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La destrucción de Luis del Rivero pone fin al acuerdo de sindicación entre Peemex y Sacyr Vallahermoso para intentar controlar Repsol YPF

Luis del Rivero descabalgado de la presidencia de Sacyr Vallehermoso tras la unión en su contra de Manrique, Abelló y Carceller

HECHOS

El presidente de la compañía Sacyr Vallehermoso tuvo que anunciar su dimisión a petición de la mayoría del Consejo de Administración de la compañía.

21 Octubre 2011

La caída del intrépido timonel murciano

John Müller

A Luis del Rivero le gustan las imágenes históricas. Ayer, tras su destitución al frente de Sacyr, tenía fija en su mente la del almirante Casto Méndez Núñez que dijo aquello de «más vale honra sin barcos que barcos sin honra» cuando acosaba los puertos de Chile y Perú al frente de la flota española en la Guerra del Pacífico (1865-66). El ingeniero murciano se sentía ayer traicionado por sus viejos aliados. «No calibré bien la condición humana», confesó a uno de sus conocidos.

La caída de Del Rivero supone el final de una historia protagonizada por la amistad de cuatro hombres que trabajaban para Ferrovial: José Manuel Loureda, Félix Riezu, Manuel Manrique -que preside Sacyr desde ayer-, y el propio Del Rivero. A mediados de los 80 decidieron independizarse y crearon, con 40 millones de pesetas, la Sociedad Anónima de Caminos y Regadíos, que desde 1991 pasó a llamarse Sacyr. A Loureda se le asignó la presidencia y junto con Manrique el área de Construcción. Riezu, que ya salió de la empresa, la dirección financiera. Y a Del Rivero le tocó ser el negociador y el vendedor.

Desde ese papel, Del Rivero fue tejiendo una serie de alianzas y operaciones por las que convirtió a la pequeña constructora en una gran compañía que hoy tiene más del 60% de su facturación fuera de España y tiene a su cargo obras emblemáticas de la ingeniería moderna como la ampliación del Canal de Panamá.

Del Rivero y los socios fundadores de Sacyr no son gente delicada. Sus modales son rudos, pero amistosos, como buenos marineros que han navegado muchos años juntos. En el consejo de Repsol, del que es vicepresidente, muchas veces se escandalizaban con el lenguaje llano de Del Rivero.

«Su principal debilidad es que siempre ha dado el salto sabiendo que no tenía consolidado el punto de apoyo», decía ayer un constructor que le conoce bien. Es cierto, así fue como se lanzó tras la presidencia del BBVA, comprando el 3,1% del banco en 2004, tras una publicitada visita a la Moncloa en busca del apoyo de José Luis Rodríguez Zapatero, y del que entonces era su consejero económico, Miguel Sebastián. Aquella operación fracasó, pero le dejó unas plusvalías de 150 millones, aunque tuvo un costo de imagen elevado.

Lo intentaría de nuevo en octubre de 2006 cuando adquirió el 10% de Repsol y anunció que adquiriría un 10% más, iniciándose un tormentoso enfrentamiento con el presidente de la petrolera, Antonio Brufau. Y lo haría de nuevo en su periplo francés, cuando intentó en vano controlar la constructora Eiffage.

La crisis económica le sorprendió con una deuda de 18.000 millones que hacía presagiar lo peor para Sacyr. Pero tuvo el buen sentido de ponerse en manos de bancos de inversión que le ayudaron a desapalancarse, vendiendo unidades de negocio e implantando una austeridad franciscana. Así, haciendo los deberes, recuperó parte de la credibilidad que se había dejado en las batallas públicas con el BBVA y el presidente de Repsol.

Del Rivero es un capitán arriesgado y su desprecio por el peligro le acabó pasando factura. No quiso hacer caso a las quejas de sus socios -Demetrio Carceller y Abelló- que le acusaban de personalismo en la gestión. Minimizó las advertencias y las luces de alarma que se encendían. Desde hace unas semanas venía toreando a las cajas de ahorros accionistas de Sacyr. Se negaba a sustituir a su amigo personal, Ángel López-Corona, representante de Novacaixagalicia, cuya inexplicada dimisión le permitió imponerse con su voto de calidad en el último consejo.

Ayer, Del Rivero pensaba repetir la jugada y anunció un pacto con Loureda y otro socio, confiado en que la cofradía de los viejos marineros de Sacyr seguiría surcando las olas. No fue así. Las cajas se opusieron frontalmente y una nueva mayoría se formó en torno a Manrique, el último de los fundadores.

21 Diciembre 2011

Así es el final de un sueño del 'ladrillo'

Carlos Segovia

Todavía el pasado fin de semana el orgulloso Luis del Rivero se hacía una ronda telefónica amenazando a los jefes de Sacyr. «No vendáis (…) Por lo menos, no a menos de 27 o 28 euros (…) Os voy a demandar», bramaba. Pero nadie le hizo caso, no podían hacerlo. El mercado ya no es aquel El Dorado que encumbró a este peleón ingeniero murciano, meritorio fundador de Sacyr hace 25 años.

En la época gloriosa en que Sacyr entró en Repsol YPF hace cinco años la constructora llegó a cotizar a 52 euros. Ayer logró cerrar a 4,3 tras subir un 8% y eso en una borrachera bursátil. Este dato resume el final de un sueño que, de momento, ha acabado en amargo despertar, pero ha podido convertirse en una pesadilla de suspensión de pagos en una constructora de más de 20.000 empleados.

Todo empezó cuando el actual presidente del Real Madrid y ACS, Florentino Pérez, se lanzó a por Iberdrola en septiembre de 2006. Del Rivero, que vigila siempre de cerca a su rival favorito, quiso ser aún más torero. Él iba a entrar no en la segunda eléctrica de entonces, sino en la primera petrolera de España y como primer accionista. Contaba con el apoyo de Zapatero al que meses después ayudó haciendo la obra clave para que llegara el AVE a Barcelona antes de las elecciones de 2008. No sólo tenía el visto bueno político, sino que el propio le ICO financiaba.

El presidente de Repsol YPF, Antonio Brufau, lo recibió con los brazos abiertos. Iba a ser un accionista leal que le protegiera de OPAs hostiles y se iba a conformar con cobrar el buen dividendo de la petrolera. «Me equivoqué», ha confesado después Brufau. Del Rivero pronto se autodenominó «socio industrial» del grupo y calificó al presidente de Repsol YPF de «capataz» de los accionistas.

Pero al jefe de la obra le empezaron a perseguir los acreedores en un acoso que concluyó ayer. Se produjo la curiosa coincidencia en que Del Rivero salió de su último cargo en el consejo de Repsol el mismo día que ZP perdió la P.

El problema no ha sido tanto Emilio Botín en el Santander, o Rodrigo Rato, en Bankia, sino acreedores internacionales como Citi, ING o Royal Bank of Scotland. Estos empezaron a avisar hace muchos meses que el 21 de diciembre querían cobrar, al menos una parte significativa de los 5.000 millones prestados en el alegre 2006. Del Rivero se negaba a vender ni media acción y sus inquietos principales socios en Sacyr, Demetrio Carceller y Juan Abelló, montaron un golpe de estado junto a Brufau para derrocarle el pasado octubre con el visto bueno de Rato y el nuevo jefe de las cajas gallegas, José María Castellano.

Tras esa caída de Del Rivero, su ex amigo y sucesor en Sacyr Manuel Manrique, se llevó la sorpresa de que Brufau no tenía comprador para el paquete a los 26 euros ambicionados. La china Sinopec o la colombiana Ecopetrol no querían pagar ni los 21 a los que cotizaba. El tiempo apremiaba y el sindicato bancarios montó un G7 con los principales acreedores dirigido por el veterano directivo del Santander, Adolfo Lagos, y el director general de Citi, Ignacio Gutiérrez-Orrantia, Ellos dieron el empujón final para la solución desesperada de que Repsol comprara el paquete para autocartera en un equipo noctámbulo formado con Joaco Huell (Lazard) y Matías Cortés, por parte de Sacyr, y Luis Suárez de Lezo -con apoyo de Mediobanca- por Repsol. Sacyr evita la mayor suspensión de pagos de España en el día D de Rajoy y Brufau, que ha actuado como un BCE para la constructora, sale reforzado en nueva muestra de que es duro de pelar. También gana, ojo, el jefe de La Caixa, Isidro Fainé, que ha pactado con la mexicana Pemex en este final de un sueño del ladrillo.

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