24 junio 1984

Conflictivo III Congreso del sindicato comunista al que llegaron a presentarse cuatro listas diferentes a la dirección

3º Congreso CCOO: Marcelino Camacho, con apoyo de los ‘gerardistas’, logra mantener el liderazgo de Comisión Obreras frente al ‘carrillista’ Julián Ariza

Hechos

El 24.06.1984 se celebró el III Congreso del sindicato Comisiones Obreras (CCOO) que reeligió a D. Marcelino Camacho como su Secretario General.

Lecturas

El 24 de junio de 1984 se clausura el III Congreso del sindicato comunista Comisiones Obreras (CCOO) marcado por la división interna.

D. Marcelino Camacho Abad es reelegido secretario general de CCOO al ser el único candidato que se presentó para ese cargo. Pero para la elección de los 49 miembros de la Comisión Ejecutiva se presentaron cuatro listas. La lista ‘oficialista’ (afín al secretario general del PCE de D. Gerardo Iglesias Argüelles) encabezada por el propio Sr. Camacho Abad, la lista de los ‘carrillistas’, la lista de los prosoviéticos y la lista de los afines a la Liga Comunista Revolucionaria.

El resultado es el siguiente:

  • Lista ‘oficialista’ – 26 puestos. (Encabezados por D. Marcelino Camacho Abad, D. Agustín Moreno y Dña. Salce Elvira).
  • Lista ‘carrillista’ – 14 puestos (Encabezados por D. Julián Ariza Rico).
  • Lista ‘prosoviética’ – 8 puestos (Encabezados por D. Alfredo Clemente).
  • Lista LCR – 1 puesto (Encabezados por D. Joaquín Nieto Sainz).

CANDIDATURAS A LA COMISIÓN EJECUTIVA CONFEDERAL

85_MarcelinoCamacho  D. Marcelino Camacho (apoyado por los ‘gerardistas’ del PCE) – 500 votos  (27 puestos en la ejecutiva)

JulianAriza  D. Julián Ariza (apoyado por los ‘carrillistas’ del PCE) – 167 votos (14 puestos en la ejecutiva)

silueta  D. Alfredo Clemente (apoyado por los pro-soviéticos, PCPE) – 144 votos (8 puestos en la ejecutiva)

JoaquinNietoCCOO  D. Joaquín Nieto (apoyado por los trotskistas, LCR) – 27 votos (1 puesto en la ejecutiva)

Con esa configuración la comisión ejecutiva confederal, D. Marcelino Camacho fue reelegido Secretario General de CCOO con 579 votos a favor y el rechazo de 365 (311 votaron directamente ‘no’ al Sr. Camacho, mientras que 54 optaron por la abstención).

21 Junio 1984

Comisiones Obreras, en la hora del cambio

EL PAÍS (Editorialista: Javier Pradera)

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EL III Congreso Confederal de Comisiones Obreras (CC OO), que inicia hoy en Madrid sus trabajos, se celebra con el trasfondo de las profundas modificaciones de las estrategias sindicales en todo el mundo industrializado. Frente al obrerismo tradicional y a la defensa coyuntural de los intereses inmediatos de los empleados (aumento del poder adquisitivo de los salarios y conservación del puesto de trabajo), las centrales europeas comienzan a diseñar sus reivindicaciones de forma más global y con objetivos a largo plazo. A diferencia de épocas pasadas, la política económica y social de los gobier nos, que administran enormes recursos presupuestarios, y el creciente intervencionismo estatal inciden poderosamente en las decisiones y en los planteamientos de los sindicatos, máxime en una época dominada por las in certidumbres de la crisis económica.No es de extrañar, así, que las centrales incorporen a sus reivindicaciones objetivos tales como la reducción de la jornada laboral (como fórmula hipotética para frenar un paro que se ha convertido en estructural), el amortiguamiento de las negativas consecuencias para el empleo de las nuevas tecnologías, el aumento en cantidad y calidad de las prestaciones sociales, la formación profesional, elúcio y la calidad de vida. Los progresos de los sindicatos en la tarea de sustituir los esquemas simplistas del pasado por reflexiones más elaboradas que tomen en cuenta la complejidad de la realidad también han llegado a España, donde las centrales han logrado, en menos de una década, hacer suyos algunos de los planteamientos y debates que tardaron largo tiempo en abrirse paso en países de democracia consolidada. Es lógico, sin embargo, que el tránsito desde un sindicalismo centrado casi exclusivamente en los aumentos de los salarios reales -característico de la época de expansión y pleno empleo- a un nuevo modelo de relaciones industriales, más adecuado a una etapa de recesión mundial y altas tasas de paro, encuentre firmes resistencias, nacidas tanto de la inercia ideológica como de los intereses corporativos de sectores determinados de la población asalariada.

También CC OO se enfrenta con el dilema de mantener su antigua estrategia sindical, heredera en buena medida de su carácter de movimiento sociopolítico bajo el anterior régimen, o de abordar nuevas formas de actuación, aun a riesgo de chocar con los intereses inmediatos de algunos sectores de la clase trabajadora empleada. Este congreso, el primero que se celebra con el PSOE en el Gobierno, servirá para comprobar hasta qué punto CC OO permanece aferrada a unos planteamiento.s que favorecieron su desarrollo en el pasado pero que pueden deteriorar su implantación social en el futuro. La resistencia a admitir que las cosas han cambiado, tanto en el ámbito político como en la realidad económica, y la tendencia a ignorar que la composición de clase trabajadora ha sufrido una profunda transformación en los últimos años podría llevar al movimiento obrero organizado, del que CC OO constituye una pieza clave, a ser incapaz de recoger las nuevas necesidades y de expresar las nuevas reivindicaciones de los trabajadores en su conjunto.

Dejando a un lado los intentos de las diversas fracciones de la familia comunista para instrumentar al servicio de objetivos partidistas el movinúentel sindical, las corrientes o las sensibilidades que conviven en el seno de CC OO ejemplifican en gran medida esa disyuntiva. Frente a los militantes que añoran todavía un pasado reivindicativo basado en el choque frontal y la movilización constante, otros afiliados tratan de encontrar, desde el interior del propio sindicato, nuevos caminos para la defensa de los trabajadores. El debate no se reduce, por lo demás, a la abstracta contraposición entre movilización y negociación. La negociación, en una concepción moderna del sindicalismo, no implica el abandono de las movilizaciones; pero obliga a los sindicatos a utilizar su capacidad de conflicto con prudencia y a rechazar la tentación de una utilización partidista de intereses sindicales.

El Congreso de CC OO despierta un considerable in’terés en función de sus decisiones sobre las ofertas de concertación social. Con independencia de las responsabilidades que correspondan a cada cuál en el actual desencuentro, no resulta demasiado alentador para las perspectivas de concertación social que el presidente del Gobierno se haya reunido ya con la CEOE y UGT pero no lo haya hecho todavía con una organización que, guste o no, cuenta con fuerza suficiente como para dificultar o impedir el cumplimiento de cualquier acuerdo en el que no esté representada. Pese a todo, sería altamente descable que CC OO realizara el esfuerzo necesario para conseguir un acercamiento que hiciera posible ese amplio pacto que la sociedad española necesita para aumentar los niveles de empleo. Su buena disposición para alcanzar un acuerdo negociado sería, en definitiva, no sólo la demostración de su firme voluntad de defender intereses exclusivamente sindicales -frente a las acusaciones de instrumentación partidista- sino también un requisito para consolidar su implantación entre los trabajadores. De otro modo, CC OO tendría serias dificultades para convencer a los españoles de que no está sacrificando las expectativas de empleo de la población desocupada a la protección de los trabajadores empleados. Como tampoco resultaría fácil de entender que un Gobierno socialista encontrara en un sindicato de influencia comunista mayores resistencias para la negociación que los gobiernos de centro-derecha de la primera etapa de la transición.

21 Junio 1984

Carta a don Marcelino Camacho

Javier Ayuso

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(Redactor Jefe de Economía de ABC)

Señor secretario general de CCOO: Le dedico estas líneas precisamente hoy, día en que se inicia el III Congreso Confederal de su sindicato, un congreso importante del que, naturalmente, saldrá fortalecido como líder indiscutible de Comisiones Obreras.

Mi carta no es ni para reprocharle nada, ni para felicitarle. Sencillamente quiero hacerle unas reflexiones sobre el papel que está jugando su sindicato en las actuales circunstancias económicas y sociales. Un papel que a veces es responsable, pero otras veces ha causado graves crisis en temas tan importantes como la reconversión industrial o la firma de un acuerdo global económico.

Pero vayamos por partes. En primer lugar, hablemos del congreso que inician hoy. A estas alturas, ya nadie duda – yo creo que nunca se dudó – que Marcelino Camacho saldrá reelegido casi por aclamación secretario general de CCOO. Aunque su natural modestia no le permite alardear de eso, no cabe duda de que, hoy por hoy, usted es insustituible dentro del sindicato. Dentro de la crisis generalizada de los comunistas en España, usted representa el seguro de que CCOO se mantendrá unida a pesar de los problemas internos de su gemelo, el Partido Comunista. Sin embargo, debería tener cuidado porque las tendencias se hacen cada vez más fuertes. Los carrillistas de Ariza y Marín le darán más de un problema estos días. Y es posible que los autogestionarios de Corell también le salgan respondones. Al final tendrá que pactar, una vez más para evitar la ruptura.

En cuanto a la política general de su sindicato, creo que este congreso debería servir para tomar una línea más responsable y solidaria con la clase trabajadora. Yo entiendo que, tal y como se comporta la competencia – UGT – este es un buen momento para ganar clientela a costa de una crítica dura a la política económica del Gobierno. Pero tampoco hay que pasarse. Nos jugamos mucho en estos tiempos y todos tienen que colaborar para sacar el país adelante. Creo que se hace un flaco favor al trabajador oponiéndose sistemáticamente a las medidas de reconversión o criticando una a una todas las medidas de pol´tiica económica oficial. No puedo estar de acuerdo con sus últimas declaraciones de que el Gobierno está haciendo una política económica de derechas. Yo diría que el equipo de Boyer da una de cal y otra de arena para no inquietar demasiado al sector empresarial y bancario, manteniendo en sus bases socialistas en calma. Pero, en defintiiva, las grandes líneas del Gabinete son socialistas. Lo que pasa es que en una situación como la actual, hay pocas recetas posibles. Y todas se parecen.

Tampoco me parece lógico que un líder sindical histórico como usted, que conoce bastante bien los pros y los contras de la concertación social, esté totalmente en contra de las propuestas de pacto anunciadas hasta el momento. Lo que propone José María Cuevas es una negociación muy difícil. Pero no cabe duda de que sería bueno para el país que todos se volvieran a sentar a negociar un gran pacto social y económico. Aunque luego no llegaran a firmar nada. El debate en sí ya sería bueno. No se deje arrastrar por la demagogia antiempresarial. Se hanp asado de moda los progres de los sesenta. Felipe González ha cambiado el jersey por el smoking. Ahora el progresismo pasa por la empresa. En estos momentos se trata de sacar adelante el país. Y todos vamos en el mismo barco. Empresarios trabajadores y Gobierno. Para eso no hay que dar cheques en blanco a nadie. Hay que negociar. Hasta donde se pueda. Anímese. Al final todos saldremos ganando. Además un nuevo pacto sin CCOO podría hundirles su campaña.

26 Junio 1984

Comisiones Obreras, en busca del diálogo

EL PAÍS (Editorialista: Javier Pradera)

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EL DESARROLLO de los debates, las alineaciones de fuerzas y las conclusiones finales del III Congreso Confederal de Comisiones Obreras, cuyos trabajos se cerraron el pasado domingo, parecen apuntar hacia cambios significativos en los planteamientos de esa central sindical. Ahora bien, esas tendencias renovadoras y modernizadoras dentro de CC OO no rompen la continuidad con todas las experiencias de la etapa de la transición democrática, sino que toman distancias respecto a la crispación -en cierto modo artificial y procedente en gran medida del entorno político-partidario que rodea al mundo sindical- iniciada con la llegada al poder del Gobierno socialista. Mientras que la figura de Marcelino Camacho, pese a los votos de castigo recibidos, simboliza la continuidad de CC OO, las críticas radicales de los sectores derrotados en el congreso parecen expresar las tentativas de introducir en los problemas sindicales los conflictos propiamente políticos que desgarran a la familia comunista. No parece arriesgado suponer que los grupos discrepantes dentro de la central sindical están desempeñando el papel de correas de transmisión al servicio de los objetivos políticos defendidos por las fracciones prosoviéticas o carrillistas.Aunque las resoluciones del congreso pecan de ambigüedad e indeterminación, la reunión puede contribuir a esclarecer la estrategia de CC OO en el futuro. Frente a la corriente minoritaria que defendía la resistencia y la movilización contra la política gubernamental, el III Congreso ha votado por la negociación y se ha pronunciado a favor de buscar un acuerdo para lograr la modificación, al menos parcial, del diseño de la política económica del Gobierno.

La resolución resulta todavía más importante cuando se recuerda que las negociaciones para el acuerdo social están a punto de iniciarse. El propio ministro de Economía y Hacienda, Miguel Boyer, recomendó ayer en el Senado que las discusiones deberían comenzar preferentemente a lo largo de julio y, en cualquier caso, antes de la elaboración del proyecto de los Presupuestos Generales del Estado para 1985. Cualquier negociación es un proceso de toma y daca en el que los interlocutores sociales ceden en determinados puntos para obtener ventajas en otros. La actitud realmente preocupante de las corrientes radicales dentro de CC OO estribaba en su decisión de prejuzgar la imposibilidad casi metafísica de una negociación, postura que parecía más próxima a los cálculos políticos que al ejercicio del pesimismo. Sin duda, la discusión será áspera, y los obstáculos para alcanzar un acuerdo serán grandes. Mientras la patronal CEOE pide que se destinen 400.000 millones de pesetas para la inversión privada, CC OO y UGT coinciden sustancialmente en exigir mayores contrapartidas en la creación de empleo y en la cobertura a los parados. Es evidente que, si el Gobierno no modifica algunas de sus previsiones en materia económica y laboral, cualquier acuerdo sería inviable.

El análisis que el congreso de CC OO ha realizado de la situación laboral del país -dificultades de afiliación de las organizaciones obreras, nuevas demandas de las clases trabajadoras, necesidad de instrumentar una alternativa que no sólo se base en la defensa de los que tienen un trabajo, sino en la de todo el conjunto de una clase- ha llevado al sindicato a replantearse sus posiciones en tomo a aspectos tan cruciales como la moderación salarial o la política de acuerdos. La nueva concepción del salario, entendido como las rentas conjuntas de toda la clase obrera, incluidos los parados y los pensionistas, amplía notablemente la perspectiva sindical de CC OO, aunque puede no ser aceptada por aquellos sectores de trabajadores empleados y con aceptables ingresos que luchan exclusivamente por el mantenimiento o el incremento de sus propios salarios reales. La capacidad para aceptar la moderación salarial en la negociación de los grandes acuerdos tropezará con las resistencias de quienes disponen de un puesto de trabajo seguro y de quienes la rentabilidad de las empresas les permita acentuar su presión reivindicativa particular. CC OO tendrá probablemente en el futuro serias dificultades, muchas de ellas internas, para aplicar la política aprobada en su congreso.

El III Congreso de CC OO ofrece también interesantes conclusiones en terrenos extrasindicales. La batalla política declarada por las corrientes radicales a lo largo de los debates congresuales -las asignaturas pendientes del PCE, como las definiera Marcelino Camacho- han quedado, si no resueltas, al menos delimitadas. En ese aspecto, la postura defendida por Marcelino Camacho, su opción clara por una concepción sindical, ha sido decisiva. Los costes de esa actitud han sido, sin embargo, muy elevados para el secretario general de CC OO, que ha afrontado duros conflictos con sus viejos compañeros que se podía haber ahorrado mediante el procedimiento de aferrarse a su papel de figura incontestada, por encima de las disputas entre las distintas tendencias. Ahora, en CC OO existe una mayoría definida dispuesta a llevar adelante una política auténticamente sindical, que, incluye la posibilidad concreta de acuerdos negociados como eje de sus relaciones con el Gobierno socialista. Aunque CC OO no renuncie a la movilizacíón, elemento siempre presente en los sistemas de las relaciones industriales de los países democráticos, se abren caminos para establecer con el Gobierno de Felipe González, con la CEOE y con UGT los mismos acuerdos que fueron propiciados y defendidos por Santiago Carrillo cuando Adolfo Suárez y Leopoldo Calvo Sotelo ocupaban el poder.

El Análisis

Ladridos desde la minoría

JF Lamata

Durante el periodo 1982-1984 el sindicato Comisiones Obreras era, básicamente, el sindicato de los ladridos y del no a todo lo que hacía Felipe González, hasta el punto que parecía que para Marcelino Camacho todo lo que no fuera proclamar la revolución bolchevique era venderse al capitalismo.  Camacho era para muchos trabajadores una figura entrañable por su lucha genuina contra el franquismo, pero no secundaban su agresividad contra el Gobierno felipista y su critica a la reconversión. Cuando Boyer y Solchaga habían ayudado a hacer limpieza cerrando empresas que hacía tiempo que estaban muertas y que sólo subsistían para cobrar subvención. El problema para Camacho es que gran parte del electorado del PSOE ya no eran pobres campesinos, sino gente de clase media, que tenía sus propios negocios y sus propias empresas, pero tenía una sensibilidad progresista. Esos votantes no podían secundar el discurso ‘anti-empresas’ de Camacho. Eso hacía verse a UGT como el sindicato razonable y a CCOO como el sindicato crispado. Sin embargo la situación estaba a punto de cambiar, porque en sólo un par de años la UGT acabaría secundado la postura agresiva contra el Gobierno socialista y eso sí que iba poner en problemas al Gobierno felipista, porque ahí ya no serían sólo ladridos.

J. F. Lamata