir de 1993 se observa una voluntad deliberada de relacionar a González con todos los escándalos, incluyendo alguno inventado (por ejemplo, el de su cuñado, Palomino), y de responsabilizarle personalmente del deterioro político. El resultado fue una estrategia de deslegitimación que incluía el estrambote de considerar que la resistencia de González a irse era lo que estaba crispando a la sociedad y generando inestabilidad.

Si las cosas son como dice Anson, los citados por él están obligados a explicarse ante los ciudadanos. No basta con erigirse en víctimas -a veces en términos grotescos- para borrar la acusación de uno de los suyos, que presenta a los campeones de la insobornable independencia periodística como agentes de una operación concertada en la que no importaba tanto la verdad, sino esa parte de la verdad que contribuía a liquidar a González. Alguien ha dicho que más allá de las palabras están los hechos, en alusión a las evidencias sobre la corrupción y los GAL; pero una cosa es desvelar escándalos y otra utilizarlos de modo unilateral y concertado. El espectáculo de estos periodistas confabulados en una estrategia política común es inimaginable en cualquier democracia avanzada y constituye un bochorno para una profesión que basa su credibilidad en la independencia.

Bajo la bandera del pluralismo y la libertad de expresión dispararon contra todo aquel que no se aviniera a este periodismo de consigna. Especialmente, pero no sólo, a EL PAÍS. Esa agresión se ha prolongado tras el triunfo del PP. -A raíz de la compra de ANTENA 3 por Telefónica, el director de EL MUNDO -siempre en los ámbitos más oscuros de la realidad- se felicitaba por una operación que «rompe el maleficio» de que, pese al cambio de Gobierno, «el felipismo siguiera controlando la sociedad española a través de su implacable maquinaria mediática». El intento, riada teórico, de llevar a la cárcel a Jesús de Polanco y Juan Luis Cebrián se presentó como la continuación natural de la derrota de González. No había sólo que cambiar de Gobierno, sino «de sistema»: en eso consistía la «segunda transición».

Los propietarios de las empresas desde las que se ha llevado a cabo la operación descrita por Anson debieran también decir algo. Muy particularmente una institución como la Conferencia Episcopal, cuyo portavoz ha vuelto a imitar a Pilatos al calificar el asunto de «ridiculez» y negar que afecta a la jerarquía eclesiástica. Su cadena de radio, la COPE, ha actuado, sobre todo a través del programa de Antonio Herrero, como altavoz unificador del mensaje que cada día querían transmitir los cruzados; en la COPE confluyen, aún hoy, todos ellos. Los obispos han optado otra vez, triste recuelo de una historia aún reciente, piar los conspiradores y los difamadores, no por las víctimas de esa acción.

Contra lo que en su momento dijeron algunos dirigentes socialistas, hoy parece improbable que el PP moviera todos los hilos de la confabulación, aunque existen firmes indicios de que alguno de sus máximos dirigentes. aparecía en casi todas las salsas de ese periodismo de cruzada. En todo caso, alguien convenció a Aznar de que debía acomodar su estrategia a la ola de deslegitimación de González que otros garantizaban. En ese contexto debería agradecer el gesto de responsabilidad del secretario general del PSOE, Joaquín Almunia, de cortar cualquier intento de aprovechar las revelaciones de Anson para cuestionar la legitimidad del triunfo del PP en marzo de 1996. Es de esperar que no haya más compromisos o deudas de quien preside el Gobierno de todos los españoles con quienes se jactan de haberle llevado a La Moncloa. Sería una triste recompensa.

22 Febrero 1998

LAS ONDAS CRISPADAS

Editorial (Director: Francisco Giménez-Alemán)

ABC lamenta que en esa emisora de la que es propietaria mayoritaria la Conferencia Episcopal, en sus coloquios y tertulias, se viertan valoraciones extremosas y crispadas, insultos y descalificaciones

Jamás la crítica requiere el insulto o la descalificación. La libertad de opinión no debe confundirse con ‘la libertad de insolencia’. TOda libertad tiene sus límites en la razón, la verdad y la justicia. Las mejores armas de la crítica siempre han sido la serenidad, el sosiego y la reflexión, la dureza con las conductas y el respeto a las personas. Toda libertad recobrada después de una larga etapa de coacción suele generar abusos y excesos. Así ha sucedido en España. Quizá no sea inútil recordar que para Tocqueville, la libertad de Prensa, pilar de las sociedades democráticas, es deseable más por los males que evita que por los bienes que proporciona. Algunos profesionales del Periodismo parecen en ocasiones empeñados en confirmar el aserto del pensador francés.

Pero la mesura y el respeto, la proscripción del insulto y la benevolencia con quienes son criticados resultan aún más exigencias inexcusables en un medio de comunicación en el que la Conferencia Episcopal es el accionista ampliamente mayoritario.

Es evidente que la propiedad de una cadena de emisoras debe dejar libertad de acción a sus profesionales, pero también lo es que éstos deben fidelidad a los principios y valores que inspiran la acción de una empresa que debe aspirar a convertirse en instrumento al servicio de la sociedad.

ABC, único diario español de ámbito nacional que dedica una sección fija a la información religiosa y que, desde su independencia y su compromiso exclusivo con los lectores, ha adoptado siempre una actitud de respeto a la Iglesia Católica, con la que comparte los principios sobre los que se asienta el humanismo cristiano, principios que han inspirado y deben seguir haciéndolo, la sociedad española, lamenta que en esa emisora de la que es propietaria mayoritaria la Conferencia Episcopal, en sus coloquios y tertulias, se viertan valoraciones extremosas y crispadas, insultos y descalificaciones y, en general, opiniones que escasamente se compadecen con los principios del humanismo cristiano y con la vieja máxima de odiar el delito pero compadecer al delincuente. Difícilmente tienen los oyentes la impresión de escuchar opiniones basadas en los valores cristianos. Todo ello con independencia de la competencia y buen hacer de la mayoría de sus profesionales.

El asunto es tan claro que en el seno de la propia Conferencia Episcopal se han levantado voces de prelados que critican con duerza los niveles vitriólicos que llegan a alcanzar las opiniones de algunos responsables de programas y de sus vociferantes contertulios, que parecen olvidar la máxima galileana de que allí donde se grita no hay verdadera ciencia. La crítica legítima que muchos obispos realizan sobre  ciertos comportamientos sociales y, concretamente, contra los excesos de algunos medios de comunicación social, pierden bastante legitimidad y fuerza moral cuando coexisten con actitudes semejantes en el medio del que son propietarios. No cabe olvidar que es menester ver la viga en el ojo propio antes que en el ajeno.

23 Febrero 1998

Campaña bipolar contra la COPE

EL MUNDO (Director: Pedro J. Ramírez)

Que el diario EL PAÍS arremetiera por dos días consecutivos contra Antonio Herrero y la COPE, citando fuentes anónimas de la Conferencia Episcopal, entra dentro de la lógica de las cosas. A fin de cuentas Herrero es el brillante competidor que pilota el informativo líder de la mañana de la radio y es probable que cuando el sonrojante desequilibrio de frecuencias introducido por el PSOE se corrija, supere globalmente en audiencia al programa de Gabilondo en la SER. La COPE es el único medio audiovisual que crea opinión y no acepta ni el vasallaje ni la satelización respecto al polanquismo.

Lo inaudito es que a esos ataques tan interesadamente fundados se sumara ayer el diario ABC, envolviendo los tópicos y lugares comunes del grupo PRISA con una serie de apelaciones que tan sólo pueden conectar con una irrelevante minoría ultramontana del Episcopado. Hay sectores de la derecha española que parecen añorar los años en los que servían de cómoda comparsa a una izquierda cuya hegemonía intelectual aceptaban. Hace bien Antonio Herrero en emplazar a Guillermo Luca de Tena, que tras el revuelo organizado por Anson, debe dejar de ser el mudo de la película.

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