10 noviembre 1938
Será reemplazado interinamente por el presidente de la Asamblea Nacional, Abdul Halik Kenda
Muere el dictador de Turquía, Mustafa Kemal Pasa, apodado «Ataturk» (padre de los turcos) y fundador de la república ‘laica’
Hechos
El 10.11.1938 la prensa informó del fallecimiento del Presidente de la República de Turquía, Kemal Ataturk.
Lecturas
Ha muerto este 10 de noviembre de 1938 a los 57 años el dictador de Turquía, Mustafa Kemal, más conocido por su nombre de adopción: Kemal Ataturk.
Tras el armisticio de 1918, Ataturk se propuso convertir Turquía en un estado de tipo europeo. Elegido en 1920 presidente de la Asamblea Nacional, logró suprimir el sultanato y los tribunales religiosos, separar la religión del Estado, adoptar el calendario internacional y dotar a Turquía de un derecho privado de corte occidental. Proclamó la República de Turquía en 1923.
El Análisis
Con la muerte de Mustafá Kemal Atatürk en 1938, Turquía despide no sólo a su fundador, sino al arquitecto de una revolución política, cultural y social sin precedentes en el mundo islámico. De las cenizas del Imperio Otomano, derrotado y humillado tras la Primera Guerra Mundial, emergió bajo su mando una república laica, moderna y centralizada. Atatürk no fue un demócrata, pero sí un reformista implacable: abolió el califato, impuso el alfabeto latino, occidentalizó el derecho, emancipó —aunque parcialmente— a la mujer, y prohibió el uso político del islam. Gobernó con puño firme, pero logró contener los extremismos religiosos y nacionalistas que podrían haber desintegrado el nuevo Estado. Turquía, bajo su batuta, encontró estabilidad tras el caos.
Su régimen, indiscutiblemente autoritario, fue también uno de equilibrio: mantuvo a raya a los clérigos sin dejar que el ejército tomara todo el poder, unificó a una sociedad profundamente heterogénea bajo la bandera de un nacionalismo civil. En lo internacional, fijó las fronteras turcas con pragmatismo —renunciando a aventuras imperiales— y se mantuvo alejado de alianzas arriesgadas. Ahora, mientras Europa se precipita hacia una nueva guerra, Turquía parece decidida a mantener esa línea de neutralidad. La amarga experiencia de la Gran Guerra y el recuerdo de lo que costó reconstruir el país pesan más que cualquier tentación de gloria bélica.
Atatürk ha muerto, pero su obra permanece. Turquía no sólo ha perdido a un líder: ha ganado un símbolo. Resta por ver si sus sucesores serán capaces de conservar ese difícil equilibrio entre la modernidad impuesta y la diversidad contenida. En un mundo que se desordena, la apuesta turca por la neutralidad y la cohesión interna será puesta a prueba.
J. F. Lamata