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Si el Consejo del banco hubiera rechazado las cuentas de Mario Conde este hubiera tenido que dimitir y eso habría permitido a 'Los Albertos' colocar a Miguel Boyer al frente en su lugar

Fracasa un intento de ‘Los Albertos’ de descabalgar a Mario Conde de la Presidencia de Banesto con el apoyo de Juan Abelló

HECHOS

El 24.01.1989 se aprobaron las cuentas del Banco Banesto con el apoyo de 18 consejeros sobre un total de 28.

APOYOS MEDIÁTICOS EN LA MANIOBRA

pais_albertos222AlbertosContraMC Los periódicos EL PAÍS (Grupo PRISA) y DIARIO16 (Grupo16) dieron una cobertura favorable a las aspiraciones de D. Alberto Cortina y D. Alborto Alcocer (Cartera Central) contra D. Mario Conde. No en balde ‘Los Albertos’ eran socios de PRISA en CANAL PLUS y estaban dentro del capital del DIARIO16 a través de D. Carlos Bustelo. El encargado de coordinar la comunicación de ‘Los Albertos’ era el periodista D. Fernando González Urbaneja.

UNA VOTACIÓN AJUSTADA

Los cinco consejeros del Cartera Central en Banesto, la sociedad controlada por D. Alberto Cortina y D. Alberto Alcocer (que son el propio D. Alberto Cortina, D. Aristóbulo de Juan, D. Jusé Luis del Valle, D. Carlos Bustelo y D. Romualdo García Ambrosio)  votaron en contra de las cuentas de D. Mario Conde. Mientras que se abstuvieron los consejeros D. Juan Abelló (Vicepresidente), D. Jacobo Argüelles, D. Pablo Garnica, D. Juan Herrera y D. Moisés Cosío se abstuvieron. Los 18 consejeros restantes apoyaron las cuentas del Sr. Conde. Los puntos que más usaron los críticos eran la operación de venta de activos del Banesto y a su particición en La Unión y El Fénix.

ArguellesJacobo Los consejeros D. Jacobo Argüelles, D. Pablo Garnica y D. Juan Herrera, que tenían funciones ejecutivas en el Consejo de Banesto, optaron por ‘abstenerse’ al igual que D. Juan Abelló en lo que parecía una operación en toda regla para tumbar las cuentas del Sr. Conde, operación que no logró su objetivo.

DIVISIÓN MEDIÁTICA

NojuegenBanesto

08 Enero 1989

No jueguen con Banesto

José María García Hoz

En pocas ocasiones un banco español aparece en la primera página de los diarios económicos internacionales. Banesto lo ha conseguido y seguro que preferiría no merecer tan infrecuente distinción… Porque si Financial Times y The Wall Street Journal hablan de Banesto es para contar los problemas que sacuden al banco: un consejo de administración dividido no se pone de acuerdo sobre la cuenta de resultados en ejercicio, situación verdaderamente insólita en la banca mundial, un sector en el que tradicionalmente los trapos sucios se lavan en casa. Pero Banesto ha conseguido ser tan peculiar que veinte minutos después de terminar una borrascosa sesión del consejo, hay alguien dispuesto a radiar la jugada.

La innovación empresarial e informativa es una buena cosa, pero lo que pasa con Banesto es seguramente demasiado. Todo tiene su origen en un confuso cóctel de intereses entre las llamadas familias – sucesores de unos emprendedores devenidos en oligarquía – la autoridad monetaria – que imbuida del papel de supervisora del funcionamiento del sistema financiero y de pagos ha llegado hasta nombrar al ordenanza – y los capitales recién llegado – que buscan la consagración de su nombre y su dinero a través de la banca -. Todos ellos son conscientes del poder de los bancos españoles y también saben que ahora es el momento de tomar – o renovar – el poder, porque estamos en tiempos de tormenta y después de ésta seguirá un largo periodo de calma y en él los cambios serán más difíciles.

Esto es, para mí, la descripción desapasionada del paisaje. Pero no será malo dar la valoración que impone el sentido común: si todos se empeñan en comerse la msima tarta al mismo tiempo, lo más seguro es que acabe desmigada y no haya tarta para nadie. Ya se sabe que un barco – el negocio bancario – es confianza y es imagen; a base de sacar los trapos sucios en los papeles se fundirán miles y miles de millones de pesetas, empezando por los de los Albertos, terminando por los de Conde y pasando por los de las familias y los del Banco de España – es decir, los de todos – que tendrá que poner dinero para arreglar el desaguisado.

Estas cosas son tan claras que hasta vergüenza da repetirlas, pero es que da la sensación que los tres luchadores están tan obcecados en sus propias razones que no son capaces de ver el espectáculo que en conjunto ofrecen a la comunidad financiera.

Banesto es, nos guste o no, una institución nuclear del sistema financiero español y su credibilidad debe estar por encima de coyunturas difíciles. No creo que sea mucho pedir que Conde, Albertos, familias y Banco de España se den cuenta de ello, por su propio interés.

25 Enero 1989

La batalla interminable

CINCO DÍAS (Director: Luis de Benito)

Una vez más, la batalla financiera que se está librando sin concesión alguna en España vuelve a las primeras páginas de los diarios no porque esté llegando a su fin, sino porque, después de dormir durante algunos meses, ha estallado otra vez con toda virulencia debido a los últimos movimientos que se han registrado en torno al cada vez más suculento Banco Español Central de Crédito. Los rumores apuntan, incluso, hacia la posibilidad de que la fusión más sonada de nuestra historia esté comenzando a desandar algunos de sus más costosos y controvertidos pasos. Esto, sin embargo, no deja de ser, como apuntamos, un simple rumor más en una actividad que, cada día, incrementa su grado de intoxicación hasta un límite insoportable para los periodistas que, dada la demanda, se dedican con todo entusiasmo al seguimiento de esa, a pesar de todo, apasionante actualidad.

Banesto, Central y por supuesto Cartera Central son los nombres que, con toda fuerza e intensidad han recuperado protagonismo en las primeras páginas. A todos ellos, por sí solos capaces de llenar páginas enteras, se ha venido a sumar en los últimos días la ONCE, una casa no sólo encantada de invertir, sino también, encantada de recibir llamadas a su puerta. La Organización Nacional de Ciegos Españoles cuya actividad está siendo seguida con evidente atención en todo el mundo, se ha convertido ,en los últimos años, en la entidad con mayor liquidez del país y, en consecuencia, en el socio más apetecido de todos aquellos grupos que pugnan por el poder económico y por el control efectivo de las más destacadas entidades. La ONCE hasta hace muy poco se ha limitado a dejarse querer. En torno a ella, en torno a su liquidez, Conde por un lado y Cortina y Alcocer por otro, han librado su enésima batalla particular, que, en este caso, han ganado los propietarios de Cartera Central por amplia mayoría. Miguel Durán, que no tendría inconveniente en comparecer ante el pleno del Congreso de los Diputados para desmontar una a una todas las dudas que el CDS ha planteado sobre su gestión, no sólo ha decidido invertir parte del dinero que administra en tres empresas de Cortina y Alcocer sino que además ha dado su visto bueno para comprar acciones del Banesto y del Central que, una vez obtenidas, sindicará con las que ya posee Cartera Central. Se desmiente, así, la entrada de la ONCE en la firma que preside Miguel Boyer, pero se confirma, también, la buena disposición que Durán tiene para mantener una estrecha colaboración con sus nuevos socios.

La batalla interminable, va perfilando, poco a poco sus posiciones sin que hasta el momento se pueda hablar de un claro vencedor, ya que cada una de las partes parece esconder una carta. Esa carta puede tener forma de hecho la tiene en muchas ocasiones, de rumor interesado filtrado por uno de los contendientes. Así por ejemplo se ha hablado mucho últimamente de la supuesta falta de liquidez que podría estar aquejando a Cartera Central. Un simple análisis de la realidad parece desmentir ese extremo si tenemos en cuenta que, en los últimos dos meses cinco empresas de ese mismo grupo han realizado ampliaciones de capital que han supuesto un desembolso de más de 30.000 millones de pesetas que han sido religiosamente atendidas en la parte que le correspondía.

Son, de cualquier forma, datos para la pequeña historia del día a día de una necarnizada batalla financiera que, en estos momentos, no ha hecho prácticamente nada más que comenzar. La última palabra no está todavía escrita y sí, por el contrario, aporta cada jornada, varias páginas a una apasionante libro que sólo el tiempo puede confeccionar.

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