23 diciembre 1979

Lucha interna por el mando del EBB del PNV ante la inminente sucesión a Carlos Garaicoetxea: Xabier Arzalluz se enfrenta a los ‘sabinianos’ de Ramón Ormaza

Hechos

Los días 21, 22 y 23 de diciembre de 1979 el diario EL PAÍS publicó un reportaje sobre la situación del Partido Nacionalista Vasco.

Lecturas

En vísperas de las primeras elecciones al Parlamento Vasco, que alumbrarían el Gobierno autónomo de Euskadi, el Partido Nacionalista Vasco (PNV) —fundado en 1894 por Sabino Arana y con más de 50.000 afiliados— se encontraba inmerso en una profunda crisis interna que amenazaba su unidad y su capacidad para liderar el proceso autonómico. Así lo retrataba el periodista Patxo Unzueta en una serie de tres reportajes publicados en EL PAÍS los días 21, 22 y 23 de diciembre de 1979, bajo el título común PNV: las raíces de un conflicto.
El epicentro del enfrentamiento era la sucesión en el Euzkadi Buru Batzar (EBB), la dirección nacional del partido, en un momento en que Carlos Garaikoetxea ocupaba un rol clave como lehendakari preautonómico. Dos corrientes principales se disputaban el poder, especialmente en la poderosa organización de Vizcaya (que reunía más del 60% de los afiliados), en un partido de estructura confederal que obligaba a amplias consultas a la base y que reproducía en su interior la organización social vasca (jóvenes, mujeres, obreros, patronos).

Los protagonistas y sus posiciones

  • El sector “parlamentario” o “modernista”, liderado por Xabier Arzalluz [Xabier Arzallus]. Representaba una línea más pragmática y aperturista, favorable a agilizar las estructuras internas del partido —consideradas demasiado lentas para las responsabilidades de gobierno— y a una colaboración limitada con otras fuerzas (como el PSOE) en la construcción autonómica. Arzalluz, con un perfil destacado en las Cortes, defendía una modernización que permitiera al PNV afrontar eficazmente la institucionalización de Euskadi sin perder su hegemonía. Su sector era acusado por los rivales de diluir las señas de identidad tradicionales del partido.
  • El sector “sabinianos” o tradicional, encabezado por Ramón Ormaza y con figuras como Josu Arenaza (cabeza de lista rival en Vizcaya). Se presentaba como defensor del rigor ideológico de Sabino Arana y de la “reintegración foral plena”. Rechazaban la “modernización” por temor a que erosionara el carácter nacionalista tradicional del PNV, criticaban los “poderes paralelos” (como la influencia de cuadros de ELA-Askatua, denominados “eladios”), exigían incompatibilidades estrictas entre cargos internos y públicos, y se oponían a coaliciones electorales o a una presencia excesiva de no afiliados en el futuro Gobierno vasco. Insistían en el “respeto a los estatutos” y en una línea más purista y menos colaboracionista.

Raíces del conflicto Unzueta remontaba las tensiones a la asamblea nacional de Pamplona de marzo de 1977, donde las tesis “modernistas” de Arzalluz y Kepa Sodupe (cuya ponencia socioeconómica fue tachada de “socialdemócrata”) avanzaron frente a la corriente Ormaza. La muerte de Juan Ajuriaguerra en agosto de 1978, que había actuado como árbitro indiscutido durante décadas, dejó el campo abierto a las divisiones.

Puntos clave de divergencia: Estrategia autonómica: Los tradicionalistas impulsaban un “neoforalismo” (vía fuerista radical, inspirada en parte por la revista Goiz Argi), que priorizaba la reintegración foral plena y marcaba distancias con la izquierda “españolista”. Los parlamentarios preferían un enfoque más “estatutista” pragmático, negociando competencias dentro del marco estatal.
Relaciones con otras fuerzas: Divergencias en el referéndum constitucional, la manifestación antiterrorista del 28 de octubre de 1978 o alianzas puntuales con el PSOE.
Estructura interna: Modernización y agilización frente a control estricto de la base y rechazo a “burocracias” no controladas por los órganos regionales.
Influencias externas: Acusaciones de injerencias de “poderes paralelos” (los “eladios” de ELA-A) por parte de los sabinianos.

El conflicto estalló visiblemente con un encierro de militantes en una sede de Bilbao exigiendo un “careo” entre dirigentes, y con la presentación de listas rivales en las elecciones internas de Vizcaya. Arzalluz se presentó directamente, precipitando la crisis. Los artículos de Unzueta destacaban que, aunque muchos militantes de base creían que se trataba solo de “diferencias personales”, las raíces eran profundamente ideológicas y estratégicas. Esta pugna interna reflejaba el dilema del PNV en un momento histórico clave: adaptarse a las exigencias de la Transición y el autogobierno sin traicionar su tradición sabiniana, o arriesgar una parálisis que pudiera debilitarlo frente a Herri Batasuna y otros actores. Los reportajes de Patxo Unzueta ofrecían una radiografía precisa de un partido atípico —democrático en su funcionamiento interno pero tensionado por su peso en Vizcaya y su diversidad ideológica— en el umbral del poder autonómico.

21 Diciembre 1979

PNV: las raíces de un conflicto/1

Patxo Unzueta

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A poco más de un mes vista de las elecciones al Parlamento vasco, de las que surgirá el Gobierno autónomo de Euskadi, nadie duda del papel decisivo que corresponderá al PNV en el proceso de institucionalización autonómica. Pero este partido, fundado en 1894 por Sabino Arana, presenta unas características decididamente insólitas en el actual panorama de las fuerzas políticas del país. Características que hacen que, por ejemplo, sea, quizá, el único partido de todo el Estado -con la excepción de otra fuerza también vasca y también sui géneris: Herri Batasuna- en el que la juventud sigue viendo el suficiente atractivo como para mantener un alto nivel de afiliación. O que sea el único partido que, pese a su adscripción ideológica a la Internacional Demócrata-Cristiana, influye decisivamente en un sindicato obrero de fuerza comparable a UGT o CCOO, o que es capaz de movilizar seis o siete veces al año a cientos de miles de simpatizantes.Esas características atípicas se reflejan también en su estructura interna y métodos de funcionamiento. Unas estructuras que reproducen a nivel interno las de la sociedad en que se asienta, con organizaciones específicas de jóvenes, mujeres, obreros, patronos, formando un tejido en el que se basa la indudable hegemonía ideológica que ejerce. Esa estructura es, además, por insólito que pueda parecer, realmente democrática: toda decisión mínimamente importante requiere la consulta a la base,

En un partido que cuenta con más de 50.000 afiliados, ese mecanismo puede resultar -resulta- demasiado lento. Si, además, coincide que una de las organizaciones regionales -la de Vizcaya- cuenta con más del 60% del total de afiliados, y en esa organización domina una línea diferente a la aprobada a nivel nacional, en virtud de la estructura confederal del partido, la situación puede hacerse insostenible.

En opinión del sector «parlamentario, identificado en particular con Arzallus, esta situación es incompatible con las responsabilidades a que, en la coyuntura histórica actual, deberá enfrentarse el partido mayoritario de Euskadi. El sector Ormaza teme que tras esa «modernización» de las estructuras se esconda el intento de hacer perder al partido sus señas de identidad ideológicas tradicionales.

Sin embargo, no son sólo cuestiones de método las que separan a las dos alas rivales del PNV. El mismo Josu Arenaza, cabeza de la lista rival a la apoyada por los parlamentarios, daba algunas pistas sobre las razones políticas de fondo, al recordar las divergencias surgidas respecto al referéndum constitucional, la manifestación antiterrorista del 28 de octubre de 1978, la alianza con el PSOE y otras cuestiones.

22 Diciembre 1981

PNV: las raíces de un conflicto/2

Patxo Unzueta

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El encierro mantenido desde comienzos dé mes por varias decenas de afiliados a la primera fuerza electoral de Euskadi en una de las sedes del PNV en Bilbao, exigiendo la comparecencia de los dirigentes de las dos corrientes rivales, de los tribunales internos y del presidente Garaikoetxea, a fin de que, «una vez reunidas estas personas y organismos se proceda a un careo entre los diversos sectores involucrados», no dejará, probablemente, de resultar insólito para cualquier observador imparcial. Sin embargo, lo verdaderamente insólito, en el contexto actual de Euskadi, es la convicción con que esos militantes de base, como la mayoría de los afiliados, creen de buena fe que el actual «enfrentamiento se debe a diferencias personales, y no ideológicas».Y, sin embargo, basta leer con cuidado el programa electoral del grupo Ormaza, o los artículos periodísticos de su cabeza de lista, Josu Arenaza, para encontrar una neta línea ideológica hecha a partes iguales de reafirmaciones en la tradición y de reproches velados a la línea modernista rival. Así, no parece casual que, como declaración previa de principios, el programa reproduzca una frase reciente de Ormaza. proponiendo que, «sin miedo a que se nos acuse de integristas, apliquemos hoy más que nunca el rigor de Sabino Arana». Como tampoco lo es probablemente que el primer punto propuesto como línea de «política general» ponga el acento en el «mantenimiento de las aspiraciones a la reintegración foral plena por todos los medios a nuestro alcance».

Tanto estas dos afirmaciones como las referencias al «respeto de las incompatibilidades» -entre cargos públicos y cargos internos-, a los «poderes paralelos» denunciados en el seno del partido, al «nombra miento.de un consejo de redacción del diario Deia, ideológicamente afin», al «recházo de cualquier coalición electoral» o a la «presencia exclusiva de afiliados o simpatizantes del partido en el Gobierno vasco y los departamentos que en él controlemos», deben ser leídos, en negativo, como otras tantas denuncias de la desviación contraria. En su conjunto, tales reproches tratan, ante todo, de marcar distancias respecto a una línea de modernización y agilización interna del partido, por una parte, y de colaboración -aunque limitada- con otras fuerzas en el proceso de institucionalización autonómica, por otra. Desde su célebre discurso de hace casi tres años en Anoeta, en el que Arzallus se declaró «no íncompatible» con determinados planteamientos socialistas o socialdemócratas, el líder de la minoría parlamentaria vasca es el principal destinatario de tales reproches.

23 Diciembre 1979

PNV: las raíces de un conficto y 3

Patxo Unzueta

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Las bases últimas del conflicto actual, aunque tardarían más de un año en manifestarse, estaban ya presentes en los resultados de la asamblea nacional, celebrada en Pamplona en marzo de 1977. En ella, lo que había de ser la corriente Ormaza, mayoritaria en Vizcaya, sufrió un serio revés al ver cómo prosperaban las tesis «modernistas» defendidas por Xabier Arzallus o Kepa Sodupe (autor este último de la ponencia socioeconómica que resultaría aprobada, y que fue inmediatamente calificada de « socialdemócrata » por la tendencia rival). Mientras vivió Juan Ajuriaguerra, líder indiscutido y árbitro inapelable en todas las disputas internas durante casi treinta años, las tensiones permanecieron soterradas. Estas saltarían, sin embargo, violentamente a la luz a raíz de la publicación en un periódico de Bilbao de una serie de artículos firmados por un tal «Teodosio», quien tras confesarse miembro del PNV arremetía contra lo que consideraba veleidades socializantes de algunos dirigentes y contra la falta de respeto a los estatutos que creía percibir en ciertos nombramientos. Resulta significativo que el detonante inmediato de la crisis fuera el nombramiento de Juan José Pujana, miembro de la dirección nacional del partido, como sucesor de Ajuriaguerra, fallecido en agosto de 1978, en el Consejo General Vasco. En opinión de «Teodosio» -plenamente coincidente con lo que habría de ser eje fundamental de la campaña del sector Ormaza contra los «parlamentarios» durante todo el año 1979- ningún dirigente interno del partido debía acceder a cargos públicos, para evitar «la creación de una burocracia no controlada por los órganos regionales».

La contraofensiva del grupo Ormaza estaba en marcha. A fines de diciembre, la asamblea regional de Vizcaya. elige una nueva dirección, en la que nueve de sus quince miembros pertenecen a dicha corriente.

Las divergencias entre las dos alas rivales habían tenido ocasión de manifestarse poco antes, con motivo del debate constitucional.

Ajuriaguerra, heredero fiel de José Antonio Aguirre respecto al tema autonómico, fue siempre partidario de una línea «estatutista», es decir, de aceptación de un marco estatal en,el que se negociarían unas competencias compartidas. Poco antes de su muerte, en pleno debate constitucional, cobró, sin embargo, fuerza la vía «fuerista», privativa en el pasado de los sectores más conservadores del nacionalismo vasco, que enlazaba a su vez con la tradición carlista- integrista.

El neoforalismo había sido defendido en los últimos años por la revista Goiz Argi, caracterizada tanto por su radicalismo nacionalista como por sus furibundos ataques a la izquierda «españolista». El hecho de que durante los últimos años del franquismo s.ocialistas y comunistas aceptasen sin reticencias la vía «estatutista», e incluso el principio de la autodeterminación, hizo concebir a Antón Irala, principal teórico de Goiz Argi, la idea de ese «neoforalismo», considerado como la más idónea «línea de demarcación» respecto a la izquierda estatal.

Esto último se revelaría hasta cierto punto veraz. Cuando el planteamiento no presente, por ejemplo en los debates sobre el régimen preautonómico, aparece por sorpresa en pleno debate constitucional, la reacción de la izquierda es, a partes iguales, de irritación y desconcierto, y amenaza de hecho con romper la alianza existente hasta entonces entre nacionalistas, socialista y comunistas respecto a la autonomía.

Los sectores más tradicionales del partido, que ven en los socialistas más al rival que les ha arrebatado la presidencia del CGV que a un aliado, apoyan con entusiasmó esta nueva línea. Los parlamentarios que deben defenderla en Madrid, aunque la aceptan a falta de otra alternativa, constatan las dificultades de cualquier negociación seria sobre esa base y buscan algu,na fórmula de síntesis con el planteamiento estatutista tradicional. El voto afirmativo de Marcos Vizcaya, en la Comisión Constitucional, a la redacción propuesta por los socialistas a la «enmienda foral» ocasiona una tormenta intema que no llegará, sin embargo, a trascender fuera del partido. El sector Ormaza reprocha a los parlamentarios su intención de votar sí «a una Constitución que no reconoce nuestros fueros». El enfrentamiento más grave se produce a fines de octubre -con ocasión de la manifestación antiterrorista del día 28- entre el propio Ormaza y Kepa Sodupe, que poco después desaparecerá prácticamente del panorama político, trasladándose a estudiar economía a Inglaterra.

Para esta batalla interna, que corre paralela a la desarrollada por los parlamentarios en las Cortes, el sector tradicional cuenta con el apoyo de dos sectores que a su vez actúan paralelamente: el de los « teóricos» de Goiz Argi, que suministra la base doctrinal, y el de «los eladios», que se ofrecen como suministradores de «cuadros políticos» para compensar la escasez de que en este terreno adolecen los «sabinianos» de Ormaza.

Arzallus denunció ya en la asamblea celebrada en Durango, ahora hace un año, lo que consideraba «intento de asalto al poder por parte de un grupo organizado: «los eladios». Por «eladios» se conoceen Euskadi a los miembros del sindicato ELA (Askatua), escisión de la vieja central nacionalista, fundada en 1911, ELA-STV. El grupo escindido, sobre la base de una interpretación sui generis del marxismo, se dedicó durante años, en la clandestinidad, a la «formación de cuadros», tarea que considerabamás importante que la específicamente sindical. Tras numerosas rupturas, las distintas ramas se reunifican en ELA (A), en el congreso celebrado en Lejona hace ahora tres años. De entonces datan las acusaciones, alentadas.en particular por ELA-STV oficial, de haber sido financiados por el industrial Luis Olarra.

Tras el éxito electoral del PNV, el 15 de junio, los «eladios» se plantean entrar en el partido, que consideran como principal centro de poder vasco en los próximos decenios. Así lo hacen durante 1978, consiguiendo una influyente posición en Vizcaya.

Las insinuaciones de Josu Arenaza, cabeza de lista del sector Ormaza, sobre la existencia de «injerencias de poderes paralelos» se refieren, precisamente, a este hecho. El que, de cara a las elecciones al Parlamento vasco, el sector Ormaza presentase de nuevo una lista monocolor precipitó los acontecimientos determinando la comparecencia de Arzallus en las elecciones al BBB que ha determinado, a su vez, el estallido de la crisis actual.

 

El Análisis

En breve se minimizarán

JF Lamata

Las diferencias internas en el PNV coincidiendo con el inminente relevo en la presidencia del EBB del PNV de Carlos Garaikoetxea por Xabier Arzalluz [Xabier Arzallus] entre modernistas y sabinianos podía verse en 1979 como un conflicto importante, pero en breve el conflicto se iba a quedar pequeño. Porque el PNV iba a vivir una cohabitación entre dos cabezas, una al frente del Gobierno vasco, Garaicoetxea, y otra, al frente del EBB del PNV, Xabier Arzalluz y eso dividirá como nunca el partido. Guipúzcoa y Navarra estarán con Garaicoetxea, mientras que Álava y Bilbao estarán con Arzallus. Esa división hará ver mínima la trifulca de 1979, porque esta nueva gresca sí reventará al partido.

J. F. Lamata