19 febrero 2020
María Palmero (VOZPOPULI) replica una pieza viral de las activistas feministas Devermut reprochando que haya menos mujeres que hombres estudiando matemáticas
Hechos
El 19.02.2020 y 26.02.2020 Dña. María Palmero publicó artículos en VOZPOPULI sobre el feminismo y el Mee Too.
Lecturas
19 Febrero 2020
Por qué las mujeres son peores en matemáticas (y no es por el 'patriarcado')
Esta semana se ha hecho viral un vídeo en el que dos chicas le explican a unos alumnos que las mujeres no estudian carreras de ciencias por culpa del ‘patriarcado’. Las veinteañeras aseguran en su charla que a las féminas se nos ha hecho creer que no valemos para las matemáticas, y que por eso nos crea ansiedad enfrentarnos a estas materias y finalmente nos decantábamos por otro tipo de carreras u oficios, peor pagados por ser menos técnicos y haber más demanda.
A pesar de que el mensaje de estas jóvenes no es nada novedoso, ha causado mucho ruido. Desde hace unos años, con el nacimiento de la cuarta ola del feminismo, se está poniendo de relevancia que hay pocas mujeres en sectores técnicos o científicos. Muchos expertos, feministas radicales y sociólogos atribuyen esta brecha a estereotipos consolidados. Consideran que a nosotras se nos ha educado para no ser buenas en estas disciplinas.
Yo no estoy de acuerdo. El tema de la igualdad entre hombres y mujeres se nos ha ido de las manos. No somos similares, no pensamos igual, no tenemos, biológicamente, las mismas aspiraciones o intereses, por regla general. Nosotras nacemos con otras cualidades, ni mejores ni peores, que los hombres, lo que nos hace decantarnos por otro tipo de profesiones más sociales o creativas.
En España, de hecho, la mayoría de chicas eligen carreras de Ciencias de la Salud, Humanidades y Ciencias Sociales, según el Ministerio de Educación, que detalla que tres de cada cuatro matriculados en ingenierías son hombres. El Instituto de la Mujer aseguró además que solo el 15% de estudiantes femeninas estaban pensando en estudiar ingeniería electrónica o informática.
Numerosos estudios han demostrado que las mujeres somos peores en matemáticas, en parte porque, simplemente, no nos gustan, no nos sentimos cómodas. Y no es porque seamos inferiores intelectualmente.
Yo lo pasaba fatal en el colegio y en el instituto con esta asignatura, y con Física y Química o Tecnología. No se me daba bien, no lo entendía y me creaba mucha ansiedad. Incluso tuve un profesor particular. No atendía en clase, era una negada, y me costaba mucho estudiarlas. En cambio, en las otras asignaturas era muy buena. Y la historia era la misma con la mayoría de mis compañeras.
¿Era peor en ciencias por culpa del ‘patriarcado’? ¿Porque me habían hecho creer que no valía para los números? No, simplemente no les encontraba ningún sentido, no me gustaban, mi cerebro no lo analizaba bien porque no ponía empeño en ello.
Las mujeres y los hombres no somos iguales
Las mujeres y los hombres no somos iguales. Camille Paglia, polémica feminista y autora de Sexual personae, dice muchas tonterías (algunas bastante machistas) pero acierta en poner de relevancia esta diferencia: «Si la civilización hubiera quedado en manos de las mujeres seguiríamos viviendo en cuevas. Las grandes estructuras fueron producto de los hombres. Y luego hubo mujeres que crearon a partir de esas estructuras y las mejoraron. ¿Por qué? Porque los hombres son capaces de matarse a sí mismos y a otros para llevar a cabo sus proyectos o experimentos. Siempre tratan de ir más allá del conformismo, de la cueva en la que estaban las mujeres. En parte, quizá, para escapar de las cuevas porque en ellas mandaban las mujeres«.
Los hombres tienen una otra visión del mundo y otros intereses vitales, y negar esto sería similar a asegurar que no existe el instinto maternal. «Los chicos suelen tener una visión más teórica, relacionada con el aprendizaje, por eso les llaman más la atención las carreras de ciencias. Ellas buscan la utilidad práctica, quieren que su trabajo reporte un beneficio a la sociedad”, asegura Milagros Sáinz, investigadora de la UOC y coordinadora de un informe sobre la escasez de mujeres en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas, publicado por la Fundación Telefónica.
La igualdad entre hombres y mujeres es necesaria, sobre todo en países subdesarrollados, pero de ahí a negar que somos diferentes hay un trecho. No se puede disfrazar la ‘brecha salarial’ de machismo cuando la mayoría de mujeres prefieren asumir menos responsabilidades en el trabajo para dedicarse a lo que les llena, su familia, y no se puede culpar a la sociedad y al ‘heteropatriarcado’ inventado de que nosotras estemos excluidas de los sectores científicos, porque no es verdad.
Dejemos de manipular a los jóvenes con el feminismo. Que cada uno se dedique a lo que dé la real gana.
26 Febrero 2020
Luego os quejáis de que os llaman "feminazis"
El movimiento ‘me too’ ha hecho más mal que bien. Millones de mujeres se han vuelto locas en medio mundo defendiendo al sector femenino en países desarrollados y tachando a los hombres de ser los culpables de todo. La mayoría de ellas, bastante mediocres, considera además que no asciende en su trabajo por culpa de la «machista brecha salarial«, que no es más que un invento propagandístico de la izquierda que obvia las decisiones personales y laborales de muchas féminas, además de la paulatina incursión de la mujer en el mercado, entre otras muchas cosas.
Lo peor de estas feministas radicales, no obstante, no es que defiendan lo indefendible, sino que encima se lo creen. Sus tesis se ven reforzadas además por el propio Gobierno –con el chiringuito de Irene Montero y compañía a la cabeza– y por muchos hombres, también llamados «aliados», que les dicen que sí a todo y que pobrecitas, puto ‘heteropatriarcado’, qué injusto que os cobren por las compresas, ni una más ni una menos y el violador eres tú y tú y puede que el vecino del sexto porque están en todas partes.
Las feministas no toleran que alguien piense diferente a ellas. «O estás con nosotras o contra nosotras». No hay término medio. Y esto lo viví yo en persona en un trabajo que tenía. Mis entonces compañeras, tras el estallido de la cuarta ola del feminismo, hicieron un grupo de WhatsApp, icono morado mediante, y decidieron que todas deberíamos hacernos una foto en la redacción, con un lazo morado en la camiseta, de cara al 8M y para defender a las pobres mujeres que viven en España marginadas, malpagadas y acosadas todos los días y en todos lados.
La estrechez de miras de la mayoría de estas jóvenes y su agresividad verbal te daban a entender una cosa clara: o te haces la puta foto con el lazo y nos sigues el rollo o te haremos la vida imposible mientras sigas aquí. «Pfff… yo no quiero hacer esto, me da una vergüenza tremenda», le decía a mis compañeros. Ellos se reían, claro, como el 99% de los hombres de aquella empresa viendo el percal.
Al final, y porque no me apetecía rebelarme porque veía que iba a salir perdiendo y era más joven, decidí que mira, me hacía la foto, hacía la huelga –ya que la empresa decidió que no nos iba a restar el dinero al ser la primera–, me quedaba en casa tan a gustito con mis gatas y aprovechaba para adelantar encargos de otro curro que tenía.
Estas chicas fueron a la manifestación por el día de la mujer, se pintaron la cara, se hicieron selfies y subieron a las redes la ‘rebelión’ de la que estaban formando parte. También hicieron un manifiesto con otras compañeras periodistas. Incluso había quedadas para fijar los puntos. Muy heavy. Aquel 8M, y los días anteriores y posteriores, flipé mucho. Entre el grupo de WhatsApp y lo que veía por la tele me daban ganas de irme al cirujano para que me convirtiese en un hombre. Los 8M siguientes me desvinculé de ellas y no me volví a hacer más fotos.
Te cuento todo esto porque algunas de estas mismas chicas cargaron contra mí hace unos días, públicamente en la red social Twitter, porque no pensaba como ellas sobre el feminismo. Ya no era de la manada y todo el mundo debía saberlo. Estas mujeres, y otras muchas y sus aliados, me señalaron con técnicas bastante bajunas, como las que hacían referencia a mi supuesta falta de profesionalidad en el trabajo. ¿Qué hubiera pasado si no me hubiera hecho entonces aquella foto? La respuesta es evidente.
Este modo de actuar es el principal error del nuevo feminismo, que está estrechamente relacionado con el sector progre español, los que dicen lo que está bien y lo que está mal, los que te hacen la guerra cuando ven que no eres de su cuerda. ¿No son estos, quizá, los verdaderos fachas de España? ¿Aquellos que deciden que Estrella Morente no debe cantar de los toros y aquellos que llaman «machista» a toda mujer que no se cree la propaganda del Gobierno? Pregunto.
El término «feminazi» comenzó a usarse hace unos años, en sentido peyorativo, para referirse a las feministas radicales. Se comparaba así el movimiento con los nazis. Mira, sinceramente, hasta ahora esta palabra me parecía indecorosa, pero ahora no estoy tan segura. Las radicales se están ganando a pulso que se refieran a ellas de esta manera con sus deleznables actos y su sorodidad selectiva.
Ahora estas mujeres estarán súper exaltadas, porque recordemos que falta poco más de una semana para la fiesta que llevan esperando todo el año, aquella que les permite presumir de su pertenencia a la manada, dar cuatro gritos y pasárselo teta con las amiguis. El 8M podremos ver en las calles a esta marabunta morada y a Montero justificando su sueldo. Y a aquellos que no somos de esta escuela nos volverán a tachar públicamente, porque, como los nazis, o estás conmigo o estás contra mí.